La pelota hace mucho ruido

Néstor Vicente * (Especial para sitio IADE-RE) | Amor por la camiseta o avance del mercado. Documento elaborado por el Colectivo del Foro Social del Deporte.

Son tiempos de un capitalismo salvaje. Las leyes del mercado intentan avanzar hasta pintar de un solo color el mapa del mundo. El deporte, y preferentemente el fútbol no es ajeno a este embate. Es cierto que el futbol es una presa apetecible para los enamorados del lucro, pero es también a tener en cuenta que la pelota hace mucho ruido, implica poder y protagonismo, asegura gerenciar una pasión, y ese es un dato no habitual en otro tipo de productos.

Afirma Eric Hobsbawm, un pensador clave de la historia del siglo XX, que “el deporte se ha convertido en un vehículo para organizar las comunidades internamente y exponer la superioridad de algunos países sobre otros en el terreno de las disputas simbólicas”. En el mismo sentido se expresa Conrad Vilanou (2): “No hay duda de que por encima de otras posibles calificaciones, podemos considerar que el siglo XX ha sido el siglo del deporte. Con independencia de sus raíces clásicas que se remontan a la Grecia antigua, hay que decir que su recuperación se produjo en el siglo XX a través del ideario olímpico promovido por Coubertin”.

Es sanamente significativo que se ubique al deporte como un fenómeno determinante del siglo pasado omitiendo las guerras mundiales, la bomba atómica en Hiroshima y las cámaras de gas de Auschwitz.

Además, en nuestro país es posible afirmar con Ariel Scher (3) que el deporte no es la piedra fundamental sobre la que está escrita la historia argentina, pero sin el deporte esa historia seria incompleta.

Según estas definiciones podemos decir, además, que el deporte se ha consolidado como un espectáculo, un show económicamente rentable y políticamente significativo. En pueblos como el nuestro el fútbol es además políticamente atractivo porque tiene una visibilidad de niveles imprevisibles. “Macri, siempre es bueno recordarlo, es el primer presidente de la historia argentina que llego a la Casa Rosada a través de la popularidad que le dio el fútbol” (4).

En la Argentina, con un modelo casi único en el mundo, fueron los clubes con fútbol, y no exclusivamente de fútbol, los que construyeron la realidad deportiva y los artífices que en el nivel individual y colectivo nos permitieron tener enormes éxitos que fueron haciendo a nuestra identidad. Esos clubes tuvieron el modelo de las sociedades sin fines de lucro y se crearon por miles en todo el territorio. Fueron inclusivos, constructores de civilidad e incorporaron sin restricciones a todas las clases sociales.  Hicieron de la elección democrática de sus autoridades una característica indispensable y esa práctica no supo de interrupciones por la recurrente presencia de gobiernos militares que ilegítimamente tomaron el poder en el correr del siglo XX. La mujer tuvo un protagonismo que se le retaceaba en otras actividades y voto en los clubes mucho antes que en el primer gobierno de Perón se aprobara el voto femenino.

La mayoría de los clubes fueron fundados en la Argentina por jóvenes deseosos de jugar al futbol que concluyeron alentando los deportes en general. Otros tuvieron motivaciones vinculadas con las diversas corrientes migratorias que poblaron el país, y unos pocos representaron una identificación social o politica. Si bien la explosión de clubes se produjo en el siglo XX, algún antecedente del siglo anterior es digno de resaltar. El primer partido de fútbol del que se tiene alguna crónica es del 20 de junio de 1867 y fue realizado en la cancha del Buenos Aires Cricket Club y el primer club cuyo objetivo principal era jugar al fútbol fue el Club Atlético Porteño, que nace en 1895. Los fundadores eran argentinos, hijos de irlandeses, el Club participó de los campeonatos hasta el año 1929. Después comenzó a dedicarse a la práctica del rugby, deporte en el cual hasta el día de hoy se destaca.

