Filosofía y política: la respuesta latinoamericana

Germán Linzer * (Especial para sitio IADE-RE) | "Se trata de construir la síntesis que incluya en un proyecto colectivo lo que el neoliberalismo desgarra: el hombre en su particularidad", indica el autor en la tercera y última entrega de la serie "Filosofía y política". 

Si bien el posmodernismo neoliberal es un registro presente, el liberalismo, entendido como uno de los grandes relatos de la modernidad, como un imperativo de la realidad a través de sus múltiples filosofías (Iluminismo, Historicismo, Positivismo y el propio liberalismo como filosofía) siempre trató de imponerse como “verdad”, es decir, como interpretación única de nuestra realidad latinoamericana[1].

A estas ideas hegemónico-conservadoras, previas a la posmodernidad neoliberal, Latinoamérica le opuso un pensamiento situado. Un pensamiento que surgía de la resistencia en la praxis contra la imposición de diferentes formas de dominación y sojuzgamiento.

A lo largo de nuestra historia fueron muchos los hombres y mujeres que entendieron que la forma dependiente en que la Argentina se integró al mundo no fue una elección libre. Costó la vida de los negros en las guerras libertadoras y del Paraguay, el extermino y reducción de nuestros pueblos originarios, la persecución de gauchos sobre los que no había que “ahorrar sangre”, proyectos federales arrasados, semanas trágicas, patagonias sangrientas, bombardeos a civiles, fusilamientos y un genocidio reciente.

Desde la acción misma nuestro país opuso al individualismo de la inserción servil en la división internacional del trabajo y a sus consecuentes formas políticas oligárquicas. Las revoluciones radicales, la resistencia peronista, el foquismo guevarista y la convicción de que en la memoria, la verdad y la justicia está el destino real de nuestra Patria, forman parte de una tradición de resistencia nacional.

La filosofía latinoamericana parte de la necesidad de ser libres. De reconocer nuestra situación periférica y subdesarrollada no como un resultado dado por malas decisiones de “gestión” sino como consecuencia de la forma dependiente y subordinada en la que Latinoamérica se integra al mundo.

Desde la rebeldía a este orden imperante que le asigna a Latinoamérica la humillación del olvido y la desesperanza, es que comienza la filosofía latinoamericana como forma de liberación.

Se comienza con la consciencia de que el saqueo, robo y genocidio sufrido por nuestro continente (a partir de su descubrimiento para el capitalismo) y cómo su incorporación al comercio internacional (en el marco de un capitalismo industrial desarrollado) se transformó en lazos de dependencia comercial y financiera aún vigentes.

Desde la reflexión, el estructuralismo latinoamericano nos permitió entender las causas materiales de nuestro límite, que se expresaban en una particular forma de reproducción de los términos de intercambio comercial. A su vez, la teoría de la dependencia nos llevó a entender como son las formas sociales de la dominación y el conflicto político que ellas involucran.

Ahora sabernos que nuestra dependencia de los países centrales, nuestro “atraso”, no es un mal de nuestro pueblo sino una forma en que se ejerce la hegemonía por parte de las clases sociales que se benefician de dicha situación y pueden organizar los poderes fácticos para sostenerla.

Para alcanzar la hegemonía conservadora, es decir, para que el poder de unos pocos redunde en el orden derivado de una legitimidad masiva, la filosofía posmoderna piensa a los sujetos como unidades económicas y a las unidades económicas como sujetos. Con esto desdibuja las diferencias entre “la persona” y “el monopolio”: “la persona” que cree pelear por su “libertad” individual en un orden neoliberal, al hacerlo está peleando por los intereses del capital concentrado.

En efecto, el posmodernismo identifica “libertad” con el deseo del individuo. Esta concepción juega un rol central en la legitimación del orden neoliberal ya que es un pensamiento opuesto a la organización popular, la sindicalización obrera, la militancia partidaria, la fe en lo público y la búsqueda del poder del Estado como sujeto de la transformación.

