“Como decía Perón, la tercera posición abre un nuevo juego”

Entrevista a Axel Kicillof por Raquel Roberti
Fue una semana agitada: el lunes 5 hubo inauguración de obras, festejos por el Día del Camino y baile en Tecnópolis, además de que se pagaron los Boden 2015 –5.900 millones de dólares, el pago más alto desde la cancelación de la deuda con el FMI, en 2005– y se anunció el lanzamiento de los Bonar 2020, con la intención de captar 500 millones de dólares. En medio de esa vorágine, la editorial Siglo XXI presentó su nuevo libro, Diálogos sin corbata. Cada una de estas actividades recibió críticas y halagos, tal como pasa con todo lo que hace Axel Kicillof, el joven ministro de Economía (43 años) que se apropió del mayor cuestionamiento que le hicieron, “un muchacho sin corbata”, para convertirlo en una bandera significante: de su mano la economía dejó de estar en las alturas de lo incomprensible para transformarse en esas cuestiones cotidianas.

A dos años de haber asumido en la cartera, Kicillof es la espada que el gobierno nacional saca a relucir en las cuestiones más álgidas, desde la batalla contra los fondos buitre hasta las nacionalizaciones de empresas privatizadas en los ’90. Es, para muchos, el símbolo de la militancia kirchnerista, el que nunca saca los pies del plato ni se quita la camiseta. Sin embargo, no siempre fue así.

Sus primeras lides militantes se dieron en el Colegio Nacional Buenos Aires, durante el estallido de la política que vivió el país con los primeros años del gobierno de Raúl Alfonsín. Al llegar a la universidad no encontró el ámbito para sus ideas y fundó, en 1992 y junto a cuatro compañeros, una agrupación independiente de los partidos políticos, la TNT (Tontos pero no Tanto). “Menem gobernaba el país, Cavallo la economía y Shuberoff la universidad –rememora en una entrevista con Veintitrés–. Nos oponíamos a los tres. La discusión era hasta qué punto los radicales, teóricamente la oposición a Menem, generaban en la universidad algo distinto a lo que ocurría en el país”.

–¿Y cuál era la respuesta?
–Que no, que el radicalismo era la expresión del menemismo en las universidades, y que pretendían la privatización. Nos resistíamos a que el neoliberalismo entrara por la puerta de servicio. El desfinanciamiento obligaba a la privatización voluntaria, se arancelaron los posgrados y la investigación era cada vez más dependiente de quien ponía la plata, corporaciones o instituciones extranjeras. Fue una época de luchas y de militancia desde el lugar donde uno estaba, porque los’90 fueron de mucho desprestigio de la política. Defendíamos la universidad pública gratuita con independencia en la investigación y eso enganchaba con que estuviera al servicio de las mayorías, porque la gratuidad es para que tenga otra función social. También trabajábamos en villas, con el movimiento de empresas recuperadas, con la Comisión de la Memoria en derechos humanos, con lo que en cada lugar se defendía o militaba contra el neoliberalismo. Pero era una militancia contra…

–Venía de la llamada izquierda independiente. ¿Que lo enamoró del kirchnerismo?
–Hoy, mirado a la distancia, diría que el 70 o el 80 por ciento de quienes teníamos una militancia independiente nos aglutinamos en el kirchnerismo. Cuando asumió Néstor, yo trabajaba como docente y tenía una beca para hacer el doctorado. Me había dedicado a eso y seguí militando, pero menos. Me impactó mucho el discurso del 25 de mayo de 2003…

