Cuando los generales protestan

Alberto Piris Fuente: UCM, Ctro. De Colaboraciones solidarias.

Una peculiaridad de EEUU es que nunca los militares han puesto en un aprieto a los gobernantes insinuando la posibilidad de un golpe de Estado para influir en las decisiones adoptadas por éstos. Nada hay más ajeno a la cultura cívico-militar del país y a sus tradiciones históricas. Lo que nada tiene que ver, por otra parte, con el nacimiento y el descomunal desarrollo del llamado complejo militar-industrial que un famoso general -Eisenhower- denunció públicamente al concluir su mandato presidencial en 1961. Ni tampoco con la hegemonía que la política de defensa tiene en EEUU y el favorable tratamiento que recibe en las asignaciones presupuestarias. Ambos aspectos cuentan con el apoyo democrático de la población y no obedecen a presiones institucionales.

Son muy pocos los países que pueden alardear de semejante neutralidad militar pública en las cuestiones políticas. Un columnista de la prensa estadounidense recordaba lo sucedido en EEUU cuando el general MacArthur fue destituido en 1951 tras sus discrepancias con el presidente Truman con motivo de la estrategia a seguir en la guerra de Corea. Ni siquiera cuando regresó a Washington para pronunciar ante el Congreso un discurso en descargo de la insubordinación de la que se le acusaba, se adoptó ninguna medida precautoria ante lo que, en otros países, podía haber sido la mecha que iniciara un movimiento militar apoyado en el populismo de un general relevante. Ni aumentó la presencia policial en las calles ni se puso en alerta ninguna unidad militar.

Últimamente las cosas no parecen marchar por el mismo camino y han sido frecuentes las críticas de algunos altos mandos militares, ya retirados, contra el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y contra la política de EEUU en Iraq desde la invasión del 2003. Probablemente nunca se había conocido tal abundancia de declaraciones contra un secretario de Defensa, con el país en estado de guerra, pidiendo su destitución inmediata, lo que ha activado las señales de alarma en el Pentágono y en la Casa Blanca.

El propio Rumsfeld ha intentado quitar importancia al asunto diciendo que si tuviera que molestarse en escuchar lo que dice o escribe cada general o almirante retirado que pide su dimisión "el asunto parecería un tiovivo".

Ninguno de los críticos pone en tela de juicio el control civil de las fuerzas armadas, ni siquiera la legalidad y la necesidad de la invasión y ocupación de Iraq. El denominador común de esas manifestaciones de crítica y repudio de la acción de Rumsfeld es que desoyó el asesoramiento profesional de los altos mandos militares en el modo de desarrollar las operaciones. "Quiso reinventar la guerra y la estrategia, y lo que planeó fue un conjunto de errores que condujeron al actual fracaso", manifestaba un general retirado.

La revista Time reproducía las declaraciones de un teniente general que ha desempeñado cargos de alta responsabilidad en el Pentágono: "la implicación de nuestros ejércitos en esta guerra se llevó a cabo con una despreocupación y una jactancia típicas de los que nunca han tenido que ejecutar esas misiones ni enterrar sus resultados". La frase está cargada de significado cuando la cifra de bajas militares aumenta día a día y ni los medios de comunicación más adictos a Bush pueden ocultar la inexperiencia militar de los dirigentes políticos de Washington.

El presidente Bush encontró un cómodo destino en la Guardia Nacional de Alabama durante la guerra de Vietnam, y el vicepresidente Cheney es famoso por haber justificado su inhibición en ese conflicto con la excusa de que "tenía otras prioridades". De ahí que la crítica de muchos militares profesionales, que conocen la guerra por haberla vivido, hacia los dirigentes políticos que "con despreocupación y jactancia" deciden sobre la paz y la guerra, empiece a hacer mella en el sentir de la opinión pública en EEUU.

Si a esto se une la sensación de "ira y desesperación", públicamente atribuida a los dirigentes de EEUU por el Gobierno de Irán, la situación no puede ser hoy más confusa en Washington. Varios diarios de prestigio se han hecho eco de esta cuestión, mostrando su preocupación por las decisiones que puedan adoptar "personas muy frustradas, irritadas y psicológicamente heridas" (The Boston Glob). Preocupación que se extiende a cualquier rincón del planeta, visto el caos que EEUU está construyendo metódicamente en Oriente Próximo.
* General de Artillería en la Reserva. Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)