El nuevo embajador con antecedentes antiargentinos

Emilio Marín

Earl Anthony Wayne desembarcó en Buenos Aires como el nuevo embajador de Estados Unidos y en una semana fue recibido por cinco ministros del Ejecutivo. "Eficiencia", dijeron los medios del establishment. Dependencia, parece la verdadera explicación. Representante de la administración Bush, tan imperial como los otros.

Mister Wayne arribó a nuestro país el 6 de noviembre y se instaló en la embajada del barrio de Palermo contigua a la Sociedad Rural. Ya le deben haber explicado que la afinidad con la entidad de los ganaderos y terratenientes excede la cercanía geográfica, más allá de la falta de complementación de las economías argentina y estadounidense que compiten por los mercados agrícolas. Y si alguna duda chica le quedó, Luciano Miguens, presidente de la SRA, se la disipará en cualquier encuentro.
Esa tertulia no tendrá que esperar hasta el 4 de julio, cuando el elenco estable pronorteamericano de nuestro país se da cita en la embajada para festejar el "día de la independencia". Habrá varias citas previas, sobre todo ahora que Wayne en pocos días recorrió casi todo el espinel gubernamental: le faltó una reunión con Daniel Filmus y Ginés González García, y una audiencia con el presidente Néstor Kirchner.
Los demás ministros lo recibieron en tiempo récord y algunos, como Jorge Taiana, dos veces. Todos los embajadores supuestamente son iguales ante el gobierno anfitrión, pero hay algunos que son más iguales que otros. Wayne es uno de ellos porque en pocos días logró lo que no consiguen muchísimos diplomáticos que llevan años en la "Reina del Plata".
Uno de los más entusiasmados por la conversación fue Julio De Vido, quien declaró que en los próximos dos años la inversión estadounidense en energía e hidrocarburos va a llegar a los 3.000 o 4.000 millones de dólares. Para los argentinos es una mala noticia: quiere decir que Kirchner no tiene la más remota idea de nacionalizar el sector. Contra esa seguridad, sonó lógico que Wayne prometiera la injerencia de empresas de su país en el gasoducto que nos traerá más gas boliviano y en emprendimientos eléctricos. Defendió así los intereses de AES, Duke Energy y Esso, entre otras multinacionales.
Rápido para los negocios, el delegado de Bush apremió a De Vido para que Argentina adopte el sistema norteamericano ATSC para televisión digital, en detrimento de las tecnologías europea y nipona.
En la entrevista con Felisa Miceli fueron parejos los pedidos de una y otra parte. La ministra solicitó que los productos argentinos no sean excluidos del Sistema General de Preferencias para acceder libres de aranceles al mercado norteamericano. Y que EE UU ayude para que el Club de París acepte una buena refinanciación de la deuda argentina, que supera los 6.000 millones de dólares.

Negocios y ejercicios

Wayne no prometió ninguna solución a estos temas, explicando que sobre el asunto SGP tomará una decisión el Capitolio. En su comunicado de prensa subrayó que las empresas de su país "están muy interesadas en explorar otras oportunidades de inversión en Argentina". Si bien actuó con tacto, sin plantear la antipática propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ni ofreció un Tratado de Libre Comercio, que hubiera rebotado con una negativa, el diplomático pidió a Miceli reactivar el Consejo de Inversión y Comercio Bilateral, inactivo desde 2003.
Como buen defensor de los intereses del imperio, el embajador tuvo una reunión con los representantes de las principales firmas estadounidenses en nuestro país, antes de dialogar con la jefa del Palacio de Hacienda.
En el hotel Four Seasons se entrevistó con los delegados de la Cámara de Comercio Americano Argentina (Amcham). Junto con su presidente, Juan Brochou, titular también del Citibank, estuvieron Alberto Carvalho (Procter & Gamble), Gonzalo Escajadillo (IBM), Cristian Siccardi (Cargill), Daniel Risso (Esso), Felipe Rovera (General Motors) y Rolando Meninato (Dow Química).
Esos ejecutivos tienen DNI argentino pero piensan en inglés y sueñan con dólares, de modo que tienen más lazos con Wayne que con Miceli. Y en consecuencia, le transmitieron al primero sus quejas contra los controles de precios impulsados por el gobierno y las demoras en actualizar determinadas tarifas.
Por eso el párrafo del comunicado del embajador donde se lee que las multinacionales quieren explorar "otras oportunidades de inversión" debería leerse que están interesadas en "mejores oportunidades de inversión".
Que Wayne haya comenzado por las reuniones con los titulares de Planificación Federal y Economía puede tener que ver con que domina más los temas económicos y comerciales. En los últimos seis años fue Secretario Adjunto de Estado para Asuntos Económicos y Empresariales. Su currícula asegura que tuvo a cargo "temas de finanzas internacionales, el desarrollo, la política sobre la deuda e inversiones, sanciones económicas, la política internacional sobre recursos energéticos, los diamantes de zonas en conflicto, la política comercial, asuntos de información y telecomunicación internacional, transporte y aviación internacional y el apoyo comercial y empresarial en el exterior".

