"En Latinoamérica hay una cierta primavera política que nunca había acontecido"

Entrevista a Enrique Dussel por Florencia Copley
Enrique Dussel es mendocino pero en 1975 se exilió en México, donde vive desde entonces y continúa trabajando como docente universitario, con sus casi 79 años de edad. Es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en historia en La Sorbonne de París, además de doctor honoris causa en Freiburg, Suiza, en la Universidad de San Andrés de Bolivia y en la Universidad de Buenos Aires. En el año ’69, tras el Cordobazo, toma como marco de análisis la “teoría de la dependencia” y comienza a desarrollar junto a otros intelectuales la “filosofía de la liberación”.

“La experiencia originaria de la ‘filosofía de la liberación’ consiste en descubrir el ‘hecho’ masivo de la dominación en el plano mundial (centro-periferia), en el plano nacional (élites - masas, burguesía nacional - clase obrera y pueblo), en el plano erótico (varón - mujer), en el nivel racial (la discriminación de las razas no-blancas), etc.”, explica Dussel.

La última visita del reconocido intelectual a Buenos Aires fue con motivo de la jornada “Cartografías del poder y geopolítica del conocimiento”, que organizó el ministerio de Defensa para presentar la nueva proyección cartográfica de planisferio diseñada por el Instituto Geográfico Nacional y reflexionar sobre las relaciones entre geopolítica, poder y producción de conocimientos.

En esa oportunidad, Dussel conversó con Télam sobre la actualidad política de América Latina, el colonialismo, la importancia de la concepción geopolítica del mundo y la “filosofía de la liberación”.

¿Cómo evalúa los procesos actuales Latinoamérica?

Hay una cierta primavera política que nunca había acontecido. Hay un crecimiento. Creo que hemos comenzado el proceso de la segunda emancipación. Estamos elaborando las teorías y viviendo las primeras grandes experiencias de una América Latina que por fin empieza a situarse en igualdad con los otros bloques históricos que están surgiendo.

Pensar desde sí, sin estar siendo movidos como un títere, eso lo estamos logrando ahora. Porque ni nuestros patriotas lo lograron en el 1810. Sabían que se habían liberado de España pero Inglaterra era el nuevo imperio y caímos en sus manos. Y después de los norteamericanos. Ahora, por primera vez decimos, como dijo el propio presidente Kirchner a Bush: “Usted ha sido elegido por el pueblo norteamericano, yo por el pueblo argentino, así que somos iguales”. Bush se enojó un poco, ¿no? Dijo: “¿Éste qué pretende?”. Pero eso es justamente una cierta dignidad que se está adquiriendo. Estamos en un proceso de desconolonización mental.

¿Qué momento se puede identificar como el nacimiento de las colonias?

Hablar de colonias no es cualquier cosa. La palabra es romana. Los romanos tenían colonias. Pero eran colonias homogéneas, diría yo. Es decir, Roma era una ciudad y el sur de Italia ya era la colonia. Pero en el fondo había continuidad cultural, lingüística, costumbres, de todo. Colonia era la provincia. Pero realmente el primer imperio que Europa conquista fuera de sus fronteras es el imperio azteca.

Me acuerdo de una conferencia en Alemania que un profesor me dijo: “¡No! ¿Cómo? Julio César conquistó Las Galias”. Pero Las Galias es Francia. Eso era algo dentro de una misma cultura de fondo y de una geografía dentro del propio imperio romano en el Mediterráneo. El asunto era cruzar un océano inmenso y llegar a una cultura tan distinta que se preguntaron si esa gente era humana. Porque los veían y no sabían si eran hombres. Y un cronista dice: “Ciertamente son humanos. Estuvieron en la santa arca de Noé pero se han vuelto bestiales por sus costumbres”. Eso fue el primer mundo “otro” y eso son las colonias.

¿En qué consiste el concepto de “geopolítica”?

Geopolítica es justamente el situar el poder en la geografía. En el imperio romano decían: “todos los caminos llevan a Roma”. Cuando uno va al Mediterráneo, se acostumbra a ver de pronto un camino romano que iba a Roma. Porque era piedra grande, de un metro por un metro, donde los carros con ruedas de hierro podían andar. Pero tanto andaban por el camino que hacían una especie de fosa en la roca. Todos los caminos llevan a Roma. Es un concepto espacial, político. Geopolítico.

Al mismo tiempo, el mapa orienta una interpretación del centro a la periferia. Por eso nosotros hemos estado más bien situados en la periferia de los mapas y abajo. Pero cuando uno dice abajo no dice el sur. El sur puede estar arriba, sin embargo en general está debajo, como lo más insignificante. Y en el norte están Europa y Estados Unidos. El mapa ya es una interpretación del territorio. Es decir, el mapa, el espacio, está íntimamente relacionado al poder.

¿Qué es la “filosofía de la liberación”?

Pensar si se puede pensar desde la periferia fue una pregunta lanzada en el año ‘69 – ‘70. Hace mucho tiempo, pero en cierta manera ya planteaba el tema tan conocido hoy de la globalización, porque pensábamos que había un centro que era Estados Unidos y en esa época también la Unión Soviética, Japón. Y por otro lado estaba la periferia.

Como éramos pueblos periféricos, pensar desde nosotros en esa época era un poco inconcebible. Sin embargo, consideramos si era posible pensar desde el sur. Ya nos estábamos adelantando 30 años lo que iba a acontecer.

Entonces, “filosofía de la liberación” es sabernos colonia. Es saber que hubo un movimiento de la liberación, de la emancipación, a comienzos del siglo XIX pero más o menos interrumpido. Porque aunque nuestros héroes lucharon contra España, al fin, España ya era un imperio que se desarmaba y caímos en manos de Inglaterra o Francia, y luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos. Devino así un neocolonialismo cultural, militar… Nuestros militares iban a estudiar a las escuelas militares, las dictaduras las organizaron ellos. Seguimos la etapa colonial y eso la “filosofía de la liberación” lo captó a fondo. El tema era cómo liberarnos.

¿Cuál es el papel del intelectual en América Latina hoy?

Es dar conciencia de nuestra historia, dar conciencia del valor de nuestras culturas, de nuestras experiencias políticas. El pensar en un diálogo con las culturas pero simétrico, nadie superior, nadie sobre nosotros.

No aceptar ninguna dominación y empezar a hacer que nuestra autodeterminación nacional y regional sea una realidad. Eso hay que pensarlo políticamente, literaria, artística, militar, económica, tecnológica, científicamente, a todos los niveles. Y creo que se está produciendo. Empieza a producirse de una manera que nunca había acontecido.

Télam - 26 de noviembre de 2013