A cinco años del desmoronamiento de un gobierno

Dr. Salvador María Lozada* - Especial para IADE-Realidad Económica

Se han cumplido en este mes de diciembre los acontecimientos que terminaron con la presidencia del Dr. Fernando de la Rúa, inventada a fines del siglo pasado por la UCR y el Frepaso de Carlos Álvarez y Graciela Fernández Mejide. Ha habido algunos recordatorios. Acaso, sin embargo no se ha enfatizado en ellos suficientemente el feroz ataque a la propiedad pequeña y mediana que desencadenó en gran parte la reacción colectiva.

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*Abogado y Doctor en derecho. Actual Presidente del IADE.

Se han cumplido en este mes de diciembre los acontecimientos que terminaron con la presidencia del Dr. Fernando de la Rúa, inventada a fines del siglo pasado por la UCR y el Frepaso de Carlos Alvarez y Graciela Fernández Meijide.

Ha habido algunos recordatorios. Acaso, sin embargo no se ha enfatizado en ellos suficientemente el feroz ataque a la propiedad pequeña y mediana que desencadenó en gran parte la reacción colectiva.

La formidable crisis financiera y moral argentina, había culminado con la privación del derecho de propiedad sobre los depósitos bancarios (medianos y pequeños ahorros, porque los grandes fueron oportunamente advertidos y pudieron escapar). Se trató de una confiscación claramente violatoria de derechos consagrados en las convenciones internacionales de Derechos Humanos, la universal y la americana, y de normas no menos manifiestas de la Constitución nacional. Debe uno preguntarse: ¿Si así trata el neoliberalismo a la propiedad de los medianos y pequeños, qué otros ataques le esperan a las otras libertades y derechos fundamentales, aun más sensibles, sobre todo cuando esa dominación ideológica, que no termina de irse, se vea amenazada y no quiera abandonar del todo el campo. De algo de esto hablaban entonces los homicidios en Avellaneda.

CAPITALISMO FINANCIERO CONTRA PROPIEDAD

Ahora bien, la confiscación, burda y osadamente inconstitucional y constitutiva de responsabilidad internacional del Estado argentino por causa de esas convenciones pisoteadas, sólo fue posible gracias a un portentoso acompañamiento mediático. Se aplicaron deslizamientos semánticos al por mayor, sutiles ocultaciones, y maliciosas distorsiones de la verdad. De ese modo se neutralizó a todos los no inmediatamente afectados por la confiscación privada de los depósitos, haciéndoles olvidar que toda la sociedad quedaba dañada y cautiva de esa inmovilización.

En primer lugar se ocultó que estaba en juego un derecho, el de propiedad, paradójicamente el mismo que en la versión capitalista – la gran propiedad - esos mismos medios exaltan con vociferación aparatosa y grandilocuente. Sin embargo, toda la propiedad – no sólo la gran propiedad - está en el corazón del contrato de depósito cuya regulación en el Código Civil ordena al depositario “restituir la misma e idéntica cosa”, lo cual en el caso de los bancos, se trata de la misma e idéntica cantidad y calidad de moneda. De modo que no debía sorprender que los depositantes privados de su propiedad acudieran a la salvaguarda de ese derecho humano y fundamental, en la forma que las dos convenciones se lo indican a través de un recurso “efectivo” como dice la universal (art.8), y al mismo tiempo un recurso “sencillo y rápido”, como dice la convención americana( art.25). En la Argentina eso se llama acción de amparo o acción sumarísima, así se trate de demandar al Estado o a los bancos incursos en retención indebida de la propiedad de otros. Pero he aquí que un notorio columnista del diario más tradicional de Buenos Aires se empeñó en vilipendiar con encono a los jueces que cumplían con su obvio deber de proteger el derecho de propiedad de medianos y pequeños ahorristas. Empezó a denostarlos como jueces de pluma fácil y ligera, sin advertir que es lo que quiere precisamente la convención americana con su exigencia de un “recurso sencillo y RAPIDO”. Enseguida, los acusó de demagogos. Una curiosa y admirable demagogia ésta de rescatar el derecho de propiedad escamoteado por los bancos que han contado con la complicidad de un Banco Central que, de órgano de control había terminado en esos años en mero instrumento del FMI en el apañamiento de los privilegios de la banca extranjera. La ya mentada vestal del capitalismo salvaje llegó a su cúspide difamatoria con un triste dislate y enorme despropósito: ”Los jueces han desvalijado a los bancos”. Lo cual clarifica en mucho las partes relativas de ignorancia supina y de militante mala fe conceptual en esta campaña mediática contra la justicia y la propiedad de quienes no son grandes propietarios acumulativos. Porque en realidad, el sentido de estas palabras mentirosas quiere decir esto: si los pequeños o medianos propietarios son desvalijados por un gran propietario financiero, un banco, los jueces deben quedar paralizados por el sólo hecho de que el desvalijado es pobre o medianamente pobre y el violador del derecho de propiedad, es rico y poderoso y puede quedarse con la propiedad del pobre. Claramente, que los jueces puedan desvalijar a los bancos con sus sentencias justas, protectoras del derecho humano de propiedad, cuando los bancos han ayudado a desvalijar al país, era un pensamiento que el escriba no podía disimular demasiado.

