Expulsados del centro comercial

Entrevista a Saskia Sassen por Héctor Pavón
Expulsados del paraíso; desterrados de las ciudades; apartados del gran sistema global. ¿Para siempre? Estos fantasmas y certezas estructuran el libro nuevo de Saskia Sassen. El Edén cierra las puertas. Hoy surgen evidencias de que el mundo se achica aún más y que se multiplican los arrojados a la incertidumbre. “Todos los procesos de expulsión son agudos, hablo de los que viven en la pobreza extrema y también las clases medias empobrecidas en los países ricos” explica la autora del flamante Expulsiones.

Brutalidad y complejidad en la economía global (Katz). Detalla –por ejemplo– cómo millones de pequeños agricultores fueron expulsados de sus países debido a la compra de 220 millones de hectáreas de tierra adquiridas por unos quince gobiernos y unas cien empresas desde 2006; y cómo la minería destructiva afecta desde Estados Unidos hasta Rusia.

También suma a ese ejército de desclasados a los desplazados que desbordan los campos de refugiados, los presos, los desempleados, los abandonados... Demoledora, argumenta Sassen “si se cuentan todas las personas que han sido arrestadas o condenadas alguna vez, ese número alcanza los 65 millones de personas. Es decir, uno de cada cuatro habitantes de EE.UU. Otros quedan a la intemperie de la crisis inmobiliaria: nueve millones de estadounidenses han sufrido la ejecución de sus hipotecas.

La socióloga trabaja gran parte de su tiempo en el aire, literalmente. El mundo entero es su escritorio. Esta semana dialogó con Ñ desde Nueva York, Amsterdam y Rotterdam donde estuvo con Ahmed Aboutaleb el primer alcalde musulmán en toda Europa. Desde esta variedad espacial y cultural habló de su libro.

–¿Cuándo arranca esta pobreza motivada por las expulsiones?

–Desde la década del 80 vengo analizando y anunciando el ingreso a un nuevo ciclo que conlleva el empobrecimiento de las clases medias y las clases trabajadoras. Entonces, nadie me creía y se insistía que, al contrario, íbamos hacia una mayor prosperidad para todos. Uno de los pocos lugares donde se vio esa prosperidad fue en China. Allí el factor clave fue la expansión masiva del sector manufacturero –un sector económico distribuido con muchos y diversos tipos de trabajadores– lo opuesto de las altas finanzas. El borde del sistema es un espacio de expulsiones. Durante el keynesianismo ese borde era un espacio de inclusión, de incorporación y no porque ése fuera el paraíso sino porque se incluía la producción y el consumo masivo. Hoy eso cambió.

–¿Qué formas guardan los expulsores: son los estados, gobiernos, el sistema financiero?

–Bueno… ¡nadie me preguntó ni me respondió! Por una parte, el estado empieza a “ver”, a entender lo que debe hacer, usando el ojo de las corporaciones o de las grandes empresas globales. En ese sentido, estado tras estado acepta e implementa lo que esas empresas piden: privatización y desregulación de todos los sectores. Por otro, las grandes empresas empiezan a hacer reclamos que casi casi insultan nuestra inteligencia... pero los gobiernos los aceptan. Cuando se debatía en la Organización Mundial del Comercio (OMC) muchos estábamos escandalizados ante los privilegios que se les concedía a las corporaciones. El caso ejemplar fue el de una compañía que le hizo juicio al gobierno canadiense porque las regulaciones sobre el medioambiente les daba pérdidas de ganancias. Eso generó escándalos y llevó a un cambio en la OMC en ese entonces. Pero ahora, con los nuevos tratados de las sociedades de comercio, eso se ha llevado a un extremo y casi nadie parece saberlo. Estos nuevos tratados eliminan el rol de los estados, y si hay una disputa, los jueces son los abogados de las corporaciones. ¡Justicia privada! En realidad estos son tratados que buscan proteger al máximo a los inversores. No son sociedades de comercio son sociedades de inversiones. Y son una manera de escapar a las nuevas condiciones de la OMC... Imagínate a lo que hemos llegado. Esta acumulación de derechos es un ensamblaje de instrumentos y derechos que privilegia sobre todo a las grandes empresas. El problema es que nuestros estados han perdido distancia con esas empresas. Ellos miran con el ojo corporativo. Hay una formación activa de un espacio operacional global que continúa con toda una serie de privilegios para las corporaciones.

–¿Sólo hay un ganador?

–Cuando yo me pregunto quién gana, quién obtiene derechos hoy, la respuesta es: las corporaciones. Excepto sobre cuestiones culturales y de identidad como el casamiento gay, los derechos de transexuales, etc. Pero vamos perdiendo muchos otros derechos como ciudadanos; hay expulsiones sistémicas complejas, son micro destierros que ocurren dentro de nuestros países.

