Inversión

Ni Mauricio Macri, ni Alfonso Prat-Gay, ni Federico Sturzenegger explicitaron aún cuál es su modelo de desarrollo para el país. Una posibilidad es que no lo tengan. Lo que existe hasta el momento son interpretaciones de las medidas que van tomando y señales fáciles de decodificar como el retorno al FMI, a la cumbre de Davos o la alfombra roja en Casa Rosada para recibir a la Mesa de Enlace y a la Asociación Empresaria Argentina (AEA), con Héctor Magnetto y Paolo Rocca a la cabeza, mientras entidades como la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios emiten comunicados advirtiendo que las pymes están en peligro. Pero no hubo por parte de las autoridades una presentación acabada del proyecto económico en marcha, cuáles serán los sectores y los actores sociales que actuarán como locomotora, y mucho menos cómo impactará esa estrategia en la distribución del ingreso y la justicia social.

Una perspectiva crítica desde el análisis del poder y del territorio

En este trabajo se busca poner en discusión el tema del desarrollo, considerando que desde hace 70 años (a partir de la segunda posguerra) o incluso más, esa cuestión juega un rol central en la determinación de las políticas públicas latinoamericanas.

Para ello se recurre a la perspectiva del poder, vinculándola y enriqueciéndola en su interrelación con la temática del territorio, tan recurrente en numerosas propuestas de políticas estatales. Esto implica discutir desarrollo, poder y territorio bajo sus variadas expresiones y vinculaciones.

Se propone una discusión teórica dirigida a relacionar términos-conceptos ligados con la praxis política y vinculados con el desarrollo, subrayando que se trata de conceptos en evolución, ya que su definición va cambiando según los contextos históricos.

Democracia y desigualdad

El propósito de esta nota es ampliar y profundizar la idea de desarrollo, tanto en el proceso de cambio social, político y económico como una reestructuración fundamental de valores y actitudes. Son reflexiones registradas en los esfuerzos de la CEPAL para sostener y dar sentido a los patrones de producción en diálogo con la equidad, la ciudadanía y la democracia , podríamos decir, es una actualización del desarrollo y por lo tanto, de los derechos humanos fundamentales.

Los acontecimientos políticos e intelectuales que han acompañado la crisis actual han “reactualizado” las complejas y tensas convivencias entre política y democracia, Estado y mercado, economía y sociedad. Buscar una nueva racionalidad, que no se base únicamente en objetivos económicos y sociales, sino también en objetivos éticos, es una afirmación que puede extenderse a la incorporación de una ética pública que reivindique la solidaridad como valor moderno, y pueda actualizar el concepto del desarrollo.

El valor del miedo y el coraje

Se habla en los medios de comunicación hegemónicos, de una supuesta campaña del miedo armada para atemorizar sobre los riesgos de un posible triunfo de Mauricio Macri en el ballotage del próximo 22 de noviembre. Son los mismos medios que nos convocaron a no temer e incluso valorar el golpe de 1976 y las políticas neoliberales de endeudamiento, privatizaciones y destrucción del aparato productivo en los noventa. Su complicidad «tranquilizadora» allanó el camino de quienes arrasaron los derechos humanos, sociales y políticos de los argentinos.

Por la victoria de un país industrializado, inclusivo y soberano

Desde 1987 APYME viene trabajando por el desarrollo autónomo, inclusivo y sostenido del país con activa participación de las micro, pequeñas y medianas empresas.

La entidad siempre se ha manifestado por los valores de la democracia, los derechos humanos y sociales y la distribución equitativa de la riqueza de acuerdo con su papel gremial y político de expresar las demandas del conjunto de las Pymes en función de una sociedad más justa.

Hoy los argentinos nos encontramos en una instancia clave ante el balotaje del próximo 22 de noviembre, cuando deberemos decidir entre candidatos que representan dos diferentes proyectos de país.

Esta afirmación no expresa un prejuicio ideológico sino un diagnóstico sobre la realidad social, política y económica en que estamos inmersos los argentinos.

Lineamientos para avanzar hacia el desarrollo inclusivo

La Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) presentó el 24 de septiembre de 2015 un documento con un diagnóstico de la situación económica y productiva desde la perspectiva Pyme y un conjunto de ejes para el debate sobre el futuro del proyecto productivo nacional. La presentación en la Sede Nacional de la entidad fue encabezada por el presidente de APYME, Eduardo Fernández, acompañado por el titular de la delegación Buenos Aires, Néstor Callegari. Luego se dirigieron a los presentes los diputados nacionales Juan Carlos Junio y Carlos Raimundi.

