La cuestión inflacionaria en Argentina

La crisis desatada a fines de 2001 representó el fin del ciclo de la Convertibilidad. Un período que representó un enorme retroceso, tanto en las condiciones de vida de gran parte de la población argentina como en el desarrollo productivo. La drástica caída verificada en el empleo industrial y la persistencia –durante casi una década– de una tasa de desempleo abierto de dos dígitos fueron dos de sus heridas más dolorosas. Parte del costo de un esquema económico que tuvo como eje el control de la inflación y la irrestricta liberación de los mercados, mientras se proclamaba que “sobraba un tercio de argentinos”.

Una historia bien contada

Por Juan Carlos Amigo.

Este libro recorre 130 años de historia económica, política y social argentina de una manera atrayente. En sus más de 800 páginas, la obra repasa las principales características de los modelos agroexportador, de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), de valorización financiera y del nuevo patrón de crecimiento que presenta la economía argentina a partir del estallido de la convertibilidad.

Esos diferentes modelos económicos no son tratados como compartimentos estancos, sino como parte de un mismo proceso que fue modelando la actual estructura económica argentina.

El texto comienza detallando cómo la Argentina se fue insertando comercialmente en el mercado internacional como abastecedor de lanas, carnes y cereales del mercado británico, de tal manera que, en 1929, el 70% del valor de la producción agropecuaria de la zona pampeana era destinado a la exportación.

Las condiciones que permitieron esa específica forma de inserción internacional (arribo de financiamiento externo como principal forma de acumulación, aluvión inmigratorio, construcción de ferrocarriles e infraestructura, consolidación territorial e institucional) también son tratadas en detalle.

Concentración que condiciona un plan de desarrollo

Tal como venían reclamando sectores de la mediana y pequeña empresa prácticamente desde la salida de la convertibilidad, finalmente se abrió el debate acerca del modelo de desarrollo industrial. “La puesta en marcha del Plan Industrial 2020 es un paso importante, aunque por ahora establezca metas y objetivos pero no las medidas a través de las cuales se lograrán, pero la discusión del modelo de desarrollo ya tomó estado público”, afirmó Rubén Fabrizio, gerente de la cámara que agrupa a los fabricantes locales de bienes de capital (Cipibic), expresando la opinión de la mayoría de integrantes de la pequeña y mediana empresa nacional, cuyos intereses no siempre se comparten con los de los grupos económicos más concentrados, sean éstos de capital nacional o extranjero. La coincidencia alcanzada en esta primera etapa sobre los principales lineamientos del plan industrial abre el espacio ahora a tratar otras cuestiones, como la excesiva concentración industrial en algunos rubros, y los límites que imponen los grupos económicos más poderosos a un desarrollo productivo más integrado. O a analizar cómo se evita, además, “el desmantelamiento de sectores manufactureros de mayor complejidad tecnológica” cediendo ese espacio al aprovisionamiento externo, preocupación planteada en los foros de debate por Cipibic.

La industria de bienes de capital es una de las once cadenas productivas seleccionadas por el Plan Industrial en los que se buscará un desarrollo articulado entre sus diferentes eslabones, resolviendo las carencias que puedan presentarse en cada uno de ellos. Algunas de esas falencias fueron planteadas en los foros de discusión por Cipibic, integrante de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Admira), resumidos por Rubén Fabrizio al ser consultado por Página/12.

“Hay medidas que deberían ser previas a una definición más global sobre la implementación del plan, algunas de forma inmediata, como la ampliación de la vigencia del bono fiscal de compensación de (la baja de) aranceles (para la importación de bienes de capital), que vence el 31 de diciembre próximo. Otras tienen que ver con la inversión pública, como la de establecer un mínimo de integración nacional en el equipamiento para obras de infraestructura, por ejemplo en el sector energético. Está vigente una ley de compre nacional que no se cumple. O con regímenes sectoriales como el de la minería, que les da libertad para importar a las empresas concesionarias de áreas de explotación. Ahí los fabricantes nacionales de bienes de capital perdemos a dos puntas: por un lado porque nos desplazan del equipamiento para las actividades de extracción, pero como además las mismas empresas se llevan el material en crudo, sin elaboración, también perdemos la oportunidad de proveer equipos a un sector que podría estar refinando o manufacturando los minerales en el país.”

El sector fabricante de bienes de capital ha vivido una suerte de paradoja dentro de la trayectoria de la industria en el país. Es un área de muy elevado nivel tecnológico, porque los equipos y maquinarias que fabrica suelen requerir un “trabajo a medida” y de alta precisión. Trabaja para grandes empresas, pero está compuesto mayoritariamente por empresas medianas –no son extraños los casos de firmas que no atienden más de un solo pedido por vez–. Son originalmente empresas familiares, de capital nacional, y lo han seguido siendo a través del tiempo, porque raramente alguna firma concentrada tenga interés de integrar a su pool una unidad de negocios que únicamente trabaje para diseñarle una máquina o instalación ante el inicio de un nuevo proceso o ampliación a una línea más de producción.

