Herencia previsional ¿Película repetida?

Rafael Selva

 

En nuestro país, el sistema de seguridad social se ha expandido notablemente desde 2005 y en particular a partir de la reversión de la privatización del sistema de jubilaciones y pensiones, la extensión de beneficios no contributivos de carácter inclusivo y universales y de programas masivos de transferencias monetarias condicionadas, como las asignaciones por hijo para protección social (AUH).

Lo principal del período ha sido, no obstante, que estos avances se han visto acompañados de progresos en otras dimensiones, como el aumento del empleo formal y de los salarios, y la expansión del acceso a la salud y la educación en todos sus niveles, aunque con diferencias en la calidad.

En ese contexto, podía decirse que se había dejado atrás un esquema de protección social centrado en el asistencialismo, los programas de emergencia social y subsidios estatales focalizados, para volver a los conceptos sobre los que se construyó el Estado de bienestar en los países industriales, en torno al trabajo, el universalismo, la extensión de derechos sociales y la solidaridad que definen el principio de ciudadanía.

En base a esta configuración hemos incluso calificado esa época como de “contra reforma” del Estado en la Argentina1 , queriendo significar que se dejaba atrás el achicamiento del Estado, el individualismo y los mecanismos de mercado incorporados durante la reforma liberal de la etapa previa. De hecho, la expansión del sistema de seguridad social en Argentina se opuso, en cuanto al momento histórico, a la experiencia del resto del mundo, en especial de las economías europeas, donde las reformas resultan en sucesivos ajustes en las prestaciones al tiempo que ha mermado la progresividad en la recaudación de los impuestos.

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Revistas Entrelíneas de la Política Económica Nº 50 - octubre de 2017