Estados Unidos: ¿Globalización o desglobalización?

Delfina Bruno, Matías Slodky


Durante las últimas semanas los medios de comunicación rebalsaron de información y discusiones acerca de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en parte, tal vez, por la incidencia del resultado electoral en la tensión globalización-desglobalización, en un contexto de crisis neoliberal.

El contexto internacional parece acompañar la crisis política estadounidense y la aparición de Trump como outsider del sistema partidario fue solo un síntoma. El orden actual está en crisis, algo innegable para cualquier analista. Aquel modelo de orden internacional, político y social basado en las ideas del Consenso de Washington, cuya antesala fueron los años 70’ y la implementación del modelo de acumulación financiera, hoy presenta efectos dañinos para las grandes masas populares.

Ahora bien, la hegemonía de Estados Unidos, mandamás del orden neoliberal, ha entrado en una inexorable erosión. En este contexto, paradójicamente, las ganancias obtenidas por el establishment financiero norteamericano han tenido una llamativa contracara: el ascenso de China, el país más beneficiado por la globalización. Se visualiza que China se ha convertido en baluarte del desarrollo económico y tecnológico, desplazando a EE. UU., principalmente, en dos ejes: el militar, donde aumentó diez veces su presupuesto -solo en la última década-, y en el tecnológico, con 58.990 pedidos de patentes -datos del 2019-, así también como, en la exportación de industria compleja en los últimos dos años.

Aún queda un tercero en disputa, y por ahora la hegemonía del dólar con respecto al Yuan parece ser clara. Este proceso China lo está disputando con el lanzamiento del Petro Yuan, su propia moneda virtual y buscando hacer del Yuan una moneda de reserva global. En este sentido, juega su rol de gran acreedor mundial, combinado con sus billonarias reservas en bonos del tesoro americano.

Como si fuera poco, la participación de China en el PBI global exhibe un crecimiento exponencial en comparación con los Estados Unidos, mientras que China ha incrementado su participación en el PBI global del 2% a casi el 20% en las últimas tres décadas, EE. UU. se ha mantenido estancado.

Es evidente que la globalización afectó al sector trabajador -en contraste con el sistema financiero- debido al proceso de deslocalización. A su vez, mientras que una minoría global se beneficia, las democracias liberales han entrado en una crisis de legitimidad y representación, generando dos respuestas bien diferenciadas.

Como primera respuesta se percibe el proceso de desglobalización llevado a cabo por el presidente Donald Trump que responde a la persecución de una política identitaria enmarcada en las fuertes contradicciones del modelo vigente. Trump, es un fiel arquetipo del americano del interior productivista de Estados Unidos; individualista, protestante y nacionalista. El discurso del presidente remarca las tendencias excluyentes y xenófobas de su electorado, vinculado a los trabajadores americanos.

En su dialéctica culpa a la globalización por los problemas que vive Estados Unidos y por el ascenso de China en el sistema internacional. Como consecuencia de ello, llevo a cabo una política sumamente aislacionista a fin de rechazar a la globalización y a sus beneficiarios.

Joe Biden, representa la segunda respuesta, o al menos parece intentarlo, buscando darle una nueva cara al modelo globalizador. Por su parte, propone un gobierno de “unidad”, aunque aquí parece olvidar la alta polarización que presenta la sociedad norteamericana. En contraste, como se mencionó con anterioridad, Trump supone un discurso profundizador de las tensiones sociales existentes por medio de la identificación de un enemigo, reforzando su enfoque populista. No obstante, el demócrata es apoyado por el ciudadano de las costas americanas, de perspectiva liberal y progresista, permeable a la globalización,

Pero la realidad es que Biden es el claro ejemplo de los ganadores del sistema de la globalización neoliberal. Esto no es un secreto, tanto el cómo su familia se enriqueció por medio de los negocios financieros y empresariales en el gigante asiático. A la vez que, es uno de los todopoderosos de la continuidad en el tiempo de este orden tendiente a las desigualdades cuando ocupó el rol de vicepresidente de la administración Obama. Por lo que cabe cuestionar hasta qué punto estará dispuesto a poner en jaque el tablero que tanto rédito le dio a fin de poder cumplir con las promesas de la campaña que lo llevó a la victoria.

Las cartas aún no están echadas definitivamente. Se intuye una vuelta al orden globalizador impulsado por el gobierno demócrata, pero en un contexto de enorme ebullición del sistema político norteamericano. Finalmente, es de vital importancia entender que Trump no es un extraterrestre del Área 51 ajeno a la sociedad americana. Por lo que seguirán apareciendo “Trumps” como reacción a las distintas identidades que la globalización neoliberal dañe.

- Delfina Bruno, es estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa), especializada en Asuntos Latinoamericanos.

- Matías Slodky, es estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa), especializado en Asuntos Latinoamericanos.

 

El Pais Digital - 6 de diciembre de 2020

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