Hablan de desarrollo y la UIA se atrinchera

En menos de una semana, entre el lunes y el jueves último, se registraron cinco acontecimientos en los que se manifestaron distintas posturas respecto a un mismo tema: cómo continuar la actual etapa de crecimiento inclusivo abordando la respuesta a los condicionamientos, principalmente externos, que parecerían impedir un salto hacia el desarrollo de los sectores productivos. Una cuestión que estuvo poco menos que ausente durante tantos años emerge de golpe con un fervor inusitado. Y no es que otros hechos que suelen desviar la atención y el eje de las discusiones, como el valor del dólar o la inestabilidad financiera, hayan abandonado el escenario en estos días. Para nada. Sin embargo, la cuestión de la estructura del aparato productivo mereció un espacio destacado en las presentaciones de sus respectivas propuestas económicas por parte de Daniel Scioli y de Sergio Massa, el lunes; en la jornada de debate promovida por la Fundación ProTejer, el jueves; en la propuesta presentada por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios, el mismo jueves; y en un sentido menos explícito pero evidente, en la designación y asunción de Adrián Kaufmann Brea, de Arcor, como nuevo presidente de la Unión Industrial Argentina, que tuvo lugar el martes pasado.

La aparición de Kaufmann al frente de la UIA, en esta etapa, es más que sugerente. Es un representante muy activo de uno de los grupos concentrados más influyentes del país, Arcor, que fue el sostén económico de la Fundación Mediterránea desde sus inicios y, por tanto, principal responsable de la llegada de Domingo Cavallo y su equipo al comando de la economía desde la década de los 90 hasta 2001 (otros que ocuparon la cartera de Economía en el medio, simplemente administraron el programa monetario, la convertibilidad, que él había instalado). Arcor, a través de Silvio Pagani, es además uno de los principales animadores del lobby corporativo AEA (Asociación de Empresarios Argentinos), a la par de Techint y el Grupo Clarín.

El ascenso de Kaufmann fue presentado como un acuerdo natural entre las dos agrupaciones conformadas en la UIA, Industriales y Celeste y Blanca, por el cual, cada dos años, se turnan para ocupar la silla principal. Kaufmann, de Industriales, reemplaza a Héctor Méndez, de Celeste y Blanca. Todo normal, salvo que esta lista de “unidad” no contará, esta vez, con ningún representante de las entidades fabriles de la provincia de Buenos Aires. Días antes de que se oficializara la candidatura “por acuerdo” de Kaufmann, las tres entidades industriales bonaerenses (Adiba, Uipba y la Federación Económica de la provincia) hicieron llegar, en conjunto, la propuesta de dirigentes para ocupar los lugares previstos en los órganos directivos, en respuesta a la invitación que habían recibido para participar de la lista. Varios de ellos tienen reconocida vinculación con el sciolismo, como el caso de Osvaldo Rial. Y recibieron como respuesta la “objeción” de los organizadores del acuerdo a algunos de los nombres propuestos. La reacción de las organizaciones bonaerenses fue unánime: ninguna participará de la lista de conducción. “Una vez más, las grandes corporaciones quieren imponer su voluntad, coartando la representación de la industria”, sostuvieron en un comunicado conjunto las tres entidades.

Por primera vez en su historia, la UIA no tendrá representantes de la provincia con mayor presencia industrial del país, en sus cuerpos de conducción. Justo cuando su gobernador disputa con altas chances por ser el nuevo presidente del país a partir de diciembre. Los cargos principales quedaron, entonces, en manos del director corporativo de Arcor, del titular de la cámara de la industria de la alimentación (Copal, en la que también domina Arcor), Daniel Funes de Rioja como vice primero, y Luis Betnaza, de Techint, como vice segundo. Es, además, la primera vez en muchas décadas en la que el núcleo de cuatro o cinco empresas que controlan la UIA colocan directamente en el sillón principal a uno de los suyos, y no apoyan a otros dirigentes de sectores con más participación de la mediana empresa, como el metalúrgico, el textil o el de plásticos. Aunque fuera por una cuestión de imagen.

La historia de Kaufmann y sus primeras palabras como presidente de la UIA no dejan dudas de la posición que busca ocupar, tanto en la condena al gobierno saliente como la búsqueda de condicionar al entrante. Emitió en su discurso de presentación un juicio durísimo para la conclusión del ciclo de las presidencias de Néstor y Cristina (“se necesitarán medidas urgentes para sacar a la industria del estancamiento, después de cuatro años en los que el sector no repunta ni crea puestos de trabajo”). Y le ofreció “esta casa” a quien asuma la presidencia para ir a discutir cómo se instrumentarían esas medidas: reducción de impuestos, baja en los costos de la energía para el sector, aunque se cuidó de no pedir abiertamente una devaluación.

