Inundaciones-Cambio Climático… ¿un debate hipócrita?*

Pedro Peretti

 

El Presidente de la Nación, Mauricio Macri, responsabiliza al cambio climático por las reiteradas y cada vez más graves, inundaciones que sufre nuestro país. Y sin duda es cierto, el cambio climático es una realidad, existe, lo certifican científicos, políticos y los más de 175 países que acaban de firmar el Acuerdo de Paris para frenarlo.

Por lo tanto, no es un debate teórico, es eminentemente práctico y urgente. Lo que sí, sin dudas, es un debate absolutamente hipócrita, y lo puede ser aún más si no le agregamos precisión a la discusión, y seguimos amparándonos en generalidades o teorizaciones; como bien dijo el Ministro de la Producción de Santa Fe. Uno cree entender a Costigianis, no se trata de descalificar a la teoría como tal, ni suponer que el cambio climático está en la etapa del descubrimiento o recién comienza. Para nada. Una cosa es tener, formular o esbozar una teoría y otra es teorizar- es decir- lo que popularmente se conoce como “chantada”. Son cosas muy distintas. Y en este caso específico de las inundaciones en la provincia de Santa Fe, no hace falta teorizar, hace falta… actuar.

La teorización o “chamuyo barato” es una forma más que evidente e hipócrita, de no hacerse cargo de la situación y eludir todo tipo de responsabilidad, con el “verso” como único argumento. No es gracioso, ni inocuo. Es un auténtico acto de irresponsabilidad política, mucho más grave y pernicioso que una simple chantada. Porque el que lo dice no es ni más ni menos, que el Presidente de la Nación, el responsable de dar respuesta concretas a miles y miles de compatriotas afectadosLa política para ser seria necesita de precisiones, debe poder mensurarse, medirse, cuantificarse. El cambio climático no es una maldición bíblica inevitable, es obra de humanos, totalmente evitable; y dentro de los humanos, no todos somos igual de responsable, hay grados… y muy distintos. Los culpables tienen nombre, apellido y actividad. La profesora Elba Stancich, en el programa de Leo Richardino, dijo que el 28% de las emisiones de gases efecto invernadero provienen de la actividad agrícola ganadera y el 22% derivados de las deforestaciones. Argentina está entre los 10 países que más deforestaron en el mundo y entre los 25 que más gases efecto invernadero per cápita emiten. Alguna responsabilidad el modelo de desarrollo agrario tiene ¿no? No es todo etéreo, no somos todos responsables iguales. Hay formas de ejercer la actividad profesional agrícola que claramente son muy nocivas para el medio ambiente. Sus beneficiarios tienen una cuota de responsabilidad en este desastre, mucho, pero muchísimo más alta, que el ciudadano común… el de a pie.

  Nos encontramos entonces, con que el verdadero responsable de que haya inundaciones en nuestro país, es el Modelo de Desarrollo Agrario, por el que los argentinos hemos optado. Y que nosotros definimos como de monocultivo de soja inducido, con concentración de tierras y rentas. “Millones de hectáreas de pasturas y pastizales que consumían agua durante los 12 meses del año fueran cambiadas por cultivos anuales que en el mejor de los casos lo hacen durante un tercio o la mitad de ese tiempo, pasando de consumir anualmente 1500-2000 milímetros a 500-800 milímetros” (Sebastián Chiacchiera- Nicolás Bertram, INTA, Marcos Juárez), y a esto sumémosle más de 4.000.000 de hectáreas de bosque nativo talado. Allí está el núcleo central de la complicación ambiental argentina. Podemos suponer que es un verdadero milagro que las consecuencias no sean aún mayores. No hay lugar para ambigüedades, generalizaciones, ni chamuyo, hace falta precisión de estadista, para encarar la resolución del problema a corto, mediano y largo plazo. Los mayores culpables de ese 50% de emisiones de gases nocivos, auténticos depredadores ambientales, tienen nombre y apellido. Terratenientes-banqueros, como Jorge Brito, George Soros, o Eduardo Elztain, empresarios agrarios como Grobocopatel o El Tejar, gobernantes dilapidadores de la tierra pública como Urtubey, Rozas o Romero. Empresas promotoras del modelo como Cargill y Dreyfus. Son los principales responsables de este verdadero descalabro climático que estamos padeciendo los argentinos. Debemos agregar a esta listas a los funcionales, zonzos o distraídos, como Hermes Binner que hizo campaña en nombre del socialismo “bancando” el monocultivo, con el slogan “la soja no es un yuyo”, y que tuvo el acompañamiento tan entusiasta como displicentemente, de su bloque de diputados nacionales en pleno, propiciando la rebaja del IVA para los fitosanitarios (glifosato); ver expediente HCDN Nº 5679-d-2014. Fundamentando además, como si esto fuera poco, en transgresiones por derecha, que todos los productores eran iguales, sin discriminar tamaño, lugar, ni nada. Allí está el núcleo duro de los responsables por acción u omisión, de que Argentina esté como está, en materia ambiental. Sin nombre y apellidos, el debate se transforma en una forma de encubrir culpables y nos pone a todos en una misma bolsa. Ni el socialismo de mercado, ni el PRO, quieren discutir esto en profundidad ¿Por qué? Porque ambos son tributarios electorales de los cultores y beneficiarios del monocultivo sojero. . La base electoral más fiel al macrismo está allí, en ese segmento de sojeros, pools de siembra, terratenientes, operadores de bolsa, proveedores de servicios al agro, vendedores de insumos, comerciantes de granos, etc., son los principales propulsores y defensores del monocultivo de soja y de los feet loot ganaderos (hijos siameses del modelo), responsables centrales del desastre ambiental, que trajo la sojización. Las inundaciones son una de sus consecuencias, sólo una, no la única, hay otras no menos importantes y graves, (migraciones rurales, desertificación, sequias, etc) por eso suena a hipócrita, a excusa, a chamuyo barato, el cambio climático en boca de la derecha. Abandonar la hipocresía, llamar a las cosas por su nombre, es el primer paso para cambiar positivamente….que no es lo mismo que: “cambiemos”.

* advertencia publicada el 2 de mayo de 2016 en el blog del autor