Nuevo video oficial. El avión mágico del Pentágono: segunda parte.

A pedido de la asociación neoconservadora Judicial Watch, el Departamento de Defensa de Estados Unidos hizo público el video completo del atentado ocurrido en el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. La prensa neoconservadora se felicita por la difusión de estas imágenes que deberían contradecir definitivamente nuestros análisis. En realidad, el video en cuestión no contiene nada nuevo en relación con las imágenes ya conocidas desde el año 2002 y sigue siendo absolutamente imposible observar en ese material nada que se parezca a un Boeing 757-200. La secuencia confirma, por el contrario, el análisis del comandante Pierre-Henri Bunel que Thierry Meyssan publicó en su libro Le Pentagate, análisis que aquí publicamos. por Pierre-Henri Bunel Fuente: Voltairenet

Los videos entregados por el Departamento de Defensa de Estados Unidos a la organización neoconservadora Judicial Watch http://www.voltairenet.org/article139308.html (ver videos)

"El efecto de una carga hueca", capítulo 4 del libro Le Pentagate
¿Qué tipo de explosión se produjo en el Pentágono el 11 de septiembre de 2001? Un análisis de las imágenes de video del impacto y de las fotos de los daños permite determinar el tipo de artefacto utilizado en el atentado. ¿Corresponde la explosión a la que podría producir el keroseno de un avión o a la de un verdadero explosivo? ¿Corresponde el incendio a lo que se puede esperar de un incendio producido por hidrocarburos o a un fuego clásico?

¿Deflagración o detonación?

Como preámbulo, parece imprescindible aclarar al lector la existencia de una diferencia fundamental: la diferencia entre una deflagración y una detonación.

La combustión de materias explosivas de tipo químico, como por ejemplo los diferentes tipos de pólvora, los explosivos o los hidrocarburos, causa un desprendimiento de energía que produce una onda expansiva. La difusión a gran velocidad de la enorme cantidad de gas producida por la reacción química está acompañada de una llama, de ruido causado por el desplazamiento de la onda expansiva por el aire y de humo. A menudo se observa, incluso antes de que se haga visible la llama, una nube de vapor provocada por la compresión del aire alrededor de la zona de la explosión. Al no poder ponerse inmediatamente en movimiento, el aire se comprime ante la influencia de la onda expansiva. En el primer momento, debido a la compresión de las moléculas de aire, el vapor de agua invisible siempre presente en la atmósfera en mayor o menor cantidad se comprime y se hace visible bajo el aspecto de una nube blanca. Quiero insistir sobre la noción de onda expansiva. Una explosión es una reacción que proyecta gases a una velocidad más o menos grande. Las materias explosivas, según su composición química y la disposición física de sus moléculas, imprimen a los gases que ellas mismas generan una velocidad de propagación más o menos grande. Se dice que son más o menos progresivas. La observación de la onda expansiva resulta por consiguiente un indicio importantísimo sobre la velocidad de los gases proyectados por la explosión.

A pesar de ello, el examen de la primera foto de la página VI (ver arriba) muestra residuos de espuma carbónica. Esto se explica en testimonios recogidos durante el 11 de septiembre acerca de la explosión de un vehículo cerca de la fachada -un helicóptero según algunos, un camión según otros. En todo caso, varias fotos muestran un camión en llamas a la derecha del lugar del impacto. Sin embargo, la cantidad de residuos de espuma es bastante reducida y estos aparecen principalmente no sobre el incendio del edificio sino sobre el césped que se encuentra frente a este, como si se hubiese apagado un fuego provocado por el incendio ya producido por el atentado. Es lo que los bomberos llaman un "incendio por simpatía". O sea que el cañón de espuma se utilizó para apagar uno o varios incendios secundarios.

En las imágenes difundidas por el Departamento de Defensa se ve un camión equipado de un cañón de espuma que apaga un fuego situado delante de la fachada mientras que las bombas de gran potencia atacan el fuego principal dentro del edificio. Es evidente que la manera en que está dirigida la aspersión tiene como objetivo reducir la temperatura general mojándolo todo a priori, antes de poder penetrar en el edificio para apagar los incendios punto por punto.

O sea, aunque el incendio producido por los tanques casi llenos de un avión exigiría el empleo masivo de medios especializados para la extinción de fuegos de hidrocarburos, los bomberos están utilizando agua normal como en los llamados fuegos urbanos en los que no intervienen combustibles especiales. Además, se puede ver que el humo corresponde precisamente al humo de un incendio normal en un inmueble urbano, tanto por su color como por el aspecto de las volutas. No hay comparación posible con el humo que salía del World Trade Center en aquellos mismos instantes.

