¿Disipación del desempleo o espejismos de la Argentina post devaluación?

Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social

El artículo analiza las diversas formas de empleo, en función de evaluar los cambios ocurridos en la "calidad ocupacional", condiciones productivas e institucionales, estabilidad, protección, cantidad de horas trabajadas e ingresos laborales, y de desempleo ('friccional' y estructural) durante el período post devaluación, dando cuenta de la existencia de un mercado de trabajo segmentado en cuanto a sus rasgos estructurales y modos de funcionamiento.

Agustín Salvia (Investigador CONICET. Coordinador del Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social, Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA (CEyDS-IIGG), investigador jefe del Observatorio de la Deuda Social Argentina/UCA), Luciana Fraguglia (Becaria CONICET. Integrante del CEyDS-IIGG) y Ursula Metlika (Lic. en Sociología. Integrante del CEyDS-IIGG)
Fuente: Rev. Laboratorio online ISSN : 1515-6370
Instituto de Investigaciones "Gino Germani"
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Buenos Aires - Argentina.
[http://lavboratorio.fsoc.uba.ar]

I. Introducción

La vinculación entre los cambios estructurales y el deterioro dela situación social a fines del siglo XX en la Argentina, forman una idea fuerza ampliamente aceptada. Avala esta línea de diagnóstico una extensa literatura que describe el alcance del problema en términos de pobreza, desempleo, precariedad laboral y desigualdad en la distribución del ingreso. Entre sus causas funcionales, el problema tiende a ser explicado por la volatilidad económica que ha experimentado el país y la debilidad institucional del Estado. En cualquier caso, se reconoce como causa más estructural la falta de un programa estratégico de desarrollo capaz promover un crecimiento relativamente estable e integrar al país al escenario de una economía globalizada1.

En este contexto, la crisis del empleo resulta un fenómeno especialmente complejo cuya explicación -tal como destacan la mayoría de los trabajos de investigación- no se reduce a los cambios estructurales de la última década. Sin embargo, también es cierto que durante el programa de reformas estructurales -bajo el régimen de convertibilidad-, el deterioro del mercado de trabajo argentino alcanzó una virulencia significativa, afectando en forma global y cualitativa la estructura social del trabajo2.

En términos de balance resulta evidente que el deterioro del empleo constituyó un rasgo característico tanto de las fases de crecimiento (1991-1994 y 1996-1998)como de crisis (1995-1996 y 1999-2001) a lo largo de la década del noventa. Este deterioro ha dejado en evidencia un mercado de trabajo heterogéneo en cuanto a su funcionamiento interno y a las oportunidades de movilidad ocupacional y social que genera. La literatura aborda la descripción del problema en términos de heterogeneidad sectorial (empleos en el sector formal o el sector informal) o en términos de precariedad laboral (empleos registrados y estables o empleos precarios o inestables)o en términos de desajuste entre la calificación demandada delos nuevos puestos y la calificación de la fuerza de trabajo.

En cualquier caso, la calidad del empleo creado constituye un indicador importante para evaluar los desequilibrios del mercado de trabajo o, incluso, llamar la atención sobre la existencia de mercados que funcionan de manera segmentada. La salida del modelo de la convertibilidad y la reactivación económica y ocupacional ulterior a la crisis de dicho modelo generan un conjunto de interrogantes relevantes en cuanto al actual comportamiento y las perspectivas que presenta este mercado de trabajo.

Por donde se los mire los datos oficiales sobre crecimiento de la actividad, el empleo y la ocupación horaria resultan positivos y promisorios. Ahora bien, ¿en qué medida la recuperación económica está implicando un cambio en el funcionamiento del mercado de trabajo? ¿Qué alteraciones se están produciendo en términos de calidad del empleo yen la estructura del desempleo? El presente artículo aborda estas preguntas analizando distintas formas de empleo y de desempleo, bajo la hipótesis de que a pesar de la recuperación económica y laboral, se mantiene vigente un mercado de trabajo segmentado en cuanto a sus rasgos estructurales y modos de funcionamiento.

De este modo, se busca un acercamiento que brinde mayores elementos de análisis con el objetivo de evaluar los cambios ocurridos en la "calidad ocupacional" durante el período 2003-2005. Este análisis considera: 1) diferentes formas de inserción laboral, así como condiciones productivas e institucionales asociadas a cada inserción, en términos de estabilidad, protección, cantidad de horas trabajadas e ingresos laborales; y2) diferentes formas de desempleo, tales como el desempleo de tipo 'friccional' y la desocupación de carácter estructural. La información empírica fue elaborada a partir de los microdatos trimestrales de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC (Continua), correspondientes al período que va del 3º trimestre de 2003 al 3º trimestre de 2005, para el total de aglomerados urbanos del país relevados por el INDEC.

