La banca cooperativa es la banca que necesitamos

Joan Ramon Sanchis Palacio
Una de las principales consecuencias de la reforma bancaria española ha sido la casi total desaparición de las cajas de ahorros, lo que ha supuesto una merma considerable del modelo de banca de proximidad y social que ha caracterizado al sistema financiero español durante muchos años.Independientemente de las causas de la crisis de estas entidades y de su mala gestión del riesgo crediticio, las medidas adoptadas por las autoridades económicas han generado dos nuevos problemas en el sistema bancario español. Por un lado, la concentración del sector se ha incrementado considerablemente con los procesos de fusiones bancarias, de manera que el riesgo sistémico bancario es mucho mayor que al inicio de la crisis; por el otro, ha habido un crecimiento considerable de la exclusión financiera debido al cierre de oficinas y a las restricciones y el endurecimiento del crédito bancario, que hace más difícil la recuperación económica.

Estos hechos, lejos de resolver y evitar nuevos episodios de abusos y malas prácticas bancarias como las participaciones preferentes, las cuotas subordinadas, las clausulas suelo y los excesos en el cobro de comisiones, incrementan el riesgo de que se sigan produciendo, puesto que el poder de negociación de los grandes bancos es aún mayor.

Las únicas entidades que han mantenido su posición en el mercado sin necesitar ayudas han sido las cooperativas de crédito.

En este escenario, las únicas entidades bancarias que han mantenido su posición en el mercado, sin necesitar ayudas ni inyecciones de dinero público, y manteniendo e incluso aumentando sus volúmenes de créditos, han sido las cooperativas de crédito. Las 44 entidades asociadas a la Unión Nacional de Cooperativas de Crédito mantienen, a través de sus más de 3.000 oficinas y de 12.000 empleados, 51.400 millones de créditos y 68.579 millones de depósitos. En su gran mayoría son bancos de pequeña dimensión arraigados al territorio, donde cumplen una función social clave al financiar la economía productiva local y mantener una importante obra social.

En Europa, los bancos cooperativos alcanzan una cuota de mercado significativa, del orden del 20-30% de los depósitos, y son respaldados por sus respectivos Gobiernos. Su implantación es fuerte tanto en el centro de Europa (Alemania, Holanda, Francia) como en el Sur (Italia). En España, aunque su cuota de mercado es tan solo del 6%, desempeñan una labor fundamental en la financiación de la economía productiva local y, por tanto, en la generación de empleo, por lo que su conservación debería de ser un objetivo estratégico y una prioridad, al igual que lo es en los principales países de la Unión Europa.

El interés general y el bien común han de estar por encima de la maximización de la rentabilidad económica y financiera

Las cooperativas de crédito españolas han demostrado durante sus más de cien años de existencia y, sobre todo durante los últimos años de crisis, que el tamaño no es un factor determinante en la gestión bancaria y que los fines sociales son compatibles con la rentabilidad económica. Con un pequeño tamaño, los bancos cooperativos han llegado a tener una gestión profesionalizada y obtienen unos niveles de rentabilidad y de eficiencia económica y financiera iguales o superiores a los de los grandes bancos.

Al mismo tiempo, son empresas socialmente responsables, tanto desde el punto de vista interno como externo. Internamente, se rigen por los principios democráticos y la transparencia y tienen como normas la igualdad de género y la equidad retributiva con escalas salariales muy igualitarias (que van de 1:3 a 1:6). Externamente, ofrecen un servicio personalizado y a la medida de sus clientes, que en muchos casos son a la vez socios, además de revertir parte de sus beneficios económicos en la sociedad mediante el patrocinio de actividades sociales, culturales, artísticas y deportivas.

Sin embargo, estas entidades de crédito son las grandes desconocidas del sistema financiero español, a pesar de que en la actualidad se han convertido, con la desaparición de las cajas de ahorros, en el único tipo de banca de proximidad que nos queda. La sociedad necesita una banca al servicio de las personas y no en contra de las personas. La especulación financiera ha demostrado tener unos enormes costes económicos para la sociedad, además de los graves daños morales y de salud que ha producido a una parte importante de ciudadanos. Los efectos nocivos de las participaciones preferentes en las personas más vulnerables, el daño social causado por los desahucios a miles de familias y los recortes producidos en sanidad, educación y servicios sociales para atender las necesidades de capital de los bancos son algunas de las consecuencias más destacadas de esta crisis financiera y que las medidas tomadas no han resuelto.

Estas entidades se han convertido en el único tipo de banca de proximidad que nos queda

Tanto las Administraciones Públicas como los ciudadanos hemos de apostar por una banca social destinada a atender las necesidades de las familias y de las pequeñas y medianas empresas dentro de unos límites de beneficios económicos sensatos. El interés general y el bien común han de estar por encima de intereses particulares de banqueros y directivos bancarios cuyos objetivos empresariales son la maximización de la rentabilidad económica y financiera.

El Banco de España ha de ejercer sus funciones de supervisión, tutela y control de las entidades bancarias con diligencia y estricto cumplimiento de las normas. Los Gobiernos central, autonómicos y locales han de potenciar la colaboración con bancos socialmente responsables y penalizar la especulación y la ingeniería financiera, sobre todo cuando ésta afecta a las personas más vulnerables. Y los ciudadanos hemos de ser consumidores socialmente responsables depositando nuestros ahorros en bancos que funcionen con criterios éticos y de transparencia.

En este sentido, puede ser interesante explorar la posibilidad de potenciar la creación de bancos éticos y herramientas de finanzas colaborativas e incluso de recuperar una banca pública, pero sobre todo hemos de aprovechar lo que ya tenemos, que es esa red de pequeños bancos cooperativos fuertemente asentados en el territorio y basados en una filosofía democrática al servicio de la sociedad civil. Entre todos hemos de construir un nuevo sistema bancario al servicio de las personas. Es lo que necesitamos.

* Joan Ramon Sanchis Palacio es catedrático de Organización de Empresas de la Universitat de Valencia.

El País - 23 de junio de 2015