La crisis de Ceuta de 2026

Gustavo Buster - Carlos Girbau

La crisis migratoria de Ceuta ha dejado en dos días 72 muertos del lado español del espigón que hace de frontera y 17 del lado marroquí. Pero se siguen recuperando cadáveres del agua. No se sabe cuantas personas entraron en Ceuta desbordando los controles fronterizos, pero 24 horas más tarde, tras dormir en las calles y parques en una ciudad cerrada a cal y canto, sin posibilidades de conseguir agua o comida, hundidas sus esperanzas de acogida y de una vida mejor, 48.000 personas volvieron a salir por las verjas de las vallas, pudiendo ser contabilizadas por las cámaras. No se sabe el número exacto de estas personas que continúan en Ceuta, se calcula que unos miles, muchas de ellas menores o subsaharianos, que saben o han oído que no pueden ser expulsados por la fuerza y todavía tienen esperanza de ser acogidos en el CTI, completamente saturado.

La tragedia humanitaria, presente en los primeras horas con las imágenes de las heridas causadas en el espigón y los cuerpos arrastrados hasta la playa de El Tarajal, dio paso muy pronto a un lenguaje de miedo, de seguridad violada y de soberanía ultrajada, desplazando el enfoque de las víctimas como migrantes desvalidos -carne de cañón manipulada por el régimen alauita- a los habitantes de Ceuta, que se encerraban en sus casas y, en algunos casos, salían a apedrear a los que buscaban refugio en las zonas verdes. En la opinión pública española, el recuerdo, remozado por los medios, de la crisis de mayo de 2021, cuando el gobierno marroquí utilizó la migración irregular para forzar un cambio de posición en las negociaciones sobre el Sahara Occidental alentadas por Naciones Unidas, se ha acabado imponiendo. De una crisis migratoria y humanitaria ante todo se ha pasado a la lectura de una crisis geopolítica interesada. Con todas las consecuencias que ello acarrea.

El catalizador de la crisis migratoria

Aunque todavía es pronto para tener una imagen de los hechos y las causas, en la madrugada del dia 30 circularon masivamente por las redes sociales marroquíes mensajes que anunciaban que las fronteras con España en Ceuta se habían abierto y que los que entrasen serían acogidos y tramitadas sus solicitudes de refugio. En los meses anteriores ya se había producido un aumento de las entradas irregulares en Ceuta, que se habían doblado hasta alcanzar las 1.400 personas. La sentencia del Tribunal Supremo de España del 8 de julio estableció que nadie que entrase a nado -a diferencia de saltando las vallas- podía ser devuelto en caliente. Y las redes lo esgrimían como una prueba definitiva, junto con la regularización de migrantes cerrada el 30 de junio, de que la posibilidad de entrar en España vía Ceuta no era un bulo, sino una última oportunidad. 

Miles de jóvenes de jóvenes del norte de Marruecos, pero también del resto del país y emigrantes clandestinos de otros países, creyeron -porque así lo esperan semana tras semana- que esta era la oportunidad buscada. Por sus testimonios ante organizaciones como CEAR, Cruz Roja o la AMDH, sabemos que por el camino hacia El Tarajal se encontraron con puestos de venta de aletas y flotadores, con gendarmes marroquíes que les orientaban cuando bajaban de camiones y vehículos que hacían el negocio de llevarles lo mas cerca posible.

A mediodía del jueves 30 de julio, cuando ya habían entrado por el espigón miles de personas, la gendarmería marroquí dejó de intentar contener a la columna de otras miles de personas que se acumulaba y que amenazaba con provocar un aplastamiento contra las vallas, como en precedentes anteriores. A cuarenta kilómetros de allí, en Tetuán, tenían lugar las ceremonias del Día de Trono, conmemorando el 27 aniversario de la entronización de Mohammed VI.

El Día del Trono es la celebración anual más importante del régimen alauita. Su constitución, a pesar de las reformas de 2011, sigue estableciendo una doble fuente de soberanía, el pueblo y el monarca, que además ostenta la legitimidad religiosa de ser el Emir de los Creyentes. Con una clara imagen de decadencia física, Mohammed VI presentaba un balance impecable de éxitos y rubricaba la sucesión en su joven hijo Muley Hassan, a las puertas de las elecciones legislativas del próximo 23 de septiembre. El mensaje no podía ser más claro: “Lo que produce más orgullo es la seguridad y la estabilidad que reinan en Marruecos, así como el funcionamiento eficaz de las instituciones”.

