La política en las calles

Carlos Heller

 

Durante tres días de la última semana la política nacional cambió de lugar: salió de los ámbitos cerrados donde el macrismo realiza sus convocatorias al “diálogo” y se expresó masivamente en las calles de todo el país. Se desplazó desde el anonimato de esos encuentros reservados hacia las muchedumbres retratadas en imágenes aéreas. Fueron tres días donde la política tuvo la mirada panorámica de los drones. 

Miles de docentes, miles de trabajadoras y trabajadores, miles de mujeres en manifestaciones masivas. 

Este ciclo de movilizaciones, que además da la impresión que está en sus inicios, parece poner en crisis una etapa de la Argentina reciente: la de un gobierno que llama a un diálogo de ficción mientras empuja políticas neoliberales que producen miles de nuevos pobres y desocupados. Marcaría, también, el final de un período en el que algunos dirigentes sindicales han oscilado entre una doble lealtad: hacia sus representados que quieren detener el ajuste, por un lado, y hacia el gobierno que quiere continuarlo, por el otro. En este último aspecto, no es un problema en sí la presión que ejerció Mauricio Macri sobre la cúpula de la CGT para que ésta no llame a un paro. El problema es que haya tenido éxito. 

En este marco, la demanda de los trabajadores movilizados, el último martes, parece saldar algunas discusiones. Una parte visible de ellos pidió a viva voz a sus dirigentes una fecha precisa de convocatoria a un paro general que ponga un límite al proyecto neoliberal, responsable de los despidos masivos y de los niveles de pobreza en aumento. Se desprende de allí una precisión: no se quiere una CGT unida para que acompañe o negocie con el programa neoliberal. Se la quiere para que lo enfrente. Y ello parece fijar los límites de la demanda de unidad: unidos sí, pero con un objetivo, el de enfrentar sin vacilaciones a ese proyecto neoliberal. 

¿Qué dice ante esto el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne? “Bueno, y si hay un paro qué problema hay, al día siguiente todo sigue igual”, sostiene. 

Y esto, en parte, es verdad. Porque este gobierno tiene un compromiso muy fuerte con las políticas de ajuste que viene implementando. Cuando Macri se reunió con Mariano Rajoy en España, y este último señaló “no ver otro desafío que perseverar en las decisiones”, el mandatario argentino garantizó que seguirá dando señales concretas para generar confianza tanto de cara a los argentinos como hacia los inversores extranjeros. Ante el pedido de ajuste, Macri garantizó la continuidad de las políticas de recorte. 

Incluso, con relación a otra de las grandes movilizaciones de la semana, la de los docentes, se sabe que hay más de 20 mil millones de pesos en el Presupuesto nacional para el fondo de incentivo docente que el gobierno decidió no usar. Y ello se debe a que el Fondo Monetario Internacional, a través de la revisión del artículo IV, en las recomendaciones para achicar el déficit fiscal sugiere que hay que reducir las transferencias a las provincias. Por eso no quieren la paritaria nacional, y por eso no quieren el incentivo docente. Porque cumplen con las recomendaciones del Fondo. Lo mismo pasó con el intento de modificar la fórmula para calcular las jubilaciones. Detrás estaba el Fondo Monetario afirmando que es muy alto el costo de la seguridad social en la Argentina y que es necesario bajarlo.

¿Qué dice otro ministro, en este caso Juan José Aranguren, ante las multitudinarias movilizaciones? Señala: “Si alguien quiere cambiar la política económica, primero tiene que ganar las elecciones”. 

Y tiene razón: en este sistema democrático las elecciones son un hito y marcan la continuidad o no de las políticas en curso.

Por eso el gobierno inicia el año lanzando su campaña electoral el 1° de marzo en el Parlamento. 

Por eso el gobierno insiste con el gradualismo, con posponer la parte más dura o más profunda del ajuste para luego de la contienda electoral. Primero hay que ganar las elecciones y luego ir a fondo con el ajuste, y no al revés: ir a fondo ahora con el ajuste y perder las elecciones después, porque en este último caso se dificultaría la continuidad del ajuste. 

Parecen decir: “Muchachos, no nos presionen más con apurar el ajuste, déjennos ser gradualistas ahora porque necesitamos ganar las elecciones para poder dejar de ser gradualistas después”. No podemos evitar rememorar la tristemente célebre frase: “si decía lo que iba a hacer no me votaba nadie.”

Así todo parece claro: el macrismo necesita ganar las elecciones de este año para ir a fondo luego con el ajuste. El frente opositor al macrismo necesita lo contrario: ganarlas para ponerle un límite al proyecto neoliberal. La novedad es que ya no parece haber un lugar intermedio.

En este sentido, hace un año que la CGT viene demorando el paro. Porque éste se anunció cuando se sancionó la ley antidespidos. Allí se dijo: si Macri la veta hacemos un paro. Pero Macri la vetó y el paro no se hizo. Esa decisión se fue posponiendo. Y se siguió dilatando hasta este martes, cuando parte de la ciudadanía movilizada reaccionó indignada por la omisión. 

Y esto ocurrió en una marcha que estuvo lejos de estar protagonizada exclusivamente por trabajadores. A ella se sumaron también una gran cantidad de comerciantes, pequeños empresarios y profesionales, que se dieron cuenta que su destino está íntimamente vinculado al mercado interno y que ese mercado interno está ligado al nivel de empleo, a los niveles salariales y a la restricción de las importaciones competitivas con la producción nacional.

Lo que sucedió en el acto frente al Ministerio de la Producción parece un símbolo del fin de una etapa: ya no hay lugar para estar en el medio. Esta ciudadanía en las calles demanda definiciones. O se apoya al plan neoliberal o se lo enfrenta. Y esto vale tanto para el conflicto social y las movilizaciones en el espacio público como para el próximo escenario electoral. Las movilizaciones, la política en las calles, contribuirán a que esa divisoria de aguas se haga cada vez más nítida. Y la próxima contienda electoral definirá si el gobierno obtiene legitimidad para profundizar el ajuste o un frente anti neoliberal con una clara propuesta programática adquiere la fuerza necesaria en las urnas para limitar definitivamente este modelo de ajuste. 

- Carlos Heller, Diputado nacional por el Partido Solidario.

 

Pagina/12 - 12 de marzo de 2017