Ansiedad en el círculo rojo

 

Acababa de escuchar al presidente Mauricio Macri en el cierre de la conferencia anual de la Unión Industrial Argentina (UIA), el 22 de noviembre, y soltó una palabra: “Angustia”. Así describió el ánimo de los empresarios manufactureros uno de sus principales representantes. “Hay diálogo permanente con el Gobierno, ellos pusieron en marcha una ley pyme que era idea nuestra, esperamos que ahora le dé bomba al consumo, las obras públicas, Vaca Muerta, pero estamos cumpliendo el quinto año sin crear empleo, hay recesión, tenés el efecto Trump, la crisis de Brasil, la amenaza de China. 

Del ajuste a la deuda

La aprobación del Congreso al acuerdo con los fondos buitre y el aumento de tarifas de servicios públicos son trazos firmes de la nueva política económica. Ambas decisiones guardan coherencia interna como parte del plan de restauración de un modelo neoliberal. Entender el ciclo de endeudamiento del Estado que pregona el macrismo desligado de esa matriz puede llevar a confusiones. El Gobierno pretende recuperar el crédito externo como puente hacia un modelo de valorización financiera, no para profundizar el proyecto de desarrollo productivo que intentó el kirchnerismo. Esta es la diferencia fundamental que pone en contradicción a los legisladores del Frente para la Victoria que votaron a favor del mal arreglo con Singer y compañía. Atentar contra la industria y el mercado interno como lo hace el Gobierno con el tarifazo, las tasas al 38 por ciento, la apertura comercial y los despidos demuestra que la intención del oficialismo no es trabajar sobre las causas estructurales de la restricción externa –insuficiencia de divisas–, sino habilitar canales de financiamiento para proveer de dólares a los sectores concentrados de la economía, como ocurrió en la dictadura y en los 90. Lo que se financia es la fuga de capitales.

La industria en crisis bajo la convertibilidad. Diagnóstico y demandas de la Unión Industrial Argentina

Tras las crisis asiáticas y rusa de 1997-1998, Argentina atravesó el más profundo deterioro económico de su historia, que terminó con la caída de la convertibilidad. El objetivo de este trabajo es analizar la acción política de los empresarios industriales en 1998-2001, atendiendo a la situación de la industria, uno de los sectores más afectados. Buscamos reconstruir las respuestas de los empresarios industriales, a través del diagnóstico y las propuestas realizadas por la UIA, organización corporativa de los empresarios industriales. En este diagnóstico y propuestas tenían un lugar central las críticas al deterioro de la competitividad que afectaba a la producción de bienes y la defensa de las transformaciones de los años noventa. En nuestro análisis, utilizamos estadísticas oficiales, documentos de la UIA, discursos y declaraciones de los principales dirigentes de dicha asociación empresaria.

Hablan de desarrollo y la UIA se atrinchera

En menos de una semana, entre el lunes y el jueves último, se registraron cinco acontecimientos en los que se manifestaron distintas posturas respecto a un mismo tema: cómo continuar la actual etapa de crecimiento inclusivo abordando la respuesta a los condicionamientos, principalmente externos, que parecerían impedir un salto hacia el desarrollo de los sectores productivos. Una cuestión que estuvo poco menos que ausente durante tantos años emerge de golpe con un fervor inusitado. Y no es que otros hechos que suelen desviar la atención y el eje de las discusiones, como el valor del dólar o la inestabilidad financiera, hayan abandonado el escenario en estos días. Para nada. Sin embargo, la cuestión de la estructura del aparato productivo mereció un espacio destacado en las presentaciones de sus respectivas propuestas económicas por parte de Daniel Scioli y de Sergio Massa, el lunes; en la jornada de debate promovida por la Fundación ProTejer, el jueves; en la propuesta presentada por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios, el mismo jueves; y en un sentido menos explícito pero evidente, en la designación y asunción de Adrián Kaufmann Brea, de Arcor, como nuevo presidente de la Unión Industrial Argentina, que tuvo lugar el martes pasado.

La aparición de Kaufmann al frente de la UIA, en esta etapa, es más que sugerente. Es un representante muy activo de uno de los grupos concentrados más influyentes del país, Arcor, que fue el sostén económico de la Fundación Mediterránea desde sus inicios y, por tanto, principal responsable de la llegada de Domingo Cavallo y su equipo al comando de la economía desde la década de los 90 hasta 2001 (otros que ocuparon la cartera de Economía en el medio, simplemente administraron el programa monetario, la convertibilidad, que él había instalado). Arcor, a través de Silvio Pagani, es además uno de los principales animadores del lobby corporativo AEA (Asociación de Empresarios Argentinos), a la par de Techint y el Grupo Clarín.

