El fin del porvenir como repetición

Ayelén Oliva


Álvaro García Linera está convencido de que este momento, a pesar de ser una tragedia sanitaria y económica, constituye una enorme oportunidad para la izquierda. ¿Cómo aprovecharla?

Alvaro García Linera no para. Ni el aislamiento ni el exilio lo corren de la escena intelectual y política de América Latina. Desde su departamento en Buenos Aires, en donde dice haber encontrado el afecto de muchas personas que lo que lo han ayudado a sobrellevar el exilio, da clases de seminario para el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, conferencias virtuales para la Universidad de San Martín y se mantiene conectado con los movimientos políticos en Bolivia. “Pienso que este momento es un excelente reto para la izquierda”, dice al Dipló.

Siempre esquivo al pensamiento dogmático, a los 57 años, García Linera es un referente para las izquierdas y los sectores progresistas. Profesor de teoría del Estado, con estudios en Matemáticas, formó parte del indigenista Ejército Guerrillero Tupak Katari a mediados de los ochenta y acompañó como vicepresidente de Bolivia a Evo Morales durante tres mandatos, entre 2005 y 2019. Pero este año no competirá por ningún cargo electoral en las generales del próximo 6 de septiembre. En esta entrevista analiza el escenario político que deja la pandemia, examina el colapso de la economía mundial y propone algunos elementos prácticos para la construcción de una agenda progresista como respuesta a la crisis.

 ¿Crees que hay lugar para una agenda de izquierda?

El espacio de posibilidades está abierto. Por lo general, las sociedades tienen una manera de imaginar el futuro. Lo que prevaleció en el mundo en estos últimos 40 años, a excepción de América Latina, ha sido el porvenir como una repetición de lo que teníamos. La idea de un mundo globalizado, con libre mercado, elecciones cada cinco años, pérdida de los derechos en silencio, creer que uno puede ser rico en base al esfuerzo personal. Eso se ha detenido; esa imagen de futuro comienza a resquebrajarse porque no lo vemos claro. Esa narrativa imaginaria del porvenir comienza a mostrar fallas y debilidades. Entonces las personas entran en un estado de estupor inicial que termina por debilitar la narrativa dominante. Pero luego tienen que comenzar a desarrollar, a imaginar, a creer en nuevos escenarios, porque uno no puede vivir en la incertidumbre permanente. La incertidumbre está bien para los filósofos, pero no para la vida cotidiana de las personas. Entonces ahí se abre un abanico de posibilidades. En este momento, las sociedades están dispuesta a oír otras cosas, aunque no saben bien qué. Esto no significa que se traduzca en tendencias progresistas. También hay predisposición a oír tendencias muy conservadoras y reaccionarias. Entonces el porvenir se presenta como un espacio no solamente de incertidumbre, sino también de disputa. Estamos disputando el porvenir en el presente. Más allá de la tragedia que estamos viviendo producto de esta pandemia, me refiero a las muertes y los efectos económicos, es un momento extraordinario y excepcional para luchar por futuros posibles. La gente abre sus esquemas cognitivos en búsqueda de un lugar dónde aferrarse, en dónde depositar sus esperanzas, en dónde confiar sus expectativas de lo que podría ser el futuro.

Un escenario de tanta incertidumbre mundial puede derivar en el avance de tendencias autoritarias, ¿cómo deberían avanzar las izquierdas democráticas para hacer frente a este tipo de respuestas reaccionarias?

Pienso que este momento es un excelente reto para la izquierda. Primero, antes no podíamos penetrar en un mundo de expectativas como las que teníamos. Si bien en América Latina sucedió algo así a comienzos del 2000 por la crisis que vivió el neoliberalismo, no pasó lo mismo en el resto del mundo. Primero, la izquierda debe identificar esta porosidad en el sistema de creencias. Es un buen momento para nuevas ideas. Pero también, tiene que tiene que detectar el papel performativo del discurso. No cualquier discurso es performativo¸debe ser sobre condiciones objetivas. No cualquier discurso crea realidad, sino aquellos discursos que tienen la capacidad de ensamblarse con las tendencias materiales de la sociedad. Esos son los que pueden crear lo que enuncian. La izquierda, si quiere crear lo que enuncia, tiene que articularse con las tendencias que están surgiendo.

¿Y qué está surgiendo?

Primero, lo que mencionaba, la porosidad de las creencias. Segundo, la gente reclama presencia de un Estado que los proteja; ha acudido a su Estado, ha hecho caso a su Estado y asiste a él como lugar último de protección. Entonces reforzamos esa dimensión comunitaria del Estado. El Estado es la fusión de comunidad y de monopolio, no puedes separarlo. El punto es cuál de las tendencias potencias más debilitando a la otra. Tercero, debemos atender a los mercados locales. No es posible que un país, para acceder a insumos básicos en la protección a la salud, tenga que esperar el encadenamiento de quince países. Hemos visto varios viajes, por todo el mundo, para conseguir una mascarilla o un respirador. La sociedad reclamará mayor mercado local. No es un regreso al nacionalismo, sino una preocupación por crear cadenas de provisión más cortas, más regionales o nacionales.

