Represión y “milagro” económico

Carlos Sprei
Como calcado de otros golpes militares pasados y por venir en América latina, los militares brasileños establecieron un régimen apoyado en la represión y la anulación de los derechos humanos, políticos y sociales para garantizar un orden económico basado en las recetas del FMI y los centros financieros extranacionales.

Desaparecer un cuerpo es más efectivo que la muerte porque causa incertidumbre en el enemigo … la muerte se olvida, el desaparecido, desestabiliza, genera una expectativa eterna… no me arrepiento de nada, lo puedo volver a hacer nuevamente, tengo 76 años, soy coronel reformado y estoy apto para dar instrucción a los más jóvenes”.

Estas declaraciones fueron dadas el último domingo 16 de marzo al diario carioca O Globo, por el coronel reformado Paulo Malhaes, responsable por el traslado final del cuerpo del ex diputado Rubens Paiva secuestrado en enero de 1971 en su casa, en Río de Janeiro. Sus restos mortales después de ser salvajemente torturado y muerto en dependencias del ejército, fueron arrojados por este coronel desde una lancha al mar.

Mientras las clases media y alta disfrutaban de la fiesta del consumo, la dictadura torturaba, mataba y desaparecía personas. Solamente a partir de 2012 con la instalación de las Comisiones de la Verdad impulsadas por el gobierno Dilma, comienzan a emerger a la superficie las actividades y métodos de los comandos militares que reivindican a la luz del día sus asesinatos y la desaparición de personas. La ley de amnistía general e irrestricta de 1979, que sentó las bases para el retorno democrático, ampara sus actos y confesiones, las cuales no son punibles. Hay memoria y verdad pero no justicia. ¿Cuál es el verdadero alcance de la confesión de un agente de un Estado Terrorista que practicó crímenes cuando no hay expectativas de enjuiciamiento, pedidos de perdón o arrepentimiento? Caberá a la sociedad dirimir estas memorias, qué hacer con ellas y decidir sobre estos sentidos en pugna.

La cuenta de la dictadura no sorprende pero impacta. Censura previa durante 15 años a la prensa, la TV y a las manifestaciones culturales; 4.862 mandatos políticos impugnados, más de diez mil torturados, 1.202 sindicatos intervenidos, 49 jueces expurgados, millares de exiliados, 5.000 condenados por las leyes militares, 400 muertos y 144 desaparecidos.

La marca de los 50 años del golpe provocó un edificante proceso en marcha. Surgen del anonimato centenas de voces trayendo del olvido las huellas más profundas y dolorosas del período. Un proceso digno y edificante. La memoria del oscurantismo busca su lugar.

Jango vuelve a Brasilia. Tuvieron que pasar 49 años para que Brasil pudiese homenajear al presidente depuesto por el Golpe, Joao Goulart, conocido como Jango. El 14 de noviembre de 2013, en la base aérea de Brasilia, en una emotiva ceremonia, sus restos mortales aterrizaron definitivamente en la capital del país. El acto fue conducido por la presidente Dilma Rouseff con la presencia de la familia Goulart. Para destacar, la venia militar de los jefes de las tres armas, al saludar el paso del féretro del hombre que expulsaron del poder en 31 de marzo del ’64. Jango falleció en 1976 a los 57 años de edad de un presumido ataque al corazón, en su exilio de Argentina. Ahora, sus restos mortales sufrirán una pericia internacional que buscará elucidar las verdaderas causas de su muerte, que se supone ocurrió por envenenamiento en el marco de la operación Cóndor. La cronología del tiempo se rinde para las efemérides. Son instancias donde se define qué se recuerda, cómo se recuerda y por qué se recuerda.

Renombrados intelectuales, actores políticos, entidades de defensa de los derechos humanos e sociedad civil se proponen discutir y elucidar, en varios eventos, cómo se recorrió ese camino. El llamado “milagro económico brasileño”, perído comprendido entre 1968 y 1973, cuando el PIB creció a una tasa media anual del 10,4%, es central para comprender un antes y el después de todo este proceso dictatorial.

Pra Frente Brasil!!! (slogan publicitario de la dictadura ). La dictadura brasileña fue un proceso complejo, extenso y desigual. Resulta tentador caer en un reduccionismo fácil, tratarla como un sistema extraño a la sociedad que se apoderó de la nación. Sus peores valores continúan vigentes en la conciencia de un país que tiene más ricos que España y Portugal juntos y millones de pobres aplastados por la desigualdad, la herencia social esclavista y la violencia como práctica de resolución de conflictos. El primer período dictatorial es conocido como el de una dictadura blanda (1964-1968); sus metas iniciales consistieron en frenar la inflación, que era del orden del 200% anual, e implantar las necesarias reformas institucionales y jurídicas para el país ingresar al club neoliberal de la época.

La receta fue la de siempre. Congelar salarios, cortar el gasto público, contención del crédito, fin de estabilidad del empleo público. Intervención militar a los sindicatos. Fin de paritarias. Flexibilización del sistema financiero y garantía de remesas de lucros para las multinacionales. Pero la economía estaba frenada. La recesión monetarista mostraba su peor cara. Por su vez, los movimientos sociales y políticos, con los estudiantes a la cabeza, sumados al surgimiento de las organizaciones político-militares, no le daban tregua a la dictadura. El régimen se derechizó y entre 1968 y 1974 comienza el período conocido como los años de plomo. La dictadura estaba consciente que se le imponían urgentes cambios económicos. Resurge el pragmatismo brasileño y se cambió la orientación económica. En 1967 asume como nuevo ministro de economía Delfim Netto, un economista que iba al encuentro de las tradiciones corporativistas más arraigadas en el país. Se anuncian políticas de substitución de las importaciones, pero de esta vez con un Estado activo que dirige y financia el desarrollo, en lo que se dio a llamar “la industrialización dirigida por el Estado”.

