Río+20: trampa cazabobos

Alex Fergusson
A escasos días para la realización de la Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río+20), en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, lo primero que salta a la vista es el “síndrome de los hechos cumplidos”. Quienes crean que todavía es posible intervenir en la modificación de los documentos y tesis que serán “discutidos” en su seno, están totalmente equivocados. Ya todo está acordado, el documento final ya fue elaborado y durante la Conferencia, solo se oirán discursos y habrá una aprobación final. Al respecto, preocupa ignorar cual es la posición oficial de Venezuela ante el tema central del evento que consiste en el nuevo concepto de la “economía verde”. En tal sentido solo conozco la valiente “Declaración del Parlamento Latinoamericano Hacia Río+20” que fuera aprobada recientemente y por unanimidad, a solicitud del Grupo Parlamentario Venezolano que preside la Dip. Ana Elisa Osorio.

No hay mucho que hacer, pues, frente a los resultados previsibles de esta Conferencia, salvo levantar la voz de protesta y apoyar con firmeza la realización de la “Cumbre de los Pueblos” que tendrá lugar en la misma ciudad, casi al mismo tiempo, y que se perfila como un gran espacio crítico, contra-hegemónico y contra-corriente ante esa trampa cazabobos que es la Conferencia Mundial Río+20.

Esto suena, más bien, a “economía verde”; y es que el concepto elude cínicamente el problema de que las causas del deterioro ambiental, la pérdida de diversidad biológica, el agotamiento de los recursos, la contaminación y, por supuesto, de la inequidad, del hambre y de la pobreza en el mundo, radican en un modelo socio-económico, cultural y político basado en la rentabilidad y la concentración de poder en la grandes corporaciones y empresas trasnacionales.

Esta IEV se parece mucho a un intento para extender la vida del modelo tecno-económico imperante, pues con ella se pretende hacer sustentable un modelo de desarrollo que está dando signos evidentes de agotamiento.

El documento que se aprobará en la Conferencia, reconoce que el modelo económico actual es inadecuado en la medida en que no incorpora el costo de la “externalidades”, y con ello, el impacto ambiental y social de los procesos productivos. Sin embargo, incapaces de una mirada autocrítica, lo que plantean es “pintar de verde al modelo”; en su estrecho horizonte conceptual no pueden concebir la posibilidad de existencia de otras formas de relación entre los seres humanos y el entorno natural que les sirve de soporte de vida; tampoco son capaces de explorar el significado e importancia de otros modos culturales, como los basados en el reconocimiento de la unidad humano-ambiente y de los derechos de la naturaleza. No, lo que nos proponen y aprobarán, es la incorporación de esos “otros factores”en el frío cálculo de una “nueva” economía.

En consecuencia lo que debemos esperar en el futuro inmediato es un conjunto de presiones, desde los centros de poder, a favor de un proceso de superación de los obstáculos y resistencias a la plena mercantilización de la naturaleza, pues, para el buen funcionamiento del mercado, todo, y dije todo, debe tener un precio.

No obstante, el documento a ser aprobado, se cuida mucho de guardar las apariencias y crea una suerte de “ficción” de un mundo de fantasía que, bajo el concepto de economía verde, no operará con bases a los intereses de las corporaciones y trasnacionales y de los centros de poder, sino sobre las posibilidades de construcción de consensos que “beneficien a todos”, sin importar que vivan bajo economías de Estado o de Mercado.

Afortunadamente, los movimientos sociales y ambientales que operan hoy en todo el mundo y que se reunirán en la “Cumbre de los Pueblos” del 15 al 23 de junio en Río de Janeiro, tienen el asunto claro, y es poco probable que se dejen embaucar con las falsas promesas de esa trampa cazabobos que es la economía verde.

Revista Online ALAI, América Latina en Movimiento - 4 de junio del 2012