En los antecedentes de la historia de la AFA se lo llama a Alejandro Watson “el padre de nuestro football” ya que ese escocés que llegó a Buenos Aires en 1881 para hacerse cargo del selecto colegio Saint Andrew y fundó en 1884 el Buenos Aires English High School, privilegió en ambos la práctica del fútbol y alentó la constitución de un organismo que es el antecedente más antiguo de nuestra AFA. Cuando en 1901 se decide que ningún equipo podía tener el nombre de un colegio dio nacimiento al legendario Alumni Football Club de los hermanos Brown (seis hermanos y un primo jugaron en su primera división) que obtuvo diez campeonatos entre 1900 y 1911 año en que dejó de participar en los torneos.

Así como en 1883, en Inglaterra, el Blackburn al ganar la Copa, demostró que el fútbol podía ser proletario, en 1913, en la Argentina, el Racing de Avellaneda al ganar el campeonato de ese año, comenzó la historia criolla del más popular de los deportes. Es Racing el primer campeón sin apellidos ingleses entre sus jugadores y bate un récord no igualado ya que obtiene siete campeonatos consecutivos.

Mientras tanto los clubes de barrio y los clubes que luego serían famosos por su participación en el futbol grande nacían en todos los rincones del país como un signo del deseo participativo de una sociedad que reunía en su seno las más diversas procedencias étnicas y religiosas. El modelo asociativo nunca dejo de ser, casi excluyentemente, el de las sociedades civiles sin fines de lucro.

Sobre los clubes recayó la tarea de desarrollar el deporte en todas sus disciplinas. Salvo en las primeras presidencias de Perón, en el país no hubo una política deportiva suficientemente destacable. “Perón se ocupó del deporte como nadie lo hizo antes en la Argentina desde la política y desde el poder“(5). Eduardo Archetti (6), le da contenido a esta afirmación al escribir que “esos diez años fueron ejemplares y no hubo, posteriormente, otros intentos sistemáticos de vincular al deporte con la nación a través de políticas estatales claras y articuladas”.

Esa situación dejo en los clubes la responsabilidad de sostener al deporte y hacerlo posible para importantes sectores sociales.

El deporte siempre estuvo vinculado con la política.

Cuenta Osvaldo Soriano que “la primera vez que un presidente usó al fútbol para acercarse a su pueblo” fue el 24 de junio de 1906 cuando José Figueroa Alcorta que ejercía la presidencia por el fallecimiento de Manuel Quintana se metió en el campo de juego de la Sociedad Sportiva para abrazar a uno de los hermanos Brown que acababa de convertir un gol que valdría para derrotar a un equipo sudafricano, constituyendo ese triunfo el primer éxito de un equipo argentino sobre un equipo integrado por súbditos ingleses.

El fútbol hace a la identidad nacional. Reafirmamos ese concepto porque es parte de lo que está en disputa: o defendemos que siga siendo –con los avatares propios de los tiempos- una pasión que funciona a corazón abierto o lo convertimos en otro espacio gobernado por el “poderoso caballero don dinero” (7).

“Armando Bo no sólo descubrió a Isabel Sarli como Roger Vadim a Brigitte Bardot. También fue principal protagonista de “Pelota de Trapo” película que en 1948 significó un hito en la relación entre el cine y el deporte. Armando Bo interpreta el papel de “Comeuñas”, el futbolista ídolo al que los médicos -ante una afección cardiaca- le recomiendan retirarse del fútbol. Se enfrentan Argentina y Brasil y el público reclama su presencia. En el vestuario se niegan a autorizarlo y Bo, mirando la bandera que flamea en el estadio, le dice al amigo que esta junto a él: hay muchas formas de dar la vida por la patria, y esta es una de ellas.” (8)  Es una escena exagerada, pero en la primera mitad del siglo pasado el deporte y preferentemente el fútbol funcionó como un fuerte núcleo de representación de la nacionalidad,

Ezeiza 1999: derrota del mercado

La ola privatizadora del menemismo, ni en los tiempos de auge ni en su ocaso, pudo entregar a la voracidad del mercado a los clubes, que ya eran privados, pero defendían su modelo de sociedades civiles sin fines de lucro.