II. El método utilizado para abordarla calidad ocupacional

La literatura ha mostrado la importancia del trabajo como un factor que marca el proceso de formación de una identidad adulta y el modo de integración en la vida social. Por lo tanto, la imposibilidad de conseguir un empleo -o de perderlo en caso de contar con él- tiene un efecto negativo sobre la formación de la personalidad. En tal sentido, los estudios han demostrado que la situación de desempleo debilita tanto la integración social como la estabilidad psicológica, mostrando una asociación inversa entre el desempleo y el bien estar personal medido en términos de depresión, ansiedad yautoestima3.

Los sectores de la población participan de la necesidad de un trabajo o empleo, ubicados en espacios económicos y sociales particulares, lo cual implica la existencia de muy distintas posibilidades de acceso a recursos y capacidades de realizar logros de desarrollo a partir del trabajo. Sobre esta desigual estructura de oportunidades, parece emerger una realidad social globalizada sometida a un proceso que opera en dos direcciones: a) un mayor desarrollo técnico puesto al servicio del desarrollo personal a favor de unos pocos privilegiados que pueden hacer del trabajo una fuente de realización personal; y b) una multiplicación de las economías de la pobreza en donde el trabajo es para una gran mayoría requisito de subsistencia y fuente de explotación o de auto explotación forzada.

Estos procesos abren el escenario del trabajo a un estallido de mayores desigualdades en un orden social cada vez más polarizado. En este contexto, las sociedades modernas han procurado instalar el derecho universal delas personas a sostener y desarrollar su vida a través de un trabajo digno y estable. De esta manera, el trabajo ha pasado a ser materia de fomento, protección y regulación de los Estados.

En lo que respecta al caso argentino, son conocidas las diferenciales estructurales que presentan los distintos sectores sociales en cuanto a poder acceder a un empleo y, aun más, si de lo que se trata es de acceder a un trabajo de calidad a las normas nacionales e internacionales que regulan los derechos laborales.

Por otra parte, es también conocida la vigencia de un complejo vector de condicionantes que atraviesan el mercado laboral, segregando las oportunidades de inserción y movilidad de la población según su particular posesión de capitales educativos y socio-culturales5. Al respecto, se ha puesto de manifiesto que se trata de un problema de tipo estructural, sobre el que muy poca incidencia han tenido las diferentes coyunturas de crecimiento económico y los variados formatos institucionales que asumieron las políticas económicas y sociales durante los últimos años (Salvia, 2004; 2005).¿Cómo abordar esta segmentación en las oportunidades laborales que surge de la estructura social y se reproduce en los comportamientos e intercambios que establecen los agentes económicos y sociales?

Si aceptamos que la economía tiene capacidad para generar distintos tipos de puestos de trabajo, entendiendo que esto conlleva a situaciones diferenciales para quienes los ocupan (baja o nula protección laboral y social, bajos salarios, inestabilidad), el problema de la calidad de los puestos generados y el tipo de desempleo existente puede ser un indicador de dicha segmentación.

Para ello resulta útil distinguir diferentes segmentos ocupacionales a partir del comportamiento que registran algunas variables críticas del mercado de trabajo (empleo, protección social, salario, etc.)6.

Desde esta perspectiva, el mercado de trabajo puede ser representado a partir del funcionamiento de las condiciones, normas e instituciones sociales que rigen y estructuran espacios diferenciados dentro del conjunto de interacciones entre puestos y trabajadores. El adoptar esta particular miradas obre la segmentación del mercado -descartando el recorte por productividad o tamaño de las unidades económicas- permite identificar diferentes estratos ocupacionales con distintas capacidades de integración y movilidad social.

Sin duda, esta perspectiva sobre el problema toma distancia de los enfoques que suponen un mercado homogéneo, auto regulado y en donde el desempleo se define como "voluntario" y explicado por las expectativas sobrevaluadas de la mano de obra. Tomando en cuenta estas consideraciones, no parece recomendable evaluar los cambios en el nivel y la calidad del empleo a través de los indicadores tradicionales sobre el mercado laboral(actividad, empleo, desocupación, subocupación).

En el mejor de los casos, tales variables pueden dar cuenta de tendencias generales, pero no de las diferentes formas y comportamientos que puede presentar el mercado laboral. La simple y directa aplicación de estos indicadores no permite efectuar distinciones con relación al tipo de empleo generado, ni en cuanto al avance o retroceso del desempleo estructural y de los segmentos primarios o secundarios del mercado laboral.

