El caso chino

Néstor Restivo * (Especial para sitio IADE-RE) | Reseña de los libros ¿Cómo lo hicieron los chinos? Algunas de las causas del gran desarrollo del gigante asiático y La Era de China. Claves de la nueva potencia mundial.

Dos libros de reciente aparición vuelven a poner en el tapete el impresionante despliegue económico chino.

Por un lado, la editorial Astrea publica del economista Gustavo Girado “¿Cómo lo hicieron los chinos? Algunas de las causas del gran desarrollo del gigante asiático”. Por otro, Lenguaje Claro editó “La Era de China. Claves de la nueva potencia mundial”, de Alberto Pontoni, Daniel Pérez Enrri y Feiyin Chen.

Siendo abordajes diferentes (el primero más técnico y a fondo sobre el proceso de desarrollo industrial y tecnológico al interior de la economía china, el segundo  más dirigido a un público general al que se ofrecen diversas aristas de los transformaciones chinas de las últimas décadas, sus causas y fundamentos), ambos textos coinciden, como tantos, en el asombro sobre un proceso que no tiene precedentes en la historia mundial en cuanto a la velocidad y la profundidad de las mutaciones, las que llevaron a un país campesino bien entrada la mitad del siglo XX a ser el motor de la economía global cuando éste terminaba, para consolidarse cada vez en la centuria en curso.

Girado habla de la metamorfosis en el patrón exportador, de la inserción china en las cadenas globales de valor (CGV) y de las políticas que el gobernante Partido Comunista Chino llevó adelante desde el proceso de apertura y reformas liderado por Deng Xiaoping desde 1978.

Ese recorrido hasta la actualidad, un momento en el cual, por ejemplo, en 2016 China pasó por primera vez a Estados Unidos en registro de patentes, es vertiginoso. Sin embargo, como el autor señala, aún pesan mucho las multinacionales no chinas - que instalan sus áreas de Investigación y Desarrollo cerca de las universidades del país asiático- en el producto chino.

China siguió el camino de otros países que se industrializaron como Gran Bretaña, Estados Unidos o Japón, "tomando" conocimientos prestados, pero en su caso el elemento distintivo fue un Estado planificador, lo cual sigue siendo la regla aunque cada vez hay mayor cantidad de empresas privadas.

China fue recibiendo gradualmente a muchas multinacionales de alta tecnología, y el gobierno central encaró un proceso de aprendizaje y maduración de ese conocimiento que ellas llevan; se fue apropiando de ese conocimiento, aunque continúa siendo una economía transformada por la dirección del Estado.

Su gran desafío es la innovación, como viene planteando el presidente Xi Jinping. Es la base del "sueño Chino" que propone el líder. Del trabajo de investigación de Girado, que repasa una gran cantidad de bibliografía publicada mayormente en Occidente, surge que el valor agregado y los componentes de mayor densidad tecnológica, en los bienes de punta, no observan una gran participación china, a diferencia de otros productos de menor complejidad donde sí el grueso de la parte más intensiva es de cuño chino. Es para ello que Beijing está enfocado en la innovación.

El capítulo sobre las Cadenas Globales de Valor -que ya concentran, dice el autor, 80% del comercio internacional- es quizá el núcleo más específico del libro. Allí Girado plantea: “El proceso chino en las CGV y de mayor involucramiento en la producción mundial de todo tipo de manufacturas está dado por una combinación de estrategias de integración empresaria en las CGV, con trayectorias que dieron lugar a la generación de ‘campeones nacionales’ en sectores que el Politburó juzgó estratégicos”. Y cita al petróleo, la siderurgia, la construcción civil, algunas ramas militares y tecnologías de la información. China tomó enseñanzas de la Revolución Industrial noratlántica y desde Deng en adelante adoptó una política de puertas abiertas a las inversiones y tecnologías externas, pero una vez que esa fase avanzó lo suficiente ya no alcanza y debe innovar, “un requerimiento indispensable en su camino al desarrollo”.

En ese recorrido, también mejoró el ingreso de los asalariados industriales, en especial si se compara con los de sus vecinos Malasia, Tailandia, Filipinas o Vietnam, adonde se mudan industrias del anterior grado de industrialización para ir dejando en China los eslabones más avanzados, junto a los servicios, que ya pasa a ser el sector que más valor genera en el PBI chino, el segundo mayor del mundo detrás del estadounidense aunque el primero medido por Paridad de Poder de Compra (PPP).

Justamente este tema de las mejoras salariales en China (que desmiente la visión todavía prevaleciente en algunos analistas que se equivocan al ver ahí la mayor competitividad china, e ignorar la escala productiva y otras razones) se aborda asimismo en uno de los capítulos del otro libro citado, de Pontoni, Pérez Enrri y Chen.

En “La Era de China”, hacen un recorrido histórico y más general del gigante asiático y se señala que si en 2005 el salario promedio no llegaba a 200 dólares mensuales por trabajador, similar al de Tailandia y casi la mitad del de México vigente, por ejemplo, para 2014 ya se había cuadruplicado a 800 dólares, casi el doble de los actuales de los otros dos países comparados y muy mayor al del resto del sudeste asiático

Con cifras mayormente oficiales, señalan una de las caras más impactantes del modelo chino: cómo pasaron de 30% de pobreza en 1980 a 7% en 2015. Y otra que debería aprenderse mejor en Argentina: cómo la inversión interna (no la externa) fue un motor principal, gracias al ahorro doméstico (lo mismo que pasó en todos y cada uno de los casos históricos de países que lograron su desarrollo, vale agregar). En los últimos años esa movilización interna de los recursos generados en China explican 35 a 37% del PBI, un récord mundial, en tanto las inversiones extranjeras (la mitad proveniente de EE.UU., Japón, Taiwán y Hong Kong, son sólo “complementarias” aun cuando por el tamaño chino son enormes: 1,2 billones de dólares el stock actual).

Ambos libros rescatan finalmente los planes quinquenales del gobierno, que aspiran a elevar, continuando con las transformaciones productivas y otras políticas (educativas y de relacionamientos externos, por ejemplo), el ingreso por habitante hasta los niveles de los países más avanzados, de cara al centenario de las fundaciones del Partido Comunista, en 2022, y de la República Popular, en 2049.

 

* Periodista, historiador y docente.