Mauricio Macri, presidente de Boca trató de imponer el tema en el seno de la AFA. Su derrota fue contundente. Ocurrió “un martes 20 de julio de 1999, en el predio que la AFA posee en Ezeiza. La trascendencia de las circunstancias hizo que todo el Comité Ejecutivo, más dirigentes y representantes de diferentes clubes del ascenso, se trasladaran desde la calle Viamonte hasta el lugar de entrenamiento de las selecciones nacionales. En el orden del día se imponía el tratamiento exhaustivo de un “Plan de Modernización” de 109 hojas, encargado a la Consultora española Inmark, del que se desprendía una nueva estructuración del futbol en función de tres ejes: deportivo–financiero-institucional. Algo olía mal en el ambiente, como en la Dinamarca de Hamlet” (9). El supuesto Plan de Modernización no era otra cosa que el desembarco de las Sociedades Anónimas en los clubes de futbol. La votación fue categórica: Macri perdió 39 a 1 en su propuesta y Julio Grondona, que le había posibilitado a Macri su planteo, lo miró con su habitual estilo campechano y le dijo. “Perdimos Mauricio”.

Emilio Chebel, presidente de Lanús, fue uno de los oradores que se opusieron al proyecto de Macri. Tiempo antes, en junio del mismo año, en el auditorio de la Universidad Argentina de la Empresa, había sostenido con contundencia: "Estamos en crisis. No hay dirigencia en la Argentina que no esté sospechada. Pero vamos a seguir demostrando que podemos continuar manejándonos como sociedades civiles. Lo que hay es un déficit de política deportiva. La camiseta es el último reducto de amor de la sociedad y lo vamos a defender. Se trata de convertir un reducto de solidaridad y trabajo desinteresado en un vulgar negocio, de incorporar la ganancia como finalidad suprema de la competencia deportiva, de desterrar para siempre el espíritu asociativo arraigado en nuestra sociedad y que ha sido el sustento de tanta gloria acumulada, de la misma historia deportiva de nuestro país”(10).

El avance de las Sociedades Anónimas deportivas se intentó también en el ámbito legislativo. Carlos Stroker (11) lo sintetiza en un artículo bajo el título “Si prospera un proyecto de Ley gubernamental para privatizarlos, Clubes de futbol, verdaderas bicocas”. Dice textualmente: “El gobierno nacional quiere despedirse del poder con otra privatización y, por eso, desde distintos sectores oficiales, intentarán que se apruebe una ley que le permita a las sociedades civiles sin fines de lucro, los clubes de fútbol, transformarse en sociedades anónimas deportivas (SAD). Hay tres proyectos ya impulsados y uno en plena confección. Raúl Granillo Ocampo, ministro de Justicia, hizo el suyo; los diputados justicialistas Fernando Galmarini y Daniel Scioli presentaron uno cada uno y el senador justicialista Augusto Alasino elabora otro. Las preguntas que más se hacen los interesados son ¿cuánto cuesta un club de fútbol? y ¿quién le pone precio a un club? Es que hoy se podrían comprar 16 de los 20 clubes que disputaron el último Clausura por unos 150 millones de dólares, tal como lo determinan algunos de los proyectos. Dentro de esa cifra están incluidos Boca, River, Independiente, Racing –cuando se resuelva la quiebra–, San Lorenzo y Vélez. Pero hay un dato muy importante que los futuros compradores tendrán en cuenta, si es que se aprueba el proyecto original de Granillo Ocampo: el artículo 37 habla sobre “exención de impuestos”, un anzuelo grato para los posibles accionistas. Hace varios días, los dirigentes del fútbol argentino decidieron rechazar, por ahora, cualquier posibilidad de privatizar los clubes de fútbol, una iniciativa que impulsa desde hace tiempo el gobierno de Carlos Menem. Hasta el momento, ninguno de los proyectos de ley logró ser aprobado, pero muchos creen que la ley de privatización puede cristalizar antes del fin de año.”

