El laberinto de las papeleras

Aldo Ferrer (para Clarín)

Los gobiernos de Argentina y Uruguay deben asumir los errores cometidos y afrontar una negociación que contemple la compatibilidad entre preservación ambiental y desarrollo socio-económico.
Cómo es posible que, en un espacio compartido, proyectos de gran escala que afectan al desarrollo y al medio ambiente de toda la región, puedan ser llevados hasta un avanzado nivel de ejecución sin acuerdo previo entre los países?

¿Por qué estos proyectos se despliegan en la forma tradicional de la inversión privada directa, con la extranjerización lisa y llana del control de las firmas, siendo que es posible concebir empresas (joint ventures) con participación decisiva de capitales propios, argentinos, uruguayos y mercosureños, con el aporte complementario necesario de las empresas extranjeras?

La respuesta es clara: esto sucede porque el Mercosur abandonó el empleo de la programación del desarrollo industrial de la región, en los sectores claves (como lo es el de celulosa y papel), que estaba previsto y puesto en práctica (en el sector de bienes de capital) en los acuerdos bilaterales argentino-brasileños, durante las presidencias de Alfonsín y Sarney. El instrumento quedó contemplado en el Tratado de Asunción pero se lo llevó el viento durante el temporal neoliberal que asoló a nuestros países.

Imaginemos un escenario distinto del desarrollo de las papeleras de Fray Bentos, en el contexto de una estrategia compartida de desarrollo industrial. Uruguay toma la iniciativa de desarrollar inversiones en el sector y lo acuerda con Argentina en un espíritu de abrir nuevas oportunidades a los socios de menor dimensión del Mercosur.

Empresarios de la región, que no nos faltan, seguramente propondrían la formación de una empresa integrada con el tejido industrial y tecnológico del Mercosur, movilizando el aporte extrarregional de tecnología y financiamiento que fuera necesario, pero manteniendo el control de las firmas. En tal caso, contribuiríamos a construir capitalismos nacionales en Argentina y Uruguay y, al final, un capitalismo mercosureño, con el pleno desarrollo industrial y tecnológico de los países miembros, con empleo de calidad, sin pobres y con equidad.

Las papeleras de Fray Bentos son un resabio del viejo modelo centro periferia. Vale decir, la extracción de recursos naturales de nuestros países, bajo la gestión de filiales de empresas extranjeras, destinada a la exportación al mercado mundial. Este modelo, como lo revela la experiencia latinoamericana y del resto del mundo, no resuelve el problema del desarrollo sustentable. nI Uruguay, ni la Argentina, serán prósperos si predominan este tipo de inversiones y, de paso, pueden enfrentar problemas como los actuales, en un diferendo inconcebible y absurdo entre argentinos y uruguayos.

Ahora hay que resolver, entre pueblos fraternos y estados soberanos, el problema inmediato. Es factible satisfacer el reclamo argentino de seguridades sobre la viabilidad ecológica de los proyectos y la defensa del medio ambiente de un espacio compartido, normalizando el tráfico en una zona vital para el Mercosur y garantizando el derecho soberano de Uruguay de promover las inversiones y su desarrollo.

Pero esta historia no puede repetirse y debe dejarnos enseñanzas fecundas para el futuro. Argentinos, uruguayos, brasileños, paraguayos y sus socios en el Mercosur, para generar producción y empleo, debemos construir sistemas productivos integrados y complejos capaces de asimilar y generar conocimientos en todo el tejido económico y social. Tenemos que abrirnos al mundo, manteniendo el control de nuestro propio destino en el orden global.

Debemos aprender de nuestra experiencia y de la ajena y observar que no existen países exitosos fundados sobre capitalismos vulnerables y dependientes, desigualdad y pobreza, como, prevalece en nuestra realidad actual. Si encaramos juntos el desafío seremos más fuertes. Esta es la agenda pendiente del Mercosur posible.

Dadas las asimetrías existentes, de tamaño y nivel relativo de desarrollo, el mercado, librado a sus propias fuerzas, multiplica los conflictos y, en definitiva, lleva al desencuentro y la parálisis.

Deben introducirse las políticas públicas comunitarias en el Mercosur. Así convertiremos problemas, como el de las papeleras de Fray Bentos, en oportunidades de desarrollo, empleo y construcción nacional de nuestros países, en el espacio solidario de la región.