Por otra parte, por fabricar productos “a medida” y de gran volumen, también se vio beneficiada de una suerte de “protección natural” frente a la importación. Aunque no siempre es así. “Hay bodegas nuevas en Mendoza que están trayendo maquinaria y equipo de Italia y Francia, porque bajaron mucho los precios por la crisis y aquí todavía siguen gozando de beneficios para importar. En la industria láctea, por la caída de la actividad en el sector, se ven afectados algunos proveedores tradicionales de equipos en ese rubro. Y un caso particular es el de calderería pesada, que históricamente estaba protegido por trabajar a medida y por el volumen y peso de los equipos, pero hoy España está enviando tanques de material liviano que reemplazan al proveedor local”, describió Fabrizio.

La cámara de industriales y proyectos de ingeniería de bienes de capital alertó, en los foros en los que participó, de algunas tendencias que se vienen dando que contrarían los objetivos planteados en el Plan Industrial 2020. Dichas tendencias no sólo tendrían que ver con la crisis internacional, sino también por el rol dominante que están ocupando grupos empresarios en los principales rubros de exportación de manufacturas del país. Esas desviaciones y contradicciones son:

n Mientras el Plan 2020 fija una ambiciosa meta de superávit en la balanza comercial industrial para dentro de una década, la tendencia actual es a un déficit creciente. Los rubros más dinámicos del comercio mundial están controlados por empresas extranjeras que son las que hacen uso más frecuente de la importación de insumos, equipos y otros bienes de capital aprovechando su fluida vinculación externa. Es decir, son los que más exportan pero también los que más importan, y esto último en forma creciente. El complejo automotor y el complejo agroalimentario son dos claros ejemplos.

n El Plan 2020 plantea facilitar el acceso de toda la industria, principalmente la mediana y pequeña, a los insumos “difundidos” o de uso indispensable para determinadas ramas. El sector de bienes de capital, y más en general todo el rubro metalúrgico, sigue padeciendo las dificultades de acceso a insumos básicos cuya provisión está fuertemente concentrada en el país. Y a pesar de algunas políticas que se han planteado para atender el problema, están lejos de haber dado respuesta. Los casos del acero y del aluminio son ejemplo de ello, y no los únicos.

n El Plan 2020 también promueve un “salto exportador” para aquellas empresas manufactureras que todavía no han accedido al mercado mundial. La tendencia actual es que el acceso al comercio exterior se está cerrando para aquellas empresas que habían dado los primeros pasos en encararlo, debido al cambio de precios relativos que le ha hecho perder competitividad a la oferta argentina. “No son solamente los productos asiáticos los que compiten, ahora también los europeos aparecen con precios muy bajos en cualquier mercado”, indicó Fabrizio.

Para los sectores manufactureros compuestos predominantemente por empresas medianas y pequeñas, como ocurre con la mayoría en el rubro metalúrgico y el de bienes de capital en particular, el planeamiento de mediano plazo necesariamente debe articularse con medidas de coyuntura que hagan transitable el proceso. Son sectores que pelean, a la vez, con las restricciones externas o estructurales que afectan al conjunto de la economía argentina, pero a la vez con el rol de los grupos dominantes en el ámbito local que distorsionan precios y condiciones de acceso a productos y mercados. Son los que reclaman “mayor protección efectiva, en vez de megadevaluaciones o transferencias directas sin contraprestación, que usualmente van en beneficio de los grupos dominantes”, tal como planteaba un documento de diagnóstico presentado por Cipibic antes del inicio de la ronda de debates del Plan 2020.

En el mismo documento se advertía que era necesario confrontar con la propuesta de “sectores que plantean que la mejor opción para la Argentina pasa por consolidar un perfil de especialización productivo industrial estrechamente ligado al procesamiento de recursos básicos, derivado de los sectores agropecuario, hidrocarburífero y minero”. Y señalaba que la imposición de ese modelo bajo la política neoliberal había derivado en “el desmantelamiento de las manufacturas de mayor complejidad y densidad tecnológica, en particular las relacionadas con la fabricación nacional de bienes de capital”.

Pese a la notable recuperación de la actividad industrial y el empleo a partir de 2003, señala el mismo documento, en paralelo se ha dado un nuevo ciclo de concentración del capital que ha profundizado algunas condiciones antes planteadas. Para lograr las metas que ahora se proponen en materia de beneficios para el sector laboral, mejorar la distribución del ingreso y lograr una nueva configuración regional para la producción industrial, será necesario tener en cuenta tales limitaciones, sostiene. El sector de bienes de capital espera la próxima convocatoria oficial para plantearlo.