Artillería, inteligencia y BDA

Después de reaccionar como antiguo bombero, lo haré como oficial observador de artillería. Este último tiene entre sus tareas las de señalar los objetivos, determinar el tipo de arma que será necesario utilizar en función de los objetivos y la cantidad de proyectiles que habrá que usar para ponerlos fuera de combate. Ya realizada la operación contra los objetivos, queda por realizar la evaluación de los daños reales para determinar si el primer golpe fue suficiente o si habrá que continuar el fuego.

Se trata de hacer un balance de la destrucción provocada, balance que se transmite después a los diferentes niveles de la cadena de mando y al servicio de inteligencia. Esa evaluación de los daños ocasionados en el campo de batalla responde en inglés a las siglas BDA (battlefield damage assessment). Por supuesto, esa evaluación debe realizarse con un máximo de objetividad ya que ordenar nuevos disparos sobre un objetivo ya neutralizado o destruido sería tan estúpido como hacer creer que un objetivo ha sido neutralizado cuando en realidad sigue representando una amenaza.

Durante la guerra del Golfo, los tres comandantes en jefe -el francés, el británico y el estadounidense- se reunían diariamente en el puesto de mando del general Schwarzkopf. Parte del tiempo dedicado al punto "inteligencia" durante el briefing estaba consagrado al examen de las fotos de BDA. Y Schwarzkopf les dedicaba especial atención. En aquellas imágenes se veían los efectos de las armas y la envergadura de los daños causados a los objetivos.

No hay que creer que los tres generales eran una especie de fisgones. Aquello les permitía no sólo decidir si era necesario seguir atacando los objetivos ya atacados sino decidir también la utilización de armas menos potentes para evitar que los daños infligidos a los objetivos militares tuviesen consecuencias para el medio civil. Esto quiere decir que para quienes se dedican a la interpretación de las imágenes, para los observadores de artillería y los oficiales de la inteligencia, la evaluación de los daños constituye una materia clave que estudiamos con sumo cuidado. Y cuando la teoría se une a la experiencia, como en mi caso, uno dispone de ciertos elementos de apreciación objetiva que le permiten examinar los daños infligidos a una edificación, sobre todo cuando se conoce bastante bien esta última, lo que también es mi caso.

Las fotos oficiales de la fachada

Una vista general de la fachada resulta sumamente interesante. Esta imagen, que también proviene de los organismos oficiales estadounidenses, es presentada en la página V del cuaderno fotográfico (ver arriba).

En momentos en que los bomberos han terminado ya su trabajo en el exterior del edificio, se distinguen varios elementos que aportan información. Primeramente, el hollín que cubre la fachada es una mezcla de los tipos de hollín que produce el humo de un incendio clásico. Otro es característico de los que produce la onda expansiva de un explosivo de alto rendimiento. Pero no se ve por ninguna parte la capa grasienta y espesa que se deposita en un fuego de keroseno. Los cristales han sido rotos por una detonación pero no fundidos por un incendio de hidrocarburos que hubiese durado varios días. Lo más notorio es que hay pocos cristales rotos y que las ventanas afectadas están situadas principalmente cerca del punto donde se produjo la explosión y al nivel de los pisos bajos. Por consiguiente, cerca del punto cero. Es muy probable que la onda expansiva se haya propagado a lo largo de los pasillos, como bien se ve en la foto de conjunto de la página XI del cuaderno. Eso corrobora el testimonio de David Theall [3]. Este oficial de enlace del Pentágono describe haber oído de pronto un ruido violento acompañado de una proyección de escombros que arrasó el pasillo al que daba su oficina.

Al principio del desplazamiento, la onda expansiva rompió los cristales y, una vez canalizada por las paredes de los pasillos, se orientó de forma tal que no tuvo tanto efecto sobre las ventanas. Hay que precisar que se trata de ventanas con cristales dobles y que el cristal exterior es particularmente sólido. Eso fue lo que declaró el representante de la empresa que las instaló [4] y fue también lo que me habían explicado mucho antes del atentado durante una visita oficial al Pentágono como intérprete.

Una foto tomada más de cerca y más detallada, en la parte baja de la página V, ofrece una vista de la zona del impacto después de haber sido retirados los escombros. La imagen permite distinguir claramente los pilares de concreto de la armazón del edificio y los pasillos que recorren los pisos. Esto permite comprender mejor cómo fue que la onda expansiva pasó a lo largo de las ventanas antes mencionadas.

La foto muestra que los pilares verticales, algunos de los cuales están envueltos por encofrados de madera, fueron evidentemente fragilizados en la planta baja, o sea en el nivel donde se produjo la detonación. Pero no fueron fracturados ni partidos en pedazos, como debería haber sucedido si hubiesen sido golpeados por el borde de ataque de las alas de un avión de cien toneladas. En ese caso habrían sido alcanzados por la parte del borde de ataque situada más o menos en el lugar en que van los motores, o sea en la parte más sólida. Es evidente que ningún ala golpeó esos pilares verticales de la armazón de concreto.