El ascenso de Kaufmann fue presentado como un acuerdo natural entre las dos agrupaciones conformadas en la UIA, Industriales y Celeste y Blanca, por el cual, cada dos años, se turnan para ocupar la silla principal. Kaufmann, de Industriales, reemplaza a Héctor Méndez, de Celeste y Blanca. Todo normal, salvo que esta lista de “unidad” no contará, esta vez, con ningún representante de las entidades fabriles de la provincia de Buenos Aires. Días antes de que se oficializara la candidatura “por acuerdo” de Kaufmann, las tres entidades industriales bonaerenses (Adiba, Uipba y la Federación Económica de la provincia) hicieron llegar, en conjunto, la propuesta de dirigentes para ocupar los lugares previstos en los órganos directivos, en respuesta a la invitación que habían recibido para participar de la lista. Varios de ellos tienen reconocida vinculación con el sciolismo, como el caso de Osvaldo Rial. Y recibieron como respuesta la “objeción” de los organizadores del acuerdo a algunos de los nombres propuestos. La reacción de las organizaciones bonaerenses fue unánime: ninguna participará de la lista de conducción. “Una vez más, las grandes corporaciones quieren imponer su voluntad, coartando la representación de la industria”, sostuvieron en un comunicado conjunto las tres entidades.

Por primera vez en su historia, la UIA no tendrá representantes de la provincia con mayor presencia industrial del país, en sus cuerpos de conducción. Justo cuando su gobernador disputa con altas chances por ser el nuevo presidente del país a partir de diciembre. Los cargos principales quedaron, entonces, en manos del director corporativo de Arcor, del titular de la cámara de la industria de la alimentación (Copal, en la que también domina Arcor), Daniel Funes de Rioja como vice primero, y Luis Betnaza, de Techint, como vice segundo. Es, además, la primera vez en muchas décadas en la que el núcleo de cuatro o cinco empresas que controlan la UIA colocan directamente en el sillón principal a uno de los suyos, y no apoyan a otros dirigentes de sectores con más participación de la mediana empresa, como el metalúrgico, el textil o el de plásticos. Aunque fuera por una cuestión de imagen.

La historia de Kaufmann y sus primeras palabras como presidente de la UIA no dejan dudas de la posición que busca ocupar, tanto en la condena al gobierno saliente como la búsqueda de condicionar al entrante. Emitió en su discurso de presentación un juicio durísimo para la conclusión del ciclo de las presidencias de Néstor y Cristina (“se necesitarán medidas urgentes para sacar a la industria del estancamiento, después de cuatro años en los que el sector no repunta ni crea puestos de trabajo”). Y le ofreció “esta casa” a quien asuma la presidencia para ir a discutir cómo se instrumentarían esas medidas: reducción de impuestos, baja en los costos de la energía para el sector, aunque se cuidó de no pedir abiertamente una devaluación.

Un lenguaje diametralmente opuesto fue el que se escuchó, 48 horas después, en el encuentro promovido por la Fundación Pro Tejer, que contó con la presencia de Scioli, de varios referentes económicos de su espacio, pero también de economistas en representación de Cambiemos y el Frente Renovador. “En estos años hemos podido trabajar, influir y diseñar políticas públicas sectoriales en resguardo de las características propias”, señaló Jorge Sorabilla, titular de Pro Tejer. “La nuestra es una cadena de valor estratégica, una tonelada de fibra de algodón cuyo valor como materia prima es de 1300 dólares, cuando se exporta como prenda textil con diseño y marca nacional vale 55 mil dólares, difícilmente exista un producto industrial en el país que genere tanto valor agregado”, agregó el dirigente empresario, en una postura que exhibe al sector muy alineado en los ejes de la propuesta económica “para el desarrollo” que dio a conocer el sciolismo en las últimas semanas y que el lunes el candidato defendió desde el escenario del Teatro Opera.

Apyme, por su parte, hizo público un documento, el jueves, sumándose a la propuesta de “profundizar el debate sobre las políticas que permitan continuar y fortalecer un proyecto de desarrollo nacional soberano e inclusivo”. Sostiene, en consecuencia, la necesidad de definir “una serie de ejes programáticos para abordar las materias pendientes, con una mayor equidad distributiva y una inserción internacional autónoma respecto de los poderes financieros globales”.