Esta hegemonía del pensamiento conservador no se dio por su superioridad en el plano de las ideas sino que el pensamiento autónomo latinoamericano fue perseguido y arrasado junto con sus militantes e intelectuales. Chile y la Argentina son casos emblemáticos de esta afrenta contra nuestro continente.

Pero el pensamiento liberador latinoamericano emerge de sus cenizas.

A partir del nuevo milenio, en el momento en que el orden neoliberal sumió a Latinoamérica en el estancamiento y la crisis, resurgió la recuperación de la política como herramienta de transformación y dignificación de los postergados. La consigna de Patria Grande fue desempolvada de la historia para enfrentar visiones imperialistas del orden jurídico-financiero internacional.

Se recuperó un pensamiento propio que niega la afirmación del individuo como unidad económica y a la moral empresaria como eje de la historia. Esto nos instaló en un segundo momento dialéctico, de negación de la afirmación del posmodernismo neoliberal como fin de la historia.

Sin embargo, por ahora, no hemos podido salir de esa negación. Es decir, enfrentamos al posmodernismo sin muchas más herramientas teóricas que las provenientes de la década de 1970. No pudimos desarrollar aún una filosofía propia que enfrente de manera situada al posmodernismo neoliberal del siglo XXI.

Desde la política, se ha enfrentado al conservadorismo neoliberal apelando al integracionismo y a la soberanía nacional. Desde la economía, se ha puesto nuevamente de pie al Estado como un actor clave en la redistribución de recursos y la resignificación de simbolismos. Socialmente se han apreciado y revalorizado actores y prácticas que en los últimos años del siglo pasado eran interpretadas como inviables. Pero no se logró transformar la realidad de manera duradera a través de un proyecto industrialmente sustentable y dinámico, que generase nuevos sujetos económicos y alianzas políticas que tuviesen en un proyecto de desarrollo nacional, con bienestar popular, la propia clave de su riqueza individual. Tampoco se logró percibir que la fortaleza del partido de derecha provenía de la misma época en que vivimos porque se montaba sobre una población cargada de un horizonte de sentido posmoderno y neoliberal.

En la actualidad, el proyecto nacional y popular continúa en su “momento negativo”. Luego de la derrota electoral entramos en el terreno de la denuncia social sobre la naturaleza del engaño neoliberal. Recurrimos a la historia para mostrar sus falacias. A la teoría para mostrar sus inconsistencias. A la coyuntura para denunciar sus mentiras. A la memoria histórica para desmentir sus promesas. Pero no estamos superando su afirmación individualista, que es demasiado poderosa porque encarna parte esencial de la modernidad.

Pensamiento y praxis nacional y popular como futuro de la historia: Estado e individuo

En este sentido surge una pregunta fundamental: ¿es posible que el pensamiento nacional y popular incorpore las demandas individuales sin diluirse? Es decir, ¿podemos conservar al individuo superando al individualismo y dentro de un proyecto que implique lo colectivo como eje moral y económico del desarrollo?

La respuesta es que no sólo podemos incorporar al individuo sino que, en este momento histórico, únicamente un proyecto de capitalismo nacional, dentro de una lógica popular, puede hacerlo.

Un gobierno nacional y popular del siglo XXI debe llevar adelante sus banderas históricas de soberanía, justicia y libertad. Pero debe entender que, luego años de políticas neoliberales y en un marco global de posmodernismo, debe darse un lugar relevante al individuo y a sus demandas particulares.

Obsérvese que más allá de la cuota de oportunismo y falacia implícita en la apelación al “vecino”, la derecha moderna logra generar la expectativa de que puede hablar con cada uno de los ciudadanos, tocándoles el timbre de su casa o invitándolos a caminatas por la ciudad. La campaña de la derecha fue elaborada inquiriendo a los espectadores en segunda persona del singular (“te hablo a vos”), quitándole densidad a los discursos y refiriendo a temas de interés inmediato, como la seguridad o la inflación. Para estas estrategias, el uso del “data mining” y el “focus group” es esencial.

¿El gobierno nacional y popular en la Argentina no tuvo en cuenta al individuo? Si lo hizo. Y lo hizo exitosamente, ampliando derechos que aún perduran. Pero en el camino olvidó a gran parte de su electorado.

