El brazo de la ley en EE.UU. se extiende

Stephanie Clifford
Arrestado en Djibouti mientras se trasladaba de Somalia a Yemen, lejos de su hogar en Gran Bretaña, Madhi Hashi se quedó desconcertado al hallarse encarcelado en Manhattan. Admitió ser miembro del Shabab, el grupo miliciano somalí. Pero no entendía “por qué había sido llevado a Estados Unidos para ser enjuiciado”, señaló, de acuerdo con documentos legales. El mundo del futbol se vio sacudido por una sorpresa similar a fines del mes pasado, con gente impactada desde Italia hasta Argentina, cuando la Procuradora estadounidense Loretta E. Lynch anunció que fiscales de Brooklyn habían acusado formalmente de corrupción a funcionarios de la FIFA desde el otro lado del mundo.

Al echar mano de un creciente cuerpo de la ley que permite a Estados Unidos procesar a ciudadanos extranjeros por algunos delitos, el Gobierno ha estado convirtiendo los tribunales federales en arenas de imposición de justicia internacional.

En casos de terrorismo, la ampliación de una ley en 2004, la división de grupos terroristas y el alejamiento de las detenciones militares han resultado en que EE.UU. lleve a más extranjeros a su territorio, algunos con sólo un vínculo débil con el país.

Quizás ningún fiscal federal fue más agresivo respecto a extender el alcance global de su cargo que Lynch cuando fungía como la fiscal federal en Brooklyn. Los arrestos de los funcionarios de la FIFA dejan entrever que, ahora que encabeza el Departamento de Justicia, es probable que los casos extranjeros se vuelvan una prioridad de aún mayor importancia.

En el caso de la FIFA, los fiscales optaron por no invocar la “jurisdicción extraterritorial”. En lugar de ello, se apoyaron en el uso que los acusados dieron a bancos y sitios estadounidenses para llevar a cabo reuniones, como fundamento para acusarlos en un tribunal federal.de la nación.

Sin embargo, en juicios por terrorismo, las cortes estadounidenses procesan a personas que no atacaban a EE.UU., que no son estadounidenses y que nunca han puesto un pie allí. (Los fiscales explican que, por definición, el país que cede la custodia de un acusado está optando por cooperar con EE.UU. en tales casos).

En Brooklyn, el juicio a principios de año de Abid Nasser, un miembro de Al Qaeda nacido en Paquistán y quien conspiró para hacer estallar una bomba en Manchester, Inglaterra, vio todo un desfile de agentes del MI5, policías de Manchester y un experto inglés en seguridad en centros comerciales.

Otro hombre, Lawal Babafemi, que será sentenciado en el verano tras declararse culpable de brindar apoyo para el terrorismo, era un nigeriano que viajó a Chad y Sudán antes de ser introducido ilegalmente a Yemen por un ugandés, para luego ser arrestado y enviado a Brooklyn tras volver a Nigeria.

En el tribunal federal en Manhattan, Mohamed Ahmed, acusado de terrorismo, escribió a la corte que fue detenido, golpeado e interrogado en Nigeria por instrucciones del FBI. Dijo que se le negó ayuda del consulado de Suecia, país del que era un residente permanente y del de Eritrea, de donde es ciudadano, y hasta que fue vendado de los ojos, subido a un avión a la fuerza y llevado a Nueva York para ser procesado.

Los fiscales federales van en pos de estos casos por varios motivos, explicaron fiscales y expertos en seguridad nacional. Una es, sencillamente, que pueden hacerlo, luego de que el Congreso amplió la jurisdicción extraterritorial contra el terrorismo, en 2004.

“La desventaja es que adopta una responsabilidad a nivel mundial que un día podría ser problemática en cuanto a su potencial para filtrarse a otros rubros de la imposición de justicia en cuestiones globales, desde narcotráfico hasta ciberdelitos”, apuntó Karen J. Greenberg, directora del Centro sobre Seguridad Nacional de la Universidad Fordham, en Nueva York.

En mayo, Hashi se declaró culpable a cambio de una sentencia de 15 años. Susan G. Kellman, abogada de su coacusado, Ahmed, dijo posteriormente que seguían confundidos por el papel de Estados Unidos.

“Eso es lo que les parece tan frustrante”, aseveró. “Su acusador es un país al que nunca tuvieron la intención de dañar, al que nunca quisieron dañar”.

The New York Times - 21 de junio de 2015

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