1º de mayo: ¿fiesta del trabajo o jornada de lucha?

Alberto Fortunato * (Especial para sitio IADE-RE) | El florecimiento de luchas y experiencias organizativas de la clase obrera. 

En 1889 -afirma José Ratzer[i]- se abrió una nueva etapa en el movimiento obrero internacional. Los lazos organizativos desanudados por la desaparición de la Primera Internacional[ii] se restablecieron, en consonancia con la nueva situación y se fundó la Segunda Internacional. Su Congreso inicial se celebró en París del 14 al 20 de julio en ocasión del Centenario de la Revolución Francesa. En dicho Congreso tuvo participación el movimiento obrero de la Argentina a través de la representación del dirigente socialista alemán Guillermo Liebknecht, del club Vorwärts de Buenos Aires (fundado en 1882). Asimismo, el profesor y periodista francés radicado en Buenos Aires, Alejo Peyret llevó la representación de algunas organizaciones obreras de la República Argentina.

El historiador francés Maurice Dommanget subraya la participación de notables personalidades del movimiento socialista europeo, entre ellos, G. Liebknetch, A. Bebel, Bernstein (Alemania), Volders, Anseele, César de Paepe (Bélgica), E. Aveling, Mme. Eleanor Marx, William Morris (Inglaterra), DomelaNieuwenhuis (Holanda), Pierre Lavrov (Rusia), Vícor Adler (Austria), Pablo Iglesias (España), Guesde, Vaillant, Deville, Lafargue, Jaclard, Ferroul, Charles Longuet (Francia). Señala Dommanget que “la tendencia de una buena parte de estos delegados valió al Congreso el epíteto de ‘marxista’”. Y agrega: “Había allí, como también en la calle de Lancry[iii], conforme lo ha hecho notar Víctor Adler, ‘hombres que salían de prisión y otros que eran esperados allí’; algunos habían sido condenados a muerte y muchos proscriptos. Son los elementos “indeseables” que hablan en nombre de la clase obrera mundial, y esta simple anotación indica con fuerza dónde estaba el movimiento socialista con relación a los gobiernos capitalistas”.[iv]

Remarca Dommanget en la obra antes citada que “la importancia histórica de estos dos congresos fue considerable (…) Los dos Congresos, después de haberse pronunciado por idénticos principios fundamentales formularon casi las mismas reivindicaciones, en especial el establecimiento de una legislación internacional del trabajo y la jornada legal de ocho horas como máximo” (pp.102/103).

En su última sesión del sábado 20 de julio de 1889 los delegados al congreso “marxista” votaron una resolución que uniformaría las prácticas del movimiento obrero contestatario. El texto de la resolución fue el siguiente:

Se organizará una gran manifestación internacional con fecha fija de manera que en todos los países y ciudades a la vez, el mismo día convenido los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo y a aplicar las otras resoluciones del Congreso Internacional de París.

Visto que una manifestación semejante ya ha sido decidida por la American Federation of Labor para el 1º de mayo de 1890, en su congreso de diciembre de 1888 en Saint Louis, se adopta esta fecha para la manifestación internacional.

Los trabajadores de las distintas naciones llevarán acabo esta manifestación en las condiciones dispuestas por la especial situación de su país.

Además, se adoptó la siguiente resolución complementaria:

Con el concurso de los partidos socialistas representados en el congreso internacional de París se publicará bajo el título de La jornada de ocho horas, un órgano semanario destinado a centralizar los informes sobre el movimiento internacional con miras a la reducción legal de la jornada de trabajo. Se recomienda a todos los delegados que hagan una demostración en todos los centros obreros de Europa y América a favor de la fijación de la jornada de ocho horas de trabajo.

Acota Dommanget en la obra citada: “Resulta del mismo texto de la resolución principal que si el 1º de Mayo está centrado ante todo sobre las ocho horas, tiene también en vista la aplicación de las resoluciones del congreso de París, que girando sobre todo lo que concierne a la legislación internacional del trabajo y a la acción de los trabajadores, forman lo que se ha llamado el Código Internacional del Socialismo. Su objetivo, en el fondo, es nada menos que la transformación socialista, lo que le da desde el origen su pleno sentido”.