Estas limitaciones nos han llevado a ampliar la noción de problemas de empleo procurando medir con mayor detalle la "calidad ocupacional" que genera el desenvolvimiento económico y social al interior del mercado de trabajo. En función de estas preocupaciones se ha procedido a identificar una serie de categorías ocupacionales de empleo y desempleo que permiten analizar con mayor detalle la compleja situación del mercado laboral argentino. Tal clasificación busca constituirse en una aproximación a la segmentación laboral, buscando diferenciar formas de empleo o de desempleo distintas -en términos de tipo y calidad-.

Este procedimiento no implica sostener la desvinculación de los segmentos del mercado de trabajo y las formas precarias o marginales de empleo con respecto a los sectores económicos, pero sí, al menos, busca no ligarlas por definición a un sector determinado (p.e. formal o informal, tradicional o dinámico, público o privado, etc.).Para este trabajo, la "calidad ocupacional" se definió en términos operativos a través de clasificar la actividad económica principal de la población económicamente activa -ampliada por la población laboralmente desalentada-, distinguiendo distintas calidades de empleo y tipos de desempleo:

a) En primer lugar, se ha identificado a los empleos que se realizan en el segmento más moderno y dinámico del mercado de trabajo, siendo los mismos de alta calidad por contar con estabilidad, ingresos por sobre los mínimos de subsistencia, aportes a la seguridad social y protección legal(empleos en el segmento primario).

b) En segundo lugar, se reconoce una importante porción de empleos que se desarrollan en el segmento más atrasado, escasamente regulado y más competitivo del mercado de trabajo. Se trata de empleos sin protección legal ni social, trabajos con ingresos por debajo de las necesidades de subsistencia, o incluso, subocupaciones que se desarrollan en el marco de los programas de empleo público (empleos en el segmento secundario).

c) Por otra parte, al interior del desempleo, se ha clasificado en primer lugar a aquellos desocupados que registran menor tiempo de desempleo, tengan o no experiencia laboral anterior, con alta probabilidad de ser el mismo un empleo de tipo fricción al (desempleo reciente).

d) Por último, se ha identificado aquellos desocupados que registran un mayor tiempo de desempleo o que, si bien desean trabajar, no buscan empleo porque no creen poder encontrarlo (desempleo estructural).

La figura N° l brinda las definiciones operativas utilizadas para delimitar cada segmento o categoría de análisis.

III. El escenario reciente de expansión del empleo.

Con posterioridad al impacto generado por la devaluación de2002, la introducción de herramientas macroeconómicas basadas en un tipo de cambio alto, elevado superávit fiscal y relativo control inflacionario, generó condiciones internas favorables para que tuviera lugar un crecimiento económico promedio del PBI al 9% anual. Este crecimiento económico ha impactado en forma directa y positiva sobre el empleo, aumentando la demanda en términos absolutos y haciendo caer sistemáticamente las tasas de desempleo y subempleo.

Durante los primeros semestres post crisis, esta expansión del empleo tuvo un desempeño extraordinario (medido en términos de elasticidad empleo - producto, ver Cuadro 1), pero con el correr del ciclo este comportamiento inicial tendió a amortiguarse, alcanzando la creación de empleos a niveles similares a los de la segunda parte de la década del noventa7.

En efecto, el seguimiento de los indicadores sobre actividad y empleo permiten reconocer tendencias que ya vienen siendo observadas desde la literatura especializada: tras un acelerado incremento de la ocupación vinculada a la expansión inicial dela producción en base a la utilización de capacidad instalada ociosa, la proximidad a tasas de crecimiento sectoriales sostenibles vuelven los niveles de crecimiento del empleo avalores más próximos a las tendencias históricas a razón de la estructura productiva existente (Feliz y Pérez, 2005). De todos modos, el crecimiento del producto a una tasa del 9% anual ha seguido empujando al desempleo hacia la baja y según los datos oficiales la tasa de desocupación habría bajado del 20,4% en el primer trimestre de 2003 al 10,1% en el cuarto trimestre de 2005 (incluyendo como ocupados a quienes tienen planes de empleo y realizan alguna contraprestación laboral).

Ese comportamiento puede entenderse en el sostenimiento de una competitividad vía costos (incluido los costos laborales),sustentada en la depreciación del tipo de cambio y en un retraso en la planificación de un crecimiento económico orientado a la expansión de la productividad. Si bien parece evidente que la recuperación del empleo se presenta como un objetivo dentro de la política desde el gobierno, en el marco delas restricciones señaladas -aún bajo un ciclo económico expansivo- las posibilidades de recuperación de la situación social a partir de las formas de inserción de la fuerza de trabajo en el mercado laboral resultan todavía -tal como veremos limitadas.