Macri padece de obsesiva insistencia. El 9 de agosto de 2001 presenta en la Sala de Conferencias de Boca un proyecto de ley que denominó “para la reorganización del futbol argentino” y lo dejó en manos del ministro de Economía, Domingo Cavallo y de la ministra de Trabajo Patricia Bullrich.

Se organiza la resistencia

En ese tiempo de intentos sostenidos a favor de convertir a los clubes en entidades lucrativas, surge la resistencia organizada por dirigentes de muchos clubes. Se crea el “Foro Social del Deporte, los clubes en manos de sus socios”. Carlos Heller, Rafael Bielsa, Emilio Chebel, Rubén Vázquez y Raúl Gámez fueron algunos de sus fundadores.

El Foro nació enfrentando al avance del menemismo, luchando para que los clubes estuvieran en manos de sus socios, defendiendo ese hermoso espacio donde la solidaridad le gana la batalla al egoísmo.

En julio de 2000 se presenta en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un libro de Néstor Vicente, que por entonces era diputado de la ciudad. Su título era “Puntapié Inicial, hacia una política deportiva” y la Editorial Galerna fue la que realizó esa edición. Vicente escribe: “El tema central es el objetivo, el mercado sólo busca la ganancia, porque es su horizonte, la asociación civil busca, o debería buscar, el interés de la masa societaria, la preservación de un sentimiento, la historia que no tiene precio, la pertenencia a una realidad mágica y colectiva que no está en venta” (12)

En junio de 2003 se publica en la Revista digital efdeportes -año 9, numero 61- un trabajo realizado por el Foro Social del Deporte sobre “El Origen de los clubes en la Argentina y el rol del Estado frente a las entidades deportivas”. Ese trabajo fue presentado en un Encuentro de Clubes llevado a cabo en Barcelona.

El extenso documento de treinta páginas desarrolla pormenorizadamente la situación de los clubes en la Argentina y fundamenta el rechazo a las Sociedades Anónimas en el deporte. En uno de sus párrafos expresa: “No hubo crisis económica en la Argentina que hiciera desaparecer a las entidades deportivas. Lamentablemente, no podemos afirmar lo mismo de las sociedades comerciales. Y la razón de esta capacidad de sobrevivencia, sin duda la encontramos en la finalidad. El trabajar para una finalidad social hace que los parámetros que justifiquen su permanencia sean absolutamente disímiles de aquellos que miden el continuar o el proseguir con una actividad de acuerdo con la rentabilidad de la misma. Por eso no encontramos respuesta a la pregunta, ¿qué harían las sociedades comerciales si no cumplen con su finalidad, o sea, el lucro? Seguramente desistirían del emprendimiento, no solventarían algo a déficit y la perdurabilidad de los clubes pasaría a depender de la facturación y rentabilidad del negocio”.

“Sin embargo no debemos quedarnos solamente en la teoría de la doctrina, de la ideología o en el marco de las hipótesis para demostrar las razones de nuestro pensamiento tendiente a preservar a las entidades deportivas en las manos de sus socios, impidiendo el desembarco de accionistas y su consecuente finalidad lucrativa”.

 “A fin de acreditar tal afirmación procederemos a realizar una reseña de los fracasos empresariales que se fueron escalonando en nuestro país:

LOMA NEGRA: Club que nació de la mano de la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, invirtió fondos propios, adquirió jugadores de renombre y amplia trayectoria, pero luego de participar con éxito deportivo, abandonó el emprendimiento en 1981 antes de que el mismo cumpliera dos años desde su comienzo.

DEPORTIVO MANDIYÚ DE CORRIENTES: Luego de casi cinco años de éxitos deportivos, entre los que se debemos mencionar el disputar el campeonato de primera división, el Club comenzó una debacle económico financiera que lo llevó a la desaparición.

