Milagro en tierra lusitana

Diego Pietrafesa

 

Con la llegada al gobierno del socialista Antonio Costa mediante una alianza de izquierda, comenzaron a desecharse políticas de austeridad: bajaron la desocupación y el déficit, y aumentó la actividad económica. Hasta el FMI felicita por el resultado.

No fueron las devotas plegarias a la Virgen de Fátima ni los rezos paganos a Cristiano Ronaldo: Mario Centeno, un ministro de Finanzas socialista recibido en la Universidad de Harvard, materializó lo que el Viejo Mundo llama «el milagro portugués». Se destaca lo ocurrido en la geografía lusa no solo por los logros que se manifiestan en la mayoría de sus indicadores. Más que por el camino elegido, se elogia la ruta desechada; la receta que, bajo el eufemismo de la austeridad, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional aplican a los socios más pobres de la región como salida única e inexorable.

Primero sé libre; después pide la libertad, aconsejaba en uno de sus versos el poeta mayor de Portugal, Fernando Pessoa. Le hizo caso Antonio Costa, primer ministro, también socialista, que al asumir en diciembre de 2015 se deshizo del yugo del ajuste. Aseguraba entonces que «es necesario invertir la política realizada hasta ahora para obtener otros resultados, el ajuste no ha generado riqueza». Se refería al período 2011-2014, donde se siguieron a rajatabla las órdenes externas a cambio de 78.000 millones de euros para pagar deuda. El rescate solo sació –en parte– el apetito de los organismos internacionales de crédito, pero dejó un Producto Bruto Interno con resultado negativo y la desocupación por encima del 15%.

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Revista Acción Nº 1233 - Primera quincena enero de 2018