Se reconoció a las minorías y las diversidades. Se generó una cobertura casi universal de los adultos mayores. Se amplió el aparato del Estado generando programas para necesidades especiales. Pero esto no fue lo suficientemente abarcativo como para alcanzar a las demandas de las nuevas clases medias que iba incorporando con el crecimiento (y, especialmente, a las clases medias bajas que son las que definen las elecciones).

Entonces hay un camino posible para abordar al individuo que no es replegar el Estado, como propone la derecha, sino agrandarlo para que cubra a los sectores que no se sienten amparados por él. Y para ello se pueden utilizar técnicas de gestión de la información que usa la derecha pero no para manipular sino para entender qué es lo que cada segmento necesita.

Mirémoslo de esta manera. En un mundo en donde la tendencia mundial es a la destrucción del trabajo a partir de la robotización y las nuevas modalidades flexibles de trabajo aislado, el individualismo consumidor resulta destructor de empleo.

Pero hay un trabajo que no puede destruir la robotización ni la inteligencia artificial, que no puede ser reemplazado: la investigación, la creatividad y el desarrollo tecnológico puesto al servicio de la ampliación de las capacidades nacionales y de la resolución de los problemas sociales.

El desarrollo de grandes proyectos tecnológicos nacionales, en conjunto del desarrollo de tecnologías situadas, locales, populares, implica trabajo calificado intensivo, de calidad e irreemplazable por inteligencia artificial o robots.

El camino de la inclusión de las necesidades individuales en los proyectos colectivos está en la generación de grupos de asistencia a las diferentes necesidades. El trabajo por y para los demás es imprescindible, irremplazable y cada vez más especializado.  Pero también es trabajo motivado, ¿o alguien conoce algún profesional más motivado que los médicos residentes, que los maestros rurales, los bomberos voluntarios y todos aquellos que sirven a los que más lo necesitan?

Es decir, también en un proyecto nacional y popular se debe estimular el emprendedorismo, para que éste dé frutos en el marco de un gobierno industrialista y para que los emprendimientos redunden en satisfacción de necesidades sociales válidas.

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Para concluir, podemos decir que Latinoamérica ya desarrolló elementos para negar la pretensión de verdad del posmodernismo neoliberal. Nuestro pensamiento pudo desarrollar teorías como el estructuralismo y la teoría de la dependencia, que muestran las formas tecnológicas, económicas, sociales y políticas de la dominación contra los intereses nacionales y populares.

Mediante la economía y la historia política podemos mostrar la falsedad de las afirmaciones y promesas neoliberales. Más aun, en los primeros años del siglo XXI se presentaron alternativas políticas como respuesta a la explotación imperial. Sin embargo, aún no hemos podido salir de este “momento negativo”.

Se trata de construir la síntesis que incluya en un proyecto colectivo lo que el neoliberalismo desgarra: el hombre en su particularidad.

En este estado de desarrollo de las fuerzas productivas, grado de consciencia social y momento de las relaciones de fuerzas, sólo un capitalismo nacional con aspiraciones populares puede presentar una alternativa positiva y superadora al orden globalizado y financiarizado del cual el posmodernismo neoliberal proviene y ayuda a perpetuar.

Entendiendo el rol e importancia de la filosofía, debemos volver a darle una nueva forma a la voluntad sobre sí. Una forma ética que dé un sentido positivo y superador al presente. Estamos en condiciones de hacerlo.

 

* Licenciado en Economía y gerente de Propiedad Intelectual del INTA [gerlinz@gmail.com].


[1] En esto el lector podrá apreciar a los movimientos dialécticos de la historia de la filosofía, ya que una misma filosofía puede ser transformativa o conservadora dependiendo del momento y del lugar en el que se exprese. Por caso, el Iluminismo fue progresista cuando encarnaba la lucha de la burguesía contra los poderes feudales y de la nobleza. Pero ese mismo Iluminismo se volvió conservador cuando se convirtió en una forma de legitimación del poder al momento en que dicha burguesía alcanzó la hegemonía.