De ahí los interrogantes sobre los límites que la sola expansión de la economía puede tener en cuanta al impacto positivo sobre el funcionamiento del mercado de trabajo y las situación social, el cual no parece encontrar alteraciones en su dinámica de segmentación y restricción de la estructura de oportunidades, en un marco de restricciones a la aplicación de políticas efectivamente redistributivas8.

IV. Situación laboral, estructuras del empleo y segmentación del mercado laboral

A fin de reconocer el impacto del crecimiento económico sobre la dinámica del mercado de trabajo se describe la evolución dela estructura ocupacional centrando el análisis en la calidad dela inserción ocupacional y la segmentación del mercado laboral. El trabajo se ubica en el nuevo escenario expansivo post devaluación (tercer trimestre de 2003 y el tercer trimestre del2005) a partir de las bases de datos y proyecciones de población de la EPH-INDEC. Para ello, se analizan los cambios netos y las variaciones absolutas experimentadas por la población activa (ampliada por la inclusión de los desalentados)para el total de los aglomerados relevados.

Evolución de la situación laboral de la fuerza de trabajo

El Cuadro 2 que se presenta a continuación da cuenta de la participación relativa de los diferentes segmentos ocupacionales para el empleo y tipos de desempleo a lo largo de los últimos dos años (3º trimestre 2003 al 3º trimestre 2005),correspondiente al total de las áreas urbanas relevadas por la EPH. Un primer acercamiento a los datos, nos permite corroborar la tendencia de crecimiento de la participación del empleo y la consecuente caída de la participación del desempleo. Sin embargo, es preciso analizar este comportamiento a partir de la desagregación de la información para comprender el alcance de dicha recuperación al interior de los segmentos del mercado de trabajo y de la estructura del desempleo.

En primer lugar, se destaca un aumento de la participación vinculada a situaciones de empleo propias del segmento primario (del 30% al 36% entre puntas de período), a la vez que la participación del empleo en el segmento secundario se mantuvo estable (con valores próximos al 51%). Dicho comportamiento constituye un dato importante de la marcada heterogeneidad estructural que continúa presentando el mercado laboral.

En segundo lugar, se observa que si bien el empleo pleno en el segmento primario ha aumentado, esto seda conjuntamente con la reducción de los empleos parciales.

Por otro lado, dentro de la estructura del segmento secundario, se reconoce un claro aumento de los empleos precarios junto a una reducción de los trabajos de indigencia y de los planes de empleo. De tal forma se entendería la estabilidad del segmento dentro del cual se manifiestan los efectos positivos de las políticas distributivas y las redefiniciones en las políticas de empleo, y una simultánea expansión de empleos de baja productividad y sin acceso a la cobertura social.

Por último las fluctuaciones que se observan al interior del desempleo, dan cuenta de la heterogeneidad en las oportunidades de acceso a un empleo. En primer lugar debemos destacar la caída del desempleo estructural, principalmente entre los cesantes de más de seis meses. Si bien el desempleo reciente presenta una recuperación menor al antes dicho, su peso relativo al interior de la desocupación sigue ubicándose por debajo del desempleo estructural9.

De esta manera, a pesar de que la situación general ha experimentado una mejora significativa respecto a los años signados por la crisis post convertibilidad, no puede dejar de observarse que en el tercer trimestre de 2005 casi el 60% de población económicamente activa urbana continúa presentando problemas en el acceso a empleos de calidad. Estos problemas refieren a situaciones de desocupación estructural, trabajo con ingreso por debajo de la canasta familiar de indigencia y empleos precarios. En tal sentido y conociendo la evolución que siguió el mercado de trabajo a lo largo de estos últimos dos años, cabe preguntarse sobre el alcance en la participación de la población ocupada dentro de las distintas categorías de la ocupación.

Específicamente interesa indagar sobre la incidencia de la demanda laboral de los sectores público y privado en la estructura del empleo.

Evolución de la calidad del empleo según sector público o privado

Una primera observación que se deriva del análisis de la estructura del empleo total (Cuadro 3) es que el crecimiento del mismo en el segmento primario estuvo dado fundamentalmente por el incremento progresivo del empleo pleno, a costa incluso del empleo parcial dentro del mismo segmento. Este último fenómeno podría estar dando cuenta de una expansión de la jornada laboral, en principio reducida involuntariamente.