El milagro económico Brasileño: Ámelo o déjelo. América latina se ha visto casi siempre a sí misma en función de su articulación con la economía mundial. La habilidad del nuevo ministro consistió exactamente en subirse a la onda expansiva del comercio mundial que por aquellos tiempos crecía a un ritmo del 18% anual. Y que también coincidía con un momento histórico de disponibilidad abundante de capitales para financiar inversiones. Delfim Netto corta intereses, subsidia exportaciones, amplía el crédito y en la práctica revoca la gestión anterior. El capitalismo brasileño comenzó a avanzar a pasos de gigante para aprovechar ese momento. Una expansión que tuvo como destaque la industria automotriz, la de electrónicos, la construcción civil y bienes de consumo popular. Fue un período de cambios substanciales, cuantitativos y cualitativos. Se creó la industria petroquímica, se impulsó la siderúrgica y la prospección de petróleo en plataformas offshore. Se implantó el complejo hidroeléctrico/energético (Itaipu y otros) para proveer de energía la expansión de la industria. Se subsidió la importación de bienes de capital, para fomentar la producción y exportación de manufacturas con mayor valor agregado. El endurecimiento político fue enmascarado por el milagro económico. Nacía el slogan del dictador Garrastazu Medici que sería la marca de estos años: “Brasil, ame-o ou dexie-o”. O en una traducción simple, al que no le gusta, que se vaya.

Solitario, triste y final. La primera crisis del petróleo en octubre de 1973 le puso un punto final al “milagro brasileño”. La impresionante deuda externa que financió esta fiesta pasó de US$2.623 millones de dólares en 1964 a US$ 87.580 millones de dólares en 1982. Una pesada herencia para la democracia y una hipoteca para los sueños de los años futuros. La cuenta, dos moratorias y la mayor deuda externa del mundo. Las consecuencias, decenas de programas de ajuste del FMI para poder refinanciar el déficit en la balanza de pagos con más recesión y desempleo. La dictadura sedujo corazones y mentes, y también bolsillos. Creó más de 560 empresas públicas y mixtas. Con críticas a regañadientes, la burocracia civil y servil estaba orgullosa de la modernización del país y de su nuevo status social. Todos estos sectores fueron tributarios del proceso y constituyeron la base de sus apoyos, de un desarrollo alimentado por el apetito insaciable de una burguesía oportunista, hábil, banal y cínica.

Los sentidos sobre la naturaleza de este período divergen, el manto de las conquistas económicas logradas es utilizado por muchos sectores como una justificativa por las violencias practicadas. Es la economía, estúpido, diría el ex presidente Bill Clinton.

La contracara: Como los empresarios financiaron los grupos de exterminio. El ciudadano Henning Boilesen era un dinamarqués naturalizado brasileño. En 1969 era presidente de la empresa Ultragaz. El periodista brasileño Elio Gaspari, en una serie de libros de su autoría sobre La Dictadura, relata que en 1969, el ministro del milagro económico, Delfim Netto, impulsó la primera reunión del grupo OBAN (Operación Bandeirantes), una organización represiva financiada directamente por los dueños del capital, sin lazos formales con el Estado, pero dirigida por policiales y militares. Con estos recursos empresariales se montó un centro privado de investigaciones y torturas con el objetivo de aniquilar a los militantes de las organizaciones de izquierda y los sindicalistas que combatían el régimen militar. Está documentada la presencia de los principales ejecutivos de la Ford, General Motors, bancos y constructoras en las reuniones semanales de informes y captación de fondos de la OBAN. El dinamarqués, su coordinador, era un anticomunista perverso, tenía un placer sádico en participar activamente de las sesiones de tortura. Era fanfarrón y contaba públicamente sus experiencias. Fue ejecutado por una acción militar conjunta de los grupos de izquierda ALN (Alianza Libertadora Nacional) y El Movimiento Revolucionario Tiradentes (MRT) en las calles de San Pablo el 15 de abril de 1971. Los ministros Roberto Campos y Delfim Netto, los padres de las reformas y del Milagro Económico, estaban en la primera fila durante su entierro. Boilesen era amigo de pecho de ambos.

Un Presente inesperado. Las memorias de la dictadura condicionan el presente y moldan el futuro. Son fragmentos de vidrio incrustados en el día a día de la Nación. De nada sirve romper el espejo retrovisor. Más chances tendrán en reaparecer las tendencias autoritarias cuanto más la sociedad silencie sobre ellas o finja ignorarlas. No hay como liberarse de estos traumas si se apaga la llama de la denuncia y el atropello. La dictadura herró su marca en el cuerpo de la sociedad. Sus sombras acosan al futuro.

En 1964, por lo tanto, hace medio siglo, nadie podría imaginar que de un modo pacífico, a través de procesos electorales disputados con libertad y transparencia, un obrero líder de un sindicato de oposición a la dictadura y una mujer ex guerrillera serían electos democráticamente para ejercer la presidencia de Brasil. Una revolución silenciosa, anónima, le está cambiando la cara al país. A pesar del enorme esfuerzo de estos líderes, Brasil continúa siendo un país extremadamente desigual e injusto. Los nuevos programas de inclusión social y distribución de renta, donde se contemplan posibilidades reales de políticas compensatorias para los más pobres de la pirámide social, permiten guiñarle un ojo al futuro. Los trágicos destinos de Paiva, Jango y Boilesen son metáforas de referencia de un pasado que busca sus verdades y qué hacer con ellas.

Miradas al Sur - 30 de marzo de 2014