Concentración que condiciona un plan de desarrollo

Tal como venían reclamando sectores de la mediana y pequeña empresa prácticamente desde la salida de la convertibilidad, finalmente se abrió el debate acerca del modelo de desarrollo industrial. “La puesta en marcha del Plan Industrial 2020 es un paso importante, aunque por ahora establezca metas y objetivos pero no las medidas a través de las cuales se lograrán, pero la discusión del modelo de desarrollo ya tomó estado público”, afirmó Rubén Fabrizio, gerente de la cámara que agrupa a los fabricantes locales de bienes de capital (Cipibic), expresando la opinión de la mayoría de integrantes de la pequeña y mediana empresa nacional, cuyos intereses no siempre se comparten con los de los grupos económicos más concentrados, sean éstos de capital nacional o extranjero. La coincidencia alcanzada en esta primera etapa sobre los principales lineamientos del plan industrial abre el espacio ahora a tratar otras cuestiones, como la excesiva concentración industrial en algunos rubros, y los límites que imponen los grupos económicos más poderosos a un desarrollo productivo más integrado. O a analizar cómo se evita, además, “el desmantelamiento de sectores manufactureros de mayor complejidad tecnológica” cediendo ese espacio al aprovisionamiento externo, preocupación planteada en los foros de debate por Cipibic.

La industria de bienes de capital es una de las once cadenas productivas seleccionadas por el Plan Industrial en los que se buscará un desarrollo articulado entre sus diferentes eslabones, resolviendo las carencias que puedan presentarse en cada uno de ellos. Algunas de esas falencias fueron planteadas en los foros de discusión por Cipibic, integrante de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Admira), resumidos por Rubén Fabrizio al ser consultado por Página/12.

“Hay medidas que deberían ser previas a una definición más global sobre la implementación del plan, algunas de forma inmediata, como la ampliación de la vigencia del bono fiscal de compensación de (la baja de) aranceles (para la importación de bienes de capital), que vence el 31 de diciembre próximo. Otras tienen que ver con la inversión pública, como la de establecer un mínimo de integración nacional en el equipamiento para obras de infraestructura, por ejemplo en el sector energético. Está vigente una ley de compre nacional que no se cumple. O con regímenes sectoriales como el de la minería, que les da libertad para importar a las empresas concesionarias de áreas de explotación. Ahí los fabricantes nacionales de bienes de capital perdemos a dos puntas: por un lado porque nos desplazan del equipamiento para las actividades de extracción, pero como además las mismas empresas se llevan el material en crudo, sin elaboración, también perdemos la oportunidad de proveer equipos a un sector que podría estar refinando o manufacturando los minerales en el país.”

El sector fabricante de bienes de capital ha vivido una suerte de paradoja dentro de la trayectoria de la industria en el país. Es un área de muy elevado nivel tecnológico, porque los equipos y maquinarias que fabrica suelen requerir un “trabajo a medida” y de alta precisión. Trabaja para grandes empresas, pero está compuesto mayoritariamente por empresas medianas –no son extraños los casos de firmas que no atienden más de un solo pedido por vez–. Son originalmente empresas familiares, de capital nacional, y lo han seguido siendo a través del tiempo, porque raramente alguna firma concentrada tenga interés de integrar a su pool una unidad de negocios que únicamente trabaje para diseñarle una máquina o instalación ante el inicio de un nuevo proceso o ampliación a una línea más de producción.

Por otra parte, por fabricar productos “a medida” y de gran volumen, también se vio beneficiada de una suerte de “protección natural” frente a la importación. Aunque no siempre es así. “Hay bodegas nuevas en Mendoza que están trayendo maquinaria y equipo de Italia y Francia, porque bajaron mucho los precios por la crisis y aquí todavía siguen gozando de beneficios para importar. En la industria láctea, por la caída de la actividad en el sector, se ven afectados algunos proveedores tradicionales de equipos en ese rubro. Y un caso particular es el de calderería pesada, que históricamente estaba protegido por trabajar a medida y por el volumen y peso de los equipos, pero hoy España está enviando tanques de material liviano que reemplazan al proveedor local”, describió Fabrizio.