Si un avión se hubiese estrellado contra el Pentágono, como tratan de hacérnoslo creer en la versión oficial, las alas habrían tocado los pilares verticales aproximadamente al nivel del suelo en que están parados los hombres. Resulta evidente que la zona fragilizada se encuentra debajo, allí donde se ven los encofrados de madera y los puntales de acero de color minio. Por tanto, el vehículo portador de la carga que fragilizó los pilares golpeó por debajo del nivel al que habría golpeado un enorme avión de pasajeros. Y me remito aquí a la primera foto estudiada, en la que se ve la estela de humo de un propulsor casi rasante al suelo.

Esa imagen permite además relativizar las declaraciones de ciertos expertos, según las cuales "el Pentágono está construido con materiales extremadamente sólidos". Es cierto que los empresarios utilizaron materiales endurecidos para los cristales y los revestimientos exteriores, pero la relación entre el Pentágono y un bunker es la misma que existe entre un auto blindado y un tanque de guerra.

Una carga hueca anticoncreto

La última foto fue realizada por el Departamento de Defensa y publicada en un sitio de la Marina de Guerra [5]. Aparece en la página XII de nuestro cuaderno fotográfico. Al examinarla, se ve en ella un hueco casi circular encima del cual se aprecia una huella negra. Esa perforación tiene un diámetro de alrededor 2,30 metros y se encuentra en la pared de la tercera línea del edificio, partiendo de la fachada. Habría sido hecha por la nariz del avión.

Eso implicaría que la nariz del avión, hecha con una fibra de carbono que está muy lejos de ser un blindaje, atravesó, sin destruirse, seis paredes de carga de un edificio considerado más bien sólido. ¿Cuál sería entonces el origen de la huella negra que se ve en la pared encima del huevo? ¿La combustión del hidrocarburo? Si así fuese, toda la fachada del edificio estaría marcada de hollín y no sólo los pocos metros que realmente lo están. ¿Y los vidrios rotos? ¿Se rompieron por efecto del impacto? Hay que recordar que son cristales muy sólidos.

El aspecto de la perforación que se ve en la pared recuerda inevitablemente los efectos de las cargas huecas anticoncreto que yo he podido ver en algunos campos de batalla.

Esas armas se caracterizan por su "dardo". Ese dardo es una mezcla de gas y de materias en fusión que es proyectado en dirección del eje del paraboloide que constituye la parte delantera del arma. Propulsado a una velocidad de varios miles de metros por segundo con una temperatura de varios miles de grados, ese dardo perfora una pared de concreto de varios metros de grosor. Así que puede perforar sin problemas cinco paredes de un edificio. Cinco de las seis paredes, ya que la fachada fue perforada por el propio vector. La detonación de la carga militar no se produce, en efecto, hasta que la carga no se encuentra dentro del objetivo. Como expliqué anteriormente, los sistemas de detonación de las cargas anticoncreto no funcionan instantáneamente sino que son de acción retardada. Es por eso que la llama de la explosión se desarrolló del interior del edificio hacia el exterior. Como puede verse en las fotos tomadas por la cámara de seguridad, la onda expansiva parásita afectó la fachada, los pisos y el techo y se propagó a través de los pasillos a la altura del punto de impacto del vector: la planta baja.

El dardo contiene gases a alta temperatura que se vuelven más lentos y que terminan por detenerse antes del recorrido de las materias fundidas. Los gases incendian todo objeto combustible que encuentren a su paso. En la página XIII del cuaderno fotográfico se presenta una imagen esquemática de la llama y del dardo de una carga hueca en el momento de perforar una pared.

Las materias fundidas van más lejos que los gases y, en este caso, la imagen recuerda inevitablemente el efecto provocado por las materias fundidas de un dardo al final de su trayectoria. Estas materias se habrían detenido en la última pared que se encontrara al final de su recorrido. Estando aún lo suficientemente calientes, habrían dejado en la pared esa huella negra, precisamente encima del hueco. El calor levanta materias que luego se enfrían y por tanto marca la pared solamente encima del punto de impacto. En ese estado terminal no hay ya temperatura suficiente como para marcar más aún el cemento. En cambio, los restos de la onda expansiva conservan todavía suficiente energía como para romper los cristales que se encuentran inmediatamente alrededor del hueco.

Se comprende entonces por qué fue que los bomberos utilizaron agua. Se trata del fluido extintor que presenta el mayor calor específico. Es por tanto el más adecuado cuando se trata de enfriar materiales que han sufrido un "golpe calorífico" y de apagar los fuegos urbanos declarados por simpatía. Para los bomberos no se trataba, por consiguiente, de apagar un fuego de hidrocarburos sino diferentes fuegos aislados y de enfriar materiales recalentados. Esta foto, y los efectos descritos en la versión oficial, me hacen pensar por tanto que lo que afectó el edificio fue la detonación de una carga hueca de gran potencia destinada a destruir edificios duros y transportada por un vector aéreo, un misil.

Pierre-Henri Bunel