El 1º de mayo en la Argentina

Varios historiadores militantes del movimiento obrero y político de la izquierda argentina, coinciden en destacar el papel del Club Vorwärts y de la Comisión designada para cumplir el acuerdo del Congreso Obrero Internacional efectuado en París en 1889.[v]. Señala Sebastián Marotta en la obra citada (pp.93 y ss):” …el Vorwärts designa, a principios de 1890, una comisión constituida por José Winiger, Guillermo Schulze, Jockel, Augusto Kühn y Gustavo Nocke, para "promover la celebración, en el país, de la Fiesta del Trabajo”. Dicha Comisión se reúne el 30 de marzo de 1890 en su local de la calle Comercio 880 (actual Humberto Primo) donde se decide constituir un “Comité definitivo” para la organización de los actos y documentos proyectados y “estima que los obreros deben suscribir un memorial para ser presentado al Congreso nacional” a efectos de solicitar la sanción de “leyes protectoras de la clase obrera”.

Las agrupaciones que adhieren a la convocatoria efectuada denotan la característica de la composición de la abigarrada clase obrera de inmigrantes y criollos, donde predominan los primeros. Menciona Marotta que son “varias las agrupaciones que adhieren por medio de representantes, cartas o declaraciones, a la celebración de la fecha del trabajo. De Buenos Aires: Club Vorwarts, Sociedad Internacional de Carpinteros, Tipógrafos alemanes, Cosmopolita de Oficiales Sombrereros, Obreros alemanes de la Ciudad de Buenos Aires, Sociedad Figli del Vesuvio, Sociedad Escandinavan Nordeu, Circolo Reppublicano F. Campanella, Sociedad de los Países Bajos, Unión Calabresa, Sociedad Italia Unita, Circolo Mandolinista Italiano, Círculo Republicano G. Mazzini. De La Plata: Confederación Obrera Sudamericana (Región Argentina), De Esquina: Sociedad Italiana Unione e Beenevolenza. De Lobos: Unione e Fratellanza. De Chivilcoy: Societá di Mutuo Socorso Italiana. De Pergamino: Forze Unite. De Capilla: Sociedad Italiana. De Rosario: Asamblea Internacional.

A esta nómina se agregan el Círculo Socialista Internacional, la Sociedad L;Ancora, Sociedad Italiana de Barracas, Sociedad Roma de Capilla, Centro Republicano Italiano, Alianza Republicana de Buenos Aires, Sociedad Cigarreros Unidos.

El acto se realiza en el Prado Español, situado en la hoy Avenida Quintana de la Ciudad de Buenos Aires, entre las calles Ayacucho y Junín y alcanza “proporciones inesperadas para sus organizadores (entre 2500 y 3.000 asistentes) destaca Marotta y agrega: “Oradores españoles. Italianos, franceses y alemanes, expresan al público con ardor su significado y alcance. Los trabajadores argentinos afirman, a partir de este año (1890) en resonante y autónoma manifestación, su derecho a una vida mejor. Con idéntica finalidad realizábanse actos análogos en Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy.”

El recordado dirigente comunista Rubens Íscaro en su Breve Historia del Primero de Mayo, relata el acontecimiento:

“Tres mil obreros fueron concentrándose después de las 14 horas en el Prado Español, situado al fin de la Avenida de la Republica. En una de las veredas de ésta se había apostado un piquete policial de la sección15ª, integrado por el subcomisario García, el principal, dos oficiales y quince agentes, preparados para cualquier “emergencia· y absortos ante la novedad del espectáculo que se les ofrecía”.

“A las 15.15 horas subió a la tribuna el compañero José Winiger, presidente de la Comisión organizadora, quien abrió el acto con vibrantes y emocionadas palabras. Señaló lo angustioso del presente que vivía la clase obrera y lo luminoso del destino que la historia le tenía preparado. Destacó la importancia del hecho que en todos los países del mundo, en ese mismo momento, los trabajadores estuvieran manifestando por sus derechos conculcados, reivindicando su razón de participar con honor en el destino de las naciones. Aludió al calor con que los trabajadores argentinos habían hecho suyas las reclamaciones que se elevarían ante el Congreso Nacional y a cuyo pie se habían recogido ocho mil firmas. Y concluyó: “la victoria del socialismo es sólo cuestión de tiempo. Entusiasmados por este lisonjero porvenir, confiados a nuestras fuerzas invencibles, persuadidos de la victoria de la gran causa del proletariado, declaramos abierto el mitin con un saludo  a los millones de hermanos y compañeros de todos los países reunidos en este momento con el entusiasmo de sus corazones y las aspiraciones de su alma con nosotros, en solidaridad y fraternidad internacional.”[vi]