¿Y eso afecta a la globalización?

Diría que no, porque hay otro flujo de mercancías que no requiere esa atención. Por ejemplo, producir soja, ¿qué hago con tanta soja? El mercado nacional ahí no funciona. Hay ámbitos del mercado que van a requerir mantener las cadenas de suministro integradas a nivel global. Pero también existen otras enfocadas en el mercado interno. Entonces habrá una especie de régimen económico anfibio: proteccionismo en ciertos ámbitos, articulación global en otros. Una especie de globalización con geometría variable. Y ahí la izquierda tiene que proponer. No puede ser que la izquierda se encierre ni que regrese a un nacionalismo. Por mucho que sea un nacionalismo de países dominados, no va a funcionar porque hay una parte de la economía que requiere una articulación global. Entonces debemos reforzar y mirar al mercado interno, pero también avanzar con una globalización selectiva en determinados ámbitos, de manera tal que la gente sienta que puede moverse simultáneamente como en dos carriles, potenciando uno, reforzando el otro, a veces separados uno del otro para mejorar. Se ha roto una lectura esencialista, ahora tiene que ser una lectura más práctica.

¿De dónde saldrá el dinero para hacer frente a esta crisis?

Hasta el Fondo Monetario Internacional le está proponiendo a los países pobres que cobren más impuestos. Existen propuestas muy concretas como no pagar la deuda externa, aplicar impuestos a las grandes fortunas, repatriar los recursos de los paraísos fiscales, establecer créditos con tasa de interés de cero a uno por ciento a las pequeñas actividades productivas, apoyar al sector mediano empresarial, siempre y cuando respete derechos laborales. La gente está reclamando una acción económica potente de los Estados. Ahí la izquierda tiene una enorme oportunidad: ¿cómo se van a pagar los costos de la reconstrucción económica y de la enfermedad? ¿Se hará a través de estas opciones o por vía del ajuste de los salarios y los derechos? Otro de los temas, es el del control de los paraísos fiscales. En Bolivia se calcula que, entre el 2003 y el 2014, cerca de una sexta parte del PIB se fugó a paraísos fiscales. Es mucho dinero. Tienes sanciones y premios. Cada país, según su correlación de fuerzas, tiene que analizar en qué medida recurre a esas estrategias para garantizar que ese dinero regrese a su país. El Estado tiene un conjunto de mecanismos para controlar las fortunas de la propiedad, como impuestos o algún tipo de retención. El control de los paraísos fiscales es una demanda que viene de las izquierdas y que ahora se tiene que operativizar.

Sin embargo, cuando los gobiernos progresistas de América Latina han intentado avanzar con este tipo de políticas, aún en tiempos de fuerte hegemonía de izquierda, han encontrado sus límites. ¿Cuánto poder real tiene la política en este momento para avanzar en esa dirección? 

Creo que ahora la gente está más predispuesta por la gravedad de lo que vivimos. Es un momento de emergencia planetaria. Estamos frente a una situación que nunca imaginamos que podía suceder. Desde ese escenario de predisposición debemos avanzar con medidas concretas. Pienso que quizá nuestro problema ha sido que, cuando la izquierda proponía algo, en vez de aislar a los afectados, les daba un margen de solidaridad imaginada con otros sectores. Lo que debemos hacer es crear fronteras discursivas propositivas que hagan que los afectados sean minoritarios. Van a protestar, pero no van a encontrar base social de apoyo que limite una propuesta que es beneficiosa para el país. Dependerá de la capacidad de los gobiernos en marcar fronteras.

Suspender el pago de la deuda ha sido una propuesta sin éxito de los sectores más radicalizados de la izquierda, ¿crees que ahora es posible?

Antes, suspender el pago de la deuda externa era una propuesta marginal, y ahora son temas que se discuten dentro del FMI y el Banco Mundial. Esos organismos no plantean anular el pago de la deuda, sino que han propuesto posponer los pagos de las deudas. Lo mismo ha pasado con el tema de una renta universal, era una propuesta marginal de grupos de izquierda que la vienen trabajando desde hace más de 20 años, y resulta que ahora te lo repite la editorial del Financial Times. Entonces, la perspectiva en función de la propia realidad está cambiando muy rápidamente, lo que lleva a la posibilidad de suspender el pago de la deuda externa. Luego hay que avanzar con la anulación del pago de la deuda, pero eso va a depender de que haya más consenso en otros países. Dependerá mucho de cómo prospere esta idea para convertirse en sentido común.

La CEPAL calcula para este año al menos 11 millones de nuevos pobres en América Latina ¿qué respuesta inmediata podría darse a este sector?