Por otro lado, la leve disminución del empleo en el segmento secundario se explica por la evolución del segmento a partir del segundo trimestre del 2005. Dicha disminución se produce básicamente por la caída de los planes de empleo y la mejora en los niveles saláriales que reduce estadísticamente los empleos de indigencia. Estos dos comportamientos se contraponen con el seguido por el empleo precario, que tras mantener ciertos niveles de estabilidad hasta fines del 2004, aumenta desde sistemáticamente durante 2005.

Si bien no puede hablarse de desplazamientos necesarios entre las categorías del segmento secundario, es factible imaginar transferencias entre estas. En un mercado de trabajo donde sólo algo más del 40% de la población ocupada accede a un empleo con cobertura social e ingresos aceptables, las oportunidades de obtener un puesto en el sector más dinámico(donde las demandas de competencias son mayores) viniendo del segmento más retrasado, parece encontrar canales reducidos, al menos para el grueso de la fuerza de trabajo que se encuentra en el segmento secundario del mercado laboral. Esta breve descripción de la estructura del empleo, nos permite introducirnos en el análisis de la evolución de la composición sectorial del empleo, diferenciando el comportamiento del sector privado del sector público10.

Al respecto, a nivel del conjunto de aglomerados urbanos relevados, se observa un paulatino retroceso del sector público en el peso del empleo total. En tal sentido, la mayor contracción se registra en el segundo semestre de 2003, el cual se continúa durante todo el período hasta alcanzar una caída de 6 p.p. entre puntas. De esta manera, entre el tercer trimestre de2003 y el tercer trimestre de 2005, el sector público redujo su participación en el empleo total del 24% al 18% (ver Gráfico 1).

Ahora bien, el análisis de la evolución de la estructura del empleo al interior de cada sector (Cuadro 4) muestra un comportamiento muy similar entre sí (si bien en proporciones diferentes ), destacándose el incremento tanto del empleo pleno como del empleo precario en ambas esferas.

El aumento de los empleos de calidad a lo largo de los trimestres (con mayor incidencia en el sector público) explica la creciente participación del segmento primario en el total de la ocupación. Por otro lado, la contracción de los empleo de baja calidad (segmento secundario) tuvo lugar a razón de la menor intervención de los ocupados en programas de empleo(especialmente al interior del sector público) y de los ocupados en trabajos de indigencia (particularmente al interior el sector privado). Tal comportamiento se explicaría en principio por el efecto combinado de la expansión de la demanda laboral y el aumento de las remuneraciones mínimas fijadas desde elgobierno11.

Cabe destacar que, siendo el sector público el ámbito donde se registra una mayor concentración de empleos en el segmento primario (61%), el peso que el mismo tiene sobre el total de la ocupación sólo permite explicar el 26% del empleo de calidad(al último trimestre objeto de observación). Así mismo, no puede dejar de mencionarse el elevado porcentaje de empleos que el sector genera al interior del segmento secundario12.Cerca del 40% de las ocupaciones estatales se ubican en esta condición, con una presencia mayoritaria de empleos precarios y una (todavía) importe presencia de ocupados en planes de empleo. En lo referente al sector privado, su capacidad de ocupación en el segmento primario no llega al 40% de la ocupación, si bien explica el 74% del total de los empleos de calidad.

De esta forma, el sector que se expresa el comportamiento genuino de la economía de mercado, concentra en la actualidad el 60% del empleo en el segmento secundario, con una participación similar entre empleos precarios y trabajos de indigencia. Lo desarrollado hasta el momento ha puesto de manifiesto este comportamiento dual entre la recuperación de los niveles de empleo y la caída significativa de la desocupación, por un lado, y la desigual participación en la estructura de oportunidades, por otro.

V. Comportamiento y tendencias de la dinámica del empleo según segmento

Con el objetivo de acercar una mejor descripción de los cambios que están ocurriendo en el mercado de trabajo urbano, se presenta a continuación un análisis del comportamiento desnacionalizado de la actividad laboral y del empleo en sus distintas categorías, considerando las variaciones trimestrales interanuales correspondientes a la población absoluta. De esta manera se logra tener una medida mas adecuada para evaluar las tendencias que vienen operando al interior de la estructura social del trabajo.

En lo que respecta a la evolución que sigue tanto la población ocupada como la población desocupada, se destaca que tras una desaceleración en la expansión de la primera y de retracción de la segunda entre fines de 2004 e inicios de 2005, se registra una recuperación en el comportamiento de ambos indicadores para las mediciones recientes. Sin embargo, cabe señalar que, en relación a la desocupación su mayor retracción (segundo trimestre de 2005) coincide con una caída de la población activa y un incremento más bajo del nivel de empleo, lo cual cabe presuponer un retiro hacia la inactividad de algunos sectores del mercado secundario13.

