Estado fuerte, sintonía fina

Eduardo Blaustein
Acaba de publicar un libro sobre economía que ya va por su segunda edición. Alfredo Zaiat dice que los desafíos que se propone el kirchnerismo necesitan más y mejor Estado. Periodismo, petróleo, inflación y Ganancias, en el debate.

Se dedica a eso que se llama periodismo económico y en su caso, lo que podría ser sinónimo de aridez o de vana complejidad, se convierte en textos bien escritos, atractivos, claros, con frecuencia iluminadores. Acaso un mérito principal de Alfredo Zaiat como periodista es la pelea que viene dando como editor y columnista de Página/12 en la tarea de rebatir, sin panfletos, el pensamiento económico dominante, su chatura y los sambenitos eternos de aquellos que más lo embroncan: los gurúes de la City. Zaiat publicó hace poco Economía a contramano. Cómo entender la economía política (Planeta), que ya se agotó y está a punto de lanzar la segunda edición. En esta entrevista habla de ese libro, de los cambios de época en los modos de pensar la economía y de algunos de los desafíos que afronta el Gobierno.

–La primera sensación que da tu libro es que sistematiza y redondea años y años de tu trabajo periodístico…

–Perfecto… Porque me preguntan cuántos años tardé en escribirlo y digo “diez años”. Diez años elaborando, un año escribiendo. El libro es mi propia evolución en la forma de interpretación de la economía, en el tipo de fuentes que utilizo, es parte de un crecimiento profesional y de cómo intervenir en el debate económico argentino o internacional. Mi gran motor en cada tema es primero poder entender y, para entender, el punto de inflexión son las fuentes. Las fuentes tradicionales del periodismo económico son los economistas, los consultores, los funcionarios. Esas fuentes me eran insuficientes para poder entender y trabajando fui ratificando que muchas veces esas fuentes, como toda fuente, eran lobistas, el canal de defensa de intereses particulares. Entonces comencé a acudir más a fuentes primarias: libros, papers, documentos de investigación que requieren más esfuerzo, más lectura y un abordaje periodístico.

–Que los periodistas del “otro lado”, para simplificar, consulten a Miguel Ángel Broda o Carlos Melconian está claro. ¿Añaden a su trabajo la lectura de papers, como es tu caso, o sólo acuden a fuentes de coyuntura para cada cuestión?

–No veo que lo hagan. Sucede también que lo mío es editorial, es análisis; otras veces tenés que ir a las fuentes de la coyuntura.

–Más allá del marco de contención que siempre te dio Página/12 o el mundo progre, ¿los cambios de época de estos años hacen que te sientas menos solitario en el tipo de abordaje o discurso que hacés sobre la economía?

–Ahora hay un poco más de espacio, de reconocimiento, de rebote. Me refiero al trabajo de toda la sección de Economía del diario. Ahora hay más voces, más medios con otra mirada sobre los fenómenos económicos como parte de procesos políticos. Pero cuando se produjo el conflicto de la 125 era una soledad terrible. Pero el ir a contramano sigue vigente: del otro lado viene todo el tráfico bien disciplinado. Viene en diferentes carriles porque hay diferentes medios, pero en la misma dirección. Nuestro discurso sigue siendo algo minoritario, pero tampoco soy un estudioso de lo que pasa en los medios. Como consumidor de medios hago zapping en las radios más conocidas y es todo lo mismo, con matices o pequeñas islas.

–Pero en lo macro, en grandes temas como el rol del Estado o la integración latinoamericana, hay consensos distintos de los de los 90, aunque sea un imaginario social difuso…

–Hay un imaginario social diferente que no se ve reflejado para mí en los canales de difusión. Todas las encuestas dicen que hay una revalorización del rol del Estado por parte de la sociedad. Pero no hay día en que no haya un artículo en cada medio que no intente horadar lo que se hace en Aerolíneas, YPF, la Anses. Contra lo que dicen las encuestas, que ellos admiten, los principales medios siguen sosteniendo que el Estado es mal administrador, que despilfarra, que es corrupto.

–¿Cuándo recorrés fuentes empresarias tampoco notás cambios en los modos de pensar o de posicionarse ante el discurso neoliberal, tras lo sucedido en estos años? ¿Entre pequeños y medianos empresarios por ejemplo?

