Discurso y realidad: la ucronía al poder

Alfredo T. García * (Especial para sitio IADE-RE) | La construcción de la escena económica y política del gobierno actual. El uso de la ucronía como herramienta de polarización.

Ucronía es la “reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos”, según el diccionario de la Real Academia Española. También podría relacionarse con la utilización de argumentos contrafácticos. “Ibamos a caer en una (crisis, marasmo, etc) …”, “estábamos por llegar a…”, “frenamos el desastre que se hubiera producido si…” y otras frases por el estilo forman parte esencial del lenguaje ucrónico.

Aunque parezca un tecnicismo, esta cuestión es esencial para analizar la realidad económica argentina desde el cambio de gobierno y evitar caer en las enmarañadas argumentaciones que fluyen por los medios concentrados.

Ante la recesión que se instaló a partir de la implementación de las políticas neoliberales y el deterioro social consecuencia de las mismas, la primera estrategia fue indicar que el efecto era pasajero y, por lo tanto, en el segundo semestre de 2016 se vería la recuperación. Luego de evidenciarse el error de apreciación, se prolongó un semestre más la ansiada llegada de la recuperación. Los datos de la economía real del primer trimestre de 2017, al igual que los elevados niveles de desocupación, y los constantes despidos, especialmente en industrias, muchas de ellas con décadas de existencia, debilitaron la estrategia de avizorar una mejoría en dicho período. Si se agregan los índices de precios que indican la persistencia de una inflación sostenida en una banda que oscila en torno del 33% mensual anualizado, no hay forma alguna de sostener “que vamos bien” con argumentos convincentes. Puede que haya un rebote en 2017, debido principalmente al incremento de la obra pública ante un año electoral y los mejores resultados del agro. Pero el mismo estará condicionado por el derrumbe del consumo que ha seguido evidenciándose en el primer trimestre de dicho año.

Además, a 15 meses de iniciado el gobierno de Mauricio Macri, el argumento de la pesada herencia como justificativo de los malos resultados económicos y sociales comienza a debilitarse. En primer término, porque ya pasó suficiente tiempo de la nueva gestión. En segundo término, porque la mejor situación social y el poder adquisitivo con el que finalizó el anterior gobierno reviven en la mente de aquellos que hoy soportan el deterioro actual de las variables económicas y sociales.

Es entonces cuando aparecen dos estrategias para reforzar esta idea de la pesada herencia recibida. Una de ellas es pasar de las forzadas interpretaciones negativas de la situación dejada por el gobierno kirchnerista, a dar un paso más y falsear inescrupulosamente los datos. La otra, más novedosa, es la reiterada utilización de la ucronía.

Para tratar estos temas, resulta un recurso valioso utilizar citas de varios medios y dichos de periodistas y políticos. Aquí vamos. 

“Los sindicalistas también tienen miedo (…) Pero también saben que si la Argentina se convierte en un país en serio, desaparecerá el esquema de poder mediante el cual hicieron política y dinero en lugar de mejorar el nivel de vida de los asalariados y aumentar el empleo. Saben bien que el desempleo, la pobreza y la marginación tienen su causa en la ‘década ganada’ que tanto aplaudieron y ahora rememoran”. (Editorial La Nación, 05.04.17)

En verdad, es difícil sostener que no mejoró el nivel de vida en la década ganada, todos los datos indican un aumento del salario real. Si tomamos el avance de la “remuneración promedio de los trabajadores estables” (RIPTE) y la deflactamos por un índice de precios que toma los datos de las provincias y de consultoras privadas, observamos que desde 2007 (cuando se alcanza el nivel del salario real previo a la crisis de 2002), el salario se ha recuperado un 29 % en términos reales a noviembre de 2015, aunque a partir de ese momento bajó un 6,2% hasta enero de 2017. Si a ello le agregamos los cerca de 3 millones de trabajadores que pudieron acceder por moratoria a la jubilación, son signos evidentes de la mejora del nivel de vida. El aumento del empleo es indiscutible.  En cuanto a la pobreza, la reducción es palpable (aunque muy lejos de haberse extinguido), incluso utilizando, extrapolada, la metodología de la Universidad Católica Argentina. La verdadera pesada herencia es la marginalidad que se fue incrementando en la década de los noventa y eclosionó en la crisis iniciada en el zenit de 2001. Otro tiempo histórico pero que fue signado por las mismas políticas que hoy impulsa el gobierno. Esta afirmación no es ningún argumento contrafáctico, es el análisis sobre lo que efectivamente sucedió.