DESLIZAMIENTOS SEMANTICOS EUFEMISMOS Y OTROS ENGAÑOS

A la confiscación de la propiedad, para disimular su intrínseca maldad, se le dio en llamar “corralito”, un diminutivo cariñoso, que en muchos padres evoca el tiempo en que sus hijos eran niños y empezaban a caminar en un rectángulo de madera leve y piso muelle. Pero, la privación de la propiedad de los ahorros es un siniestro campo de concentración, una cárcel de alta seguridad, de la cual los dineros sólo serán devueltos por la acción justiciera de los jueces.
La sucesión de estos actos de justicia ha sido codificada como “goteo”, una desvalorización que remite a deficiencias de plomería doméstica, algo evocador tal vez de los ámbitos menos glamorosos de la vida cotidiana, bien opuesto a la noble ejecución de lo justo en la sociedad.
En el mismo diario antes citado, en la primera página de la edición del 8 de julio de 2002 se podía leer esta perla de deslizamiento semántico: ”La continuidad de los amparos amenaza con desarmar el plan monetario”.

Imaginemos cómo puede ser ese plan monetario que resulta incompatible con los actos de justicia que restauran el derecho de propiedad: un maravilloso plan monetario que se desarma cuando entra en contacto con el derecho de propiedad. La explicación es que cuando aquel columnista y ese diario hablan de propiedad se refieren solo a la otra propiedad, la gran propiedad, de la cual la inmensa mayoría de la población está excluida. Por lo cual cabe observar que esta presión ideológica neoliberal sobre los medios pone en cuestión la univocidad de la noción de “propiedad”, como lo hace con la expresión seguridad jurídica. De hecho, propone, no demasiado sutilmente, que hay dos propiedades y dos seguridades jurídicas. Y huelga señalar cuales son esas dos categorías.

Hay otros deslizamientos semánticos que provienen de afuera.
En algún momento de esos penosos meses del 2002 el general Colin Powel, hombre más prudente en la guerra que en el discurso, dijo rotundamente, sin matices: “En la Argentina hay corrupción judicial”.
Obviamente, no se refería a la Corte Suprema y a su muy dudosa ejecutoria. Era la prolongación del paradigma “Los jueces han desvalijado a los bancos” por el que se quiere castigar a los que impiden que el mundo financiero se quede con los dineros de los ahorristas argentinos, quienes serian insuficientemente indemnizados con bonos pagados por esos mismos ahorristas despojados en su condición de contribuyentes.

Otro deslizamiento se produce cuando se suponía que el senador-presidente escuchaba los consejos del economista Carbonetto y a través de él los lineamientos del Plan Fénix. Los corresponsales de New York y Washington empezaron a descargar los calificativos de falta de liderazgo. Tan pronto quedó en claro que el presidente interino no haría otra cosa sino esperar con mansedumbre ovina una imaginaria e ilusoria “ayuda” del FMI, ese calificativo desapareció: había recuperado la “leadership”, condición que se tiene sólo cuando se está dispuesto a ignorar el bien común nacional y se adopta con fidelidad el lugar de dependencia que se atribuye desde el centro hegemónico. El gobierno argentino de los años 90 se había adelantado en esta posición con la voz del Ing. Guido Di Tella , funcionario expresivo como pocos de esa década, al proclamar “las relaciones carnales con los E.E.U.U.”, algo que con razón Carlos Fuentes interpretó, como la primera vez en la historia de la América Latina en que un ministro de relaciones exteriores ofrecía a su patria en sometimiento sodomítico(1).

¿EL FUTURO DEL PASADO?

En diciembre del 2001 aconteció una revolución republicana, popular y pacífica. Quiso ser detenida a balazos y el gobierno en fuga no pudo hacerlo. Se abrió así un nuevo tiempo que el Partido Único del Poder, hijo del Pacto de Olivos y de los intereses corporativos del estamento partidocrático, fue ahogando en estos tristes meses de arrastrado servilismo al condicionamiento externo. La inacción, la ausencia de ideas y de coraje, la falta de confianza en el país y en los que tienen planes para una superación de la fatídica década pasada, nos fue colocando en una situación cuya manifestación más grave, la aguda inequidad del ingreso, no termina de desaparecer.

La descomunal desocupación producida por las políticas neoliberales que también culminaba entonces, configuró una dilatada masa confusa de indigentes, susceptible de ser articulada, con respetables excepciones, como en los años 30 en Alemania, en un Lupenproletariat, socio complementario de un alto poder financiero y de una usurocracia desinteresada de las libertades públicas y del orden republicano. A diferencia de los comienzos del Tercer Reich, ahora la notable capacidad televisiva de frivolizar la realidad y de descerebrar a sus espectadores al haberse expandido a límites increíbles, puede hacer en pocos meses lo que a Hitler le costó algunos años. La inclinación a lo que se ha llamado la “tinelización” de todo lo que toca ese medio degradatorio, sin dificultad se combina con unos mediatizadotes populistas, con quienes se mezclan la euforia de espectáculo, la mediocridad complaciente, la vulgaridad cloacal, la confusión ideológica y la contradicción política, todo típicamente lunpen. Esto ha derivado en una creciente dominación a través de formas brutales de clientelización de la vida político-electoral, de la que no está claro cómo ha de salir la Argentina contemporánea.

(1) Sobre un esperpéntico homenaje al Ing. Di Tella, ver la notable carta del embajador Dr. Miguel Angel Espeche Gil en “Criterio” N° 2272, VI/2002, pag.256.