ARGENTINOS JUNIORS: Durante la temporada 1993/ 94 su fútbol profesional fue manejado por la empresa de televisión TYC, emprendimiento que, ante la falta de resultados económicos, fue abandonado a los doce meses de su inicio.

ALVARADO DE MAR DEL PLATA: Otra institución que padeció el fracaso de emprendimientos empresariales al igual que CHACO FOR EVER, cuyo emprendimiento duró tan solo 45 días ante la insolvencia del grupo empresarial

La lista está limitada al tiempo de la elaboración del documento, hoy es mucho más significativa y lamentable.

En los hechos los resultados están a la vista. En España, Italia y Chile, para poner algunos ejemplos, las Sociedades Anónimas conduciendo a los clubes ha demostrado ser un espectacular fracaso. Se puede maquillar el tema con una prensa obsecuente, pero no se pueden contradecir los datos duros de la realidad que demuestran que la deuda de las asociaciones sin fines de lucro eran inferiores a las que tienen hoy las sociedades anónimas en esos países donde fueron impuestas.

Macri en la Casa Rosada

En un país sometido a los mandatos del FMI, endeudado, ajustado y maltratado en lo más esencial de su entramado social. En un país gobernado por las corporaciones, por los que detentan impunemente riquezas obscenas. En un país donde se hambrea a los sectores humildes, se desprecia a los trabajadores, a la educación y la ciencia, no hay espacio para el asombro.

Van por un espacio solidario que representan nuestros clubes centenarios. “Nosotros tenemos la obligación ética y moral de reivindicar a los clubes como asociaciones civiles sin fines de lucro, como un valor social. Con el modelo actual, el futbol argentino tuvo cien años de gloria” (13)

Veinte años después, Macri, ya no como presidente de Boca, sino como presidente de la Republica vuelve a avanzar con la idea de convertir a los clubes en Sociedades Anónimas. Que en todo reine el Dios Mercado. Si es posible que invada la vida afectiva, las creencias, las convicciones. Que el egoísmo se apropie hasta del último aliento solidario que pueda habitar en cada uno de nosotros.

El aparato mediático está montado para apoyar esta política, no obstante se filtran miradas más objetivas a la propuesta  “Macri sugirió que el futbol argentino debería copiar al de Europa y convertir las instituciones en  sociedades anónimas” es el título de un artículo del cual vale rescatar varias afirmaciones: “Argentina tiene una corta pero resonante lista de clubes gerenciados por empresas. El de Blanquiceleste S.A. como gerenciador de Racing es el más conocido. Fernando Marín llegó al club de Avellaneda como salvador y se fue escrachado por los hinchas. Asumió Fernando De Tomaso que dos años después se retiró del club cuando la gerenciadora entró en quiebra”. “Los hinchas del Atletic de Bilbao tienen dos orgullos que comparten con el Real Madrid y el Barcelona: no haber descendido nunca de la Primera División y no haberse convertido nunca en sociedad anónima deportiva como el resto de los clubes de España, donde una ley en 1990 habilitó a que las instituciones puedan convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD)…que cambian de dueños como de entrenadores” (14)

Fernando Marín cree que su paso por Racing fue positivo y afirma que “en los próximos meses será central en el país el posible desembarco de las sociedades anónimas deportivas en el futbol argentino…que podrían atraer inversiones, especialmente en los clubes chicos y medianos al verse seducidos por sus divisiones inferiores” (15).

La página Web “Doble Amarilla” comentó en el mes de febrero de 2018 una reunión de funcionarios del Gobierno con empresarios interesados en la SAD y le adjudica a un importante representante del Gobierno una frase definidora: “Tranquilidad que después del Mundial el camino estará allanado para el desembarco de las sociedades anónimas en el fútbol”.

