“El Estado nos permite resistir la actual crisis global”

Entrevista a Ricardo Aronskind por Julián Blejmar
A diferencia de muchos de sus colegas, Ricardo Aronskind no soslaya el contexto global a la hora de hablar de la situación económica argentina. No es para menos, si se tiene en cuenta que luego de obtener su licenciatura en Economía por la UBA, cursó una maestría en estudios internacionales por la Flacso, para luego, desde la Universidad Nacional de General Sarmiento, coordinar el Programa de Seguimiento de la Crisis del Orden Mundial. Por eso, en la entrevista que mantuvo con Miradas al Sur, hizo referencia a la actual situación mundial para explicar el período de estancamiento por el que está atravesando la economía argentina. Según señaló “la incidencia global es hoy muy importante, hay que tener en cuenta que el índice de precios de las commodities llegó al mismo valor del 2002, es decir, al año previo a la llegada de los Kirchner al gobierno.

Pero además, la situación es mala en toda América latina, ya nadie elogia el desempeño de otras economías de la región que tienen crecimiento bajo o nulo, y menos aún de Brasil, nuestro gran socio comercial. Y esto es porque se va difundiendo a todo el planeta la crisis originada en 2008, ya que si bien China fue un gran escudo para América latina, ese país también acusó impacto y está en un proceso de búsqueda de cambios, que puede llevar adelante gracias a que tiene mucho control estatal sobre la economía. En este contexto, nuestro país se está manteniendo bastante bien, en gran medida gracias a la intervención del Estado, que permite mantener el nivel actual de actividad económica, la cual sin este impulso público ya hubiese caído”.

–¿Qué margen hay para prolongar en el tiempo esta intervención estatal?

–Estamos en un momento de déficit fiscal importante, que en su momento habrá que tratar de controlar y eventualmente revertir, pero trabajando sobre la actual gestión impositiva y sobre la estructura impositiva, lo cual significa mejorar mucho cómo se está cobrando y principalmente a quiénes se les está cobrando, porque hoy los excedentes que se apropian los sectores más ricos de la sociedad se fugan al exterior. Todo lo que se pueda captar de ese sector es bienvenido, porque en vez de parar en Suiza va a quedarse acá, posibilitando más obra pública y asistencia social. Si se sostiene una recaudación importante, no hay necesidad de tocar, en tanto continúe la crisis internacional, este gasto público, que es lo que nos mantiene a flote.

–¿Qué razones endógenas observa para el actual estancamiento de la economía?

–No es fácil desligar el contexto internacional, la merma de compras de Brasil a nuestra industria automotriz repercutió muchísimo a nivel interno. Las causas específicamente internas las veo en la actual especulación cambiaria, esta idea que les ronda a muchos de que es mejor apostar a una devaluación que invertir en producción. Y en las expectativas que genera la clase dominante, muy permeable hacia los sectores medios. Acá también hay una responsabilidad del propio empresariado, que en muchos casos aumenta los precios por sobre lo necesario, restándole capacidad de consumo a la población.

–De todas formas criticó en parte la industrialización durante la era kirchnerista…

–Es que el Gobierno siguió las ideas que gran parte del propio sector empresario tiene sobre la industria. Para estos empresarios, el horizonte es muy corto, y se creen con el derecho a reclamarle al Estado sin dar nada a cambio, o dando muy poco. Ahí hubo algo que fue mal pensado desde un principio, porque se dio apoyo estatal de forma general, sin fijar cláusulas a cambio, bajo la idea liberal de que la propia dinámica del sector privado los iba a llevar a progresar, a desarrollar tecnología y a volverse más competitivos. Y lo cierto es que casi nunca fue así, suele ser el Estado el que impulsa el de­sarrollo, el que induce los saltos y mejoras en la competitividad. De todas formas, estoy seguro de que en el equipo del ministro Axel Kicillof hay cosas más claras, pero le tocó llegar al gobierno en una etapa de gran crisis. Si hubiéramos arrancado con una gestión económica con la mentalidad de Kicillof, hoy estaríamos en un lugar más interesante.

–En términos de herencia, ¿cómo evalúa la gestión económica del kirchnerismo?