Desde que se presentaron los Lineamientos para el Desarrollo, a fines de agosto, el discurso de Scioli adoptó un sesgo claramente industrialista. Quienes transitan junto al gobernador bonaerense aseguran que “siempre lo tuvo”, pero lo indiscutible es que ahora encontró, como argumento, el planteo de que tras la etapa del crecimiento con inclusión, viene la del desarrollo productivo. En este tema, sus diseñadores de política (Miguel Peirano, entre ellos) le han encontrado un campo de ideas y propuestas en las que las políticas a desarrollar atenderían cuestiones que dejó pendiente el proceso kirchnerista hasta aquí. Un análisis reciente del economista y periodista de Página/12 Claudio Scaletta, publicado en Le Monde Diplomatique (“Los nudos de la economía”, nota de tapa de la edición de este mes) describe cómo se logró, a partir de 2003, un proceso largo de crecimiento expansivo con inclusión, en base a una demanda efectiva que arrastraba a la oferta, pero también cómo este proceso terminó enfrentándose a la restricción de divisas. Entre otras razones, porque la pauta de consumo incluyó electrodomésticos, rodados, artículos electrónicos y otros bienes de sectores con fuerte incidencia de la importación (tanto en insumos como en productos finales). Señala Scaletta que tampoco se resolvieron, en esa etapa, cuestiones de la estructura del aparato productivo, que le dieran mayor autonomía a la producción local respecto del abastecimiento externo, o bien que el desarrollo de la producción sustitutiva en esos eslabones intermedios acompañara el crecimiento de la demanda final.

Sobre esos puntos parecería atacar la propuesta de Scioli. El lunes pasado, en un discurso de 40 minutos, dejó delineados algunos aspectos centrales de su plan de desarrollo.

- La firme convicción de que es el Estado nacional, a través de la planificación, el que debe asumir de actor principal en la definición de las estrategias y acciones para garantizar el desarrollo económico y productivo.

- Continuar la reindustrialización, identificando cuellos de botella en cada sector promoviendo la sustitución de importaciones y la innovación científica y tecnológica.

- Seguir promoviendo la inversión para agregar valor en origen de los productos, como forma de reducir además la inequidad regional.

- Apostar a la potencialidad de Vaca Muerta (hidrocarburos, Neuquén), la producción agrícola y la puesta en valor de la minería, para verlos como “palancas para el desarrollo y no como condena a la reprimarización” de la economía.

No es extraño, entonces, que haya sectores de la industria mediana que reciban con entusiasmo –como mínimo, con expectativas– ese planteo. Y se sientan convocados a participar en su discusión. Otros, en cambio, parecen llamados a ponerse en guardia. La actitud de la UIA ha sido la de colocar a un “pesado” al frente de la organización, como intentando imponerle “respeto” tanto al nuevo gobierno como a sus pares, las otras centrales empresarias de fuerte peso que deberían reconocer en el representante de Arcor a un “primus inter pares”.

Ideas conservadoras vs progreso social

Esta semana se realizó en Córdoba el VIII Coloquio Industrial de la Unión Industrial Argentina (UIA), sin demasiadas sorpresas en cuanto a posicionamientos políticos de la entidad. Por su parte, los medios de comunicación hegemónicos le dieron un tratamiento menor al tema e hicieron foco en la cuestión cambiaria y la inflación, los caballitos de batalla de los sectores conservadores.

“Lo que hizo la UIA fue una operación”

Juan Carlos Lascurain es ex titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), actual integrante del comité ejecutivo de la entidad y dirigente metalúrgico. La semana pasada se enfrentó públicamente con la conducción actual de la UIA luego de que desde la entidad se filtrara un informe que criticaba los acuerdos con China pese a que el texto todavía no había sido debatido por el comité ejecutivo. En esta entrevista con Página/12, Lascurain afirma que los acuerdos con China pueden beneficiar la industria argentina, sostiene que la filtración del paper interno obedeció a una operación política de la UIA, cuenta el debate que se produjo en la reunión de comité ejecutivo posterior a ese hecho, revela por qué dijo que a la cámara empresaria la manejan sólo cuatro o cinco personas y le apunta a Techint por utilizar ese espacio para llevar adelante su pelea con el Gobierno.

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