Quienes alientan la llegada de las sociedades anónimas, muchas veces no pueden obviar los límites de las mismas. Ese es el caso de Gustavo Abreu, titular de la catedra de Derecho del Deporte en la Universidad Austral que reconoció que “siempre que uno analiza una forma jurídica va a encontrar ventajas y desventajas” (16) o de las afirmaciones que realizó Mariano Elizondo, presidente de la Superliga en el sentido de que “habría que dar el debate y ver qué tipo de vínculo jurídico queremos con los clubes… la figura jurídica -sin embargo- no te garantiza nada” (17).

Macri, el PRO y el pensamiento neoliberal que gobierna en la Argentina intentanr incorporar la pasión al mercado. Hay muchas voces disidentes como las de Rodolfo D’Onofrio (18) o las de Claudio Tapia (19) como hay decenas de clubes que expresaron su rechazo a las sociedades anónimas incorporando en sus Estatutos esa decisión asamblearia.

El presidente de River dice que “en el modelo de las Sociedades Anónimas los resultados son dividendos que se reparten entre los accionistas y no vuelven a los socios, Barcelona y Real Madrid son asociaciones civiles. Nada indica que por ser una SA te va a ir mejor” y el presidente de la AFA afirma “Yo siempre digo que la contención social que realizan los clubes es importantísima. A veces los clubes llegan a los lugares a los que no llega el estado. Los clubes sacan a los pibes de la calle y les dan refugio a sus padres y  hermanos. Yo estoy identificado con el rol social de los clubes y eso es lo que quiero transmitir. Es muy difícil acá el tema de las sociedades anónimas. Creo que tal vez tengan una posibilidad en Europa, que es primer mundo y es algo diferente a lo nuestro. Yo he visitado clubes europeos que no tienen ni inferiores. Y acá eso no existe. Te digo la verdad, en mi modelo de fútbol, las sociedades anónimas no van”.

La resistencia al avance del mercado también toma forma colectiva a través de encuentros, documentos y acciones de los clubes en sus diversos maleamientos, el Foro Social del Deporte y la Defensoría del Pueblo.

La engañosa propuesta de la opción

Se plantea, de parte de los propulsores de las sociedades anónimas, que no sería obligatorio tener al zorro dentro del gallinero, pero sí se le abriría la puerta si algunas gallinas se tientan.

La opción entre las sociedades anónimas o las sociedades civiles sin fines de lucro nos lleva a una definición de principios.

La legitima búsqueda del lucro, de la ganancia que terminara en manos de dueños, accionistas, o salarios que incluyen una retribución por el éxito económico significa un modelo diferente al del trabajo voluntario, al que reinvierte obligatoriamente en el club los saldos positivos, el que tiene que tener pasión por lo que se hace y está basado en la solidaridad y hace al sostenimiento de actividades económicamente no sustentables que necesitan del apoyo institucional.

Cuando se legisla, cuando se decide, se tiene por horizonte un objetivo que se quiere obtener como consecuencia de esa decisión. Si se resuelve la obligatoriedad del uso del cinturón de seguridad en los automóviles o se penaliza el uso de ciertas drogas no se deja su cumplimiento o no a la decisión de las personas. Se cree en un modelo de sociedad y se legisla en ese sentido.

Lo mismo sucede en cuanto al modelo asociativo de los clubes. Son opuestos. Tienen que ver con modelos de sociedad antagónicos. Se decide por uno de ellos. Se construye civilidad, protagonismo, participación o se elige el camino de ser también en ese ámbito simplemente consumidores.

El amor no es anónimo

Los clubes, dijimos, nacieron por miles en un país donde nativos e inmigrantes compartieron el deseo de crecer como sociedad y como Nación. Los clubes fueron y son de sus socios que no son anónimos. Ellos o sus padres, incluso en la mayoría de casos sus abuelos, fueron los que ladrillo sobre ladrillo los hicieron grandes, los que los sostuvieron democráticamente, los que no discriminaron, socializaron, generaron ciudadanía y depositaron en ese espacio común infinidad de sueños.

