Una cuestión de soberanía

Mario Rapoport *
Mario Rapoport reseña el último libro de Federico Bernal, obra que aborda los principales debates que atravesaron el espacio económico en estos años. Es un aporte oportuno frente al actual escenario electoral.

La cuestión energética en la Argentina es de larga data. Federico Bernal, es el autor de un esclarecedor, informado e interesante libro Crítica al neoliberalismo argentino y sus atentados desinformativos, dedicado fundamentalmente al tema de referencia, como así también al de los fondos buitre, al de la construcción y lanzamiento de los satélites Arsat I y II, a la cuestión del campo, la nuclear y a muchos más que hoy se hayan en plena discusión. En él reúne ensayos y artículos publicados en los últimos tiempos en distintos medios, con la particularidad de que con el problema energético se siente personalmente identificado.

Su bisabuelo Enrique Hermitte en 1907, junto a un equipo de trabajo de la dirección que explotaba el petróleo en Comodoro Rivadavia, descubrió y estudió las primeras muestras de este requerido recurso. El oro negro ha producido ya en el mundo todo tipo de agresiones e invasiones a los países que disponen de él y numerosos conflictos bélicos, como el más reciente en Irak y todavía suscita la apetencias de las grandes potencias, por eso actualmente se habla de una segunda guerra fría originada por las políticas que sigue Estados Unidos en países de Medio Oriente y Asia que disponen de ese elemento en abundancia, produciendo así nuevas situaciones conflictivas en un mundo amenazado que cumple el octavo año de crisis desde el 2008.

Lo que es lamentable es el desprecio a la soberanía argentina que se ha tenido en el pasado y que se repite permanentemente sobre este material estratégico. Desde los primeros hallazgos de petróleo en el país, fuerzas hostiles procuraron obstaculizar la producción local. Primero fueron los ingleses directamente desde Londres y especialmente a través de sus socios empresariales y mediáticos, una actitud normal por parte de sectores de poder presuntamente nativos que son los ancestros de los que hoy nos acosan.

En aquella oportunidad por descubrimientos que podían competir con el carbón vegetal que venía de Gran Bretaña y, más adelante, como parte del conjunto de intereses de compañías anglosajones ahora repartidos entre Inglaterra y Estados Unidos, siempre con el eco favorable de esos voceros antinacionales. Su fin era el de impedir el desarrollo de una industria propia y el de apoderarse directamente de ese recurso o privilegiar sus propias compañías que lo proveían. John D. Rockefeller, el magnate del petróleo norteamericano ya lo dijo claramente: “La competencia es un pecado, por eso procedemos a eliminarla”. Una lección clara para nuestros propagandistas del librecambio.

En verdad, esto lo saben bien los economistas cuya tarea es de jugar siempre de visitantes, oponiéndose a la nacionalización de YPF, a favor de los fondos buitre y así de seguido. En el tema energético Bernal señala especialmente a Alieto Guadagni, Jorge La Peña y Daniel Montamat

Remontándose a los orígenes históricos de quienes promueven ese tipo de pensamiento el autor da un protagonismo totalmente justificado a Bartolomé Mitre, porque fue el más lúcido de los políticos conservadores argentinos del pasado al crear un diario que con el tiempo resultó el bastión de esos intereses, ayudado ahora por el toque de clarín de los actuales sostenedores del neoliberalismo. Entre los más notorios economistas enrolados en esta línea Bernal da el ejemplo de Federico Sturzenegger, que trabajó en YPF y fue un defensor de la convertibilidad y de la dolarización. Sturzenegger señalaba que la soberanía argentina, en el caso del petróleo, puede resultar linda pero no barata, dado el monto que había que pagarle a Repsol por la expropiación de la empresa. Y Bernal destruye esas apreciaciones con una frase precisa “es lógico que quienes privatizaron para endeudar, y luego endeudaron para endeudar, rechacen un endeudamiento para renacionalizar, máxime cuando la expropiación resultó en un convenio de solución amistosa”. Frase que se aplica hoy mismo a aquellos economistas que plantean pagarle a los fondos buitres todo lo que piden, una parte sustancial de nuestras reservas. Lo que desean es terminar con la política de desendeudamiento que no les reporta beneficios, al contrario de las comisiones suculentas y negocios turbios del endeudamiento externo y la convertibilidad, donde ellos ocuparon cargos oficiales, desde la dictadura militar hasta Menem y De la Rúa. Fueron los máximos responsables de la crisis del 2001 y, como sabemos, se llevaron anticipadamente para ellos o para las empresas que representaban las ganancias correspondientes.

No sólo les basta a estos señores con criticar a YPF, a la que pueden reprivatizar si llegan al poder, también están en contra de tener una tecnología propia, como la iniciativa de los satélites Arsat. Citando a Esteban Echeverría, Bernal señala: “La soberanía es el acto más grande y solemne de la razón de un pueblo libre, ¿cómo podrán concurrir a ese acto los que no conocen su importancia?”. Yo diría más directamente que la conocen muy bien por eso se le oponen, sólo que no responden a los intereses del país, ven las cosas con un largavista desde Washington. No era el caso de ilustres estadistas como Luis María Drago, que en 1902 ante al ataque de barcos europeos frente a los puertos de Venezuela para cobrarse deudas impagas, expuso claramente que toda inversión o financiamiento extranjero debía estar sujeto a la jurisdicción de los países en los cuales se realizaba. El tema de la soberanía jurídica es hoy clave en el mundo moderno, no sólo porque los gobiernos neoliberales vendieron nuestros principales activos, incluyendo YPF, sino porque también lo hicieron con nuestra soberanía jurídica. Esto fue lo que permitió la existencia de los fondos buitre, un caso más de piratería, que salvando la distancia en el tiempo y los medios es similar a la toma de las Malvinas.

Sin petróleo y tecnología propia, sin el manejo de nuestra soberanía jurídica, con una apertura irrestricta que destruiría la industria nacional y una megadevaluación sólo puede garantizarse para el futuro, si estos sectores vuelven al poder, digo vuelven y no llegan porque no representan ningún cambio sino la vuelta al pasado, esas políticas llevaron a crisis de 2001. La fantasía de volver a los años ’90, además de errada, se estrella con la realidad de la crisis mundial y con la amenaza de una suba de las tasas de interés, lo mismo que la propuesta de una apertura completa de la economía y de defensa del libre comercio. El libro de Federico Bernal es un toque de alerta que viene en el momento preciso para que la mayoría de los argentinos pueda entender los dilemas del país más allá de la desinformación mediática en un momento crucial para el futuro de los argentinos

* Profesor emérito de la UBA.

Suplemento CASH de Página/12 - 15 de noviembre de 2015