Continúa Íscaro:

“A continuación…se leyó el Manifiesto dirigido a la clase obrera argentina, después de lo cual usaron de la palabra numerosos obreros que pidieron espontáneamente la palabra. Los oradores hicieron los planteamientos revolucionarios de su clase; el texto de sus discursos ha quedado ignorado para la historia, pues nadie tomó nota de ellos, pero es fácil deducir su tono crítico y reivindicatorio. “La religión, la política, la sociedad, el gobierno, decía La Nación al día siguiente. Llevaron recias sacudidas”. Y resumía: “Todo necesita ser reformado en el sentido de la igualdad ante el trabajo”.

“En el acto se leyó el Manifiesto dirigido a todos los trabajadores de la República, en el que, entre otras cosas se señalaba: “La crisis actual del país ha agravado y empeorado en mucho la situación de todas las clases sociales, pero de ninguna manera en grado tan desastroso como la obrera…En medio de esta situación, el pueblo trabajador de la República Argentina levanta por primera vez su voz potente compuesta por millones de desheredados, en demanda de la protección legislativa del trabajo de los obreros” (…) El Manifiesto afirmaba: ”Estamos en un país republicano cuya Constitución escrita garantiza a todos sus habitantes completa libertad de conciencia, de educación, de prensa y de reunión. En una palabra: Todos los derechos y libertades que concede la democracia moderna a sus ciudadanos…”

Terminaba el Manifiesto del 1º de Mayo de 1890 con un vibrante llamamiento:

“Unámonos al fin, levantemos en masa nuestra voz, manifestemos que estamos arrastrando grillos y cadenas que las sentimos. Hagamos evidente ante todo el mundo que estamos oprimidos, explotados, sin amparo y sin protección de las leyes. Liguémonos como hombres pidiendo nuestros derechos y como tales veréis. como al fin, tarde o temprano, nos oirán bien, dándonos los debidos respetos. Esta petición a la cual os invitamos a todos los trabajadores de la República a aprobar y firmar con su nombre en los respectivos pliegos dirigidos en tal manera por millares de habitantes a la suprema autoridad del país, debe ser el primer paso eficaz en la jun ión de nuestras fuerzas, en la ilustración de nuestras inteligencias y en la conquista de los derechos, de la posición política y social que merecemos como obreros y ciudadanos.”

Finalmente, agrega  Iscaro, el mitin aprobó sus  resoluciones: 1º) Crear una Federación de Obreros en la República; 2º) Crear un periódico para la defensa de la clase obrera; 3º) Enviar una petición al Congreso Nacional para solicitar la sanción de leyes protectoras de la clase obrera.

Observa Ratzer que el clima de 1890 impulsaba al florecimiento de luchas y experiencias organizativas de la clase obrera acumuladas en años anteriores. Una clase obrera en formación entre la industria artesanal casera o doméstica y la producción fabril. Dice Ratzer[vii]. Al culminar la etapa, la crisis de 1890 con la depreciación del peso moneda nacional y la disminución de las importaciones, aceleró la expansión de ciertos talleres y aun la instalación de algunas grandes empresas fabriles `…*Tuvo lugar cierta concentración especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, pero en conjunto aún dominaba el pequeño taller y la artesanía que afrontaban, a su vez graves dificultades debido a la disminución del poder adquisitivo de la clase obrera, que entre los años 1886 y 1890 tuvo un descenso del 50 por ciento.