–Entre los pequeños y medianos empresarios la cosa cambió. Ahí empieza a haber un cuestionamiento pero es un proceso difícil, porque son 40 años de una historia que los terminó formateando, de incorporación de conceptos que pueden ser perjudiciales para sus propios intereses. También en sectores medios hay cambios. No todo es blanco o negro, y en la sociedad hay canales subterráneos que en un momento dado irrumpen, entre otras cosas por los procesos políticos que irrumpieron en América Latina y en la Argentina. En el mundo académico también comienza a surgir un pensamiento crítico: en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, las universidades del conurbano, algunas del interior. Espacios en los que se asume que la economía es una ciencia social y no una ciencia exacta; que la economía es política y no una ciencia matemática, de modelos hechos con ecuaciones. Los nuevos economistas jóvenes reflejan también una nueva vitalidad. Antes, en la facultad, cuando estudié, entre el ’83 y el ’89, éramos ultra recontra minoritarios.

–Hay un capítulo en tu libro dedicado al rol del Estado y la burguesía nacional. Y allí planteás una crítica a cierto voluntarismo político del primer kirchnerismo cuando se hablaba de recrear la burguesía nacional. ¿Cómo ejemplificarías hoy ese problema?

–El ejemplo más claro fue el caso de la familia Eskenazi en YPF. La idea de “facilitar” el desembarco de empresarios nacionales en grandes empresas que habían sido extranjerizadas. “Facilitar” significaba brindarles un escenario de negocios fabulosos para que participaran del control de la primera empresa del país y pensar que simplemente así iban a cambiar los rasgos de comportamiento empresarial de esa familia. Facilitar los negocios y tasas de ganancias muy elevadas se suponía que era la condición básica para cambiar los rasgos rentísticos y fugadores seriales de capitales de la burguesía nacional (N. de R.: Zaiat menciona nombres propios como Ledesma, Perez Companc, Molinos). Eso fracasó, porque no cambiaron los rasgos, porque son estructurales y porque las condiciones en las que seguía funcionando la economía daban para que se sostuvieran esos rasgos. Para poder cambiarlos se necesita el disciplinamiento de las elites empresarias. Disciplinamiento no significa conductas autoritarias o vinculadas con premios y castigos caprichosos del poder político, sino brindar condiciones para hacer negocios “a cambio de”. Eso se hizo en todos los países del mundo que desarrollaron sus burguesías.

–“A cambio de”… ¿qué significaría?

–A cambio de inversiones, reinversiones, metas de empleo, de exportación, abastecimiento del mercado interno a precios accesibles para la población. Esto requiere un Estado fuerte.

–Fuerte y eficiente en la gestión…

–Y eficiente en la gestión para poder entablar relación con la burguesía. Es lo que se hizo desde Estados Unidos hasta Alemania y desde Brasil hasta el sudeste asiático, el ejemplo emblemático.

–Ese Estado más presente, que quedó destruido en materia de gestión en los años del neoliberalismo, ¿está a la altura de los desafíos que el propio kirchnerismo se plantea desde sus políticas?

–Tiene que seguir invirtiendo en el Estado, en recursos humanos y materiales. Hay avances en muchas áreas. Es evidente que hay una mejora sustancial del sistema de seguridad estatal en cuanto a gestión; o en el PAMI. Si no, no hubiera podido implementarse el Plan Argenta, la Asignación Universal o el Procrear. Para eso hubo inversión en recursos materiales y humanos. Eso hay que extenderlo. Avanzo sobre tu pregunta: ¿qué área hoy debería tener más agilidad y eficiencia en la gestión y capacidad de intervención? La de formación de precios, para poder tener un muy buen diagnóstico de lo que sucede en los diversos sectores y una buena capacidad de intervención y negociación con los formadores de precios.

–Otro desafío es YPF y la gestión de Miguel Galuccio. ¿Las dificultades para conseguir socios inversores para la explotación de hidrocarburos es una imposición de las reglas de juego capitalistas, la búsqueda de muy alta rentabilidad o nada?

–No sé si está costando, no sería tan terminante, van sólo seis meses de gestión. Hay que dejar que la empresa recorra más tiempo. La empresa tuvo que recomponer el camino de vaciamiento al que nos había llevado Repsol, algo no menor. Una cosa es que hubo una debilidad de la política energética en todo el mercado hidrocarburífero; pero otra cosa es el sendero de vaciamiento que inició Repsol. Porque Pan American Energy u otras empresas no estaban vaciando. Repsol sí y eso hubo que reconstruirlo, sumado a la necesidad de revalorizar al personal, reconstruir las capacidades técnicas y de investigación que tenía YPF. Pero en la historia de la industria petrolera se comprueba que las inversiones llegan a cualquier tipo de mercado, en cualquier situación política, con cualquier gobierno o existiendo guerras desgarradoras.

–Parte de la ecuación es el tema de ofrecer, aunque suene a repetición del discurso conservador, mejores tarifas…

–Bueno, pero eso es parte de toda negociación, y van a negociar. Es lo que pasó con Evo Morales en Bolivia o Hugo Chávez en Venezuela. Así funciona el fabuloso negocio petrolero, uno de los de más alta rentabilidad en el mundo. Armas, narcotráfico, laboratorios, petróleo. Creer que no van a venir los inversores porque tal analista dice no sé qué cosa es de una inocencia mayúscula.

