El PBI no nos cuenta nada fiable acerca de la calidad de vida

Entrevista a Christian Felber por Carlos Manzoni
Luego de décadas de discusión sobre las ventajas y desventajas de dos pensamientos económicos que dividieron al mundo en el siglo XX, hace tres años nació en Austria una corriente que propone un nuevo modelo, que se ubica a mitad de camino entre el comunismo y el capitalismo, y que pugna por desplazar a este último del centro de la escena: se trata de la economía de los bienes comunes.

Su creador y principal impulsor, Christian Felber, explicó en diálogo telefónico con LA NACION en qué consiste este nuevo concepto. Dice que, a diferencia del capitalismo, donde el capital es el objetivo, en su modelo el capital es sólo un medio para lograr un fin, que no es otro que el bien común. En este contexto, afirma: "El PBI no nos cuenta nada fiable acerca de la calidad de vida".

En la Argentina, en tanto, este nuevo paradigma tiene un espacio abierto en la Universidad de Buenos Aires, con el Programa Internacional sobre Democracia, Sociedad y Nuevas Economías, que dirigen Cristina Calvo y Enrique del Percio. Este año, organizó el primer Seminario Internacional sobre la Gestión de Bienes Comunes en Latinoamérica y distinguió a emprendedores de la región con el premio Elinor Ostrom.

-¿Qué son los bienes comunes?

-Son bienes que pertenecen a un colectivo, desde la vecindad [el pasto], pasando por la comunidad democrática local [el abastecimiento de agua], regional [abastecimiento de energía] y nacional [sistemas de educación y salud], hasta los bienes comunes globales que son, por ejemplo, la estabilidad climática o financiera. Bienes comunes no son mercancías que se venden en mercados ni tampoco bienes públicos que pertenecen al Estado. Sobre lo último hay perspectivas distintas.

-Desde lo económico, ¿cuál es su costo y en qué se diferencian del resto de los bienes?

-La diferencia más importante de un bien privado o una mercancía es que esta última tiene un precio que la compañía privada determina. Si alguien no puede pagarlo, es excluido del abastecimiento. En el ejemplo del agua, esto ha conducido a la exclusión de hogares pobres de servicios básicos. Segundo, las decisiones se toman de forma colectiva en los bienes comunes y de forma jerárquica en la economía privada tal y como la conocemos.

-¿Cómo puede aplicarse ese concepto en la Argentina?

-El pueblo soberano podría definir cuáles son los bienes públicos y cuáles los comunes [privados, pero colectivos]. El Estado tendría la responsabilidad de proveer la población de los bienes públicos. En cuanto a los bienes comunes, basta con su regulación y la promoción. Si las comunidades deciden gestionar el pasto, el agua, un bosque, un acuífero o la reproducción de semillas de modo colectivo, pero de forma privada, el Estado puede proporcionar formas legales, una fiscalización propicia, etcétera.

-¿En qué consiste la propuesta de la economía del bien común?

-Es un modelo económico alternativo, tanto al capitalismo como al comunismo. Se basa, por un lado, en la libertad económica y, por otro, en valores fundamentales que ya están en las constituciones, como dignidad, solidaridad, sustentabilidad, justicia y democracia. El éxito de la empresa individual se vincula fiablemente al crecimiento del bien común. Cuanto más ética sea la organización y el comportamiento de las empresas, más éxito tendrán gracias a incentivos legales diversos.

-¿En qué se diferencia del modelo capitalista?

-En que medio y fin se invierten. En el capitalismo, como su nombre lo indica, el objetivo es el crecimiento del capital. Por lo tanto, el éxito de una empresa se mide con el balance financiero y el de una economía nacional, con el producto bruto interno [PBI], que son indicadores monetarios. En la economía del bien común, el capital pasa a ser un medio, mientras que el bien común será el objetivo. Como consecuencia, el éxito de las empresas se mide con el balance del bien común y el de la economía nacional, con el producto del bien común.

-¿Cómo puede medirse su impacto en la sociedad?

-Por primera vez en la historia se definiría el fin y se mediría su alcance. El PBI no nos cuenta nada fiable acerca de la satisfacción de necesidades, de la calidad de vida, de los valores fundamentales y del bien común. Segundo, el éxito de las empresas privadas y públicas se vincularía directamente al éxito de la Nacion: al crecimiento del bien común. Esta vinculación en el capitalismo no existe.

-¿Cómo se puede aplicar este modelo a nivel gubernamental?

-El Gobierno puede adoptar las medidas propuestas, directamente, empezando con el fomento del balance del bien común en las empresas públicas y privadas. Según el resultado del balance, proporcionaría ventajas legales a las empresas éticas y desventajas relativas a las menos éticas -fiscales, aduaneras, crediticias-, con la consecuencia de que los productos éticos se harían más económicos para los consumidores que los productos menos responsables y sostenibles.

-¿Se aplica hoy en algún país?

-El movimiento es muy joven, nació hace tres años en Austria. Hoy son más de 1420 empresas de 27 países las que apoyan la iniciativa. En el norte de Italia, cuatro municipios están formando la primera Región del Bien Común. El recién elegido gobierno de la provincia de Salzburgo ha adoptado el fomento de esta economía en su programa de gobierno. Cada día avanzamos un paso.

-¿Cómo funciona en las empresas que ya lo aplican?

-Lo hacen de forma independiente, con ayuda de un consultor nuestro o en un grupo de cinco empresas de la misma región que trabajan juntas. Si son pymes, pueden evaluarse mutuamente; en las grandes, un auditor externo determina el resultado en puntos del bien común. Este resultado será visible en todos los productos y servicios, catálogos y páginas web.

-¿Qué opina de la situación económica y social de la Argentina y la región?

-La impresión es que coexisten extremos. Riqueza absurda y pobreza extrema, maquilas y economía solidaria, conocimiento indígena y basura cultural importada. No veo un modelo representativo, sino intereses diversos y contradictorios. Sin embargo, creo que la añoranza de un modelo equilibrado, que se base en valores comunes y en reglas democráticas, puede ser una vía deseada por mucha gente en este continente.

La Nación - 11 de enero de 2014