De esta manera, el análisis de los datos interanuales para el tercer trimestre (único trimestre posible de comparación), entre 2005/2004 y 2004/2003, muestra que la población ocupada continúa creciendo aun que a un ritmo más lento y que sigue siendo relevante la caída del desempleo, siendo esto posible gracias al menor crecimiento que registra la oferta laboral (ver Cuadro 5).El Cuadro 6 busca evaluar el alcance y los movimientos que están detrás de estos comportamientos teniendo en cuenta la situación laboral y la calidad de la inserción de la fuerza de trabajo. Para ello se expone las variaciones absolutas que ha experimentado la población activa estudiada según calidad del empleo y tipo de desempleo (ver Cuadro 6).

En primer lugar, se replican las tendencias generales hasta ahora analizadas. Así, se observa un incremento del empleo en el sector primario, aunque es destacable el gran aumento que este indicador presenta en el último período. Este comportamiento se explica fundamentalmente a partir del crecimiento constante que experimentó el empleo pleno y la disminución del empleo parcial, posiblemente relacionado esto con una mayor utilización horaria más intensiva de la fuerza de trabajo disponible en el segmento. Por otro lado, dentro del empleo en el segmento secundario se advierte un aumento del empleo precario como producto de la caída delos trabajos con ingresos de indigencia y de los planes de empleo. Esta tendencia se observa fundamentalmente a partir del 2004.

En segundo lugar, el análisis al interior del desempleo muestra comportamientos interesantes de ser analizados. Si bien se observan caídas generales a nivel del desempleo, son importantes las tendencias que se observan al desagregar desempleo reciente con el desempleo estructural. En el primero de los casos, la retracción más llamativa es aquella que se produce en la oferta de nuevos trabajadores, que acompaña la caída de los desocupados cesantes con hasta seis meses de búsqueda. En el caso del desempleo estructural, este continúa desacelerando su nivel de retracción, particularmente en el último año. Esta tendencia parece estar signada por la evolución del desempleo mayor a seis meses, siendo su caída menor a aquella que se observa en los otros periodos considerados.

De esta manera, es evidente que la recuperación económica ha generado un crecimiento general del empleo, el cual si bien tuvo en buena parte como destino el segmento primario, no dejó tampoco de generar nuevos empleos de baja calidad en el segmento secundario. Asimismo, destaca las limitaciones que el mercado de trabajo parece encontrar en la actualidad en cuanto a absorber desocupados estructurales y atraer nuevos trabajadores. El tipo de evidencia presentada permite revisar la dinámica en cuanto al tipo de empleo generado por los sectores público y privado, como su incidencia al interior década segmento ocupacional (ver Cuadro 7).

Las variaciones interanuales evidencian el continuo retroceso del sector público, mientras que el sector privado parece recuperar su impulso expansivo desde el inicio de 2005,aunque a un ritmo más modesto que el registrado en 2004.Respecto a la dinámica seguida por este sector, cabe observar que se registra una expansión de los puestos de trabajo en el segmento primario (4,0%), específicamente de los empleos plenos (8,8%), al mismo tiempo que tiene lugar una caída continua de los planes de empleo como factor de mayor incidencia en la contracción general del empleo público (-29,3%). De este comportamiento podría inferirse un desplazamiento entre segmentos, principalmente como efectos de incrementos saláriales, como evaluar la posibilidad de tránsitos hacia el sector privado. Ahora bien, en este punto cabe destacar que un análisis más detallado sobre la evolución del sector, permite reparar que esta retracción del empleo público está fuertemente vinculada a la salida de beneficiarios de planes sociales. Si dejamos de considerar a estos últimos, se observa un crecimiento neto del empleo público, en puestos tanto plenos como precarios14.

Por otra parte, se destaca la importancia en la expansión de la demanda privada de empleo en el segmento primario en la recuperación de los niveles de ocupación general (14,5%). Para el último trimestre con datos, dicho componente parece recuperar su capacidad de generación de empleos de calidad, luego de una desaceleración entre fines de 2004 y el segundo trimestre de 2005. Esta tendencia podría estar dando cuenta de un incremento en la calidad de los puestos con una consecuente redistribución al interior de la estructura general del empleo (de empleos parciales a empleos plenos).

Sin embargo, en términos de participación, dicha situación no estaría alcanzando a quienes registran un empleo de tipo precario, el cual mantiene un incremento constante al interior de la situación ocupacional, por encima del 13%. Nuevamente, si bien el tipo de dato con el cual se está trabajando no permite evaluar tránsitos, la proximidad entre calidades ocupacionales lleva a pensar que el incremento de ingresos o la salida de planes de empleo (centradas en ocupaciones de baja calidad) derive en desplazamientos o inserciones hacia empleos de tipo precario.

