¿Por qué crece el evangelismo en Brasil y qué consecuencias políticas tiene?

Entrevista con Lamia Oualalou. Brasil pasó de ser un centro de la Teología de la Liberación a un enorme crecimiento de lo que los estudiosos denominan la «teología de la prosperidad» promovida por el evangelismo pentecostal. Estas iglesias favorecieron formas de recomunitarización popular frente a las ausencias estatales. El desborde político desde las iglesias -especialmente las evangélicas conservadoras- a la política da cuenta de mucho de lo que ocurre hoy en un Brasil, cerca de experimentar un gobierno conservador y autoritario de imprevisibles consencuencias.

¡Ay Manuela!

La desaparición de la derecha democrática en Brasil. Y el campo que se abre entre quienes defienden el sistema democrático y los que no. Manuela D Avila habla de uno de resultados que dejó la elección de Brasil, lo repite y lo recomienda. “El pecado original de nosotros, lo mas importante, es que no estuvimos unidos. La unidad es lo mas importante que podríamos haber hecho y no hicimos”, dice. “Si uno hace la evaluación correcta de lo que estamos viviendo en el mundo, no podés permitirte que la gente se divida. No creo que los partidos de Brasil hayan estado divididos por mala onda. Creo que no teníamos noción de la fuerza del enemigo”.

Moro se quita la careta

La decisión de Sergio Moro de aceptar la cartera de Justicia en el futuro gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro exige un análisis retrospectivo de sus acciones, examen del que el superjuez, percibido como el campeón nacional de la ley en Brasil en los últimos años, no sale bien parado.

Golpe contra Sudamérica

 

Los esclavócratas ganaron otra vez en Brasil. El golpe triunfó. El Senado acaba de limpiar el camino y, sin Dilma Rousseff como estorbo, ya no quedan obstáculos institucionales. Michel Temer puede subir al escenario para cantar a dúo con Mauricio Macri. Sudamérica, ahora sí, cambiará decididamente su rumbo.

Hablemos del golpe en Brasil, hijo

Son las cuatro y media de la madrugada. Me despierto ansioso, angustiado y con una profunda sensación de impotencia. Tengo ganas de salir corriendo, de gritar por la ventana, de acurrucarme en un rincón, de hacerme invisible, de ponerme a llorar. En casa, por ahora, todos duermen. He dado vueltas y más vueltas. La cama, estos días, me ha parecido una montaña rusa, más bien un abismo, el borde afilado de un acantilado infinito. Y yo estoy del lado del vacío, queriendo llegar a tierra firme, allí, a pocos centímetros, inalcanzable. Sé que si miro hacia abajo, caeré. Mejor, ignorar que mis pies descansan en un inmenso precipicio. Pienso en vos, hijito querido. Pienso en tantos compañeros y compañeras, amigos entrañables de estos 25 años que llevo en Brasil. Pienso que no puedo, que no podemos iniciar este día de la infamia, de la ignominia y de la vergüenza mostrando desazón o desconcierto. Pienso que no puedo, sé que no quiero, que este sea el primer día de nuestra derrota, sino el primero de nuestra próxima victoria.

La crisis brasileña era una estrategia golpista

La larga crisis brasileña, que algunos dicen que empezó con las manifestaciones callejeras de junio de 2013 y otros apenas terminadas las elecciones de 2016, gana contornos definidos conforme desemboca en un golpe blanco. No se puede decir que todo ha sido meticulosa y fríamente calculado, pero lo cierto es que cada uno de los pasos han terminado siendo piedras de la arquitectura de una estrategia golpista con el objetivo, a como de lugar y con quien sea, de sacar al PT del gobierno.