El legado, la herencia

Julián Blejmar
El kirchnerismo culminó su gestión con una contundente suba del empleo y de los ingresos, junto a una fuerte baja del endeudamiento externo. Paralelamente, deja una coyuntura de restricción externa y déficit fiscal. Esta economía está dirigida por una política que tiene objetivos, y que está dispuesta a hacer lo que hay que hacer para que esos objetivos se cumplan”, señaló Axel Kicillof poco antes de asumir como ministro de Economía, para luego detallar que estos objetivos serían “defender el trabajo y la mesa de los argentinos”. Fue, en rigor, una síntesis sobre los doce años de gestión económica kirchnerista, donde todas las variables de la economía debieron subordinarse a estos dos grandes objetivos, el empleo y los ingresos (salarios, jubilaciones, planes sociales).

Sus resultados fueron elocuentes. La última medición de desempleo del Indec, correspondiente al tercer trimestre del año, alcanzó el mínimo histórico en los últimos 28 años, al medir 5,9% de desocupación (709 mil personas), cifra que representa poco más de la cuarta parte del guarismo en el que se encontraba antes de la llegada del actual gobierno al poder, es decir un 21,5% en 2003.

En lo que respecta al salario, luego de una tendencia declinante a lo largo de gran parte del período neoliberal (1976-2001), con los gobiernos kirchneristas y la implementación de las negociaciones paritarias se experimentaron crecimientos en la mayor parte de los años, implicando hasta 2013 un ascenso del salario real cercano al 30,5% en relación a 2003, según el Informe de Coyuntura (N°15) del Centro Cifra de la CTA. Este mismo organismo dio cuenta de un descenso del salario del 4,8% en 2014 –año de la devaluación ampliada–, aunque se descuenta que ese terreno fue recuperado en el presente año, con paritarias que promediaron un 29% de aumento frente a una inflación que, de acuerdo al IPC de la Ciudad de Buenos Aires, se proyecta al 24% anual.

Paralelamente, el gobierno saliente incorporó ingresos mensuales para 3,4 millones de niños a través de la Asignación Universal por Hijo, otorgó 2,9 millones de beneficios jubilatorios (jubilaciones y/o pensiones) y acreditaciones mensuales para un millón de jóvenes de 18 a 24 años mediante el plan Progresar, cuyas actualizaciones en casi todos los casos superaron a los índices de inflación (sin tomar en cuenta el del Indec) según el mismo Centro Cifra.

Pero hubo otro elemento que también exhibió un revés con lo acontecido durante los años sombríos del neoliberalismo en la Argentina. Y es lo acontecido con la deuda pública, donde el desendeudamiento fue el gran protagonista. En efecto, desde el espacio opositor se buscó instalar en la opinión pública que el de­sendeudamiento era un “relato”, pues la deuda del Estado en 2001 era de 144.500 millones de dólares y, según el último dato de la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía (fines de 2014), de 221.748 millones. Pero la correcta medición para estos casos es tomar el nivel de deuda sobre el PBI (lo total de lo producido por el país durante un año), pues de otro modo no habría referencias sobre la capacidad de un país para afrontar sus compromisos. De esta forma, se puede observar que en 2002 la deuda representaba el 166% del PBI, mientras que en la actualidad se encuentra por debajo del 40%. Aún más, mientras que en 2001 el grueso de la misma era en moneda extranjera y ante inversores privados, es decir muy compleja y cara para refinanciar, hoy en día el 61,3% está contraída con el propio Estado, mayormente con el Banco Central, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses y el Banco Nación, mientras que la deuda en dólares representa solo el 7,3% del PBI, de los cuales el 13,2% corresponden a organismos multilaterales y bilaterales como el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), o la Corporación Andina de Fomento, es decir mayormente refinanciable. De todas formas, es necesario aclarar que estos cálculos no incorporan el segmento que está en disputa con los fondos buitre, que se calcula cercano a los 17.000 millones de dólares contabilizando capital e intereses. Solo el 10% de ese monto tiene un fallo firme (el juicio ganado por NML y otros fondos buitre), mientras que el resto se encuentra pendiente de una negociación.

Cuestiones pendientes

Por cierto, cualquier política económica trae aparejado sus costos asociados. En el caso del empleo, durante los últimos años de crisis global y caída en el precio de las materias primas, que mayormente exporta argentina, el sostenimiento y crecimiento de este índice fue a costa de un creciente gasto público para sostener la actividad interna. Así, el resultado fiscal (diferencia entre ingresos y egresos públicos) de 2015, llegaría de acuerdo al Estudio Bein a un déficit del 6,4% sobre el PBI (el total de lo producid en un año), aunque en el caso del déficit primario, es decir sin contar el pago de servicios de la deuda, esta cifra se reduciría al 4%. En cualquier caso, se trata del mayor déficit fiscal desde 1989, aunque similar al que incurrieron muchos países para sortear sus propias crisis. Por caso, en 2014 el déficit fiscal de Estados Unidos fue del 5,7% sobre su PBI, el de España del 6,8%, el del Reino Unido del 5,8%, el de Japón del 8,7%, el de Portugal del 4,9%, el de Francia del 4,1%, el de Brasil del 3,2% y el de Canadá del 3%.

Asimismo, con el fin de sostener y aumentar el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones, y programas sociales, el Gobierno no solo recurrió a la implementación de paritarias o programas específicos como “Precios Cuidados”, sino que también buscó reducir la inflación “anclando” el valor del dólar. Si bien, tal como se comentó, el resultado fue exitoso en función de defender los ingresos de la clase trabajadora, se produjo también un dólar retrasado o “barato”, que está impactando sobre las reservas del Banco Central, debido a la fuerte demanda por parte de importadores y público en general. En concreto, las reservas se sitúan actualmente en alrededor de 26.000 millones de dólares, un número que luce complejo si se tiene en cuenta que, pese a las restricciones a su compra, solo por “dólar ahorro” la clase alta y media alta adquirió 9.000 millones en menos de dos años, y por compras con tarjeta en el exterior más de 5.000 millones en este 2015, siempre con una demanda que se mantuvo creciente. Como contrapartida el principal ingreso de divisas, las exportaciones de granos, exhibió una fuerte reducción, debido al rechazo del dólar “barato” que reciben. Según la Cámara Ciara-CEC, durante el 2014 los agroexportadores liquidaron 24.000 millones de dólares, pero a sólo poco más de un mes de finalizar este 2015, el total liquidado es de 17.500 millones.

Desafíos complejos para el próximo presidente. Aunque nimios, al compararlos con la Argentina de 20% de desocupados, pobreza superior al 50%, y salarios deprimidos que recibió el actual gobierno.

Miradas al Sur - 24 de noviembre 2015