¿De verdad puede Europa prescindir de Grecia? El cálculo fatalmente catastrófico

“Para Grecia, un Grexit representaría un gran shock a corto plazo, del que se recuperaría económicamente a largo plazo. Para nosotros, exactamente lo opuesto. A corto plazo, los costos son despreciables. A largo plazo, se aceleraría la decadencia de la UE. Impedir el Grexit debería ser la prioridad más destacada de la política alemana y europea. En interés propio.”

Quebrar a Grecia

Me he mantenido prudentemente callado en relación con Grecia: no quería gritar “¡Grexit”! en un teatro lleno a rebosar. Pero dadas las informaciones sobre las negociaciones en Bruselas, algo hay que decir: ¿qué se creen los acreedores, y en particular el FMI, que están haciendo?

Esta tendría que ser una negociación sobre objetivos de superávit primario y, luego, sobre una reducción de la deuda que eliminara la perspectiva de interminables crisis futuras.

La lección de democracia del “catalizador griego”

Con la decisión del gobierno y el Parlamento griego de convocar el próximo 5 de julio a un referendo para que los ciudadanos decidan si aprueban o rechazan el dictado de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) –la Troika-, el gobierno de Syriza ha llevado la cuestión de la crisis de la deuda al lugar que le pertenece, o sea al nivel político de la decisión popular, para que el pueblo decida la crucial cuestión política de si la sociedad existe o no, de si el pueblo es soberano o no.

La austeridad es la única línea roja

Una falacia común impregna la cobertura por los medios de comunicación en todo el mundo de las negociaciones entre el gobierno griego y sus acreedores. La falacia, ejemplificada en un comentario reciente de Philip Stephens, del Financial Times, es que "Atenas no puede o no quiere - o ambos - implementar un programa de reforma económica". Una vez que esta falacia se presenta como un hecho, es natural que la información se centre en cómo nuestro gobierno esta, en palabras de Stephens, "despilfarrando la confianza y la buena voluntad de sus socios en la eurozona".

Pero la realidad de las conversaciones es muy diferente. Nuestro gobierno está dispuesto a poner en práctica una agenda que incluya todas las reformas económicas esenciales sugeridas por los think tanks económicos europeos. Además, somos los únicos capaces de mantener el apoyo de la opinión pública griega a un programa económico sólido.

Cristina, Dilma y Christine

Parece una imagen vieja. Una foto ajada que se escapó del álbum de recuerdos históricos de la región. Revive como en un mal sueño de angustias pasadas. Pero no es una pesadilla ni un desagradable déjà vu, sino algo totalmente real y de estricta actualidad: volvió el Fondo Monetario Internacional, volvió a favor de un ajuste, y de un ajuste que ya está en marcha. No sucede en este país, pero sucede muy cerca y, sin lugar a dudas, va tener consecuencias sobre la Argentina.

Superclásico Nación vs. FMI

El miércoles 29 de abril, en la previa del primero de los partidos, el Fondo Monetario Internacional se encargó de hacernos recordar que pasan otras cosas bajo ese manto de banderas, bengalas y papelitos. Su “Perspectivas Económicas del Hemisferio Occidental” se encargó de agitar a otras hinchadas, de recordar que los partidos se juegan en el mundo y en territorio local. Que las consignas callejeras sintetizan las disyuntivas del país ante dos caminos que van tomando distintos nombres para los mismos sujetos: Pueblo o Antipueblo, Patria o Colonia, Liberación o Dependencia, Patria o Buitres, Nación o Fondo Monetario…

Desde su inalterable perspectiva monetaria, que lo lleva a conclusiones desastrosas y sepulta a decenas de países, el documento del FMI propuso que la Argentina aplique políticas más restrictivas, un programa de reducción fiscal y una devaluación de la moneda, para retomar la senda del crecimiento económico.

El Plan Bomba

Cuando el debate de la orientación de la política económica del próximo gobierno comienza a tomar cada vez más relevancia, la opinión del Fondo Monetario Internacional sobre lo que se tiene que hacer es un oportuno recordatorio. Es una guía para estar atentos de economistas de candidatos a presidente que replican esos mismos consejos. Esta observación no es sólo una cuestión ideológica sobre un organismo multilateral cuyo objetivo principal es el de ser auditor de los acreedores.

Tsipras recibe gestos, pero no compromisos

La simpatía puede ser peligrosa. Alexis Tsipras, el nuevo primer ministro griego, saboreó en París los contratiempos y los límites de la “simpatía” y de la “comprensión” de sus socios europeos cuando se trata de abordar el tema de la gigantesca deuda griega. La babosa retórica de los dirigentes de la Unión Europea (UE) se repitió en cada una de las capitales que Tsipras visitó esta semana. El periplo que concluyó ayer en París resume por sí solo la inocultable realidad a la que los griegos deberán enfrentarse y la vara inflexible de los jefes de Estado y de gobierno de la UE, sean de derecha o socialdemócratas (hoy esto es más o menos lo mismo).