"Permitir el monopolio y la concentración de medios es suicida en América Latina"

Entrevista a Eugenio Zaffaroni
La revista "Las patas en la fuente" publicó una extensa entrevista a Eugenio Zaffaroni, quien acaba de renunciar a la Corte Suprema de Justicia, luego de haber cumplido 75 años. En la charla aborda diferentes temas, desde la denominada "democratización de la Justicia" hasta el arduo debate sobre la ley de Medios.

"Que distintos recursos judiciales puedan parar la vigencia de una ley durante cuatro años para finalmente declararla constitucional es un baldón para la justicia".

- El fortalecimiento de la militancia juvenil fue uno de los hechos más importantes en la década pasada ¿Cómo piensan la mayor inserción de las nuevas generaciones en la política?

Eugenio Zaffaroni: El escepticismo frente a la política es siempre una respuesta antidemocrática. Hoy muchos intentan volver a la anti-política y unos cuantos políticos hacen lo imposible con su conducta pública para que esa apuesta tenga éxito. El compromiso político y social de los jóvenes es el dique de contención contra la anti-política y la gran esperanza de que la política levante su puntería. Hay una cuestión que es preocupante y la juventud se da cuenta. En la política argentina no existen límites y se tira con todo. Puede tirarse con las Malvinas, la deuda externa y la soberanía del país. La intervención de las generaciones jóvenes puede modificar sustancialmente esa cultura de tirarnos con todo. Desde mi punto de vista, este resultado es un poco institucional. El presidencialismo tiene esa lógica. El que gana por un voto se lleva todo y el otro, como no tiene nada, sólo intenta ponerle palos en la rueda a su contrincante.

Discutir la justicia

- Cada vez más voces plantean la necesidad de una democratización del poder judicial ¿Qué avances concretos se han realizado en estos últimos diez años en materia de reforma de la justicia? ¿Cuáles son los retrocesos y las deudas pendientes en este debate?

E.Z: La democratización del poder judicial es una expresión. El asunto es qué contenido tiene. La justicia nunca va a ser democrática en el sentido de un poder que emane del pueblo. Hablar en esos términos es muy peligroso. El poder judicial básicamente tiene que estar integrado por técnicos. Pero los técnicos no son ascéticos, tienen políticas e ideas. La técnica es una herramienta, nunca una finalidad en sí misma. El problema es cómo podemos construir un poder judicial plural que esté comprometido con los intereses de las mayorías. Una justicia que sea consciente de la estratificación de la sociedad y de los derechos de aquellos que llevan la peor parte en la distribución de la renta. Este es el asunto y eso de hacer un “populacherismo” judicial no suma nada. Un tema es la estructura de la Corte Suprema de Justicia. Nuestro sistema de control de constitucionalidad es extremadamente débil. La Corte Suprema en vez de ser una corte de control constitucional conforme a la Constitución de 1853, se convirtió en una corte de casación. En este momento, son muy pocas las causas que posee por control constitucional y son muchísimas las de criterios jurisprudencial. Después existe otro tipo de problemas como el acceso a la justicia. Mantenemos una cultura judicial muy escriturista en distintas materias. Debemos instrumentar la justicia barrial de pequeñas causas y reemplazar el hueco que dejó el viejo juez de paz. Además de todo esto, necesitamos una tarea de formación docente en las universidades. Existe un movimiento mundial para volver a degradar al derecho a una simple técnica y preparar abogados como meros tramitadores. No podemos seguir formando gente con una ideología tecnocrática. Hay que enseñar una técnica que esté comprometida con objetivos. En el fondo, existe una polarización clara sobre qué tipo de sociedad queremos: una inclusiva o una excluyente. En una sociedad estratificada, debemos estar comprometidos con los que llevan la peor parte y extender derechos a los que no tienen.

Memoria, verdad y justicia

- ¿Qué evaluación hacen de las políticas de memoria, verdad y justicia que llevó adelante el Estado desde la asunción de Néstor Kirchner? ¿Consideran importante profundizar los juicios a los responsables civiles de la última dictadura militar?