–La distribución del ingreso mejoró un poco y generó un mercado capaz de absorber producción y dar empleo, lo cual nos favoreció a todos. Esa defensa del salario y el mercado interno también se pudo ver en la lucha contra los acuerdos de libre comercio, el rol de Argentina fue muy importante contra el ALCA y más recientemente en defender a América del Sur de un tratado de libre comercio con la Unión Europea. También fueron muy importantes las iniciativas contra la fuga de capitales, un problema grave y endémico de la Argentina. Y rompió tabúes, como que el Estado no puede intervenir de forma eficiente en la economía, porque ahí vemos los trenes, YPF o Aerolíneas Argentinas. Por eso fue importante haber cambiado la cabeza de la sociedad argentina, que estaba muy atravesada por el neoliberalismo. Pero hay temas cualitativos no resueltos, como la no reversión del monocultivo sojero, pese al intento con la 125. Y en la industria, está la necesidad de hacer políticas específicas para los sectores industriales interesantes, que vienen demostrando una dinámica creativa, de generación de empleo y capacidad exportadora, en vez de apoyar a todo el mundo, incluso a las multinacionales. Y avanzar también en la idea de que el Estado tiene que tener más empresas productivas, como Invap, porque el impulso solo a los privados esconde el riesgo de que después de su crecimiento terminen siendo adquiridos por multinacionales.

–Otro tema que muchos mencionan es el nivel de pobreza que va a quedar, el cual estudios serios ubican en una tasa alta, cercana al 20% de la población. ¿Por qué cree que no se pudo avanzar más en este punto?

–Bueno, ahí hay todo un tejido productivo, industrial y comercial precario, y hay muchísimas pymes semilegales, pagando sueldos en negro, en condiciones muy precarias, y la verdad es que la recuperación del capitalismo argentino no dio más que para esto. No dio para generar un nuevo tejido productivo moderno. Ahí sí está haciendo falta mucha inversión, mucha orientación del Estado, también en políticas sociales, porque si bien hubo una gran inversión social, se deberían haber pensado políticas sociales multidimensionales, no exclusivamente basadas en los ingresos sino también en darle mayores herramientas a un segmento de la población degradado por décadas de neoliberalismo.

–Yendo a futuro, de ser electo Daniel Scioli, ¿cómo imagina la orientación que podrían darle a la economía sus dos consultores más cercanos, Miguel Bein y Mario Blejer?

–A Bein lo observé durante todos estos años y ha sido el consultor privado más sensato, más acertado en sus pronósticos, más prudente y que menos contribuyó a crear climas de desaliento, generalmente acertando en sus previsiones. No me parece de ninguna forma un transformador, pero tampoco es un cuadro neoliberal, y creo que en un gobierno con las características del de Scioli, un ministro como él no me parecería mal, porque conoce la economía argentina y no es un aventurero ni un salvaje. Blejer es un hombre que tiene conocimientos financieros, y yo no pondría a un financista a dirigir la economía argentina.

–¿Y en el caso de que sea gobierno Mauricio Macri?

–Bueno, Macri dijo que el mismo 11 de diciembre libera las restricciones a la compra de dólares, eso ya habla de la calidad de consejos que está recibiendo. Decir eso es de un salvajismo y de una irresponsabilidad supremos. Hay economistas que lo rodean que dicen que el dólar tiene que estar a 16 o 18 pesos, y lo que están diciendo es que van a mover todos los precios de la economía, lo que en nuestra experiencia significa mover sobre todo el salario. Creo de hecho que su principal caballito de batalla es que hay que bajar el salario en dólares, y para eso hay que romper las resistencias a esta baja del salario, creando las condiciones para que no haya oposición, y para eso hay que generar una combinación de hiperinflación y desem­pleo. Pero por ahora los veo en un nivel de chantada, ignorancia y superficialidad enorme.

–De todas formas Bein también dio cuenta de la fuerte suba en dólares que experimentó el salario…

–No creo que se pueda hablar en general, habría que ver en qué sectores, en qué actividades. Por ejemplo, en el caso de las multinacionales o en automotrices con tecnología casi de punta, en la Argentina los salarios son pésimos en relación con lo que pagan esas mismas compañías en otros países. Por eso creo que cuando los economistas del PRO lo plantean así, generalizado, ellos piensan, en el fondo, que tiene que caer el salario.

Miradas al Sur - 26 de julio de 2015