Para aflojar la soga al cuello

Alfredo Zaiat

 

El cuadro tarifario del gas es desproporcionado respecto al ingreso de los hogares. Antes había inversiones mayores que ahora y no había derroche con una tarifa más baja, porque el consumo de gas natural por red tiene una demanda inelástica. El tarifazo sólo provoca una transferencia de ingresos regresiva.

La tarifa de gas acumula un alza promedio del 400 por ciento y antes de fin de año se sumará un 40 por ciento adicional. En abril del año próximo habrá otro ajuste del 30 por ciento sobre esa base. El aumento es tan desproporcionado para los ingresos de los hogares que el gobierno dividió la factura de gas correspondiente al consumo de este invierno en cuatro cuotas. Fue la respuesta oficial en clave electoral a un nivel de la tarifa de gas impagable para el presupuesto de las familias. Esta situación se agravará con los próximos aumentos debido a que los salarios de trabajadores y haberes de jubilados no subirán en el mismo porcentaje de ese ajuste. El desquicio provocado en el cuadro tarifario reconoce dos argumentos convertidos en sentido común: el derroche de gas porque era barato y la ausencia de inversiones en el sector porque no había incentivos para las empresas por el precio recibido por el gas. Estudios rigurosos alejados de análisis rústicos e interesados descartan esas premisas que muchos repiten sujetando la soga a su cuello.  

Inversiones

En las declaraciones juradas presentadas ante el Ministerio de Energía y Minería, las petroleras tienen anotadas inversiones por 6500 millones de dólares para este año, 11 por ciento menos que los 7300 millones de 2016 y unos 2100 millones menos que los invertidos en 2015. La producción de crudo no para de disminuir desde hace un año bajando 7,8 por ciento en junio, 6,0 en mayo y 13,0 en abril en términos interanuales. La acumulada en doce meses bajó 6,4 por ciento en junio pasado. El reporte del Instituto General Mosconi destaca que se ha acelerado la caída de la producción petrolera y que se encamina a terminar el año con un saldo considerablemente menor a la de 2016. Respecto a la  producción de gas natural, ésta retrocedió 1,4 por ciento en junio interanual (el mes anterior, la caída había sido de 1,8 por ciento interanual), mientras que en los datos referentes al acumulado de los últimos doce meses el incremento fue de apenas 1,8 por ciento. El informe indica que esa tasa de crecimiento es menor a la de 2016 respecto de 2015, lo que indica que está disminuyendo la velocidad a la que se expande la producción acumulada. El último registro del Ministerio de Energía muestra una caída de 1,03 por ciento en el acumulado de los primeros ocho meses de este año.

El tarifazo que benefició el balance de las petroleras no se tradujo en más inversiones ni en aumento de la producción.

Estudio

La carencia de inversiones por el supuesto atraso de las tarifas no queda comprobada con esos datos duros. El comportamiento es el inverso: con tarifas mucho más elevadas disminuyeron las inversiones. Las señales de precios de mercado, tótem al que se inclina excitada la inmensa legión de economistas ortodoxos y heterodoxos conservadores, parece que no están funcionando para orientar las inversiones de las petroleras.

El discurso conservador acerca de la existencia de una crisis en el sector durante la etapa del “populismo energético”, repetido hasta el cansancio para defender los intereses de las compañías, expresado en ámbitos políticos y empresariales, se desmorona con la evolución sectorial en el gobierno de Cambiemos. Tarifazos que implican abultadas ganancias para las empresas estuvieron acompañados de menos inversiones, caída de la producción, aumento de las importaciones y, por consiguiente, incremento del déficit comercial energético.  

El otro argumento con el que se insistió hasta el hartazgo fue que lo que pagaban los hogares por el gas era muy poco, lo que derivaba en el despilfarro de un recurso escaso y estratégico y que, por ese motivo, había una crisis energética. El ejemplo de las piletas calefaccionadas de los ricos con gas barato cuando se necesitaba importar el fluido por su escasez relativa fue la idea más potente de confusión colectiva para lograr legitimar el tarifazo. 

Será difícil de aceptar cuando han repetido durante tanto tiempo esa falacia, pero no había crisis energética ni derroche en la utilización de gas de los hogares. Ni el consumo se define por el nivel de las tarifas, desmintiendo el postulado que dice que un precio más alto obligará a un uso más eficiente del gas. Estas ideas fueron difundidas con mucha intensidad y se convirtieron en verdades absolutas. Pero no es así.   