E.Z: Es incuestionable que hemos pasado momentos muy complicados desde la dictadura hasta hace diez años. Esta última década es sumamente positiva porque las heridas no hay que cerrarlas en falso. Hoy nos encontramos con un problema bastante grave que no es de la justicia, pero alguien lo va a tener que resolver. Lo cronológico no se puede parar y tenemos la cárcel llena de viejos. Es un problema práctico: la cárcel y su personal no están preparados para personas mayores. Pero de cualquier manera creo que es más importante el proceso que la pena. Argentina dio un paso fundamental en esto, como ningún otro país. Ahora están todos enamorados de Sudáfrica. Hay que parar un poco la mano. Sudáfrica salió como pudo, pero el modelo y los resultados no son los mejores. Las comisiones por la verdad no funcionaron mucho. La única alternativa que existe es la justicia penal con todas las limitaciones que tiene. Los responsables civiles hasta ahora han quedado afuera por la selectividad propia del sistema penal. Pero lo que hemos hecho nosotros no tiene precedentes. En ningún país del mundo se hizo, ni siquiera en la Europa del genocidio. Los alemanes, fuera de los tribunales que montaron las fuerzas de ocupación, hicieron muy poco y reciclaron a todos los que habían sido participes. Alemania nunca se hizo cargo de un juez de la época nazi. Lo nuestro es único y ha sido altamente positivo, no sólo para la Argentina, sino para toda la región: Brasil no consiguió hacerlo, Chile lo hace con retraso y ni hablar de lo que está pasando en México.

La democratización de la palabra

- ¿Cómo evalúan el recorrido y la actualidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual a cinco años de su sanción?

E.Z: La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual tuvo un recorrido lamentable por la forma en que se enredó en la justicia. Eso demostró los defectos del aparato judicial. Que distintos recursos judiciales puedan parar la vigencia de una ley durante cuatro años para finalmente declararla constitucional es un baldón para la justicia. Es un costo que está demostrando cierta patología institucional. Ahora habrá que ver cómo funciona la ley en la actualidad. Permitir el oligopolio, el monopolio y la concentración de medios es suicida en América Latina y en el mundo. Vemos la manipulación de la opinión pública con Rede Globo en Brasil y Televisa en México. Lo que ha pasado en Iguala es la punta de un iceberg. Francamente es terrorífica la situación regional. Los medios concentrados siempre juegan para la sociedad excluyente porque son parte de la oligarquía financiera internacional. No tienen un acuerdo, son ellos directamente. Permitir esto no es sólo dejar funcionar un monopolio. Para un país pluriétnico como Argentina, es ir directamente en contra de nuestra riqueza cultural. La concentración mediática fomenta una igualación en el peor sentido de la palabra, al producir una homogeneización de la cultura. Los grandes medios de comunicación son un suicidio cultural. Debemos garantizar el pluralismo con cualquier normativa que sea. No sólo como una defensa contra la manipulación política, sino por una protección de nuestra identidad cultural.

- ¿Cómo influyen los medios concentrados a la hora de definir los temas que se asocian a las demandas de inseguridad? ¿Qué evaluación hacen de la discusión mediática entre “mano dura” y “garantismo”?

E.Z: Los políticos se montan sobre la agenda que marcan los medios concentrados por oportunismo o por miedo. En una sociedad mediática, se concibe a la ley penal como un medio para mandar un mensaje. Pero lamentablemente ese tipo de leyes se hacen para meter gente presa. Finalmente nos queda una legislación penal que es un montón de telegramas viejos. Nunca hemos vivido un mayor caos legislativo y todo esto no tiene efectos sobre la seguridad. La delincuencia sube o baja independientemente de eso que no tiene nada que ver. Si defendés un proyecto de sociedad excluyente, necesitás controlar a los excluidos. Una forma de controlarlos es la prisionización. La verdadera dimensión política del poder punitivo no es prisionizar. La verdadera dimensión política es controlar a los que estamos sueltos. En la actualidad, saben más los otros de vos que uno mismo. La sociedad de control que se viene es el verdadero problema político. El celular es la cadena de perro electrónica con el que todo el mundo sabe dónde estás. Todo esto lo aceptamos de buen grado y mientras nos vigilan con más cámaras de seguridad estamos contentos. Los índices de violencia criminal en este momento no son altos en relación a la región. Uruguay, Argentina y Chile poseen índices de homicidios bajos. Los países que menos tienen son los europeos y Canadá. Si a la ciudad de Buenos Aires le quitás la media luna sur donde se concentran las villas, el índice de homicidio es casi como Europa. Los NN y los homicidios no esclarecidos se concentran en las villas. Daría la impresión que existen víctimas de primera y víctimas de segunda.