La afirmación se sostiene en una gestión macroeconómica con tasas de crecimiento entre el 4,5 y el 5,3% en los últimos tres años, una reducción del déficit presupuestario al 3%, una pluviometría especialmente favorable en 2025-2026, que ha sido un maná para la agricultura de exportación, y unas fuertes inversiones en infraestructuras generales y cara a la Copa Mundial de Fútbol de 2030. Pero Marruecos es una economía dual, con un coeficiente Gini que, según el Banco Mundial es del 39,4 y que según otras instituciones se acerca más al 50, por encima significativamente, en cualquier caso, de los coeficientes de los países mediterráneos del norte de Africa. Con un paro general del 13%, alcanza al 37,2% a los jóvenes urbanos y al 20% de las mujeres que buscan trabajo.

Porque lo primero que hay que explicar es la crisis migratoria que se desata con tal intensidad el 30 y 31 de julio. Que más de 50.000 personas, la mayoría jóvenes, quieran abandonar en horas su país y lo expliquen a las cámaras diciendo que no hay esperanza en Marruecos, que quieren vivir como sus amigos y familiares que ya están en Europa y que estos días están llegando en coche para las vacaciones, cargados de regalos, en la operación Cruce del Estrecho. 

El precedente de la Generación Z de 2025

No es que no hubiera avisos, aunque no fueran recordados en el discurso real. El 27 de septiembre de 2025, convocados por el grupo de Discord GenZ 212 creado una semana antes, se extendieron las concentraciones y protestas en las plazas de las grandes ciudades que, para el día 30 de ese mes, ya habían alcanzado a todo el territorio del Reino. Reclamando las propias promesas de prosperidad de Mohammed VI, las consignas no podían ser más evidentes: “Queremos hospitales, no estadios”, “Dimisión de Ajanuch”. Marruecos cuenta con la mitad de médicos por 10.000 habitantes que Argelia (7,7 frente a 16,6, cuando la OMS recomienda un mínimo de 25). A pesar de la moratoria de las protestas, en señal de respeto durante el discurso de apertura del Parlamento de Mohammed VI, el balance público de las autoridades el 1 de octubre no podía ser más desolador: 409 detenciones, 193 acusados de vandalismo, 263 agentes heridos, ataques a centros comerciales, asalto a la comisaria de Lqliâa con tres muertos por disparos….

Nada de ello ha cambiado el texto ni el tono de los discursos del Día del Trono de 2025 y 2026. La única respuesta ha sido la represión, cómo ha podido testimoniar la AMDH. Y una frustración entre los jóvenes que se acaba expresando en la crisis migratoria. Con el temor por parte del gobierno de Ajanuch, como ha señalado un comentarista del periódico Al Yaoum, de dar la imagen al exterior de “ser incapaz de gestionar sus fronteras”. 

De la misma manera que los sucesos de hace un año, la crisis migratoria de más de 50.000 personas ha vuelto a pillar por sorpresa al régimen alauita. Sí, sabía el incremento de cruces irregulares a Ceuta. Sí, sabía el malestar latente entre los jóvenes. Pero, para hacerles frente, confía, sobre todo, en su represión y en la falta de una alternativa política desde la derrota electoral en 2021 del partido islamista de la Justicia y el Desarrollo y ante una izquierda fragmentada. En el marco de un nacionalismo anticolonial monárquico cuya principal prioridad es la incorporación definitiva del Sahara Occidental con el apoyo de la Administración Trump, la gestión del país reposa en manos de los partidos del Majzen (Palacio).

Lejos de haber provocado en un maquiavélico plan la crisis migratoria, la tragedia de Ceuta muestra la debilidad del régimen alauita. Que el mismo Día del Trono, con las pleitesías caciquiles que implica, haya tenido lugar, a 40 kilómetros del acto, el desbordamiento de la frontera con Ceuta, cuestiona radicalmente la supuesta eficacia de un estado “seguro” en el que la Unión Europea ha depositado la gestión externa de la emigración en el África Occidental a cambio de un régimen de cooperación sin paralelo con otros países de la zona. 

Marruecos mantiene un régimen comercial que le permite ser el primer exportador de vehículos de África, supera el bloqueo argelino importando la mayor parte del gas licuado que consume a través de las infraestructuras españolas; a la vez que es un aliado preferente en materia de seguridad y defensa y tiene el apoyo a su reivindicación sobre el Sahara Occidental.