“Pasado el 1º de Mayo, el Comité Internacional fue sustituido por el Comité Federal, formado por delegados de sociedades obreras que se  manifestaban dispuestas a formar parte de la Federación Obrera proyectada.(…) Ya el 29 de junio se dio por constituida en principio la Federación de Trabajadores de la República Argentina. El 8 del mes siguiente se presentó a la Cámara de Diputados el petitorio con más de 7.000 firmas. Luego de chicanas de diversa índole, la petición fue destinada a comisión, la que produjo un in forme muy parco, por boca de su portavoz, el diputado Ayarragaray, después de lo cual el asunto queda sepultado en los archivos. El 8 de julio se formó la filial de Santa Fe denominada Federación Obrera Socialista Argentina. El intento insurreccional de la Unión Cívica (La Revolución del Parque) y la subsiguiente conmoción, incluida la vigencia del estado de sitio durante varios meses, impusieron un breve paréntesis, pero después se reanudaron los trabajos organizativos previéndose para diciembre la asamblea de constitución definitiva de la Federación de Trabajadores y la publicación del anhelado órgano de prensa”, El Obrero[viii].

Recuerdos personales

Del Primero de Mayo guardo fuertes recuerdos. Algunos literarios, como la reflexión de Raúl González Tuñón y su abuelo socialista que lo llevaba a la antigua Plaza Once a las manifestaciones. Otros recuerdos son presenciales: escuchar la oratoria de Sánchez Viamonte en la tribuna alzada frente a la desaparecida Casa del Pueblo sobre la Avenida Rivadavia o presenciar desde la esquina de El Cabildo de Buenos Aires la discusión entre el General Perón y los jóvenes Montoneros (“¿Qué pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular?”) o más cercano y emotivo: el 1º de mayo de 1997 en la Universidad de Santa Catarina escuchar el discurso vibrante de Joao de Stédile, dirigente brasileño del Movimiento de los Sin Tierra. Y más acá en el año 2013, abrazado y llorando de emoción con mi esposa Mónica cantando La Internacional en el desfile de la Central de Trabajadores Cubanos.

 

*Contador Público. Ex docente de Economía Política y Social en Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo | 29-04-2019.


1 RATZER, José, Los marxistas argentinos del 90, Ediciones Pasado y Presente, Córdoba, 1969, p.64.

2 El 28 de setiembre de 1864 se constituye en Londres La Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T).Todavía  los obreros no tenían partidos políticos constituidos orgánicamente. Confluyeron a su creación dirigentes sindicales y personalidades políticas definidas por el socialismo en sus diversas variantes, desde seguidores de la línea de Marx hasta anarquistas de Proudhon o Bakunin. Marx será el encargado de redactar el Manifiesto inaugural, dirigido a la clase obrera. La caída de la Comuna de París en marzo de 1871 y, sobre todo el alejamiento de  la Federación Anarquista Ibérica (F.A.I.) y de su organización sindical, la C.N.T, provoca su disolución en 1876.

3 En la misma fecha y también en París se desarrolló otro Congreso, el de los socialistas “posibilistas” cuya sede fue la sala de la Unión del Comercio y de la Industria ubicada en la calle Lancry. El Congreso “marxista” se desarrolló en la sala Petrelle, calle Pétrelle nº 24, después en la sala de las Fantasías Parisienses, organizado por los guesdistas, los blanquistas de la tendencia Vaillant y la Federación Nacional de Sindicatos. De este último congreso data, si podemos expresarnos así, el nacimiento oficial del 1º de Mayo internacional”. En DOMMANGET Maurice, Historia del Primero de Mayo, Ed. Americalee, Buenos Aires, 1956, p.101

4 Op.cit., p.102

5 SOMMI, Luis V., La Revolución del 90, Gonzalo Pineda Editor, Bs.Aires, 1972; MAROTTA, Sebastián, El movimiento sindical argentino, Su génesis y desarrollo 1857-1914,Edic. Libera, Buenos Aires, 1975; RATZER, José, ,Los marxistas argentinos del 90, Ediciones Pasado y Presente, Córdoba, 1969; ISCARO, Rubens, Breve Historia del 1º de Mayo, Editorial Anteo, Buenos Aires, 1961

6 La Prensa: 2/V/1890

7 Op.cit, p.75

8 El 12 de diciembre de 1890 apareció El Obrero, primer órgano de trabajadores con vida estable en el país, ya que pudo aparecer hasta 1893; era redactado por el ingeniero tudesco Germán Ave Laliemant.