Esos clubes, fundados casi todos ellos por jóvenes enamorados de la práctica deportiva, son los que construyeron la realidad que nos ubica como una potencia en varias disciplinas. Son esos clubes también, los que a partir de los primeros años del siglo pasado desarrollaron una tarea social supliendo al Estado.

Como todo espacio donde lo humano pone su acento, no todo fue ni es perfecto. En el formato de la Asociación sin Fines de Lucro hubo espacio para la inexperiencia, la corrupción y el desacertado manejo. No obstante afirmamos,  sin temor a equivocarnos, que por cada dirigente que privilegia desmedidamente su interés personal, incurre en delitos o no cumplió con el mandato de los socios, hubo y hay cientos de voluntades que por amor a la institución ponen al servicio de ella, trabajo, talento, dinero y tiempo que le quitan a sus familias y a una función remunerada.

No hay formato societario que garantice mejores resultados. Por el contrario, las Sociedades Anónimas Deportivas garantizan que el egoísmo y el lucro pesarán más que la solidaridad y la tarea realizada por amor a la camiseta.

Hoy vuelve el intento de convertir a los clubes en sociedades anónimas, como si ello asegurara un mejor rumbo que el que brinda la asociación civil sin fines de lucro.

Cientos de sociedades anónimas quebraron mientras los clubes sobrevivieron a todas las crisis.

El amor no es anónimo y ese es el valor esencial que se impregna en el ambiente deportivo, social y cultural que se transpira en un club.

No nos abrazamos por la suba de las acciones, lo hacemos por una actividad que salió como queríamos, al ver que son más los chicos que se incorporan al deporte, por una acción social en el barrio, un triunfo deportivo, un recuerdo compartido de las cosas vividas. El club es la suma de sus socios, de su historia, de sus logros y fracasos, de sus leyendas y personajes.

El club, como el amor, no es anónimo, es de los socios.

 

* Investigador, director del Colectivo del Foro Social del Deporte | 03-10-2018.

 

Notas

(1) Ezequiel Fernández Moores en el prólogo del libro “Clubes Argentinos, debates sobre un modelo”, de UMSAM editorial.
(2) Profesor de la Universidad de Barcelona, “El deporte en el siglo XX, metrópolis, políticas y espectáculo”.
(3) “La Patria Deportista” de Editorial Planeta, pag.13
(4) Fernández Moores en el prólogo citado.
(5) Deporte Nacional, dos siglos de historia, de Ariel Scher, Guillermo Blanco y Jorge Busico – deportea. Emece, 2010
(6) Antropólogo y sociólogo argentino, citado en el libro mencionado ut supra.
(7) Francisco de Quevedo inmortalizo la frase en el siglo XVII (Madre, yo al oro me humillo/ él es mi amante y mi amado/ pues de puro enamorado/ anda continuo amarillo / que pues doblón o sencillo/ hace todo cuanto quiero / poderoso caballero / es don Dinero).
(8) Néstor Vicente, “Puntapie Inicial”, Ed. Galerna, pág. 51.
(9) Pablo Barreiros, “Presidentes de Clubes que hicieron historia” escribiendo sobre Emilio Chebel, pág. 71.
(10) Ídem, pág. 70 y 72.
(11)  Pagina 12, agosto de 1999
(12) Néstor Vicente, libro citado, pág. 54. 
(13) Emilio Chebel, diario La Nación del 10 de agosto de 2001, “Defensores y detractores de la privatización del futbol” firma Carlos Beer.
(14) Edición impresa del Diario Perfil, Agustin Colombo, 2 de abril de 2016.
(15) Infobae, 26 de enero de 2018.
(16) conversación radial por TMTradio del 24 de enero de 2018.
(17) Diario Perfil, 20 de mayo de 2018.
(18) La Nación, 29 de noviembre de 2017, reportaje de Esteban Lafuente.
(19) Página 12, Suplemento “Enganche” del 19 de agosto de 2017, reportaje de Sebastián Varela del Rio.