Doce horas más tarde, el día 31 de septiembre, tras la visita a Ceuta de Pedro Sánchez y la gestión directa del ministro del interior Marlaska, con la salida a la calle de 3.000 efectivos militares, cualquiera que hubieran sido las dudas anteriores, cambiaron: Marruecos se comprometió a abrir la frontera y a acoger a todos los que habían entrado irregularmente en Ceuta, lo que permitió reducir la dimensión de la crisis en 24 horas. En medio de un absoluto silencio de la prensa marroquí, entregada a las celebraciones fastuosas del Día del Trono, la única explicación fue la de la embajadora en Madrid, Karima Benyaich, que aludió en su recepción a la mano de mafias criminales. Una explicación que Pedro Sánchez hizo suya a pesar de su inverosimilitud: la mafia de los roscos y las aletas. Solo la revista “360” se atrevió a sugerir una explicación distinta detrás de las redes sociales: Argelia.

La gestión de la crisis migratoria del gobierno progresista

La gestión de la crisis migratoria por parte del gobierno de Pedro Sánchez también revela la sorpresa. Tras el precedente de 2021 ha tejido una fuerte relación con Marruecos desde el supuesto impuesto de la aceptación de la solución marroquí para el Sahara Occidental (ya doctrina oficial como marco negociador en la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que amplia el mandato de Minurso hasta el 31 de octubre de 2026). 

España es el principal socio comercial de Marruecos, con una quinta parte del comercio bilateral. Es su principal suministrador de Gas Natural Licuado a través de las infraestructuras de Enagás. Y la cooperación en materia de seguridad, anti-terrorismo y defensa, además de emigración es también esencial. La relación con España es la que da a Marruecos un margen de negociación con Francia y con la Unión Europea.

Sin embargo, como ha señalado explícitamente Marlaska, no ha habido ningún informe de los servicios de inteligencia sobre el peligro inminente de una crisis migratoria, mucho menos de su manipulación interesada por parte del régimen alauita. El presidente de Ceuta, Juan Vivas, 25 años en el cargo incluida la crisis de 2021, y la Guardia Civil habían advertido del aumento de llegadas irregulares y de la situación del CTI. Pero la solicitud de reparto de los menores entre Comunidades Autónomas ha sido bloqueada por su propio partido, el PP. 

En medio de la peor crisis de incendios de la península, las nuevas llegadas parecían más ligadas a la estación del año que un anuncio de la crisis por llegar. Para que ésta haya sido posible, partiendo del problema estructural de pobreza, paro y frustración juvenil, se han añadido toda una serie de coincidencias, que han servido de catalizadores: el eco de las regularizaciones en medio de la operación Cruce del Estrecho de la emigración regular marroquí en Europa, la sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones de entradas irregulares a través del mar de 8 de julio, las celebraciones del Día del trono en Tetuán y los propios incendios en España  que priorizaban el despliegue de fuerzas policiales a ambos lados de la frontera.

La oposición demagógica del PP y Vox, la aparición de grupos de extrema derecha en las calles de Ceuta, la tensión creciente ante la falta de recursos para atender a los emigrantes, el miedo a conflictos entre ellos y con la población de Ceuta -con la imagen no ya de cadáveres arrastrado a la playa, sino tendidos en los parques, provocando la inevitable intervención de las fuerzas de seguridad y el ejército-, obligaron a Sánchez y a Marlaska a viajar a Ceuta. Pero también a negociar con el gobierno marroquí la devolución inmediata a través de los puestos de frontera abiertos, mientras la gendarmería marroquí intentaba bloquear en Castillejos-Fnideq a las personas que seguían llegando para tirarse al mar. El gobierno español ha agradecido especialmente esa cooperación, que ha permitido situar la crisis en otro escenario en 24 horas. Queda ahora la gestión de los miles de menores y de los solicitantes de asilo y refugio, de acuerdo con la legislación española y europea. Y conviene no olvidar no solo las sentencias del Tribunal Superior, sino también la inhabilitación por 9 años en septiembre de 2025 de la ex-delegada del gobierno y la ex-vicepresidenta de Ceuta por la expulsión de 51 menores.

La derecha extrema y la transformación en crisis geopolítica

Frente a esta gestión de la crisis migratoria -criticada en algunos aspectos por el co-director de CEAR, Mauricio Valiente, por anteponer la salida de los migrantes de Ceuta a la gestión de sus derechos individuales de asilo y refugio-, el PP y Vox han querido transformarla desde el primer momento en una crisis de soberanía provocada por un gobierno ineficiente, complaciente con las mafias migratorias, débil ante el chantaje del régimen alauita que la habría orquestado. Y transformar la pretendida crisis de soberanía en una crisis geopolítica, de la mano de Israel, Trump y los gobiernos de derecha extrema de la Unión Europea, orientados estratégicamente por el presidente del PP europeo Manfred Weber y la presidenta italiana Meloni, en la configuración europea del mismo bloque de alianza que en España representa PP-Vox.

