Massa, gradualismo o muerte

Sergio Massa asumió el Ministerio de Economía tres meses y medio atrás, en un momento en que el gobierno se tambaleaba entre la indolencia presidencial, los misiles autodestructivos de Cristina y la desorientación general del gabinete, y logró mínimamente recomponer la autoridad política dañada y comenzar a proponer un rumbo. Las encuestas, que hasta el momento lo situaban en el subsuelo de la consideración pública, no muestran aún una recuperación de su imagen, pero en los focus groups sí comienza a aparecer una idea: “al menos se la jugó”.

Mauricio Macri en su ratonera. El fin de la utopía gradualista

Modelo de la transición posprogresista para otras centroderechas del continente, el gobierno de Mauricio Macri enfrenta una nueva crisis económica y fue en busca de un rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI). Ante problemas que creía fáciles de resolver dejando atrás el «populismo» (alta inflación, falta de inversiones), reduce sus expectativas de recrear el apoyo popular y vislumbra un escenario más difícil en las elecciones presidenciales de 2019.

Cómo engañar al mercado

 

El poder económico, local y global, considera al actual oficialismo como un gobierno amigo, es decir “amistoso con los mercados” y, en consecuencia, enfocado en los paquetes de reformas tradicionales de la ortodoxia, como la redistribución regresiva del ingreso, la “liberación” financiera y comercial, la desregulación laboral, la revinculación subordinada a los acreedores, la valorización financiera con altas tasas de interés y el achicamiento del sector público por la vía de los recortes presupuestarios.