La cámara de industriales y proyectos de ingeniería de bienes de capital alertó, en los foros en los que participó, de algunas tendencias que se vienen dando que contrarían los objetivos planteados en el Plan Industrial 2020. Dichas tendencias no sólo tendrían que ver con la crisis internacional, sino también por el rol dominante que están ocupando grupos empresarios en los principales rubros de exportación de manufacturas del país. Esas desviaciones y contradicciones son:

n Mientras el Plan 2020 fija una ambiciosa meta de superávit en la balanza comercial industrial para dentro de una década, la tendencia actual es a un déficit creciente. Los rubros más dinámicos del comercio mundial están controlados por empresas extranjeras que son las que hacen uso más frecuente de la importación de insumos, equipos y otros bienes de capital aprovechando su fluida vinculación externa. Es decir, son los que más exportan pero también los que más importan, y esto último en forma creciente. El complejo automotor y el complejo agroalimentario son dos claros ejemplos.

n El Plan 2020 plantea facilitar el acceso de toda la industria, principalmente la mediana y pequeña, a los insumos “difundidos” o de uso indispensable para determinadas ramas. El sector de bienes de capital, y más en general todo el rubro metalúrgico, sigue padeciendo las dificultades de acceso a insumos básicos cuya provisión está fuertemente concentrada en el país. Y a pesar de algunas políticas que se han planteado para atender el problema, están lejos de haber dado respuesta. Los casos del acero y del aluminio son ejemplo de ello, y no los únicos.

n El Plan 2020 también promueve un “salto exportador” para aquellas empresas manufactureras que todavía no han accedido al mercado mundial. La tendencia actual es que el acceso al comercio exterior se está cerrando para aquellas empresas que habían dado los primeros pasos en encararlo, debido al cambio de precios relativos que le ha hecho perder competitividad a la oferta argentina. “No son solamente los productos asiáticos los que compiten, ahora también los europeos aparecen con precios muy bajos en cualquier mercado”, indicó Fabrizio.

Para los sectores manufactureros compuestos predominantemente por empresas medianas y pequeñas, como ocurre con la mayoría en el rubro metalúrgico y el de bienes de capital en particular, el planeamiento de mediano plazo necesariamente debe articularse con medidas de coyuntura que hagan transitable el proceso. Son sectores que pelean, a la vez, con las restricciones externas o estructurales que afectan al conjunto de la economía argentina, pero a la vez con el rol de los grupos dominantes en el ámbito local que distorsionan precios y condiciones de acceso a productos y mercados. Son los que reclaman “mayor protección efectiva, en vez de megadevaluaciones o transferencias directas sin contraprestación, que usualmente van en beneficio de los grupos dominantes”, tal como planteaba un documento de diagnóstico presentado por Cipibic antes del inicio de la ronda de debates del Plan 2020.

En el mismo documento se advertía que era necesario confrontar con la propuesta de “sectores que plantean que la mejor opción para la Argentina pasa por consolidar un perfil de especialización productivo industrial estrechamente ligado al procesamiento de recursos básicos, derivado de los sectores agropecuario, hidrocarburífero y minero”. Y señalaba que la imposición de ese modelo bajo la política neoliberal había derivado en “el desmantelamiento de las manufacturas de mayor complejidad y densidad tecnológica, en particular las relacionadas con la fabricación nacional de bienes de capital”.

Pese a la notable recuperación de la actividad industrial y el empleo a partir de 2003, señala el mismo documento, en paralelo se ha dado un nuevo ciclo de concentración del capital que ha profundizado algunas condiciones antes planteadas. Para lograr las metas que ahora se proponen en materia de beneficios para el sector laboral, mejorar la distribución del ingreso y lograr una nueva configuración regional para la producción industrial, será necesario tener en cuenta tales limitaciones, sostiene. El sector de bienes de capital espera la próxima convocatoria oficial para plantearlo.

La industria argentina en las últimas décadas: una mirada estructural a partir de los datos censales

La reciente publicación de los tabulados básicos del Censo Nacional Económico realizado entre 2004 y 2005 (con datos referidos al año 2003), brinda elementos de juicio suficientes como para encarar un análisis estructural de la industria argentina. En ese marco, de cotejar tal información con la de los relevamientos censales de 1973, 1984 y 1993 se puede acceder a una visión panorámica de los principales cambios registrados en el sector fabril local en el transcurso de las tres últimas décadas.

Se trata de un horizonte temporal interesante dada su contemporaneidad con cambios sustantivos en el entorno macroeconómico en el que se inscribe el desenvolvimiento industrial y, con ello, en el interior de la propia actividad manufacturera.

El quiebre del proceso sustitutivo, que hasta mediados del decenio de 1970 y al cabo de más de cuatro décadas había tenido al sector fabril como eje ordenador y dinamizador de la economía en su conjunto, devino en una prolongada fase de hegemonía de la valorización financiera y el ajuste estructural, como régimen económico dominante en el que la industria asistió a una profunda y muy heterogénea reestructuración tecnoproductiva, organizativa y en las formas de articulación del tejido fabril. En otras palabras, a un complejo y generalizado redimensionamiento de laactividad inscripto en un intenso proceso de desindustrialización y reestructuración regresiva sectorial.