VI. Conclusiones

En forma resumida puede decirse que la recuperación de la situación ocupacional durante estos últimos dos años se centró en la expansión del empleo en su segmento más dinámico, con un fuerte impulso en la expansión de la demanda privada de fuerza de trabajo. Dicho comportamiento se refleja en el sostenimiento del crecimiento del empleo de calidad al interior del sector privado, el cual sin embargo no logra sostener los niveles de empleo total del sector. Esta pauta podría estar dando cuenta de redistribuciones en la participación entre categorías al interior del mismo, vinculadas básicamente a la extensión de la jornada de trabajo y la parcial recuperación del nivel real de remuneraciones.

Por otro lado, el papel del sector privado en el total de la ocupación se refleja en la retracción que observa el sector público. La evolución negativa que este presenta parece explicarse principalmente por la fuerte caída de los planes de empleos. Cabría notar que si aislamos este componente en la participación ocupacional estatal, el empleo público registraría cierta expansión vinculada a la variación positiva del empelo pleno (al interior del cual se estarían actuando efectos de desplazamiento desde el segmento secundario) y principalmente de empleo precario, carente de protección social(contratados).En lo que respecta a la participación del segmento secundario se remarca la estabilidad que el mismo mostró a lo largo todo el periódico (con valores próximos al 51%).

El escenario resultante sin embargo no resulta del todo óptimo cuando se observa que menos del 33% del empleo en el sector privado es un empleo pleno de calidad. El análisis del dato efectuado permite comprender este doble juego entre expansión del empleo y caída de la desocupación. En este sentido, y exceptuando a los activos desalentados, hasta inicios de 2005 el conjunto de los desocupados parecen reducir su participación al interior de la población activa. Igualmente, es de remarcar que las dos últimas mediciones ubican al desempleo estructural por encima del friccional, lo cual de persistir la tendencia describiría a un porcentaje importante de la fuerza de trabajo con problemas estructurales de desempleo.

Por otra parte, son los ocupados precarios o con remuneraciones de indigencia los menos favorecidos por la recuperación económica, a los cuales se suman una proporción importante de desocupados estructurales. Si a esto se agrega la reducida participación del segmento privado primario al interior del mercado de trabajo, estamos obligados a reconocer que una parte importante de población enfrenta límites estructurales para participar de manera plena de los beneficios de la recuperación económica, más allá de los buenos resultados que muestran las tasas de crecimiento económico y del empleo.

A la pregunta inicial sobre ¿en qué medida la recuperación económica está implicando un cambio real en el funcionamiento del mercado de trabajo?, cabe responder que a pesar delas bondades del proceso económico en materia de demanda de empleo pleno, todavía nada parece definitivo. En realidad, no hay evidencias para suponer que este modelo de crecimiento esté alterando el funcionamiento segmentado del mercado de trabajo.

Por el contrario, todo hace inferir que dicho funcionamiento se mantiene vigente aunque con una fuerte presión por parte del segmento más dinámico del mercado en cuanto a poder disponer de fuerza de trabajo en condiciones de empleabilidad. Para ello, el segmento primario parece recurrir a los sectores más vinculados al mercado laboral y nuevos trabajadores calificados. Si esta tendencia se confirma, cabe advertir que poco puede hacer por sí solo el crecimiento del empleo pleno en cuanto a lograr un cambio sustantivo en la sostenida dualidad que presenta la estructura social del trabajo.

Ante esta situación, la respuesta a este problema ya no debería buscarse en al tasa decrecimiento económico sino en las condiciones estructurales del funcionamiento del sistema económico y de las instituciones políticas, sociales y laborales que lo regulan.

Notas:

1 A la luz de la investigación histórica, si bien parte del deterioro se vincula con las políticas emprendidas durante los noventa, tal situación corresponde ser ubicada en el contexto más amplio de la decadencia que durante más de 30 años caracterizan al capitalismo argentino. Este diagnóstico presenta amplia coincidencia desde programas y espacios de investigación que sostienen paradigmas divergentes, tales como FIEL (2001), PNUD-Argentina (PNUD, 2002), el Observatorio de la Deuda Social - UCA(Salvia, y Tami., 2004), PIETTE-CEIL (Neffa, Battistini, Panigo y Pérez, 1999), OIT-MTESS (Monza, 1995), UNGS (Altimir yBeccaria, 1999); CEDLS (Gasparini, 2005). En igual sentido, los hallazgos y las conclusiones alcanzadas por Grupo Cambio Estructural y Desigualdad Social del Instituto de Investigaciones Gino Germani (FCS/UBA) (Salvia, 2005).

