La economía política de Trump

 

Durante la campaña electoral el candidato republicano mostró su capacidad para mantenerse en el terreno de la ambigüedad, sobre todo en el plano de la política macroeconómica. Pero el 20 de enero Donald Trump tomará posesión y el análisis de las medidas que adoptará en materia fiscal, monetaria y comercial es necesario.

G-20: trabajar para hacerse irrelevante

 

El comunicado de la reunión del G-20 el pasado fin de semana en Hangzhou, China, es algo anodino. Eso es explicable por la agenda superficial del grupo frente a los desafíos que afronta la economía mundial. Y, por supuesto, también se debe a la composición disfuncional del G-20. Las tensiones políticas y comerciales entre Washington, Moscú y Pekín son ya demasiado fuertes como para permitir que el cónclave desemboque en algo constructivo.

Brexit

Los ciudadanos –cada vez menos- creen todavía que sus respectivos países son gobernados por medio de sus representantes (que en realidad –cualquiera sea su color político- representan puntualmente al poder económico).

Pero esos mismos ciudadanos hace ya tiempo que mayoritariamente no se tragan la píldora de que las instituciones de la Unión Europea los representan de alguna manera y que se ocupan de la construcción de una Europa solidaria, democrática y social.

Esa es la interpretación que cabe hacer del resultado del plebiscito favorable al Brexit.

Janet Yellen y la economía de EE UU

En diciembre pasado, la Reserva Federal decidió elevar su tasa de interés política por primera vez desde la Gran Recesión. En ese momento, la Fed creía que la economía de Estados Unidos estaba empezando a crecer a una velocidad lo suficientemente rápida como para absorber todos los parados y crear las condiciones para el aumento de la demanda y de los precios. Janet Yellen, la directora de la Reserva Federal explicó que la economía de Estados Unidos "está en el buen camino de la mejora sostenible." Y "tenemos confianza en la economía de Estados Unidos".

"Una ‘tormenta perfecta’ de desigualdad en el horizonte"

Branko Milanovic [entrevistado por Felipe Ossa para la revista New York] ha pasado decenas de años estudiando la desigualdad de rentas. A lo largo de la mayor parte de sus veinte años como economista jefe del Banco Mundial, afirma, “ni siquiera la palabra desigualdad era políticamente aceptable, porque parecía algo salvaje o socialista o lo que sea”. Eso empezó a cambiar hace unos pocos años, gracias en parte a Milanovic, que ayudó a introducir El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, en el mundo anglosajón con una crítica de veinte páginas que recibió amplia difusión antes de su publicación en los EE.UU. en 2014. Desde entonces, la desigualdad se ha convertido en palabra de moda, y en cuestión central en la campaña presidencial norteamericana.