Radios rurales

Mariano Molina

 

Celso sale de su pueblo, en las alturas de Salta. Tendrá que subir aún más la montaña para luego bajar y poder llegar a otros destinos. Claudia arranca desde un rincón del Valle de Punilla y José Luis desde su comunidad, en el sur del país. Irma comienza su travesía en el cordón verde de Mendoza y Esther en tierras litoraleñas. 

Manuel inicia su larga marcha desde un pequeño poblado de Catamarca y Camilo tiene casi un día de viaje desde la zona rural que rodea a la ciudad capital del país, similar al tiempo que le llevará a Marcelo llegar desde sus tierras coloradas.

Todos van a confluir en un pequeño rincón de la selva jujeña denominado El Fuerte. Allí, se realizó un nuevo encuentro de la Red de Radios Rurales, que está constituida por organizaciones que tienen su trabajo en el amplio mundo de la agricultura familiar.

Esta red logra anudar muchas geografías y labores. La llanura pampeana, la cordillera, el chaco salteño, el río Paraná, la selva misionera, los cerros y valles, lagos del sur, tierras áridas del Cuyo y bosques nativos se entrelazan con quienes trabajan la tierra, cultivan verduras y frutas, producen semillas, tienen vacas, cabritos, son pescadores artesanales, producen dulces, quesos y conservas o impulsan políticas públicas para el sector.

A todos estos mundos los convoca la necesidad de debatir perspectivas de sostenibilidad para las radios y reforzar lazos en acciones y producciones sonoras en común. El incumplimiento de las obligaciones del Estado Nacional en cuanto a la legalización de sus medios y el acceso a diversas formas de financiamientos es un tema que surge en las intervenciones, junto a la crisis económica que aprieta con el pago de servicios básicos o problemas de infraestructura. Estos encuentros siempre están atravesados por los distintos debates políticos de las organizaciones. En este sentido, la Red decidió renovar el pedido de reglamentación de la Ley de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar, el cumplimiento de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, repudiar el fallo de la Corte Suprema del 2x1 y pronunció el nombre maldito que irrumpe en cualquier conversación política de la provincia, y que pocos se atreven a enunciar en voz alta; se nombró a Milagro Sala y se reafirmó el compromiso con el pedido de su libertad.

A El Fuerte asistieron más de 30 experiencias y cerca de 100 comunicadores populares de 16 provincias argentinas. Se propuso elaborar producciones de diversas temáticas que atraviesan cotidianamente los territorios, cómo promover la producción de alimentos saludables, abarcar la cuestión de género en la ruralidad y la nombrada Ley de Agricultura Familiar. El encuentro ratificó que el trabajo de las radios siempre es con otras y otros, nunca en soledad. Por esta razón, también se articula con organismos del Estado, universidades y fundaciones. En esta ocasión fue decisiva la colaboración de INTA, la Fundación Friedrich Ebert y la fundación ArgenINTA, junto al acompañamiento de las universidades nacionales de Salta, Jujuy, La Plata y Quilmes y el aporte de la Unión de Músicos Independientes.

Con el impulso que dio la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y mediante el trabajo conjunto con organismos públicos, muchas organizaciones de la ruralidad accedieron a sus propias emisoras. Ejercer el derecho a la comunicación  indudablemente se hace más eficaz cuando el Estado lo estimula con políticas públicas, las mismas que desde diciembre de 2015 empezaron a ausentarse, debilitando infinitas experiencias del sector.

Cuando se preguntó en la asamblea qué sucedería si estas emisoras se apagaran, alguien dijo: “Nuestros vecinos no podrían encontrar sus cabras”. Hacer comunicación en la ruralidad tiene infinitas particularidades que dificultan una respuesta totalizadora, aunque todos acuerdan que debe prevalecer la perspectiva de los pequeños productores, trabajadores y sus organizaciones. Cuando los comunicadores y las comunicadoras empezaron el regreso, los esperaban -nuevamente– sus comunidades de base, sus ríos, campos y montañas. En esos rincones todos los días se encienden emisoras con el objetivo de fortalecer la vida en común, reafirmar la identidad rural, campesina o indígena, a la vez que se practican nuevas formas de acceso a la información y se combate la parafernalia hegemónica de las grandes empresas de comunicación. Esta ardua tarea que se promueve desde la Red es, sin lugar a dudas, lo que denominamos hacer comunicación en los territorios.

 

Página/12 - 29 de mayo de 2017