–Donde Néstor Kirchner explicita su plan de gobierno…
–Exacto. En ese momento yo no era kirchnerista, y como muchos argentinos interesados en política y economía, lo miré como una rareza, con expectativa y también con incredulidad. Me acuerdo la sensación al escucharlo hablar de cuál debía ser el papel del Estado en la economía y cuál debía ser el eje de la política económica. Era lo más antineoliberal que se podía decir. Era muy disruptivo, casi revolucionario, dado lo que pensaba buena parte de los economistas y la mayoría de los políticos. Me llamó tanto la atención que sin ser kirchnerista leía partes de ese discurso en mis cursos de economía. Básicamente decía que la inclusión social debía ser un instrumento para que la economía creciera. Esa visión, que parece muy sencilla porque funcionó bien, iba a contrapelo de todo lo que se venía diciendo. Tenía que ver con la escuela del desarrollismo americano, que nació en la Argentina y se hizo muy famosa, que planteaba que el Estado debía hacer determinadas cosas para que un país como la Argentina pudiera desarrollarse. Por experiencia histórica y análisis teórico, decía que era imposible si quedaba expuesta al libre mercado. Los mercados se plantean como motor, que si se los deja solos van a generar crecimiento y distribución de riqueza. Pero no es lo mismo un país del centro, desarrollado, que uno de la periferia, emergente y en vías de desarrollo. El mercado mundial no tiene como resultado desarrollar equitativamente a todos los países, distribuye inequitativamente incluso el desarrollo tecnológico…

–Que se da principalmente en los países centrales…
–Exacto. El mecanismo por el cual las potencias se apropian de los excedentes y riquezas de los países en desarrollo es el sistema de precios. Los productos que tienen adelantos tecnológicos tienden a encarecerse en relación a las materias primas. Salen cada vez más baratos pero los venden cada vez más caros. Pero hoy no estamos en un mundo donde la hegemonía de Occidente sea tan fuerte, sino que hay una situación multipolar. De la periferia surgieron potencias económicas, como China, Rusia, los países asiáticos, que son factores en la geopolítica y la economía mundial, que están haciendo tecnología propia en origen y tienen capacidad de disputar el sistema de precios. El juego internacional hoy es distinto. Para la Argentina existe una enorme oportunidad de multilateralismo, de asociarnos con Rusia, China, Europa, en lugar de con una sola potencia en relación de dependencia. Al mismo tiempo mutó la región, con el Mercosur, la Unasur… Eso que decíaPerón de la “tercera posición” apareció a nivel de balances de poder económico. Para países como la Argentina, con la pretensión de ser proveedor de materia prima, minera, petrolera, agropecuaria, pero además con base industrial y tecnológica, se abre un juego nuevo.

–Además de la economía, ¿qué lo atrajo del kirchnerismo?
–Eso fue lo primero que me llamó la atención, además de la cuestión de derechos humanos, de no dejar los principios en la puerta de la Casa Rosada, cosas que me impactaron como militante. Creo que lo que termina convocando, a mí y a muchos, son los hitos enormes, formidables y también impensados en la política de derechos humanos. Pero yo estaba terminando mi tesis, y después mi libro, seguía investigando...

–¿Cómo fue su primer día en el kirchnerismo? ¿Fue a una unidad básica?
–(Ríe) Algunos compañeros de militancia, como Wado (de Pedro) o Mariano (Recalde), ya estaban cercanos al movimiento. Pero el momento muy importante para nosotros, que como grupo veníamos apoyando las políticas del Gobierno, fue la discusión con el campo. Era un tema que veníamos trabajando, teníamos análisis cuantitativos de la renta agropecuaria, y quedamos del lado del Gobierno, sin ser parte del Gobierno. La idea de que excedentes agropecuarios deben pensarse como algo de la economía general fue un parteaguas, más allá de si estaba bien o mal hecha la 125. Yo ya militaba en algo que en términos generales podía llamarse kirchnerismo, muy afín al Gobierno, pero el kirchnerismo no se dedicó a afiliar gente, era la época de la transversalidad.