A continuación, un listado de ucronías que son tan fuertes que sólo pueden ser armadas a partir de inteligentes metáforas, utilizadas para destacar, además, la supuesta injusticia de las críticas a la gestión macrista.

“El jumbo se venía en picada, la cabina permanecía tomada por jihadistas y los pasajeros se disponían al infierno del final. De pronto Macri y sus muchachos derrotaron a los mujahidines, tomaron el control, evitaron que la nave se estrellara y comenzaron a estabilizar el vuelo: en ese instante los viajeros del ‘círculo rojo’ se quejaron porque el pollo de la cena estaba frío” (La Nación, 26.03.17).

“Durante 12 años se generó, desarrolló y ocultó un tumor gigantesco en el cuerpo social de la República. Ahora que llega el momento de extirparlo, se irrumpe en el quirófano y se acusa al cirujano de crueldad, pues el enfermo lucía mucho mejor cuando aún estaba en su casa, bien diferente que ahora, con un tajo en el abdomen, respiración artificial y las crueles manchas de la sangre” (Editorial La Nación 05.04.17).

Los relatos son una combinación de una exageración llevada al paroxismo sobre la “pesada herencia recibida” y, a la vez, una ácida referencia a las críticas a la gestión actual.

Propongo detenernos en otra frase, que indica con claridad la construcción errónea que se hace de los efectos que podría haber producido la continuidad de las políticas del gobierno kirchnerista, más una evaluación errada de lo sucedido, con el objetivo de adjudicarle errores que son propios de la actual gestión. “La asunción del gobierno de Cambiemos no fue muy glamorosa, pero evitó una crisis económica de consecuencias gravísimas. Una especie de choque de trenes de frente a muy alta velocidad, con vagones cargados de una inflación que iba camino a la híper y una recesión que podía terminar en explosión social” (Luis Majul, El Cronista 20.03.17). En verdad, los niveles de inflación, medidos por el promedio de provincias, e incluso por el índice de precios “Congreso” (con su tosca y defectuosa metodología), indican que la inflación estaba descendiendo desde inicios de 2015. La inflación CABA, para tomar un dato insospechado de favoritismo hacia la gestión kirchnerista, evidenciaba en enero de 2016 una inflación anual acumulada del 34.3%, mientras que en octubre de 2015 había bajado al 23,8%. De hecho, Alejandro Werner, funcionario del FMI, proyectó el 7 de octubre de 2015 una aceleración de la inflación a 26,4% en 2016. Nada más alejado que una híper. Respecto a la recesión, el PIB calculado por el nuevo Indec creció un 2,6% en 2015, mientras que la verdadera recesión se produjo en 2016, con una caída del PIB del 2,3%.

Con la eclosión de las marchas de marzo que criticaron al gobierno macrista, se acompañó el lenguaje ucrónico con la adjudicación de conductas destituyentes a la oposición.  Sin abundar en ellas, una cita describe claramente el enfoque del gobierno de Cambiemos: “Consultado sobre declaraciones del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, quien dijo que ‘sin duda la ex presidenta quiere voltear’ al Gobierno, el primer mandatario (Mauricio Macri) respondió: ‘Si fuese solamente ella no sería tan grave’"(La Nación, 03.04.17). Varios han aprovechado esta línea argumental para llevarla al plano económico. Según relata Marcelo Bonelli (Clarín, 21.04.17): “Luis Caputo, el ministro de Finanzas, debió hacer un esfuerzo para contener las dudas que existen entre inversores sobre el desborde piquetero de las calles y las huelgas -de la CGT y docentes- contra la política de la Casa Rosada”. La relación fue hábilmente resumida por Bonelli: “Para los inversores, el descontrol de la calle afecta las inversiones productivas”. Era la puntada que faltaba. Si para que vengan las inversiones se necesitaba confianza, baja inflación, reglas claras, ahora se requiere también que el pueblo se quede en sus casas. Asombroso.