Un lenguaje diametralmente opuesto fue el que se escuchó, 48 horas después, en el encuentro promovido por la Fundación Pro Tejer, que contó con la presencia de Scioli, de varios referentes económicos de su espacio, pero también de economistas en representación de Cambiemos y el Frente Renovador. “En estos años hemos podido trabajar, influir y diseñar políticas públicas sectoriales en resguardo de las características propias”, señaló Jorge Sorabilla, titular de Pro Tejer. “La nuestra es una cadena de valor estratégica, una tonelada de fibra de algodón cuyo valor como materia prima es de 1300 dólares, cuando se exporta como prenda textil con diseño y marca nacional vale 55 mil dólares, difícilmente exista un producto industrial en el país que genere tanto valor agregado”, agregó el dirigente empresario, en una postura que exhibe al sector muy alineado en los ejes de la propuesta económica “para el desarrollo” que dio a conocer el sciolismo en las últimas semanas y que el lunes el candidato defendió desde el escenario del Teatro Opera.

Apyme, por su parte, hizo público un documento, el jueves, sumándose a la propuesta de “profundizar el debate sobre las políticas que permitan continuar y fortalecer un proyecto de desarrollo nacional soberano e inclusivo”. Sostiene, en consecuencia, la necesidad de definir “una serie de ejes programáticos para abordar las materias pendientes, con una mayor equidad distributiva y una inserción internacional autónoma respecto de los poderes financieros globales”.

Desde que se presentaron los Lineamientos para el Desarrollo, a fines de agosto, el discurso de Scioli adoptó un sesgo claramente industrialista. Quienes transitan junto al gobernador bonaerense aseguran que “siempre lo tuvo”, pero lo indiscutible es que ahora encontró, como argumento, el planteo de que tras la etapa del crecimiento con inclusión, viene la del desarrollo productivo. En este tema, sus diseñadores de política (Miguel Peirano, entre ellos) le han encontrado un campo de ideas y propuestas en las que las políticas a desarrollar atenderían cuestiones que dejó pendiente el proceso kirchnerista hasta aquí. Un análisis reciente del economista y periodista de Página/12 Claudio Scaletta, publicado en Le Monde Diplomatique (“Los nudos de la economía”, nota de tapa de la edición de este mes) describe cómo se logró, a partir de 2003, un proceso largo de crecimiento expansivo con inclusión, en base a una demanda efectiva que arrastraba a la oferta, pero también cómo este proceso terminó enfrentándose a la restricción de divisas. Entre otras razones, porque la pauta de consumo incluyó electrodomésticos, rodados, artículos electrónicos y otros bienes de sectores con fuerte incidencia de la importación (tanto en insumos como en productos finales). Señala Scaletta que tampoco se resolvieron, en esa etapa, cuestiones de la estructura del aparato productivo, que le dieran mayor autonomía a la producción local respecto del abastecimiento externo, o bien que el desarrollo de la producción sustitutiva en esos eslabones intermedios acompañara el crecimiento de la demanda final.

Sobre esos puntos parecería atacar la propuesta de Scioli. El lunes pasado, en un discurso de 40 minutos, dejó delineados algunos aspectos centrales de su plan de desarrollo.

- La firme convicción de que es el Estado nacional, a través de la planificación, el que debe asumir de actor principal en la definición de las estrategias y acciones para garantizar el desarrollo económico y productivo.

- Continuar la reindustrialización, identificando cuellos de botella en cada sector promoviendo la sustitución de importaciones y la innovación científica y tecnológica.

- Seguir promoviendo la inversión para agregar valor en origen de los productos, como forma de reducir además la inequidad regional.

- Apostar a la potencialidad de Vaca Muerta (hidrocarburos, Neuquén), la producción agrícola y la puesta en valor de la minería, para verlos como “palancas para el desarrollo y no como condena a la reprimarización” de la economía.

No es extraño, entonces, que haya sectores de la industria mediana que reciban con entusiasmo –como mínimo, con expectativas– ese planteo. Y se sientan convocados a participar en su discusión. Otros, en cambio, parecen llamados a ponerse en guardia. La actitud de la UIA ha sido la de colocar a un “pesado” al frente de la organización, como intentando imponerle “respeto” tanto al nuevo gobierno como a sus pares, las otras centrales empresarias de fuerte peso que deberían reconocer en el representante de Arcor a un “primus inter pares”.

Patrones de desarrollo y distribución del ingreso en la Argentina

 

El estructuralismo económico identifica la existencia de vínculos persistentes entre determinadas variables económicas que permiten explicar las características específicas de un cierto esquema o patrón de desarrollo de un país. Mediante la interacción de variables que son fuente de divisas con otras que impulsan la demanda doméstica se puede estilizar distintas etapas económicas como así también sus respectivas dinámicas particulares de acumulación.