“EL CAMPO” y los “OTROS CAMPOS” en Argentina. ¿Qué quieren y para qué?

Lo agrario y lo rural es mucho más que la producción y exportación de algunos granos, como nos quieren hacer creer los grandes medios de comunicación y sus anunciantes; tiene que ver con la tierra, el agua y el trabajo, con nuestros alimentos y salud, con nuestra vida presente y futura. Por eso consideramos una obligación de la Universidad Pública contribuir a una mejor comprensión de lo que sucede en el agro, sus consecuencias, sus causas y los temas a enfrentar.

La soja en Argentina (1990-2013): cambios en la cadena de valor y nueva articulación de los actores sociales

 

La actividad agropecuaria pampeana y extra-pampeana vive desde hace dos décadas cambios estructurales que permitieron aumentar la producción de granos, y conseguir de esa manera excedentes exportables en un contexto de precios internacionales elevados. Esto permitió mejorar el ingreso de divisas al país y alejar, momentaneamente, la restricción externa, fenómeno históricamente muy ligado a los deteriorios de los términos de intercambio.

Precios cuidados

Aunque no se tiene el conocimiento exacto, sí se puede inferir sin riesgos de equivocación que la estructura de costos y precios en la Argentina actual es sumamente ventajosa para las grandes empresas, todas operan con márgenes de ganancia mayor a cualquier otra plaza del mundo, y ésa es la verdadera ventaja comparativa de nuestro país para el gran capital, que hace que, por ejemplo, mantengan su valor los títulos públicos y privados, tanto en el mercado interno como en el exterior.

El costo de vida

En la teoría económica, el principal componente del costo de la vida son los alimentos, es más, los economistas llamados clásicos (Adam Smith, David Ricardo, James Stuart Mill, y otros) hablaban de la ley de bronce del salario que es el valor de los alimentos, por eso, por ejemplo, David Ricardo igualaba al salario al costo del trigo, e infería que si se bajaba el costo del trigo (alimento) podrían bajar los salarios, que era la base para hacer un país industrial transfiriendo recursos de la tierra y del trabajo.

Pero para la Argentina la situación fue distinta. En primer lugar no somos un país pobre, al contrario, pero sí se tiene una injusta distribución y apropiación de lo que se produce, eso explica, por ejemplo, que produciendo granos por más de 100 millones de toneladas por año, capaz de alimentar más de 400 millones de personas, siendo un poco más de 40 millones de habitantes, tenemos parte de la población que no consume los alimentos necesarios para vivir.

¿La agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo?

La población mundial, se calcula, llegará en 2050 a los 9.600 millones de habitantes, según un informe de las Naciones Unidas. Lo que significa, 2.400 millones más de bocas que alimentar. Ante estas cifras, se extiende un discurso oficial que afirma que para dar de comer a tantísimas personas es imprescindible producir más. Sin embargo, es necesario preguntarnos: ¿Hoy falta comida? ¿Se cultiva bastante para toda la humanidad?

Actualmente, en el mundo, "se producen alimentos suficientes para dar de comer hasta 12 mil millones de personas, según datos de la FAO", afirmaba Jean Ziegler, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación entre los años 2000 y 2008.

El alimento es una mercancía

La economía mundial está regida por mercados cada vez más globalizados donde los “valores” se mueven con objetivos que poco se corresponde con el desarrollo humano; la tierra, el agua, los combustibles, los minerales, las armas y los alimentos son parte de similar lógica.

Crece la oferta mundial de alimentos y se magnifica la especulación con los precios para su producción y consumo, mientras casi 1000 millones de personas sufren hambre y desnutrición; a esta “crisis” alimentaria se suma a la crisis financiera post 2008, la crisis energética y la Climática Global. Una profunda e inédita crisis -la mayor en la historia del capitalismo mundial- que abarca todos y cada uno de los ámbitos de la economía y la cultura, la alimentación, el trabajo, el ambiente, la política, la ética, las instituciones. Una “crisis civilizatoria”, para algunos pensadores.