Esta es una acotada colección de citas, dado que las apelaciones a los argumentos contrafácticos son moneda corriente en estos días pero resultan útiles para tener idea de la construcción del relato que se pretende imponer desde los cenáculos oficiales.

La batalla de la teoría contra la realidad

Esta andanada de ucronías se produce debido a que los resultados económicos no son beneficiosos como se los prometía. Una salida hacia adelante es prometer que en el futuro los resultados serán positivos pero, luego de 15 meses de gestión, resulta difícil convencer “al público” de que se producirá un cambio positivo en los próximos meses. Más aún cuando han dejado ya listo un cronograma de aumentos tarifarios hasta fin de 2019 y el gobierno insiste férreamente en reducir el poder adquisitivo de los salarios mediante paritarias por debajo del nivel de inflación esperado por la mayoría de las consultoras.

El difícil sendero por el que atraviesa la economía y la situación social y su continuación es relativamente fácil de prever. Sólo hay que hacer memoria de lo sucedido en la economía argentina en los 70 y los 90.

Cabe resaltar que estos resultados no provienen de una falla de aplicación en las políticas sino que es el modelo el que necesariamente conduce a paupérrimos parámetros económicos y sociales. Porque si bien la economía es una ciencia social, determinadas medidas en esta materia llevan necesariamente a determinados resultados. Pero también es sabido a qué resultados no pueden llevar determinadas políticas, más allá de las propiedades “mágicas” que le asignen eruditos economistas y organismos financieros y económicos internacionales. Veamos entonces la imposibilidad de cumplir con el bienestar prometido a largo plazo a partir de las políticas aplicadas.

La inflación

Es muy difícil que baje la inflación a los niveles prometidos por el gobierno si éste instala un cronograma de subas continuas en las tarifas de los servicios públicos y en las naftas. O si el inmobiliario en Provincia y Ciudad de Buenos Aires sube cerca del 38% en 2017. Los datos del primer trimestre de 2017 lo confirman. Los índices de precios de marzo fueron elevadísimos para los objetivos del BCRA. El índice de precios al consumidor del Indec arrojó un 2,4% para marzo, el de CABA un 2,9%, el de Córdoba un 3,4% y el de Mendoza un 3,6%. En términos de inflación mensual anualizada, estos datos oscilan entre el 33% del Indec y el 53% de Mendoza. Pero lo más llamativo es que la inflación núcleo (que excluye los productos estacionales y los bienes y servicios regulados, entre ellos las tarifas públicas) dio valores muy cercanos a los índices generales citados. Esta característica indica que los aumentos de tarifas se han trasladado a una gran variedad de bienes y servicios. Salvo que se deje librado todo el esfuerzo desinflacionario a la reducción del poder de compra de los salarios -la herramienta ideal del neoliberalismo- será difícil que se pueda bajar la inflación. Si el gobierno logra su objetivo y los salarios reales continúan cayendo, no puede obtenerse otro desenlace que menor demanda y menor producción, no sólo en el corto plazo. Una victoria pírrica.

Política monetaria restrictiva

Ante esta escalada inflacionaria, el Banco Central de la RA decidió subir a mediados de abril de 2017 la tasa de interés de referencia en 150 puntos básicos, al 26,25%. Esta decisión no resultó sorpresiva dado que desde 15 días antes el BCRA estuvo comprando Lebac (las letras emitidas por la Autoridad Monetaria) a la tasa del 24,25% en el cortísimo plazo. La mayor colocación de Lebac implica una fuerte absorción monetaria, que retira liquidez de la plaza financiera (Ver “Desorientados”, Alfredo Zaiat, Página/12, 16.04.17).

