Stiglitz reclamó regulación

Stiglitz en la ONU
El economista estadounidense expuso ante el Comité de Deuda de la ONU. “El capitalismo no puede funcionar sin un marco de quiebras para deudas soberanas”, advirtió. Describió al mercado de deuda como “ineficiente e inequitativo”. “Cuando hablo con empresarios, me dicen que las reestructuraciones de deuda funcionan bien salvo por el caso de Argentina. Bueno, es que fue el único país que se plantó y exigió una negociación justa.

Argentina fue el problema porque pidió por sus derechos”, señaló el 28 de julio de 2015 el economista Joseph Stiglitz en la reunión del Comité Ad Hoc sobre Procesos de Reestructuración de Deuda de la ONU. El premio Nobel en Economía puso de manifiesto los problemas para países y acreedores que supone el actual ordenamiento del mercado global de deuda soberana. Pidió que no sólo se reformulen los contratos de los bonos y mejore la transparencia en el funcionamiento de las finanzas, sino la creación de un marco legal para la reestructuración de deuda, una suerte de ley de quiebras para países.

Stiglitz lidera, desde la Universidad de Columbia en Estados Unidos, el grupo académico que trabaja en la elaboración de la propuesta dirigida a la ONU para crear un marco legal para la reestructuración de la deuda soberana. Junto a él trabaja el economista argentino Martín Guzmán. “El lugar adecuado para llevar a cabo esta discusión no es el FMI. Allí se congregan solamente los acreedores, entonces ningún debate equilibrado puede surgir. El espacio indicado es la ONU, es el único lugar donde se pueden sentar en la mesa acreedores y deudores”, comenzó Stiglitz.

“¿Por qué este tema está al frente de la agenda global? Porque muchos países están enfrentando los problemas derivados del exceso de endeudamiento. Entonces queda expuesta la incoherencia del sistema actual. Las reestructuraciones de las deudas en algunas jurisdicciones son difíciles e, incluso, imposibles. El capitalismo no puede funcionar sin un marco de quiebras. Por eso todos los países tienen una ley de quiebras, pero eso no existe a nivel internacional”, dijo el economista.

Stiglitz describió que el actual mercado financiero de deuda soberana es “ineficiente e inequitativo”. La ineficiencia se explica porque los “retrasos en las reestructuraciones son muy costosos. En ese lapso, la economía empeora y se profundiza la recesión, lo vimos en Argentina y lo vemos actualmente en Grecia. Es una demora totalmente innecesaria, en donde nadie gana. No es un juego de suma cero, es un juego de suma negativa”. Por el lado de la equidad, el Nobel citó “la reciente decisión de la Justicia de Estados Unidos en el caso argentino, que favoreció a los fondos buitre por sobre los bonistas que ingresaron a los canjes”.

Especial hincapié hizo Stiglitz en los derivados llamados “Credit Default Swaps” y el daño que provocan en las negociaciones de deuda. Los CDS, por sus siglas en inglés, permiten cubrirse de un eventual default. Es decir, gatillan su pago cuando al país le va mal. “Las partes en las negociaciones pueden incluso tener interés en que no se llegue nunca a un arreglo. No estamos entendiendo la magnitud de este fenómeno”, dijo.

La propuesta más “market-friendly” es la de reformulación de los contratos de los bonos. Stiglitz advirtió que esa posibilidad introduce mejoras pero no ataca el problema de fondo. Enumeró que se podría consolidar la cláusula pari passu, que implica iguales condiciones para acreedores. “Todos están de acuerdo en que la interpretación del juez de Nueva York –en relación a Thomas Griesa– de la cláusula pari passu está mal. Eso se podría mejorar”, indicó. También pidió “transparencia en los CDS, para que al menos se sepa quién va a querer sabotear la negociación”.

Otro punto que figura en la agenda de la reformulación de contratos es la cláusula de acción colectiva, que define que, a partir de cierto porcentaje de aceptación del canje, se extienda a todos los acreedores esas mismas condiciones. “Eso no resuelve el problema, porque la aceptación tiene que darse para cada clase de bonos. Y hay muchas clases en función de la moneda de emisión y la jurisdicción. O sea, si los fondos buitre controlan una clase, no se puede llegar a un arreglo total.”

“Necesitamos mejorar los contratos. Pero eso no es suficiente. ¿Por qué cada país tiene una ley de quiebras? Justamente porque los contratos no alcanzan. El FMI dijo muchas veces a los países que tenían que tener una ley de quiebras. Pero ahora, en materia de deuda internacional, dicen que con los contratos de los bonos alcanza. Eso es hipócrita. Por principios de justicia social pero también de eficiencia económica, necesitamos una ley internacional de quiebras cuyo corazón sea el principio de inmunidad soberana: así como no se permite que una persona firme su propia esclavitud, tampoco un gobierno debería poder firmar la pérdida de soberanía y que lo lleven a juicio en Nueva York. Eso tendría que ser un principio fundante”, señaló Stiglitz citando el caso argentino.

El economista advirtió también que, en el caso de la quiebra de empresas, el número de acreedores es limitado. En cambio, los países enfrentan, “además de los acreedores formales que adquirieron los bonos, un número muy grande de acreedores implícitos, que es la población. En Grecia, por ejemplo, esa deuda se ha dejado de pagar para afrontar los compromisos con los acreedores formales”.

Página/12 - 29 de julio de 2015