Es una tragedia. Una tragedia médica que gradualmente se convertirá en tragedia económica. La izquierda tiene que estar presente para proteger a esas personas de lo que se viene. La idea de una renta básica universal es una opción. Esto significa que el Estado garantice un ingreso básico para no morirte de hambre, para tener una vida básica digna en los siguientes años. Los Estados lo están empezando a hacer de manera segmentada y temporal, entonces es posible. Esto que decían de que va a ser un gasto innecesario, de que las economías van a quedar aplastadas, no es cierto. Los viejos prejuicios contra estas ideas de izquierda se han derrumbado. Esto que antes se habría calificado de populismo derrochador ahora es lo mínimo que se puede hacer.

¿Qué otros puntos debe contener una hoja de ruta de izquierda?

Hay una batería de ideas que las colocaría como iniciales para el desarrollo de una agenda de izquierda. En el tema de la salud, por ejemplo, deberíamos poder garantizar una cobertura común para todos los ciudadanos del mundo. No importa de qué nacionalidad seas, vas tener un conjunto de derechos básicos en materia de salud. Esto que vimos con el colapso de los varados en el exterior tiene que ver también con eso. Hay varias propuestas que están circulando entre grupos de izquierda acerca de cuál puede ser esta fuente de financiación para garantizar una cobertura básica universal ya que corremos el riesgo de que esto vuelva a suceder. Si hay alguna globalización que vale la pena, es la globalización del sistema de salud. Otro tema es la modificación de los patrones de consumo. En estos dos o tres meses, más allá de la tragedia humana, la gente ha podido quedarse en sus casas consumiendo seguramente la mitad, la tercera, cuarta parte de lo que normalmente consume. El mundo puede funcionar así, las personas podemos regular nuestros consumos. La gente está haciendo una autoevaluación de sus pautas de consumo y eso hay que apuntalarlo.

¿Hay lugar para la política ambiental?

Sin dudas, es un momento en el que el nuevo dinero que será utilizado de emergencia, me refiero a ese entre 5 y 15% extra del PIB que incluye endeudamiento, emisión monetaria, compra de bonos, etcétera, será orientado hacia actividades de carácter social y productivo. Por lo tanto, puede estar también orientado a ir modificando nuestros modos de producción. De manera que, si hay dinero para apoyar a una empresa, esa ayuda se de en el marco de protocolos sociales obligatorios, pero también de nuevos protocolos ambientales que vayan modificando la emisión de gases de efecto invernadero. El paquete de propuestas de las izquierdas es amplio, pero es apenas el primer paso. Se requiere mejorar, reforzar, ampliar siempre dialogando con la gente.

¿Qué capacidad de articulación global de una agenda progresista es posible? ¿Cómo analizar la creación de la Internacional Progresista? 

Bueno, es un nuevo intento de articular experiencias y reflexiones a nivel mundial que es muy sano. La cosa va a depender de cómo esas reflexiones no queden como reflexiones muy académicas, sino que ayudaen al debate público, en la televisión, en los periódicos, en los debates sociales, en los barrios, en los sindicatos. Esa articulación siempre es clave para hacer de una idea excelente, una idea fuerza co-organizadora del sentido común. Ese es el gran reto en los siguientes años. Es un buen momento para crear algo así porque la gente en la universidad, en la casa, está dispuesta a oír otras cosas. Si hay inteligencia en estas propuestas regionales o mundiales para proponer un conjunto de aspectos que emerjan de las expectativas sociales, y que vuelvan de manera más ordenada sobre ellas, va a ser muy eficaz.

En un momento donde los Estados ganan fuerza, ¿cómo analizás la articulación entre lo nacional y lo internacional para avanzar con una agenda de este tipo a escala global?

Creo que siempre se necesitan las dos cosas, lo nacional y lo internacional. El movimiento de las mujeres es un ejemplo de cómo una fuerza nacional dispersa inicialmente luego puede irradiarse como una gran movilización planetaria. Ese es un ejemplo extraordinario, pero primero existió una fuerza local. Pues eso hay que emular: esa habilidad, esa capacidad de generar una fuerza nacional para tomar en cuenta debates, expectativas, necesidades, frustraciones locales, muy locales, pero luego ir hacia el mundo, porque son temas que nos afectan a todos. La izquierda tiene que tener la habilidad de caminar con los dos pies: lo nacional y lo internacional. La economía va a avanzar así, con lo nacional y lo internacional. Las ideas progresistas tienen que andar así también, una y otra se necesitan. El ejemplo de las mujeres creo que es el mejor.


Propuestas de García Linera para una agenda progresista

  • Desarrollo del mercado interno con una globalización selectiva.
  • Impuesto a las grandes fortunas.
  • Moratoria y suspensión de la deuda externa.
  • Protocolos medioambientales.
  • Control y repatriación de los paraísos fiscales.
  • Renta básica universal.
  • Sistema de salud universal.

- Ayelén Oliva, Politóloga y periodista.

 

El Diplo - junio de 2020

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