La medida tiene varios efectos sobre la economía. Uno de ellos es el impacto que tendrá en la suba de las tasas de préstamos, en especial a las empresas, que dificultarán su desenvolvimiento productivo. Por otro lado, los mayores rendimientos fomentan el denominado “carry trade”, que es la operación por la cual los capitales especulativos externos ingresan dólares y los convierten en pesos para comprar Lebac. Como el mercado espera que el tipo de cambio se mueva en un rango acotado (al menos hasta las elecciones), las ganancias obtenidas, expresadas en moneda dura, son astronómicas. Adicionalmente, esta actividad genera una entrada masiva de dólares y, por lo tanto, una revaluación del peso. Y coloca un gran problema a los equilibrios macroeconómicos porque la razón de ser de ésta transacción es cambiar nuevamente a dólares una vez realizadas las mayores ganancias posibles. Ello puede llevar a una masiva salida de divisas cuando los mercados proyecten un alza en el tipo de cambio nominal.

Mientras tanto, las empresas, en especial las producciones regionales, sufren con el tipo de cambio bajo y las altas tasas de interés. Una combinación ya padecida en los 90 y en los 70.

Con las características del proceso inflacionario comentado anteriormente, el aumento de tasas no parece la medida más efectiva para combatir la inflación, que es esencialmente una combinación de costos y puja distributiva. Los efectos de la suba de tasas y la restricción monetaria pueden ser más perjudiciales que benéficos.

El problema del trabajo

Con flexibilización laboral y trabajos basura tampoco puede lograrse un empleo digno y feliz. En este punto cabe señalar la actitud de WallMart, el mayor empleador de Estados Unidos, que en varias sucursales colocó un cartel: “Por favor, donen aquí productos de comida para que los empleados en situación de necesidad puedan disfrutar de una cena de Acción de Gracias” (El País -España-, 02.11.16). A este tipo de situaciones lleva la flexiblización laboral.

Liberalización y apertura importadora

La total liberalización financiera y cambiaria lleva a la especulación y a la fuga de divisas, una secuela bastante conocida en nuestro país. La apertura irrestricta de importaciones destruye gran cantidad de pymes industriales. Este resultado ha sido dramáticamente corroborado en los setenta y en los noventa. De hecho, Francisco Cabrera, titular del Ministerio de la Producción, dejó bien en claro el modelo económico. Expresó con total audacia: “Estamos para hacer más productiva la Argentina, no la industria” (La Nación 15.04.17). Más claro, echarle agua.

El ajuste fiscal

El achicamiento del déficit fiscal vía reducción del gasto público conduce necesariamente a la recesión económica, un resultado sostenido por varios premios Nobel, y certificado incluso por los investigadores del FMI, abrumados por las evidencias concretas en multitud de países, derivadas de las estrategias que impulsan. En este contexto, la baja de impuestos a las grandes fortunas no los incentiva a invertir más en sus empresas o en la creación de nuevas: incrementa significativamente sus ganancias, que terminan buscando más rentabilidad a través de distintos mecanismos de valorización financiera, y generalmente, terminan fugándose.

Combo ortodoxo

Si además se combinan todos estos elementos, se podrá obtener cualquier resultado menos el de un país pujante, en crecimiento y con inclusión social. Todo lo contrario. Son medidas propias del Neoliberalismo. Éstas conducen directamente hacia la denominada sociedad del tercio, que incluye la parte de la población que vive bien; los dos tercios restantes quedan prácticamente fuera del sistema de producción y distribución. Lo expuso con meridiana claridad el Papa Francisco: “Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra”

Las ucronías continuarán

Tal como se detalló, las diversas políticas económicas y financieras aplicadas desde diciembre de 2015 están destinadas a generar un menor nivel de actividad económica y una distribución más regresiva del ingreso, lo que incrementa la dificultad para inspirar adhesión a dichas políticas.

Las marchas y demostraciones de marzo, de fuerte contenido antimodelo, evidencian el malestar que se está extendiendo en la sociedad y que cada vez resulta más difícil de edulcorar.

De allí que la estrategia elegida por el gobierno es ampliar la denominada grieta, utilizando las ucronías para deslegitimar los logros del gobierno anterior y llevar a la sociedad a una situación binaria: es la continuidad o la vuelta al infierno. Y todas las declaraciones de los funcionarios del gobierno de Cambiemos están alineadas hacia ese lugar. 

 

* Economista Jefe del Banco Credicoop, docente universitario y vicepresidente del IADE.