Deudas pendientes

-¿Consideran a la violencia institucional como una de las asignaturas pendientes de la democracia argentina? ¿Por qué los casos que salen a la luz están relacionados al accionar de la policía y a jóvenes de sectores populares? ¿Es necesaria una reforma de las fuerzas de seguridad?

E.Z: La gran deuda que tenemos es repensar las fuerzas policiales. Nos seguimos manejando con el modelo rivadaviano de policía que no es muy democrático porque surgió en el momento que cerraron los cabildos. La policía que tenemos proviene de un proyecto colonialista y funciona a modo de ejército de ocupación territorial. Nosotros copiamos la constitución de EE.UU. pero nunca la policía de condado. Necesitamos una policía de inserción comunitaria que esté bien paga y tenga los mismos derechos que cualquier trabajador, fundamentalmente el de sindicalización. No el derecho de huelga porque ningún servicio público de primera necesidad puede tenerlo. Pero sí es necesario un derecho de sindicalización que le permita discutir horizontalmente las condiciones laborales. Hay una resistencia de las cúpulas policiales porque la recaudación de las cajas funciona como una pirámide invertida. Se recauda desde abajo, pero se reparte casi todo arriba. La sindicalización por lo menos va a poner en discusión el reparto de las cajas. Todo esto está íntimamente relacionado a los casos de gatillo fácil y a otras ineficacias de prevención de determinados delitos ¿Puede haber trata sin cobertura policial? No se necesita mandar al FBI, la CIA y al Scotland Yard para saber que existen mujeres drogadas dentro de prostíbulos. Este tipo de delitos son imposibles sin la cobertura policial. Algo está fallando en prevención porque existen cajas.

- ¿Cómo debería reconstruirse la relación entre la política, la justicia y las fuerzas de seguridad? ¿Es necesario el control civil de las estructuras policiales?

E.Z: El poder policial tiene que tener una conducción civil-política y no una civil-técnica. Necesitamos reformar la estructura policial del país. Hay que distinguir nítidamente entre la policía de seguridad de calle y la policía de investigación criminal. Son dos entrenamientos distintos que no tienen nada que ver uno con el otro. La policía de seguridad de calle tendría que pasar a los municipios en gran medida, manteniendo el gobierno central o de la provincia un cuerpo para delitos complejos para intervenir cuando sea necesario. La Policía Federal tendría que convertirse en una especie de FBI para delitos complejos en el orden nacional y no ocuparse de perseguir carteristas en la Ciudad de Buenos Aires. Todos estos problemas tenemos que pensarlos bien. Tampoco podés tener macro-policías de cincuenta o sesenta mil personas. Ni San Francisco de Asís puede controlarlas. Cuanto mayor es una institución, menos controlable es. La policía no es el ejército y el error máximo que podemos cometer es pensar que se la mantiene tranquila cuando se arregla con las cúpulas. Cuando ocurre algo como lo de diciembre del año pasado y no tenés sindicatos, no sabés con quién estás hablando y a quién representa el que pide un reclamo en un momento crítico. Falta muchísimo por recorrer y es una cuenta pendiente el debate sobre la violencia institucional y la reforma de las fuerzas policiales. La discusión de fondo definitiva es si defendemos una sociedad excluyente o una incluyente.

Agencia Paco Urondo - 7 de enero de 2015