A tontas y a locas

 

El discurso económico oficial desbarrancó. Por oficial se entiende no sólo al de los economistas de gobierno, sino al inmenso aparato mediático paraoficial y la casi totalidad de las consultoras de la city. La UTE que actualmente administra los destinos de la economía, como lo recordó el siempre humilde economista massista Roberto Lavagna, reflotó no sólo las políticas, sino también el discurso de la dictadura y de los ‘90 y prometió que, tras la sangre, el sudor y las lágrimas de las transferencias desde los asalariados hacia el campo y las finanzas, llegaría, sin mayor demora que un semestre, la buenaventura. Decían que bastaba apenas con la “salida exitosa del cepo”, la apertura del mercado financiero y el cambio de precios relativos.