“El peligro en tiempos de crisis es buscar un salvador que nos devuelva la identidad y nos defienda con muros”

 

El viernes, a la misma hora que Donald Trump juraba su cargo en Washington, el papa Francisco concedía en el Vaticano una larga entrevista a EL PAÍS en la que pedía prudencia ante las alarmas desatadas por el nuevo presidente de Estados Unidos —“hay que ver qué hace, no podemos ser profetas de calamidades”—, aunque advertía de que, “en momentos de crisis, no funciona el discernimiento” y los pueblos buscan “salvadores” que les devuelvan la identidad “con muros y alambres”.

Los inmigrantes deportados por Obama, la cara oculta del muro EEUU-México y el fin del TLCAN

 

Sumándose a la "campaña del miedo" encabezada por la prensa afín al terrorismo especulador occidental, El País de España publicó recientemente un artículo titulado "Donald Trump promete deportar hasta tres millones de inmigrantes irregulares" (ver bibliografía). Allí, y basándose en declaraciones del actual mandatario estadounidense al programa "60 Minutes" del canal CBS, el matutino español confirma el inminente plan de "deportaciones masivas" que se avecina en el país del Norte. Sin embargo, y operetas mediáticas aparte, la política inmigratoria de los Estados Unidos ha venido desenvolviéndose desde hace años en el mismo sentido señalado por Trump.

Los migrantes traen beneficios

Después de que la tormenta “inmigrantes” ha hecho estragos en la sociedad europea con la foto del niño sirio muerto en una playa, y que al mismo tiempo ha provocado la reacción negativa de políticos y grupos conservadores que argumentan peligros para la estabilidad económica y la seguridad, resulta que algunas estadísticas europeas y análisis de economistas demuestran que los inmigrantes son beneficiosos para el Viejo Continente. Es más, que Europa los necesita sí o sí para la sobrevivencia de muchos de sus parámetros económicos y sociales.

¡El horror, el horror!

“Perdóneme, he padecido tanto tiempo en silencio… en silencio… ¿Estuvo usted con él… hasta el fin? Pienso en su soledad. Nadie cerca que pudiera entenderlo como yo hubiera podido hacerlo. Tal vez nadie que escuchara…”

“Hasta el fin”, dije temblorosamente. “Oí sus últimas palabras…” Me detuve lleno de espanto.

“Repítalas”, murmuró con un tono desconsolado. “Quiero… algo… algo… para poder vivir.”

La reacción ante el drama de los refugiados: una puesta a prueba para nuestra humanidad

La Gran Muralla china, las murallas de Roma y de cualquier otra ciudad del Medievo, la Línea Sigfrido, la Línea Maginot, el Muro atlántico… Las naciones (imperios, dictaduras o democracias) han empleado cualquier cordillera y río para mantener alejados a los ejércitos extranjeros. Ahora nosotros, los europeos, tratamos a las masas empobrecidas y hacinadas, los realmente inocentes de Siria e Irak, Afganistán y Etiopía, como si se tratasen de invasores foráneos decididos a arrebatar y someter nuestra soberanía, nuestra patria, nuestra fecunda y apacible tierra.

El sueño de Europa agoniza junto con los desplazados

Allá. El drama de los refugiados dejó al desnudo la impotencia europea para tramitar con un infierno, que aunque golpeaba constantemente las puertas del continente, era siempre allá. Hoy es aquí.

Esta crisis se ha incubado por años. Hay un foco principal en el norte de África y aún más allá en Eritrea, Somalía o Nigeria. Pero el tamaño del desafío va más lejos y es colosal.

Son seres humanos: esa cosa tan sencilla que parecemos haber olvidado sobre los refugiados

Gente no son: nadie podría tolerar oír que se ahogan seres humanos una y otra vez. En el mejor de los casos, son estadísticas sombrías pero intangibles, que sirven para chasquear la lengua antes retomar la rutinaria vida cotidiana. Para otros, son una indeseada muchedumbre que no es bienvenida y que la Fortaleza Europa debe mantener fuera: llena de potenciales sanguijuelas indignas que no tienen sitio en Occidente. En la jerarquía de la muerte, cualquiera etiquetado de “inmigrante” debe ocupar su lugar cerca del fondo. Es un mundo deshumanizado: para demasiada gente, eso sucede por ahí abajo con “pequeños delincuentes”, y ¿quién llora a los pequeños delincuentes?

Parar la mano

Hace algunas semanas, el hiperactivo secretario de Seguridad Nacional, Sergio Berni, ha iniciado un periplo por los programas periodísticos de radio y TV, con el fin de ratificar la «tolerancia cero» a los piquetes; reclamar la expulsión del país de «los extranjeros que vienen a robar»; justificar los violentos desalojos de villas de emergencia; reprender severamente a diputados de su propio partido.