¿Wayne espía?

Quien crea que el embajador es sólo un negociador comercial se llevará un fiasco. Es también un operador político, un funcionario curtido en espionaje y "lucha antiterrorista", y antiguo enemigo de la causa argentina en Malvinas, como ahora se mostrará.
Porque tiene otras tareas de la órbita política y castrense que reportar a sus jefes, el flamante embajador se vio con Nilda Garré, ministra de Defensa. A ella le planteó "la importancia del fortalecimiento de la cooperación regional y hemisférica a través de ejercicios multilaterales". Como la diplomacia es hábil en maquillar los objetivos, hay que aclarar que el visitante quiere que se reanuden los ejercicios militares en nuestro país, del tipo de "Cabañas I y II" (Ejército) y "Aguila I y II" (Fuerza Aérea) que últimamente se suspendieron. Además de la repulsa popular, esas ejercitaciones se frustraron porque el imperio pedía inmunidad total para sus efectivos y el gobierno no estaba dispuesto a tanto.
La referencia a los ejercicios no fue casual. En octubre último George Bush emitió un memorando para que el Departamento de Estado, del que depende Wayne, invite a los países latinoamericanos a volver a enviar sus oficiales a cursar en la tristemente célebre "Escuela de las Américas", ahora localizada en Fort Benning, Georgia.
Con el ministro del Interior, Aníbal Fernández, puso sobre el tapete la posibilidad de mayor cooperación en la lucha "contra el terrorismo y el narcotráfico".
Y felicitó al canciller Jorge Taiana por la política de confrontación adoptada por el gobierno nacional y la justicia federal respecto a Irán, tomando como ariete las endebles acusaciones sobre su responsabilidad en el atentado contra la AMIA.
En esas entrevistas más políticas, con Garré, Fernández y Taiana, Wayne mostró que lo suyo se limitaba a la negociación comercial, como vendieron "La Nación" y Clarín. Estos medios sólo informaron que tiene maestrías de la Universidad de Harvard, la Universidad de Princeton, la Universidad de Stanford y una licenciatura de la Universidad de California, Berkeley. Lo que se dice un académico puro.
Pero la biografía de Wayne publicada por la Dirección de Asuntos Públicos del Departamento de Estado contiene datos de los que surge un perfil muy distinto. Por ejemplo, hasta 1981 fue "analista de la política nacional e internacional de la China en la Dirección de Inteligencia e Investigación". Para los argentinos importa mucho saber que "entre 1981 y 1983 fue Asistente Especial de los Secretarios de Estado Haig y Shultz", lo que significa que fue parte de la mentirosa "mediación" del general Alexander Haig durante el conflicto de Malvinas.
"De junio de 1991 a junio de 1993, el Sr. Wayne fue Director de Asuntos de Europa Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC)", otra tarea ligada al espionaje, sigue reportando la reseña. Ese aspecto poco loable de sus funciones se refuerza con este otro antecedente: "de 1989 a 1991 fue Director de Asuntos Regionales para el Embajador Itinerante de Antiterrorismo de los Estados Unidos, cargo en que formuló y puso en práctica las normas de cooperación antiterrorista de los Estados Unidos".
Terence Todman fue el virrey, James Cheek el lobbista y Lino Gutiérrez el vendedor frustrado del ALCA. Wayne, defensor de las multis, ¿será también el espía para tratar de romper el Mercosur y separar a Argentina de Venezuela?

Fuente: Diario La Arena