Hegemonía, elecciones y el Estado en las Sombras

Mónica Peralta Ramos * (Especial para sitio IADE-RE) | La autora evidencia "un Estado en las Sombras, es decir, de una estructura de relaciones mafiosas que se reproduce oscuramente dentro de las instituciones democráticas, las vacía de contenido e impone al conjunto de la sociedad intereses específicos de poder y de dinero que son la antítesis del Interés General de la sociedad". 

Argentina 2018: La hegemonía en cuestión

 

A la hora de tratar el tema de la hegemonía en este momento histórico de la sociedad argentina, no creo que sea adecuado exponerlo como la conformación de una “nueva hegemonía”, radicalmente distinta de la existente o bien destinada a cubrir el vacío donde no la había. Si partimos en la concepción de las construcciones hegemónicas de la idea de que no pueden partir de otro sitio que de la dominación de una clase que ocupa un lugar fundamental en el progreso económico, no debería haber dudas sobre ello.

La fase demencial del totalitarismo neoliberal

No hay que ser un experto para ver que en los últimos meses, y de manera cada vez más acelerada, el imperialismo estadounidense y sus aliados de la OTAN están tratando de crear todas las condiciones para transformar las relaciones internacionales en un nuevo teatro de confrontaciones con vistas a mantener el ya cuestionado sistema internacional unipolar y la hegemonía neoliberal.

Hace apenas tres años, cuando alboreaba la multipolaridad con los esfuerzos de creación de UNASUR y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), con Rusia tratando de consolidar una región euroasiática y los BRICS explorando una alternativa a la tiranía neoliberal, el imperialismo se lanzó a la creación de nuevos focos de tensión, interviniendo en Libia –que en ese entonces era un país clave de una necesaria integración africana-.

Acumulación y hegemonía en la Argentina menemista

Acumulación y hegemonía en la Argentina menemista, el estudio de Adrián Piva sobre la Argentina neoliberal de los noventa, reviste una importancia excepcional. Piva parte de dos preguntas tan difíciles de responder como intelectual y políticamente insoslayables en aquellos años, a saber, las preguntas acerca de cómo pueden explicarse la articulación de un sólido y duradero consenso alrededor de las políticas de reestructuración capitalista implementadas por el menemismo en la década y, a la vez, la de cómo puede explicarse su catastrófico final en el marco de la profunda crisis económica y política que clausuró dicha década. Y busca las respuestas a estas preguntas en la relación entre el modo de acumulación y el proyecto hegemónico que lo acompañó.

Narrativas del multilateralismo: «efecto Rashomon» y cambio de poder

El multilateralismo eficaz se ha convertido en un lugar común del discurso político internacional. Pero el multilateralismo es un concepto y una práctica problemática, y no se concibe o interpreta de la misma manera por parte de diferentes actores. Si Estados Unidos continua impulsando un multilateralismo hegemónico, la UE promueve un multilateralismo normativo, los países en desarrollo practican un multilateralismo defensivo y los emergentes promueven un multilateralismo revisionista basados en narrativas, legitimaciones discursivas, objetivos y prácticas diferenciadas. El artículo trata de caracterizar cada una de esas visiones a partir de sus narrativas y lógicas discursivas; se utiliza cómo argumento el denominado «efecto Rashomon», basado en el filme homónimo de Akira Kurosawa, que muestra cómo pueden coexistir distintos relatos de un determinado hecho, y cómo estos configuran expectativas, roles y conductas de los actores implicados.

Discutir los grandes temas

Los años 90, bajo la hegemonía política y cultural neoliberal, se caracterizaron por un vaciamiento de la esfera pública y las instituciones democráticas, en un proceso sustentado en los valores ideológico-culturales que se impusieron en una gran parte del mundo. El saqueo de empresas y riquezas nacionales sin otro justificativo que el interés privado de grupos concentrados, tanto extranjeros como locales, no habría sido posible en el contexto de una ciudadanía activa en la defensa de los intereses comunes y de nuestras riquezas naturales. Si ya desde el año 76, el accionar represivo había iniciado el desmantelamiento de las múltiples formas de organización popular, en la década menemista, el poder económico, vuelto también hegemónico en la política y en los medios masivos (principales constructores de lo simbólico y organizadores políticos en las sociedades actuales), orientó sus esfuerzos hacia la formación de un modelo de ciudadano aislado, centrado en el individualismo y ensimismado en una conducta y perspectiva individualista.