Documento de Trabajo Nº 56

CEFID-AR

 

Las inquietudes que llevaron al filósofo Adam Smith, autor de la Teoría de los Sentimientos Morales, al terreno barroso de la materia, y a crear la obra madre de la Economía como ciencia, La Riqueza de las Naciones2, se refieren a los profundos interrogantes que generaba el sistema de producción que se fortalecía crecientemente en ese entonces: el Sistema Capitalista.

Los lazos sociales que sostenía la Iglesia se disolvían, los gremios se debilitaban y las decisiones sobre qué y cuánto producir pasaban a ser aisladas, sin ninguna planificación atenta a las necesidades sociales. ¿Cómo podría sostenerse una sociedad de este tipo? Las preguntas que desvelaban a Adam Smith, y luego a Karl Marx y a Karl Polanyi, fueron abandonadas por la ciencia económica dominante poco después, y el vínculo entre los lazos sociales, e incluso afectivos, y la organización de la sociedad para producir y distribuir los bienes necesarios para la subsistencia, dejado de lado.

En un mundo económico comandado por los inversores financieros globales y las grandes empresas transnacionales, los emprendedores3 que integran la llamada Economía Social y Solidaria (ESS) realizan actividades económicas (es decir, de producción y/o distribución de bienes y/o servicios, incluyendo las actividades financieras), teniendo como finalidad principal el bienestar humano y la mejora de la calidad de vida de sus integrantes y de su comunidad de pertenencia, al tiempo que incorporan diversas formas de trabajo asociativo y de gestión democrática. Se trata de un universo heterogéneo compuesto por emprendimientos de diverso tipo y forma jurídica, difícil de recortar y conmensurar. Sin embargo, las dificultades teóricas y metodológicas que pudieran existir corren tras el crecimiento y fortalecimiento de las trayectorias empíricas de la ESS y tras el creciente rol que han ocupado en las políticas públicas instrumentadas en América Latina.

 

Documento de Trabajo Nº 56 - abril de 2014