Sin proyecto nacional no hay desarrollo

Eduardo Dvorkin es uno de los tecnólogos más prestigiosos de la Argentina. En esta entrevista con Nexciencia, analiza el retroceso que para el sistema nacional de ciencia y tecnología implicaron los dos años del gobierno de Cambiemos, detalla la cantidad de iniciativas que fueron discontinuadas, pronostica una nueva fuga de cerebros y sostiene que sin la tracción del Estado no hay desarrollo posible.

La coherencia del cambio

 

Del 2003 al 2015 nuestro país atravesó un proceso económico – social que denominaremos de Desarrollo Inclusivo (DI): el PIB per cápita (PPP) creció un 81% y el índice de GINI, que es una medida de la desigualdad, disminuyó en un 21% (Datos del Banco Mundial); este crecimiento de los niveles de igualdad estuvo a contramano de lo que, durante el mismo período, sucedía en los países de alto nivel de industrialización en los que la desigualdad está creciendo a ritmo sostenido [1].

"Si YPF no impulsa tecnología local, no vamos a estar mejor"

A mediados del siglo XX, cuando se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, hacer ciencia era considerado algo así como... un lujo. Investigadores que se lanzaban a aquella aventura recuerdan que Houssay, su primer presidente, solía disuadir a los potenciales ingresantes diciéndoles que si no tenían un sueldo extra no podían dedicarse a la investigación, "porque de eso no se podía vivir". Para Don Bernardo, como se lo llamaba reverencialmente, la institución que se convertiría en la columna vertebral de la ciencia local debía dedicarse exclusivamente a la investigación básica; es decir, a la búsqueda de conocimiento sin otra finalidad que la de dilucidar la intrincada maquinaria de la realidad.