Para quienes se animen a desafiar el sentido común dominante en materia de las tarifas energéticas, un estudio de reciente publicación ofrece una ventana de aire puro. Pedro Chévez, Carlos Discoli e Irene Martini, publicaron en “Realidad Económica” N°308, de junio pasado, “El consumo de gas natural por red. Análisis territorial y temporal”. En ese trabajo, que contó con el soporte económico de una beca doctoral otorgada por el Conicet, se plantea un análisis cuantitativo de datos referentes al consumo de gas natural por red en el sector residencial, considerando las diferencias territoriales respecto del uso de la energía y la evolución de la demanda por usuario durante los últimos años. Utiliza datos de consumo promedio por usuario de gas natural de cada una de las provincias y datos climáticos para comprender la interacción entre ambas variables. Analiza la trayectoria del consumo por usuario en los últimos años analizando sus vínculos con la variación en las tarifas y el salario real. 

El valor de esta investigación reside en que la gran mayoría de los estudios académicos y técnicos analizan la problemática energética nacional desde el punto de vista de la oferta (empresas) y no desde la demanda (consumidores). El trabajo de la troika de investigadores esta basado en la utilización de las siguientes variables: el consumo promedio por usuario del período 1993-2009  e información climática de la ciudad más poblada de cada una de las provincias (los grados día de calefacción en base a 20° centígrados promedios del período 1980/2009). El uso de ambas series temporales muy extensas permite desestimar variaciones ocasionadas por años con climas particulares y los resultados obtenidos presentan un alto grado de correlación.

El saldo de la investigación es obvio pero esclarecedor debido a la alteración del sentido común en este tema: la demanda de gas natural por cada grado día (temperatura) es superior en las provincias más frías y que la demanda es inelástica respecto de los cambios tarifarios y el nivel de ingreso. Esto último significa que la utilización de gas no sube o disminuye según el valor de la tarifa y el monto de los ingresos de los hogares.

Clima

Es interesante conocer cómo Chévez,  Discoli y Martini alcanzaron esa conclusión con rigurosidad analítica, precisión estadística y seriedad expositiva. Explican que el consumo de gas natural demuestra una clara incidencia del factor climático y en consecuencia una relación directa con la ubicación geográfica. Dicen que es posible detectar que los consumos se incrementan proporcionalmente a medida que las provincias se ubican en latitudes más australes, por lo tanto, las provincias con mayor demanda por usuario son las patagónicas. Para analizar estos patrones e intentar obtener mayores precisiones acerca del consumo de gas natural, realizaron un gráfico de dispersión con el consumo promedio anual por usuario para cada provincia y los grados día de calefacción sobre 20°c de la ciudad más poblada. A partir de los datos del gráfico de dispersión, elaboraron regresiones matemáticas de distinto tipo (lineal, polinómica, exponencial), encontrando que la lineal es la que mejor grado de ajuste logra. En consecuencia, el resultado obtenido fue que el consumo promedio por usuario es directamente proporcional a los grados día de calefacción. Así Santa Cruz y Tierra del Fuego registran altos consumos en función del clima riguroso producto de su ubicación geográfica; en una condición intermedia se encuentran Chubut, Neuquén y Río Negro; y con necesidades inferiores en demanda de calefacción se ubican el resto de las provincias que cuentan con gas por red.

Un factor que destacan los investigadores es que la demanda con un mismo nivel de temperatura no resulta constante a lo largo del territorio, sino que se acrecienta a medida que la rigurosidad del clima es mayor. Ponen como ejemplo que el consumo promedio de gas natural por usuario por grado día en Tucumán es de 0,77 m3/Gd20, mientras que en Chubut es de 1,47 m3/Gd20. Afirman que “si bien se pueden citar casos de sobreconsumos por usos desmedidos en provincias con climas fríos, en donde las tarifas energéticas suelen ser más baratas respecto de otras provincias, no es verosímil afirmar que este comportamiento sea generalizado ni que únicamente se produzca en zonas frías”. Explican que existen diferentes variables tecnológicas y de comportamiento, que conjugadas con situaciones climáticas extremas justifican mayores consumos y que no necesariamente significan sobreconsumos adjudicables a un mal uso del recurso energético. Entre las dimensiones y variables a tener en cuenta en las provincias patagónicas mencionan la mayor permanencia en los hogares debido a las condiciones climáticas, ocasionando una mayor demanda de energía, como así también menores niveles de radiación solar y heliofanía (número de horas reales de insolación diaria), minimizando el efecto de la ganancia directa en las viviendas.