–Uno de los temas que más trabajaste a la hora de desmitificar discursos simplificadores es el de la inflación y la diversidad de factores que juegan para generarla. ¿Por qué otros países latinoamericanos no tienen nuestra tasa de inflación?

–Vamos a tratar de resumirlo. Nuestra canasta de alimentos es mucho más variada que la de otros países de desarrollo intermedio. Esa canasta a su vez es la principal canasta de exportación. Es un primer factor pero hay más. En el país, desde 2006 pero desde siempre, el tema del tipo de cambio también es un impulsor de inflación. Hay precios internacionales elevados que generan importación de inflación. Está el factor de la puja distributiva y también el problema de los mercados oligopólicos con posiciones dominantes ante un Estado débil para disciplinarlos. Eso se verifica en mercados sensibles como el de los insumos difundidos (acero, aluminio, cemento, petroquímica) como en los bienes finales. En el libro hago un estudio sobre tres empresas líderes en un mercado tan sensible como el de los alimentos: Molinos, Ledesma y Arcor. Lo que se observa es que desde 2007 hasta 2011, a partir de los propios datos de los balances de las empresas, es que tienen un crecimiento constante y creciente de sus tasas de ganancias y de los márgenes que aplican sobre sus productos, los que venden en el mercado interno.

–En tu relación cotidiana con los funcionarios, ¿qué nivel de reconocimiento encontrás del problema inflacionario? ¿Y cuán compleja es la batería de políticas que hay que desplegar para abordar el tema?

–Los funcionarios saben que es un problema y piensan que tiene que haber diferentes intervenciones. Hay una cierta dispersión en las políticas sobre el tema. El análisis de cada cadena de valor, desde el producto original hasta el consumidor, requiere recursos materiales, humanos e interrelación entre diversas áreas de gobierno. El eslabón de la comercialización, por ejemplo, está muy concentrado, sean los supermercados cuando se trata de alimentos o el de los shoppings cuando se trata de indumentaria. Todo eso necesita una intervención más sofisticada.

–¿Pelear contra la inflación depende entonce más de múltiples políticas sofisticadas que de grandes políticas en lo macro?

–No hay recetas mágicas. En el libro menciono que los falsos profetas dicen por un lado que uno de los temas más complejos en las sociedades es el aumento de precios. Pero por el otro lado te ofrecen una receta mágica. Algo falla, si es complejo no hay receta mágica. Debe haber decisiones macro –política de ingresos, monetarias, de precios y su coordinación– y políticas micro.

Recuperación 2013 y Ganancias

–¿Es cierto que vamos a tener un fin de año más promisorio en lo económico sea por la eventual recuperación del Brasil o por el escenario de exportación de productos primarios? Sé que no te gustan los gurúes…

–Está bien eso que planteás de los gurúes porque yo puedo analizar cuál es la situación hoy. Si se mantienen las actuales condiciones, si Brasil puede salir de su estancamiento (todos dicen que Brasil crece y nadie lo rebate; y su crecimiento promedio en estos años fue mediocre, ni qué hablar en comparación con Argentina), si los precios internacionales siguen elevados, si aumenta la cosecha de soja porque no hay sequía y si se mantiene la actual política de ingresos, la situación va a ser un poco mejor que la de 2012. Pero siempre que el mundo no empeore: el 50 por ciento del producto bruto mundial está muy mal hace muchos años.

–¿El gobierno no está en condiciones de responder a la demanda de bajar el piso del Impuesto a las Ganancias por un problema de estrechez fiscal?

–2012 es igual que 2009, hay un impacto muy fuerte de la crisis internacional. En ambos casos no se aumentó el mínimo no imponible y eso tiene que ver con una política fiscal. Pero este tema del Impuesto a las Ganancias merece todo un debate, incluyendo lo de los trabajadores de la cuarta categoría. Aunque haga ruido, la suba del mínimo no imponible beneficiaría a los que más ganan. Lo que requiere una reforma integral del capítulo del Impuesto a las Ganancias es una nueva estructura de escalas de ingresos, con alícuotas crecientes para que sea un impuesto realmente progresivo, un nuevo régimen de deducciones (por ejemplo para el pago de alquileres) y de porcentajes en esas deducciones. Me sorprende de todos modos que las cinco centrales sindicales y la izquierda o la centroizquierda sólo hablen de este tema como gran bandera de progresividad, que no haya un gran debate sobre las profundas inequidades del capítulo Ganancias.

Miradas al Sur - 25 de noviembre de 2012