–Muchos vivieron un proceso similar, pero no fueron militantes…
–Es cierto. En julio de 2009 nombraron a Mariano Recalde presidente de Aerolíneas Argentinas y el mismo día me llamó para ofrecerme acompañarlo en esa responsabilidad. Siempre había militado con él. Mi acercamiento al Gobierno es anterior, pero ahí, el primer día estaba con Mariano y lo iba a acompañar de una manera o de otra. No se puede ayudar en una empresa sin estar, así que pedí licencia en mi cargo de investigación, aunque seguí dando clases. Fui gerente financiero del área económica de Aerolíneas, subgerente general, armamos el plan de negocios, la planificación estratégica de la compañía. Fue apasionante, pensé que ese trabajo era el más intenso que me podía tocar. Después vino la recuperación de las AFJP y fui director de Techint, y poco después me nombraron viceministro de Economía.

–Los mecanismos de los países centrales para apoderarse de las riquezas de los de la periferia se emparentan con los fondos buitre. Más allá de la coyuntura, ¿qué viene en esa cuestión?
–Cuando empezó el ataque dijimos que no era un tema exclusivamente financiero ni judicial, sino que tenía que ver con la soberanía. Si pagábamos a esos fondos buitre y nos reaparecía una deuda externa impagable de 500 mil millones de dólares, volvíamos a depender del FMI, del Banco Mundial. ¿Quién se hace cargo?, preguntamos. Y encontramos la solidaridad del Mercosur y de la Unasur, de la CELAC y de la OEA, donde también está Estados Unidos, y más tarde del G-77, China y Rusia. La cuestión de los fondos buitre es evidentemente política. Por eso hay discusiones que tienen que ver con invasiones, guerras, y hay misiles financieros, el nuestro dice 500 mil millones de dólares. Y termina, poco después de empezar, con el apoyo de la ONU. Es un nuevo escenario de oportunidades si no hay una mirada anacrónica, es decir, relaciones carnales con Estados Unidos. Hay que valerse y nos da tremenda palanca mirar nuestra región y desde ahí mirar a este nuevo mundo multipolar. Ese paraguas funcionó con los buitres.

–¿Hasta cuándo seguirá funcionando? Porque no han retirado el reclamo…
–Buitre que ladra no muerde. No se van a resignar, pero trataron de embargarnos la Fragata Libertad, las embajadas, las reservas del Banco Central, YPF, dijeron que nuestra economía iba a quebrar, nos auguraban desastres. Las desgracias no ocurrieron y quedó en claro que los buitres son buitres y no pobres jubilados que le prestaron sus ahorros al país. Son grupos de tareas para cobrar una fortuna que la Argentina no puede ni debe pagar. Cualquier arreglo va a ser producto de una negociación, en el juzgado o afuera. Y como en toda negociación, primará la correlación de fuerzas. Debería terminar como la disputa con Repsol, pagando lo que corresponde y no lo que piden. Si pagamos lo que no corresponde, no sólo es ilegal, sino que pone en riesgo toda la reestructuración de la deuda y la posibilidad de crecimiento y desarrollo. Nadie que no sea buitre tiene que pensar de esta manera. Vocación hay para endeudar al país, pienso en Melconian que estatizó la deuda privada con Cavallo, o Sturzenegger también con Cavallo en el megacanje y blindaje. El tema es que la sociedad ya pasó por eso y nos dejó en la banquina. Pero ahora los buitres son la manzana podrida y esta gente quiere morderla, endeudarnos, porque con la plata de otros es fácil.

–¿Cómo imagina la vida legislativa?
–Estoy tremendamente entusiasmado. He tenido en estos años en el ministerio una intensa actuación parlamentaria, pero nunca la oportunidad de formar parte de ese cuerpo. Estamos en una etapa donde, como dice Scioli, hay que construir sobre lo construido. Hay trabajo legislativo para hacer para que los derechos ganados, los instrumentos propuestos y en funcionamiento se conviertan en parte del cuerpo legal del país. Convertirlos en verdadera conquista. Vender las acciones del Estado en compañías privadas está a tiro de decreto de cualquier presidente. Pero es injusto que después de haber recuperado esas empresas, nos encontremos con que las podemos perder por decisión del Poder Ejecutivo. Es una cuestión estratégica.