Consumo

Al analizar la evolución del consumo promedio nacional de gas por usuario entre 1993 y 2012, los investigadores señalan que para el primer año de la serie el consumo promedio por medidor era de 1246 m3/año por usuario, mientras que para el último año de la serie el consumo fue de 1312 m3/año por usuario. En 19 años el incremento del consumo fue de apenas 5,29 por ciento. Hubo años particulares con consumos superiores a los esperados, por ejemplo en el 2000 se registró una media de 1233 m3/año por usuario debido al fenómeno de “La Niña”  que determinó bajas temperaturas; y en 2007 con el registro de 1348 m3/año por usuario por la presencia de un frente polar en todo el país con nevadas inusuales en diferentes ciudades y regiones (el 9 de julio de ese año nevó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). El análisis de esos años muestra que no ha existido un crecimiento importante en el uso de gas natural residencial y que se mantiene dentro de valores que oscilan entre los 1100 y 1350 m3 anuales por usuario (variando en -8 y +12 por ciento respecto de la media del período de 1201 m3 al año).

Chévez, Discoli y Martini concluyen en base a datos objetivos y no con el indicador pileta calefaccionada en invierno de los ricos, que a nivel nacional el consumo promedio de gas natural por usuario acompañó en cierta manera la coyuntura del país sin cambios muy pronunciados. Para sentenciar “que se trata de una demanda inelástica” la de gas. 

Tarifa

Para analizar específicamente la relación de la tarifa y consumo, la investigación avanzó en el estudio de un caso, tomando la ciudad de La Plata como referencia. En 2003 la tarifa tenía un valor aproximado del 33,16 por ciento respecto a la de la década de los noventa, y continuó cayendo durante los años siguientes. Sin embargo la demanda promedio por usuario no sufrió cambios significativos. Los investigadores del Conicet afirman que esto se vio acompañado también por una mejora en el salario real de la población, cuestión que podría haber derivado en la incorporación de mayor cantidad de equipos de climatización, o en la sustitución de equipamiento individual por sistemas de calefacción central para toda la vivienda, o incluso podría haberse visto reflejado en mayores tiempos de uso del equipamiento producto de una mayor capacidad de pago del servicio.

Sin embargo, el consumo de gas natural (en la ciudad de La Plata) se mantuvo dentro de un rango estable sin claras tendencias de aceleración en el crecimiento. “Por lo tanto, en este caso, no podemos afirmar que el abaratamiento de la tarifa derive en incrementos significativos de la demanda por usuario”, señalan Chévez, Discoli  y Martini. 

Objetivo

A partir del análisis realizado de la demanda nacional de gas natural residencial, de este estudio surgen las siguientes conclusiones: 

1. Existe una relación directa entre la demanda y la condición climática de cada provincia. 

2. Hay una fuerte correlación entre los grados día de calefacción de la ciudad más poblada de cada provincia y la demanda de gas.  

3. A medida que la condición climática es más fría, el consumo de gas por grado día se incrementa proporcionalmente. 

4. La comparación entre provincias o ciudades tiene que ser cuidadosa, tanto cuando se considera el consumo promedio por usuario como así también cuando se utiliza el consumo específico (promedio por usuario por cada grado día), dado que cada condición particular determina diferentes necesidades. 

5. En el período 1993-2012, el consumo promedio por usuario no registró variaciones significativas

6. Con el cruzamiento de la información del consumo por usuario de la ciudad de La Plata con la tarifa y el salario real, en un período bastante extenso (1995-2014) para evitar sesgos, el resultado fue que no hubo bajas o subas relevantes en el uso de gas. Esto significa que el consumo de gas natural por red tiene una demanda inelástica.

Otra conclusión que no figura en la investigación pero que ésta permite inferir es que el tarifazo no fue para abordar una crisis energética sobredimensionada, para impulsar las inversiones de las petroleras, incentivar el ahorro en la utilización del gas o para educar en el consumo responsable de un bien escaso y estratégico. El tarifazo impagable del gas tiene como objetivo principal definir una extraordinaria transferencia de ingresos de los consumidores a las grandes empresas energéticas.

 

Página/12 - 8 de octubre de 2017