Cómo evaluar la C&T

Eduardo N. Dvorkin
En un artículo publicado en la edición de La Nación del último domingo se evalúa negativamente la política nacional en ciencia y tecnología utilizando como métricas para dicha evaluación la cantidad de patentes producidas y la inversión privada en desarrollos innovativos. En nuestra opinión ambas métricas utilizadas son erradas para evaluar la eficiencia de una política de C&T en la Argentina.

Un tema relacionado con los desarrollos tecnológicos y que constituye una preocupación permanente por sus implicancias para el progreso económico y el bienestar es el tema de la innovación productiva. Sin embargo, deberemos precisar con certeza a qué nos estamos refiriendo con el concepto innovación, que varía de acuerdo con el contexto en el que es empleado.

En Ciencia, por ejemplo, el concepto es el de innovación absoluta: es hacer lo que nadie hizo antes, eso y sólo eso es innovación, hacer algo diferente y obviamente válido. Si intentamos publicar en un journal científico de prestigio algo que alguien ya hizo antes vamos a recibir un rechazo de parte de los referís.

Hay tecnologías que tienen el mismo criterio sobre la innovación que la Ciencia, son las que llamamos “tecnologías de punta”. La industria de la computación y la biotecnología constituyen ejemplos típicos. En la época en la que los EE.UU. y la URSS volcaron sus esfuerzos nacionales en la competencia por poner el primer hombre en la Luna, ambos países intentaban hacer algo que el otro no hubiese hecho antes, cada paso adelante en esa competencia constituía una innovación en sentido absoluto, en el sentido de la innovación científica. La industria armamentista durante la Guerra Fría fue un ejemplo similar y hoy en día las empresas líderes de producción de computadoras y teléfonos celulares compiten entre sí lanzando al mercado productos que constituyen innovaciones absolutas.

En las tecnologías menos nerviosas (por ejemplo, siderurgia, maquinarias de construcción, maquinaria agrícola), el concepto es el de innovación local. Existe un proceso de innovación local, mediante el cual una empresa que no fabricaba un determinado producto o no prestaba un determinado servicio empieza a hacerlo, lo que constituye una innovación en el medio productivo de referencia independientemente de que en el mundo o en el mismo país hubiese otras empresas que ya produjesen el producto o prestasen el servicio en cuestión.

En nuestro país, el esfuerzo innovativo, el esfuerzo por desarrollar conocimientos y aplicarlos en el sector productivo está generalmente ligado a la sustitución de importaciones o a la exportación de industrias menos cercanas a la frontera tecnológica. Por lo tanto, la innovación es de tipo local. Esto obviamente no se contradice con la alta calidad del aporte científico necesario para desa-rrollar localmente estas tecnologías.

Un tema significativo es el aseguramiento de derechos exclusivos sobre desarrollos innovativos sólo por un tiempo limitado, considerando que todo nuevo desarrollo o invento está apoyado sobre conocimientos desarrollados históricamente por la sociedad y que son de acceso irrestricto, de ahí la concesión de derechos de propiedad intelectual por tiempo limitado como reconocimiento del conocimiento social preexistente.

Por otro lado, para asegurar el funcionamiento de la economía la concesión de derechos de propiedad intelectual por tiempo ilimitado podría producir un estancamiento en la creación de tecnología y por lo tanto de su continuo progreso. Este razonamiento parte de la visión de que al tener los derechos de propiedad sobre nuevos desarrollos fecha de vencimiento, la carrera por la obtención de las ganancias extraordinarias que proporciona un derecho de explotación exclusivo sobre nuevos desarrollos patentados impulsa fuertemente la concreción de esos nuevos desarrollos.

Resulta claro que las patentes están normalmente ligadas a la innovación absoluta y no a la que hemos denominado innovación local. Por lo tanto, consideramos que utilizar la métrica de la cantidad de patentes para evaluar la eficiencia de la política de C&T en la Argentina es errado.

Si sólo se evalúa la inversión privada en desarrollos innovativos se deja afuera de la evaluación a la creciente participación del sector público en desarrollos altamente innovativos: producción de satélites, desarrollo y exportación de radares y centrales nucleares para investigación y usos medicinales, la epopeya tecnológica de la finalización de Atucha II sin apoyo externo y el desarrollo de un lanzador satelital con tecnología propia quedan así afuera de la evaluación. La creación y puesta en funcionamiento de YTEC (YPF+Conicet) que por primera vez liga formalmente a la investigación científica con la producción queda también afuera de la evaluación. De más está decir que en todos los casos mencionados el impulso estatal dio lugar a la existencia de redes de pymes que participan de los proyectos mencionados y se fortalecen participando en proyectos innovativos. Resulta claro que al evaluar la eficiencia de las políticas de C&T se comete un error conceptual si no se consideran las innovaciones de las empresas estatales. Para finalizar, es necesario evaluar periódicamente las políticas de C&T (o cualquier otra política) para mejorar continuamente su eficiencia, pero las métricas correctas deben ser utilizadas.

Página/12 - 17 de septiembre de 2013