–Coincide con el renombrado economista francés Tomás Piketty, que la clave y el obstáculo a sortear de este momento es la desigualdad y la injusta distribución de la renta?

–Sí, pero sólo hasta cierto punto. La desigualdad es una distribución, y en algunos casos es menos justa que en otros. Pero no es una explicación, o es demasiado parcial para entender el momento corriente. El punto de partida es que existe toda una serie de condiciones extremas que no se pueden captar en términos de “desigualdades” que es la categoría que domina en gran parte el debate hoy. Pienso en la depredación de la tierra y la contaminación de las aguas; en la destrucción de proyectos de vida de esta tercera o cuarta generación de la posguerra; en la extrema concentración de riquezas que vemos en tantos países desde EE.UU. a Rusia y China, y de Nigeria, Angola, o Filipinas. Pienso también en la compra masiva de tierras en el Sur global. Son todas condiciones que no se pueden analizar o explicar simplemente en términos de la desigualdad.

–Hasta en Davos se habló de desigualdad. ¿El capitalismo le teme a una sociedad con diferencias sociales?

–¡Tú lo has dicho!

–¿De qué modo el concepto de expulsión se aplica al extractivismo del medio ambiente?

–El saqueo empezó hace tiempo. En el libro planteo un argumento desde la mirada de la biósfera que maneja nuestras destrucciones, si bien en base a su temporalidad –una mucho más lenta que la nuestra. Pero desde hace unos treinta años ya no puede manejarlo en muchas partes. Por eso hablo de “tierras muertas” y de “aguas muertas”. Lo de “cambio climático” suena demasiado bello, ingenuo y debe tener más brutalidad en su expresión para que pueda ser tenido en cuenta. No es suficiente para denominar lo que está sucediendo. Tenemos que llamar las destrucciones de este último siglo con un vocabulario mucho más severo y preciso. Así es como hablo de ‘tierras muertas’, nosotros las matamos con nuestras prácticas de cultivo, porque en lugar de usar los conocimientos profundos de antiguas generaciones que tienen en cuenta a la biósfera –como la rotación de cosechas– hoy buscamos maximizar la producción con pesticidas y fertilizantes para vender más en el mercado. Podemos pensar estas tierras muertas y aguas muertas como agujeros en el tejido de la biósfera. La enorme demanda de tierra y agua, la pobreza que crece, el desalojo de la flora y fauna para desarrollar plantaciones y minas redefinen vastas extensiones de tierra como sitios aptos para la extracción.

–¿Y el agua? Tanto las megamineras como Coca Cola se la disputan.

–Todos contribuimos; hay una demanda de agua “purificada”. Tan sólo en Estados Unidos, Nestlé “retiró” en 2003; 7 billones de litros para su producción de agua embotellada. En la India, en el año 2000, la Hindustan Coca-Cola beverages empezó a extraer 510 mil litros diarios. Hacia 2003 no quedaba agua potable en un radio de 10 km alrededor de la planta.

–En California se ha construido una universidad en el lapso en el que se edificaron 22 cárceles. ¿Las prisiones reciben a los expulsados que no logran el sueño americano?

–En Expulsiones... desarrollo la noción de que hay que reexaminar toda una serie de condiciones compartidas por prisiones y campos de refugiados, espacios controlados. El encarcelamiento masivo aparece hoy ligado al capitalismo avanzado a través del delito. La mayoría de los encarcelados son personas sin trabajo y que hoy no encontrarían trabajo. Hace 20 años esto no era así, un preso tenía posibilidades de rehabilitarse y conseguir empleo. Los presos de Estados Unidos y Gran Bretaña representan el excedente de población asistémica similar al que presentaban los brutales comienzos del capitalismo. A mí me interesa relocalizar toda una serie de condiciones extremas en un espacio conceptual compartido incluso por quienes pertenecen a mundos y situaciones radicalmente distintas (prisiones y campos de refugiados). Es una manera de hacer hincapié en la proliferación de espacios de expulsados. Perdemos esta perspectiva cuando examinamos cada tipo de condición en su sistema social. Al hablar de tierras y aguas muertas planteo una forma de reposicionar el problema a escala planetaria y así hacerlo visible. Lo mismo con las prisiones y campos de refugiados a los que se suman los millones que están perdiendo sus casas en Europa y EE.UU. después de la crisis. Y podemos agregar los miles de “migrantes” (refugiados) que nos muestran un futuro aun pequeño, que crece a saltos... Y mientras, la destrucción acelerada de la biósfera y las nuevas guerras gradualmente van restringiendo la tierra donde se puede vivir.

–Le reitero la pregunta que usted se hace en el final del libro: ¿A dónde van a parar los expulsados?

–Para los estados y las economías son invisibles y es nuestro deber visibilizarlos. El espacio de los expulsados se expande del mismo modo que crecen –gracias a la toxicidad del desarrollo– los campos de tierra muerta y agua muerta.

Revista Ñ - 26 de mayo de 2015