El poeta obrero

Vladimir Maiacovski fue una voz notable de la poesía que se convirtió en una de las figuras culturales más relevantes de la Revolución Rusa. De su obra, compartimos "El poeta obrero", escrito en 1918, bajo traducción de Lila Guerreo.

Le gritan al poeta:
"Sería bueno verte trabajar en el taller.
¿Qué son los versos?
¡Vaciedad pura!
Seguro que para trabajar te faltan agallas"
 
Para nosotros, tal vez,
el trabajo es nuestra ocupación preferida.
Yo también soy una fábrica,
y si no tengo chimeneas, tal vez,
sea peor para mí, más difícil, más doloroso.
Yo sé,
no gusta la frase hueca
¡Hachar robles es hacer algo!
Y nosotros
¿Acaso no somos tallistas?
Pescar
es cosa por cierto muy respetable.
Sacan la red,
y en la red, merluzas.
Pero el trabajo del poeta es más respetable;
pescamos gente viva y no peces.
Trabajar ante el horno,
es trabajo penoso,
y más aún, templar en el yunque el hierro candente.
Pero ¿acaso alguien puede acusarnos de holgazanes?
nosotros pulimos las almas,
con la gubia del verso.
¿Quién vale más,
el poeta o el técnico,
que conquista para el mundo,
comodidades y objetos?
¡Ambos!
Motores iguales son sus corazones.
El alma es el mismo móvil astuto.
Somos iguales,
camaradas de la masa obrera
proletarios de cuerpo y alma.
¡Sólo juntos
remozaremos el universo,
y con marchas iremos cantando!
Nos cuidaremos del diluvio de las frases huecas.
¡Al grano!
¡El trabajo es vivo y bueno!
A los oradores vacuos, al molino,
¡Que den vuelta la manija de sus discursos!