2 De todos modos, cabe no perder de vista que se trata de un problema cuyas causas no son sólo imputables a condiciones endógenas sino también a factores y cambios que han operado a nivel internacional.

3 Un estudio concluyente en este sentido es el de Donovan, A., Oddy, M., Pardoe, R. y Ades, A. (1985). También se pueden consultar el clásico estudio de Eisenberg y Lazarsfeld (1938), así como Jahoda M. (1987).

4 En esta línea, la Organización Internacional de Trabajo ha propuesto umbrales mínimos para alcanzar un trabajo decente(1999). De esta manera la OIT ha planteado en su agenda como principal desafío institucional la defensa y procura del derecho aun trabajo decente. Esta noción ha quedado definida como el derecho a un empleo en condiciones cualitativas de dignidad personal, ingresos, seguridad social y justicia distributiva acordes al nivel nacional o regional bajo consideración.

5 Para mayores antecedentes y presentación de evidencias sobre estos tema en el marco del programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina, ver Boso et al (2003); Lépore, S. et al (2003); Lépore, E. et al (2004); Salvia y Rubio (2003); Salvia (2003,2004); Boso y Salvia (2005).

6 Se siguen los criterios desarrollados por el enfoque institucionalista norteamericano. Para algunos de los autores de esta corriente, el estudio de los mercados de trabajo como ámbitos estructurados por segmentos distintos parte de reconocer lacalidad de los puestos de trabajo que se ofrecen en cada uno: el sector primario con salarios relativamente elevados, buenas condiciones de trabajo, estabilidad, cierta regulación de la carrera profesional mediante procedimientos establecidos; en oposición a un sector secundario con salarios peor pagados, condiciones de trabajo poco optimas, relaciones jerárquicas informales, inestabilidad del empleo y elevada rotación con consecuencias de caídas reiteradas en el desempleo (Piore, 1983).

7 Para un análisis crítico de este comportamiento y una explicación en términos estructurales, puede consultarse a P. Pérez (2006),en "Tensiones entre la política macroeconómica y la política de ingresos en la Argentina post Convertibilidad", publicado en este mismo número de Lavboratorio. Sobre este mismo punto, aunque desde otro enfoque y para una explicación micro-económica, puede consultarse los informes del SEL (2005).

8 Un informe del SEL evidencia como lo niveles de recuperación de la pobreza se centraron en capas medias y medias bajas que por pérdida de ingresos durante la crisis cayeron por niveles inferiores a los de pobreza. La instrumentación seguida por el gobierno respecto a la distribución de ingresos (de montos fijos sobre el salario) benefició menos a aquellos hogares situados en la base de la pirámide que si bien pudieron incrementar sus ingresos, estos no fueron lo suficientemente elevados como para cubrir las necesidades de una canasta básica total. En un mercado de trabajo segmentado, la consecuencia que deviene es la de un incremento en la brecha distributiva entre los hogares de clase media y los de hogares de menos recursos. (SEL, 2006)

9 El desaliento laboral parece constituir un elemento de peso en el sostenimiento del desempleo estructural. A lo largo de las erie este componente se mantiene con fluctuaciones en valores entre el 2,5% y el 3,0%.

10 El sector público da cuenta básicamente del conjunto de la administración del Estado en todos sus ámbitos de gobierno(nacional, provincial y municipal), e incluye también los beneficiarios de planes de empleo que realizan contraprestación laboral en dichos ámbitos.

11 Si bien los incrementos saláriales se destinaron al conjunto de asalariados registrados, estos habrían también tenido incidencia en el sector informal de la economía, pero lograr alterar en lo más mínimo sus desigualdades relativas (Frenkel, 2004).

12 Esto se presenta como relevante teniendo en cuenta que por definición el empleo público supone mayores nieves de estabilidad y calidad.

13 Este comportamiento se enmarca en el freno general en el crecimiento de la oferta laboral, la cual desde inicios del 2005 se ubica muy por debajo del crecimiento demográfico.

14 Los planes de empleo (centralmente el plan Jefas y Jefes de Hogar) vienen mostrando una caída en su participación vincula alas bajas continuas y cierre de altas Entre 2003 y fines de 2005, la cantidad de beneficiarios pasa de 2 millones a 1.5 millones a nivel nacional. El peso numérico de éstos al interior de la ocupación pública, junto a la mencionada tendencia a la baja de las prestaciones explican la reducción total del sector. Una estimación sobre la variación del empleo público total separando las ocupaciones originadas por plantes de empleo, revela para el tercer semestre de 2005 que el sector alcanzo un crecimiento del 1%.

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