La gestión de la crisis geopolítica ha puesto de relieve hasta qué punto el gobierno progresista esta aislado en el contexto europeo y hasta qué punto las políticas migratorias son líneas de polarización ideológica. Meloni y Weber han sido capaces de articular su crítica a las políticas migratorias del gobierno progresista -en especial la regularización y el rechazo de los campos de clasificación de emigrantes en terceros países- en una carta firmada por 22 estados miembros, mientras Italia, Finlandia y Dinamarca llamaban a excluir temporalmente a España del espacio Schengen, a pesar de que Ceuta y Melilla están excluidas específicamente de él. En un agrio post en X, Sánchez ha lamentado la falta de solidaridad, la falta de cumplimiento de los Tratados y la manipulación de las cifras de entradas irregulares que, en el caso de Italia doblan a las de España. Y a continuación exigió una conferencia urgente de ministros de interior sobre las políticas migratorias para explicar la crisis de Ceuta en el contexto de la UE.

Israel y EEUU han aprovechado la situación para ajustar cuentas. El primero alegando comparaciones insostenibles entre las situaciones de Gaza y Ceuta, como si fueran comparables una crisis migratoria y un genocidio. Trump para advertir que la crisis migratoria de Ceuta podría tener lugar en EEUU de vencer los demócratas en las elecciones de medio término de noviembre. Poco importa el lugar en el que dejan estos comentarios al régimen alauita, a pesar de las alabanzas como aliado de las políticas imperialistas. Pero es evidente que el gobierno progresista esta en el punto de mira de la derecha extrema internacional, que hará todo lo posible para colaborar con el PP y Vox en el acoso y derribo del mismo. Nada de esto es nuevo, sino la manifestación coyuntural de la utilización de la crisis migratoria de Ceuta para proyectarla en las tensiones geopolíticas ya existentes.

Más grave y con consecuencias a más largo plazo es la convicción que parece calar en la opinión pública española de que la crisis migratoria de Ceuta de 2026 ha sido orquestada y manipulada por el régimen alauita como castigo por la normalización parcial de relaciones con Argelia y aceptación a trámite parlamentario de la ley de ciudadanía a los saharauis originarios de la antigua colonia española. En definitiva, que 2026 no ha sido sino una repetición de 2021, que cuestiona toda la política de buena vecindad con Marruecos, un régimen dictatorial que además habría impuesto arteramente y mediante el chantaje el cambio de la posición española de neutralidad en la solución de la cuestión del Sahara Occidental.

Es obligada una explicación por parte del gobierno, con todo detalle de lo ocurrido. Una parte esencial de su política exterior esta siendo cuestionada por su propio electorado, que no solamente no entiende qué fue lo que causó realmente la crisis de 2021, sino la decisión posterior de Sánchez y Albares de aceptar las tesis marroquíes para una solución del conflicto del Sahara Occidental. El peligro de no hacerlo no es solo la erosión del gobierno, sino dejar un legado que acabe reforzando la narrativa neocolonial y xenófoba sobre Marruecos y los marroquíes del PP y Vox, máxime cuando más de un millón de personas de origen marroquí viven entre nosotros y ya han tenido que sufrir progromos de la extrema derecha como en Torre Pacheco hace un año. No se puede dejar esa ventana abierta a la ideología de una derecha extrema que hace de una supuesta y mítica “Reconquista” la base de su esencia frente a un supuesto “reemplazo” en curso de las poblaciones europeas por musulmanes, sean moderados o radicales.

Y en este marco, la izquierda alternativa haría bien en recordar el legado del debate anticolonial, en especial en relación con el sometimiento y saqueo de Marruecos en el siglo XIX y XX en los “protectorados” españoles del norte y el sur, incluida la utilización de su población en la Guerra de España por el sublevado ejército de África y la olvidada guerra de Sidi-Ifni. Recordar ese marco histórico colonial, las cicatrices que dejó y que siguen persistiendo, quizás ayudaría a comprender con más detalle crisis como las de Ceuta y Melilla. Al menos, eso creía en su época uno de los fundadores de la izquierda española, Pablo Iglesias Posse, cuyos discursos parlamentarios en la década de 1910 deberían ser releídos. 

Los movimientos sociales y las izquierdas marroquíes están convocando ya para el 7 de agosto concentraciones de protesta en las principales ciudades del reino alauita. La crisis de Ceuta es posible que haya sido una más en el ciclo abierto por el fracaso del proyecto de modernización neoliberal y autoritario del régimen alauita, con las repercusiones inevitables en la Unión Europea y sus políticas neocoloniales en el norte de África.

 

Fuente: Sin Permiso - Agosto 2026

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