Verdad científica y responsabilidad política en el uso de transgénicos

Juan Carlos Pavoni * (Especial sitio IADE-RE) | El autor realiza un análisis para abordar el vínculo entre organizaciones sociales, gobiernos, empresas e instituciones de investigación al momento de discutir la utilización de productos transgénicos en distintos ámbitos.

En el sitio IADE de la segunda quincena de febrero se publicó el artículo “Un regalo de año nuevo lunar en China”, distribuido por ALAI, en el cual se informa que en la provincia de Heinlongjian, principal productora de granos de China, se prohibirá la producción y venta de cultivos transgénicos y el suministro de sus semillas, a partir del 1º de mayo de 2017.

El trabajo, muy interesante, por cierto, se suma a los cientos (quizá miles) conocidos sobre este tan controvertido tema de los OGM. No es éste esencialmente diferente a los anteriores, excepto que emerge desde una potencia mundial gran productora/consumidora de productos derivados del agro. Siempre se me ocurre pensar lo mismo: la verdad oscila entre los argumentos de los unos y los otros, pero el incontrastable valor de los argumentos científicos, no aparece por este lado y si están, no han sido expuestos con contundencia en la esfera pública, o si lo fueron, no han podido ser instalados.

Mi opinión, de no más que un simple observador de la realidad y analista en soledad de los aspectos políticos/económicos que se mueven en torno de la utilización de los transgénicos, es que no se puede cuestionar la transgenia en general porque ello se vuelve abstracto.

La biología molecular constituyó un importante salto cualitativo en ciertas técnicas inherente a la producción farmacéutica-ganadera-agrícola. Su utilización comercial dio un impulso fenomenal a la industria farmacéutica primero y luego desde ese primer escalón, a la “industria” semillera. Mientras ello ocurría, las instituciones de control de los gobiernos, fueron cooptados para permitir el rápido desarrollo de los negocios. Como ocurre siempre, la resistencia desde los usuarios, demoró un largo tiempo para estructurarse y aún continúa sin contar con un adecuado soporte de la investigación pública, que demuestre, crucialmente, el daño que producen los transgénicos (inadecuada denominación abarcativa de muy diferentes productos de esta inventiva humana, sin considerar las particularidades dentro de ellos) en la salud humana y los ecosistemas productivos.

No me caben dudas de que así como ciertos OGM deberían ser prohibidos bajo la aplicación del principio precautorio, entre ellos los patentados por Monsanto, existen otros, tal como los desarrollados en Cuba y en nuestro país (son solo casos que yo conozco) por imperio de la investigación biotecnológica, que utilizando la misma técnica de producción de transgénicos, son inocuos para el ambiente y la salud humana.

Concluyo pensando que sólo implementando investigaciones paralelas en el espacio de las instituciones oficiales, respaldadas por el consenso público de las instituciones sociales involucradas con la defensa de la salud humana y la conservación del ambiente, podrá encontrar el punto en el que la verdad científica y la responsabilidad política, respalden la viabilidad o no de cada uno de los OGM considerados en particular.

 

* Cátedra Libre de Estudios Agrarios "Ing. Horacio Giberti"