Precios y matrimonio igualitario

¿Quién hace las compras en su casa?
–Mi mujer y yo, ella hace la compra mensual y a mí me encanta ir al súper los fines de semana; colaboro con todo, con los chicos, tenemos un matrimonio igualitario, nos repartimos las tareas. Obvio que cuando empecé en Aerolíneas tuve menos tiempo, pero hago esfuerzos denodados para estar ahí, tengo hijos chicos y no me los quiero perder, creo que les hace bien a ellos y a la familia. La cuestión es ser padre y ser marido. Ella es también una gran militante política, doctora en letras, trabajamos mucho juntos ayudándonos mutuamente.

–Está al tanto de los precios, entonces. ¿Cómo se evita que quién sabe quién aumente el kilo de cebollas de 15 a 45 pesos de un día para el otro?
–La cuestión de los precios es tal vez la más complicada de la economía y, tal vez, la más básica. Nadie se pone de acuerdo en quién decide, cómo se fijan los precios y dónde. Pero todos están de acuerdo en que si hay un mercado competitivo con muchos jugadores, chiquitos, los precios tienden a ser los más bajos posibles. Pero uno vive en LA Argentina y se da cuenta de que eso no se cumple. El precio no tiende a ser lo más bajo que una empresa está dispuesta a cobrar sino lo más alto que los consumidores están dispuestos a pagar. Cuando se cobra el aguinaldo, suben los precios, no aumenta la oferta, del mismo modo que cuando llueve aumentan los paraguas. Lo que determina el precio de un producto deja de ser la competencia y pasa a ser el poder del mercado, al que los consumidores no pueden oponerse. Entonces tiene que aparecer el Estado controlando, interviniendo en la fijación de precio y la rentabilidad. La respuesta más fácil es el libre comercio, el ALCA, producir sólo materia prima e importar lo demás, abrir la economía. Los precios van a bajar, pero eso liquida el empleo, la industria, y no hay quien pueda comprar. Algunos piensan que hay que volver a los ’90, cuando Cavallo mató la inflación matando el empleo, matando la industria, matando a la gente. Disfrazan la política de ajuste como antiinflacionaria. La otra política, más compleja, es administrar el comercio para desarrollar la producción doméstica; impedir que entren productos a precios desleales y fomentar que los productores locales inviertan, controlando los precios internos. Esa regulación la tiene que hacer el Estado. Eso se llama programa de crecimiento, inclusión social, desarrollo e industrialización. Lo interesante es que la ganancia la hagan por volumen y no por precio, pero cuando quisimos aprobar leyes de protección al consumidor, la oposición se negó diciendo que era intervencionismo. Este caminito de crecer, incluir, industrializarse, desarrollar, es complejo, pero hay que seguir avanzando en esa dirección.

El libro

En marzo de 2015, Claudio Martínez, director general de El Oso Producciones, le propuso a Axel Kicillof entrevistarlo una vez por mes para un programa de economía que se emitiría por la TV Pública, con la particularidad de que cada vez el entrevistador sería distinto. Así nació Economía sin corbata, y de allí derivaron las entrevistas que conforman Diálogos sin corbata, realizadas por Horacio Verbitsky, Joaquín Morales Solá, Marcelo Zlotogwiazda,Adrián Paenza, Pablo Camaití, Emir Sader y José Natanson. Los textos se completan con una charla abierta junto a Alejandro Dolina moderada por Martín Jáuregui. Unos y otros diseccionan junto al ministro aspectos coyunturales de la economía nacional e internacional. La única entrevista exclusiva del libro es la de José Natanson, en la que se abordan la historia y aspectos personales de la vida de Kicillof.

Revista XXIII - 8 de octubre de 2015